sábado, 2 de noviembre de 2024

LOS VISIGODOS EN ESPAÑA

Los primeros pueblos que entran en Hispania en el 409 son los suevos, vándalos (ambos germanos) y alanos (de origen asiático), asentándose:

  • Los suevos en la Gallaecia (en el extremo noroeste peninsular).
  • Los vándalos en la Bética (en el sur peninsular).
  • Los alanos dispersos por la Lusitania (al sudoeste) y la Cartaginense (en el centro y el sudeste peninsular).

La nación goda estaba compuesta por pueblos diversos (hérulos, rugios, lemovios, esciros, helvecones, sidenios, turcilingos, y gépidos) de origen escandinavo, que surgen al sur de Suecia en el s. I a.C., y tras cruzar el Báltico, se establecen en el noroeste de Alemania. Alrededor del año 200, ocupan las estepas del norte del mar Negro, e inician las conocidas invasiones bárbaras. El año 250 realizan múltiples ataques y saqueos en los Balcanes. Más tarde, hacen incursiones en Éfeso y Atenas. En el 370, con la invasión de los hunos, se dividen en dos ramas:

  • Los tervingios, llamados visigodos por ocupar la zona occidental del río Dniéper. Se dirigen hacia la parte más occidental de Europa. Cooperan con Roma y se convierten en ejército de frontera. A finales del s. III los visigodos, presionados por los hunos de Atila, emigran hacia el oeste del Danubio. Su presencia fue admitida por el emperador Valente en el año 376, tras pactar un tratado para luchar contra otros pueblos bárbaros. Pronto aparecen las rebeliones, saquean de nuevo los Balcanes, vencen a los romanos en la batalla de Adrianópolis (378), y Teodosio les reconoce el derecho de asentamiento en Mesia y Tracia.
  • Los greutungos ocupan la parte oriental del río, y son llamados ostrogodos. Se movieron hacia el este y continuaron combatiendo al Imperio romano en busca de una identidad propia.

El año 507 las tropas francas con Clodoveo vencen a los visigodos en la batalla de Vouillé y son obligados a marchar a Hispania. Los visigodos son una tribu germánica de la familia goda, originaria del este de Europa, pagano, cristianizado por Ulfilas (obispo godo del 340-383) y hasta el III Concilio de Toledo que condena el arrianismo, sería su religión. Gobernaron en Hispania desde principios del s. V hasta comienzos del s. VIII.

No tiene un ejército profesional y regular, sino que el rey solicitaba la colaboración de los nobles con levas que realizaban cada primavera. El rey tenía un poder absoluto, era juez supremo, jefe del ejército, legislador, encargado de la guerra y de la paz. Su organización política se sustenta en el derecho germánico, y su institución fundamental era la asamblea de los hombres libres (conforme al VI Concilio de Toledo), en la que residía el poder que era conferido al rey (monarquía electiva), pues el rey no accedía al trono por vía hereditaria. Algunos reyes ocupaban el trono con usurpaciones, y otros lograban que sus hijos los sucedieran. En la legislación visigoda coexistían el código visigodo y el romano, hasta que Recesvinto unifica ambos códigos y se establece una sola ley para toda la población (visigodos e hispanorromanos). El rey gobernaba con la ayuda del Officium Palatinum, compuesto de dos órganos de gestión, por un lado, el Aula Regia o Consejo del Rey, integrada por magnates próximos al rey, al que asesoraban, y por otro los Concilios que eran instituciones eclesiásticas, pero con un papel político de primera fila, no sólo por las decisiones que en ellos se tomaban, sino también porque los reyes eran sus convocantes. El conjunto del reino se dividía en circunscripciones, herederas de la época romana, al frente de las cuales se encontraba un dux. Formaban parte del Officium Palatinum personajes de alto rango que con el título de comes, estaban al frente de diferentes servicios (comes del tesoro regio, comes de recaudación de impuestos…), y también los grandes funcionarios territoriales y militares: duces provinciales (delegados del rey) «comites civitates» (jueces de las ciudades) y gardingos (jefes militares).

Los visigodos eran uno de los pueblos germánicos que más se había romanizado, en el que predomina el mundo rural, que en ocasiones fue testigo de conmociones sociales, como las revueltas armadas de la campiña cordobesa en tiempos de Leovigildo, o la herejía del priscilianismo del campesinado, sobre todo del noroeste peninsular. Los reyes tenían «fideles regis» y gardingos (sus vasallos), y la alta nobleza tenía sus propios bucelarios.

La cultura visigoda estaba al servicio de la religión romana, y sus figuras más relevantes eran del ámbito eclesiástico, como San Isidoro, cuya obra más famosa «Etimologías», salvó el legado cultural del mundo antiguo. Con la finalidad de garantizar una buena formación del clero católico surgieron diversas escuelas episcopales, como las de Toledo, Sevilla y Zaragoza.

Los visigodos que entraron en Hispania apenas llego al 5 % de la población de Hispania. Muchos abandonan las ciudades, pues eran más proclives a los ataques y a las enfermedades, regresan al campo e incrementan la importancia de las villas y el resurgir de una aristocracia rural, sentando las bases del feudalismo. La clase social estaba marcada con la aristocracia, los campesinos propietarios, los artesanos, los colonos y los esclavos.

El arte está marcado por la tradición hispanorromana y paleocristiana, con influencias del Oriente cristiano y norteafricano. En la arquitectura aportó el arco de herradura y la cubierta abovedada. La distribución del templo se asemeja al de la basílica cristiana. A veces se utiliza el ábside cuadrado en lugar del semicircular. Ejemplos son las iglesias, de San Juan de Baños, Santa Comba de Bande, Santa María de Melque, San Pedro de la Nave, la Cripta de San Antolín, San Pedro de la Mata, la Ermita de Santa María de Quintanilla de las Viñas, y la Recópolis.

Su escultura fue muy escasa, no así los trabajos de orfebrería, pues les gustaba utilizar los metales preciosos, para elaborar joyas, coronas y otros ornamentos, como los del tesoro de Guarrazar y el de Torredonjimeno.

Los reyes visigodos conocidos por las fuentes históricas son:

Migraciones a Hispania:

Alarico I (395-410). Es proclamado «rex gothorum» tras un interregno. Con el objetivo de buscar un territorio para asentar a su pueblo, emigra del Danubio hasta Italia, saquea nuevas tierras de los Balcanes y el Peloponeso, desde donde pasan a Italia, se dirigen a Roma y Rávena, y en su segundo intento saquean Roma (410), tomando como rehén a Gala Placidia, hermanastra del emperador Honorio.

Ataúlfo (410-415), cuñado de Alarico, ayudó al emperador Honorio a vencer a un usurpador y recibió permiso para establecerse como federado de Roma al sur de la Galia (Aquitania, capital de Toulouse), y defender las tierras meridionales del imperio de los pueblos bárbaros. Los vándalos pasan a África y los suevos se acantonan en Gallaecia. Trasladó su corte de Toulouse a Barcino. En el 414 se casó con Gala Placidia. Honorio enfurecido envía a Constancio y derrota a los visigodos en Narbona, desviándolos hacia la Tarraconense en el 415. Ataúlfo es asesinado por Dubio, alentado por Sigerico (hermano de Ataúlfo), que ordenó matar también a sus seis hijos.

Sigerico, sólo gobernó siete días, pues fue asesinado por orden de Walia (hermano de Ataúlfo), que le sucedió en el trono.

Walia (415-418). Intenta establecer a su pueblo en África, pero una tempestad acaba con su plan. Sin víveres, proponen una alianza con el Imperio romano para entregar a Gala Placidia, a cambio Honorio les enviaría suministros. Los visigodos acaban con los vándalos silingos de la Bética y los alanos dispersados por la Lusitania y la Cartaginense, y avanzan hacia Zaragoza y Lérida. Traslada la capital de Barcelona a Toulouse. Firmó con Constancio un «foedus» por el que se compromete a expulsar a los barbaros de Hispania y se le autorizó a asentarse en Aquitania.

Reino de Toulouse. (419-507) Con el permiso de los romanos, los visigodos entran en Hispania para hacer frente a las conquistas que desde el año 409 venían haciendo pueblos bárbaros. Los alanos y vándalos son expulsados entre los años 416 y 476, mientras que los suevos se quedan en la actual Galicia, la mitad norte de Portugal, y parte de Asturias y León, donde se mantienen independientes hasta finales del s. VI. Tras la caída del Imperio romano de Occidente, los pueblos germánicos permanecen en los lugares en los que ya estaban asentados (los visigodos en España, los francos en Francia, los ostrogodos en Italia, los vándalos en el norte de África y los anglos y los sajones en el Reino Unido).

Teodorico (418-451). Tuvo el reinado más largo de la monarquía visigoda. Consiguió la independencia del Reino. Con el comienza el linaje de Toulouse. Aniquilo los restos de alanos dispersos por la cartaginense. Combatió a los bagaudas en sus revueltas sobre todo en la Tarraconense. Completó el asentamiento visigodo en Aquitania y expandió sus dominios a Hispania hasta el Ebro. Junto a su gran enemigo, Aecio, venció a Atila en los Campos Cataláunicos, batalla en la que murió Teodorico. A su muerte es coronado su hijo Turismundo.

Turismundo (451-453). Continuó la política de expansión a costa de Roma. Fue asesinado por sus hermanos Teodorico y Federico, y apoyada por Aecio.

Teodorico II (453-466). Partidario de la colaboración con el Imperio, impuso como emperador a Avito. Pacificó la Tarraconense. Reconquistó gran parte de Hispania, ocupa la Septimania. Vence (5/10/456) al rey suevo Requiario en Astorga. Participó contra las bagaudas. Es asesinado por su hermano Eurico, opuesto a colaborar con Roma.

Eurico (466-484). Declaró la independencia del reino visigodo tras la caída del Imperio romano de Occidente, al destronar al último emperador Rómulo Augústulo en el 476. Comparte Hispania con los suevos al noroeste y los bizantinos al sur. En el 475 rompe el «foedus» con Roma, e inicia la expansión visigoda de Toulouse ocupando la Lusitania, la Tarraconense, la Cartaginense y territorios de la Galia como Arles o Marsella. Su reino, con sede en Toulouse, es el más poderoso de Europa Occidental. Redactó el «Código de Eurico», aplicable sólo a los godos, y el primero que se redactó para un pueblo germánico. A la muerte de Eurico, es proclamado su hijo Alarico II.

Alarico II (484-507). Fue derrotado por los francos, lo que determinó la retirada visigoda a Hispania. Se casó con una hija de Teodorico, y se alió con los ostrogodos. Gobierna en Hispania excepto en Galicia y las montañas vascas. Estuvo en conflicto permanente con los francos (apoyo del clero a Clodoveo). Promulgó el «Breviario de Alarico» aplicable a sus súbditos romanos. En el año 507, tras bastantes incidentes diplomáticos entre Alarico II y el rey franco Clodoveo I, este último cruzó el río Loira y derrotó a los visigodos en la batalla de Vouillé, cerca de Poitiers, en la que murió el rey visigodo, poniendo fin al Reino Visigodo de Toulouse.

Periodo ostrogodo. Teodorico apoyado por el Imperio bizantino conquistó Italia, mató a Odoacro (jefe de los hérulos y esciros que derrocó a Rómulo Augústulo y se proclamó rey de Italia) y estableció el imperio ostrogodo en el 493, que se extendía por Sicilia, Italia, Francia y parte de España.

Gesaleico (507-511). Hijo bastardo de Alarico, comienza el asentamiento del reino arriano en Hispania. Perdida gran parte de la Galia, traslada su capital a Narbona y después a Barcelona. Sitiado por el ejército de Teodorico, abandona la corona y huye a África, muriendo un año después.

Amalarico (511-531). Hijo de Alarico II. Al ser Amalarico menor, se da la regencia de Teodorico (511-526), e inicia un periodo de dominación ostrogoda, con el objetivo de unir a todos los godos. Amalarico de acuerdo con su primo Atalarico (526-531) definen las fronteras entre ambos, quedando la Septimania bajo dominio visigodo. Se anula el tributo visigodo a los ostrogodos. Se casa con Clotilde, hija de Clodoveo, a la que maltrata por su catolicismo, lo que genera el ataque de los merovingios. Derrotado en Narbona, huye a Barcelona, donde es asesinado.

Teodorico o Teudis (531-548). Promulga la «Ley de Costes Judiciales» para eliminar los sobornos a los jueces. En su reinado se sufre la peste bubónica con efectos terribles en la Tarraconense. La capital la traslada de Barcelona a Mérida. Casado con una rica hispano-romana ignorando la prohibición de matrimonios mixtos, fue proclamado rey a pesar de ser ostrogodo. Venció a los francos en Zaragoza. Conquistó Ceuta, pero la perdió ante el general Belisario, enviado por Justiniano a reconquistar las provincias occidentales. Amplió el «Breviario de Alarico». Muere asesinado.

Teudiselo (548-549). General ostrogodo que forzó con su predecesor Teudis a que se retiraran los francos de Hispania en 541. Muere asesinado en Sevilla aprovechando su estado de embriaguez en un banquete.

Reino de Toledo. En el año 507 Hispania estaba bajo el control casi absoluto de los visigodos, bajo la denominación de Hispania (como hacían los romanos) sin embargo, poco a poco empezó a utilizarse el nombre de Spaniae.

Agila I (549-555). Fue el primer rey de sangre completamente visigoda, lo que desato una guerra civil, especialmente en la bética contra Atanagildo. Combatió en Córdoba perdió y se retiró a Mérida donde fue asesinado.

Atanagildo (551-567). Fue reconocido por la nobleza primero como rebelde (551-554) en guerra contra Agila I, y luego como único rey (555-567). Trasladó la corte a Toledo, pasando a ser la definitiva capital del reino. Pactó con Justiniano los límites territoriales, entre la desembocadura del Guadalete y Denia, limitado al interior por la cordillera penibética. Unifica políticamente Hispania tras ocupar las zonas costeras desde Alicante hasta el Algarve, somete a los vascones y les obliga a construir la fortaleza de Olite. Estos dominios constituyen, a partir del 555, junto a las islas Baleares, la provincia bizantina de Spaniae bajo la autoridad de un «magister militum hispaniae». En su reinado tuvo lugar una gran crisis financiera, que provocó numerosas revueltas por todo el reino, además de la de Córdoba, que aún se mantenía y que Atanagildo no consiguió dominar.

Liuva I (567-572). Se adjudicó la Septimania, y a su muerte dejo el trono, de acuerdo con la aristocracia hispano-goda, a su hermano Leovigildo.

Leovigildo (572-586). Considerado el auténtico artífice de la estabilidad y unidad del reino. Su «Código de Leovigildo» permitió los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos. Incorporó prácticas y símbolos romanos, pero continuó aferrado al arrianismo, alejándole de la población hispanorromana de mayoría católica. Expulsa a los funcionarios romanos, conquista a los bizantinos Córdoba, Málaga, Mérida, Itálica, Sevilla, y Medina Sidonia. Acuña los primeros tremises de oro, símbolos soberanos. En el 585 puso fin al reino suevo de Gallaecia al derrotar a su rey Mirón. Combatió a los vascones, erigiendo la plaza fuerte de Vitoriaco. En el 574 culminó la ocupación de Amaya, capital del territorio cántabro. Durante los años 580-584 se da una guerra civil entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo, pues en el seno familiar se habían planteado situaciones críticas entre su esposa Goswintha (arriana) e Ingunda (esposa de Hermenegildo y cristiana). Para evitar problemas alejó de la Corte a los príncipes, confiando a su hijo el gobierno de la Bética. Llegado a Sevilla, tras los ruegos de su mujer y las enseñanzas de San Leandro, arzobispo hispalense, Hermenegildo abrazó la fe católica el año 579 y se rebeló contra su padre. Hermenegildo fue derrotado y decapitado por Sisberto, la Bética sometida y el reino suevo anexionado a la corona toledana. El 7/5/586 fallece Leovigildo.

Recaredo (586-601). Hijo de Leovigildo, dio un paso clave en el proceso de integración entre la población visigoda e hispanorromana, se convirtió al catolicismo y la declaró oficial del reino en el III Concilio de Toledo, aceptando los postulados de los concilios de Nicea y Calcedonia (el catolicismo). Hizo frente a los bizantinos del sur de Hispania. Al ser asociado al trono por su padre, levantó las protestas de los nobles, que vieron en esta acción el intento de institucionalizar el carácter hereditario en la monarquía electiva.

Liuva II (601-603). Hijo de Recaredo. Dada su juventud, inexperiencia, y origen bastardo (madre plebeya), tuvo pocos apoyos en la nobleza, e incluso consideraron que era el momento de regresar a la monarquía electiva. Se produjo un golpe de estado contra él y murió ejecutado con tan sólo 20 años. A lo largo del s. VII, la mayoría de los sucesivos reyes acabaron haciéndose con el poder tras golpes de estado o regicidios.

Witerico (603-610). Consigue el mando del ejército que iba a luchar contra los bizantinos, pero utilizó la tropa para dar un golpe de estado, entró en el palacio real y depuso al rey. Hizo que le amputaran la mano derecha (le imposibilita para reinar) y luego le condenó a muerte. La conjura de los nobles, de una facción rival y próxima al clero católico, asesinó a Witerico durante un banquete, arrastrando su cadáver por las calles de Toledo.

Gundemaro (610-612). Los nobles conjurados le aclamaron como rey. Dictó un Decreto reconociendo a Toledo como sede metropolitana de la provincia Cartaginense. Tras su muerte natural se producen rebeliones y golpes de estado por el poder de la nobleza y la iglesia.

Sisebuto (612-621). Noble y culto. Resaltó el fortalecimiento de la autoridad real, ordena en el 615 la conversión de los judíos al cristianismo y dicta las primeras medidas anti hebreas. San Isidoro le dedicó la primera redacción de las Etimologías. Murió envenenado en Toledo.

Recaredo II (621). Sucedió a su padre siendo niño. Su muerte a pocos días del reinado propició el acceso al trono de Suintila

Suintila (621-631). Noble e importante militar, derrotó a los vascones y expulsó a los bizantinos establecidos en la costa entre Valencia y Cádiz. Fue considerado el primer rey visigodo que reino en toda Hispania, del título de «reges gottorum», pasan a llamarse «reges Hispaniae». Quiso hacer hereditaria la monarquía y asoció a su hijo Ricimiro a la corona, provocando la reacción contraria.

Sisenando (631-636). Siendo gobernador de la Narbonense, organizó una rebelión que se fue extendiendo hasta que finalmente Suintila quedó aislado y depuesto. En el IV Concilio de Toledo presidido por Isidoro, arzobispo de Sevilla, fue legitimado como rey y estableció oficialmente el carácter electivo de la monarquía visigoda.

Chintila (636-639). Heredó una monarquía muy debilitada e inestable. A su muerte natural le sucedió su hijo Tulga.

Tulga (639-642). Elegido por una asamblea de nobles y obispos, pero dado el carácter hereditario de la sucesión, su reinado produjo disconformidad. Tuvo muchos roces con Chindasvinto y este fue considerado rebelde, hasta que la muerte natural del rey permitió el reconocimiento del aspirante.

Chindasvinto (642-653). Se hizo elegir por los nobles y ungir por los obispos. En su reinado saneó el estado, se eliminaron corrupciones, se sofocaron revueltas y se impulsaron nuevas leyes. A pesar de que ya era un anciano, sometió a su autoridad al clero y a la nobleza, dando al reino orden y tranquilidad para después instaurar la monarquía hereditaria, asociando al trono a su hijo Recesvinto a petición de los obispos debido a su avanzada edad (murió con 90 años) y en contra de lo dispuesto en el IV Concilio de Toledo, mediante una proclamación realizada el 20/1/648. Desde esa fecha y hasta su muerte cogobernaron ambos. Convocó el VII Concilio de Toledo donde se da mayor intervención del rey en los asuntos de la Iglesia.

Recesvinto (653-672). Llevó una política más dura con los judíos, pero más conciliadora con la Iglesia y la nobleza. Promulgó en el 654 el Código de Recesvinto «Liber Iudiciorum» o Fuero Juzgo, estableciendo un derecho igual y unitario para todos los súbditos del reino. Hasta entonces se empleaba con los godos el derecho consuetudinario del pueblo visigodo y con los hispanorromanos el viejo derecho romano.

Wamba (672-680). Pese a rechazar el nombramiento por su avanzada edad, es forzado por la nobleza a aceptar el trono. Dio esplendor al reino y a su muerte comienza la decadencia. Su reinado lo pasó sofocando luchas, internas de la nobleza contra la monarquía, los nobles entre sí, los católicos contra los arrianos, la población hispanorromana contra los visigodos, una rebelión de los vascones, y en el 672 rechazó la invasión de árabes, que intentan pasar a Hispania por Algeciras. Dejo de reinar por una conjura encabezada por el conde Ervigio y el obispo de Toledo, Julián, que le narcotizaron (esparteína) y tonsuraron haciéndole tomar los hábitos, lo que le impedía volver a ser rey, el 15/10/680.

Ervigio (680-687). Don Julián dio la unción regia a Ervigio en la basílica Pretoriense de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo el 21/10/680, para legitimar su usurpación del trono y poner fin a las aspiraciones de Wamba que pretendía que no se diese validez a su ordenación sacerdotal. Tras su victoria, envió a su antecesor a un monasterio. Convoco los concilios XII, XIII y XIV de Toledo. Enfermó y designó como sucesor a su yerno, el duque Égica.

Égica (687-702). Ervigio obligó a Égica a proteger a su familia bajo juramento, pero Égica, movido por el odio que sentía hacia su familia política, no tardó en librarse de esa imposición e intentó ganarse el apoyo de la Iglesia para evitar que, a su muerte, su familia sufriese una persecución similar a la que él había dispensado a la de su antecesor. Convocó el concilio XV de Toledo. El 15/11/700 Égica nombró sucesor a su hijo Witiza, a quien confió el gobierno de Gallaecia, estableciendo su residencia en Tuy. Los dos años siguientes fueron de gobierno conjunto hasta su muerte.

Witiza (700-710). Su reinado coincide con la crisis final del reino de Toledo. El estado estaba dividido en células, en las que los nobles actuaban por su cuenta. Favoreció los intereses de la aristocracia y devolvió a los perseguidos sus bienes y privilegios. Asoció el trono a su hijo Agila II.

Agila II (710-713). Al morir Witiza, sus hijos eran muy jóvenes para asumir el trono, y un grupo de nobles y obispos eligen a Rodrigo «Roderico», duque de la Bética, en Córdoba el 1/3/710, entrando en conflicto con Agila II, duque de la Tarraconense. Los hermanos de Witiza (Sisberto y Oppas, arzobispo de Sevilla), junto con el conde don Julián (gobernador de Ceuta), piden ayuda a los musulmanes para expulsar a Rodrigo del trono. Táriq ibn Ziyad (general de Muza), desembarcó en julio del 710 en Gibraltar, tanteó el terreno y volvió en abril del 711 con un contingente de mahometanos de la Tingitania. Al enterarse Sancho (sobrino de don Rodrigo) les intenta hacer frente, pero no puede. Envía un correo a Rodrigo que estaba en Navarra sofocando una rebelión de los vascones, y cuando quiso llegar los bereberes ya estaban asentados en Algeciras. Mientras don Julián, preparó la venganza de su hija Florinda la Cava. Don Julián estaba ligado por «vínculos de fidélitas» a Witiza, pero a su muerte entregó Ceuta a los musulmanes. El 26/07/711 Rodrigo es aniquilado por los musulmanes en la batalla de Guadalete o de la Janda, pues los hermanos de Witiza, en mitad de la batalla, se pasan al bando musulmán. Quizás don Rodrigo se escapó a la antigua Lusitania, pues siglos más tarde, en Viseu, se descubrió una lápida con una inscripción que rezaba «Aquí yace Roderico, rey de los godos». Según testimonio del abate A. Carvalho da Costa, dicha lápida se conservó hasta el s. XVIII en la iglesia de San Miguel de Fetal.

Ardón (713-720) se opone a los musulmanes y gobierna la Septimania. Los musulmanes del califato Omeya acaban con la vida de Agila II y su sucesor Ardón, y emprenden la conquista de Hispania, naciendo al-Ándalus.

Las constantes guerras civiles entre las familias visigodas, permite a los musulmanes realizar pactos aislados con una aristocracia semiindependiente y desafecta del aparato estatal mediante dos vías:

  • Por las Armas: Si un pueblo caía en manos musulmanas, la población quedaba prisionera y sus bienes confiscados. Los bienes ciertos (tierras) pasaban en su quinta parte al estado y el resto se repartían entre los conquistadores.
  • Por pactos: Muchos territorios se adhirieron voluntariamente a las fuerzas agarenas para conservar sus leyes, pero se sometían al pago de impuestos, lo que provocó la conversión en masa de cristianos al islam (muladíes). Los patrimonios de los muertos, huidos y de la iglesia eran confiscados. La mayor parte del territorio quedó en manos de los hispanos-romanos, como fue el caso de Pamplona, Burgos, León, Astorga, Zamora, Salamanca, Sigüenza, Zaragoza, Lérida, Murcia, Mérida, Córdoba, Sevilla, o Écija.

EL SILOGISMO

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