La retórica es el arte de hablar o escribir de forma hermosa y
persuasiva (oratoria, sofistería).
Es el estudio filológico de las propiedades y forma de los discursos
(elocuencia, lirismo).
Es el lenguaje muy afectado o recargado usado generalmente para impresionar
(afectación, énfasis, tropo).
Es un exceso de palabrería o razonamiento inútil (verborrea, monserga,
labia).
Es el arte y la
disciplina de utilizar el lenguaje, hablado o escrito, de manera estructurada, estética
y eficaz para persuadir, convencer, deleitar o conmover a la audiencia.
La RAE la define como el «arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia para deleitar, persuadir o conmover». Por ello también tiene implicaciones emocionales para lograr convencer, impactar o seducir a la audiencia que lo escucha.
Antes del nacimiento de la escritura, el hombre
sintió la necesidad de mover el ánimo de los demás con el poder de la palabra,
pues se comprobaba cómo un discurso cuidado lograba lo que era incapaz de
conseguir un razonamiento acompañado de palabras carentes de cualquier signo de
elegancia.
Su desarrollo y constitución como ciencia del lenguaje hablado y escrito no
tuvo lugar hasta el siglo V a.C. en la Grecia clásica, cuando en distintos
ámbitos de la vida de la polis, la retórica se impuso como muy útil en las
disputas particulares, en los debates filosóficos y en las discusiones
asamblearias o forenses.
Emerge como disciplina de derecho y se cultiva con conciencia plena por los
sofistas. Estos dominaban la lógica argumental y eran expertos en el uso del
lenguaje, pues lograban fortalecer un argumento o una causa débiles por medio
de las palabras. Esa habilidad para convencer que poseen aquellos capaces de
utilizar el lenguaje a su antojo ha llevado a asociar la retórica a su vieja definición
(un hombre bueno, hábil para la palabra). En ella, pronto comenzó a verse un
instrumento para el puro engaño, una asociación de la que Platón brinda sin
duda el más temprano y contundente de los testimonios (en su diálogo de Fedro
arremete contra la oratoria de Lisias). Así se explica que sofista, sofisma y
otras palabras de esa misma familia valgan lo mismo que "embaucador o
engaño".
Sócrates tiene, como buen sofista, su técnica de convicción en la
mayéutica.
Con Aristóteles ya tenemos un corpus teórico definido (Retórica es una de sus obras que se compone de tres libros: el primero trata de la estructura y especies de la retórica; el segundo sobre lo que se puede razonar y lo que está sujeto a la razón o a las emociones; y el tercero sobre la forma más adecuada de construir discursos para persuadir), pero la madurez de dicha técnica se alcanza con los romanos, cuyos tratados retóricos definen ya tres campos de actuación básicos como una retórica:
- Forense o judicial (jueces, fiscales y abogados intentando ganar el pleito).
- Deliberativa, propia del senado y la asamblea (espacio propio para el debate político).
- Epidíctica o laudatoria (que enseña a elogiar a un individuo, a un grupo, a una ciudad, etc.).
Con Cicerón y sus obras como «De inventione», «De oratore», «Catilinarias» (ataca al político opositor), o «Pro Archia» (hace de abogado defensor) la retórica toma un gran auge.
La retórica clásica recuerda que hay personas que nacen con cierta
habilidad para hablar y escribir (poseen dicha virtud desde la cuna), pero no
olvides que con el «ars» podemos incrementar nuestra facundia para hablar de
modo brillante.
Para dominar una técnica u oficio que el paso de los siglos había ido perfilando, la enseñanza ponía énfasis en el recurso a unos comodines denominados tópicos, que se repartían hábilmente en el conjunto del discurso. Éste se dividía en cinco secciones:
- Exordio o inicio.
- Narración o exposición de los hechos.
- Argumentación o defensa de la propia postura.
- Refutación o rechazo de la ajena.
- Epílogo o final.
Al comienzo de un discurso hay que poner un exquisito cuidado en captar a los oyentes y en disponerlos para prestar su oídos, por ello, hay que utilizar tópicos como el de la brevedad, ya que un mensaje largo resulta insoportable para el público; hay que asegurar que lo que se va a oír es algo nuevo, pues la repetición de ideas o argumentos manidos serían insufribles; del mismo modo, son muy importantes las diferentes formas encomiásticas hacia el auditorio. El final del discurso se caracteriza por la alta densidad en tópicos y donde hay que recoger los frutos de una serie de argumentos perfectamente urdidos.
La importancia de la retórica no solo afectó al discurso hablado sino que
alcanzó al escrito, pues cualquier texto literario posee idéntica materia
prima. Durante el Medievo, la retórica fue enseñada en las escuelas entre las
principales disciplinas del conocimiento, junto a la gramática y la lógica, y
se fue especializando en determinados géneros o formas del discurso, así,
aparecieron las artes dictaminis o dictandi (técnica para escribir cartas a
destinatarios de diferente condición social), las artes praedicandi (para
formar a los predicadores), las artes notariales (que dan formularios a
cancilleres, secretarios y otros letrados), las artes arengandi (que enseñan a
un caudillo a dirigirse a sus tropas) y otras tantas modalidades.
En el Renacimiento se modificó algo esa herencia pero, al tiempo, fortaleció el
uso de la retórica y amplio el su ámbito de actuación.
Desde entonces hasta nuestros días la retórica, en forma de escrito teórico, ha tenido avances y experimentado retrocesos, pero lo que nadie pone en duda, es la importancia de limar el discurso, ponderar sus miembros y hacerlo agradable a nuestros interlocutores, pues somos conscientes de que, nuestro universo depende por completo de la palabra, por ello, su dominio se revela como una de las principales necesidades, en cada momento de nuestra existencia.
Características de
la retórica. La retórica busca persuadir a través del uso hábil del lenguaje,
apelando a la lógica, las emociones y la credibilidad del hablante. El discurso
se adapta a la audiencia en función de sus receptores, creencias, valores y
preocupaciones. Cada discurso retórico tiene un propósito específico, que puede
ser persuadir, informar, entretener o motivar a la audiencia. La retórica
emplea una variedad de estrategias para lograr sus objetivos, como el uso de
figuras retóricas, argumentos persuasivos, testimonios, el uso creativo del
lenguaje y el estilo para captar la atención de la audiencia y hacer que el
mensaje sea efectivo.
Según la retórica aristotélica, existen tres elementos clave en la retórica:
- Ethos o la credibilidad y autoridad del hablante. La audiencia acepta mejor un argumento si confía en quien lo presenta.
- Pathos o la apelación emocional del público. La retórica efectiva a menudo implica despertar emociones en la audiencia para ganar su simpatía o generar una respuesta emocional específica.
- Logos o la apelación a la lógica y la razón. Un discurso retórico convincente incluye argumentos sólidos respaldados por evidencias y razonamientos lógicos.
La retórica,
oratoria y dialéctica. Estos tres términos no son sinónimos, a pesar de que a
menudo en el habla cotidiana podamos emplearlos de modo indiferente.
La retórica es el arte del bien decir, o sea, la capacidad o talento de dar
a lo comunicado la expresividad necesaria para hacerlo realmente persuasivo.
La dialéctica para la RAE, es el arte de dialogar, argumentar y discutir. Es
el arte de conversar, es decir enseña a debatir.
La oratoria, según la RAE, es el arte de hablar con elocuencia. Enseña a
hablar bien y con eficacia ante los demás. Es la forma de aplicación al
discurso oral de los elementos retóricos, o sea, la capacidad para aplicar la
retórica a un discurso hablado.
Pero para que un discurso logre los objetivos requiere la unión entre los tres, ya que requiere que la persona tenga capacidad real de expresarse adecuadamente y de argumentar correctamente sus ideas, especialmente en escenarios que se prestan a la confrontación de pensamientos.
Para construir y estructurar bien un discurso es fundamental tener muy claro:
- Lo que se quiere decir. Es el centro neurálgico de la retórica. Es necesario conocer las ideas que se quieren transmitir, así como la razón y el objetivo perseguido.
- El cómo lo queremos contar. Hemos de pensar cuál es la mejor manera de estructurarlo, y dotarlo de forma y organización.
- El modo de expresión. Hemos de conocer a la audiencia para adaptar el estilo y la forma en que nos dirigiremos a quienes se dirige la conversación o ante las que se va a debatir una cuestión.
La importancia de la comunicación no verbal. Aunque se identifica la retórica con la configuración de un discurso que está asentado sobre las bases de la comunicación verbal, también es cierto que la expresión no verbal ha ido ganando protagonismo en nuestra sociedad. La razón es que los gestos, los silencios o, incluso, la postura corporal que adoptamos en un momento dado ante otro interlocutor puede llegar a decir tanto o más de nosotros como nuestras palabras. De esta forma, todos los elementos que aportan información sobre una persona (qué se dice, cómo se cuenta y cómo se muestra con su cuerpo al exponer el pensamiento) trabajarán de manera conjunta y el resultado final será más completo.
La retórica
clásica. Contempla cuatro fases para elaborar y organizar un discurso:
inventio, dispositio, elocutio y actio. Esto significa encontrar ideas,
ordenarlas, expresarlas bien y presentarlas de manera eficaz.
Inventio o invenio (invención). La selección de los contenidos del
discurso, la elección particular de los temas en la memoria, en los lugares
comunes (o topoi), las ideas propias o heredadas de terceros que puedan servir
para los fines comunicativos.
Dispositio (disposición). La organización de los elementos de la inventio
en un todo estructurado, jerarquizado y organizado según la conveniencia
argumental, echando mano a relatos, exposiciones o explicaciones para movilizar
al otro a través de vías emocionales, racionales o morales.
Elocutio (elocución). La manera de expresar los argumentos. El equivalente
a lo que consideramos hoy «estilo», se trata de la elección de los recursos
lingüísticos idóneos para expresar verbalmente los materiales recopilados y
ordenados previamente. Ello implica figuras retóricas, juegos de palabras, etc.
Actio (acción). Es la ejecución o acción del discurso y abarca la declamación, la voz, la gestualidad y la presencia del orador.
Una pregunta
retórica es una interrogación que no necesita respuesta, pues está implícita.
Como tal, es una figura literaria empleada como recurso expresivo, para
enfatizar algún asunto o cuestión. Por otro lado, una pregunta retórica puede
usarse para orientar al interlocutor sobre la dirección de nuestro discurso.
Las figuras retóricas o literarias. Son giros o recursos estilísticos del lenguaje que sirven para ilustrar, embellecer o enriquecer el discurso, tanto en el lenguaje hablado como el escrito. Algunas son:
- Alegoría: al representar ideas abstractas con imágenes o narraciones.
- Aliteración: repetición de sonidos consonánticos.
- Anáfora: es la repetición intencionada de una o varias palabras al inicio de las frases.
- Antítesis: al usar ideas, palabras o frases con significado opuesto.
- Asíndeton: al omitir de forma intencionada las conjunciones o nexos entre palabras, frases o clausulas.
- Elipsis: es la omisión de algún contenido del discurso que se considera ya dicho, obvio o que se desea omitir por alguna razón.
- Epíteto: al usar un adj. explicativo que resalta una cualidad inherente o implícita al adj. al que acompaña.
- Erotema: al formular una pregunta sin esperar respuesta del interlocutor.
- Hipérbaton: al alterar el orden sintáctico de una oración.
- Hipérbole: es una exageración intencionada con sentido figurado.
- Ironía: es decir lo contrario de lo que se quiere expresar.
- Metáfora: consiste en comparar dos cosas, sin usar como, o bien llamar a una con el nombre de la otra.
- Metonimia: al designar una cosa con el nombre de otra por su cercanía o relación.
- Onomatopeya: al utilizar palabras que imitan fonéticamente un sonido.
- Oxímoron: al unir términos contradictorios para generar nuevo sentido.
- Perífrasis: o circunloquio al usar un rodeo verbal con varias palabras que podrían decirse con una sola.
- Personificación o prosopopeya: es atribuir a un objeto inanimado características humanas, en un sentido obviamente no literal.
- Pleonasmo: al usar uno o más términos redundantes en una expresión.
- Polisíndeton: al usar de forma repetitiva y abusiva las conjunciones.
- Quiasmo: al utilizar repeticiones cruzadas de estructuras sintáctica o ideas, en dos oraciones consecutivas.
- Retruécano: al invertir el orden de los términos de una proposición en la siguiente oración.
- Símil: o comparación explicita con nexos como o cual.
- Sinécdoque: al usar una parte y representar el todo, o a la inversa.
Hoy la retórica
sigue siendo importante en política (discursos persuasivos), publicidad
(convencer consumidores), periodismo, educación, derecho, literatura (dar
fuerza estética al lenguaje) y en la vida cotidiana (argumentar, debatir)…
porque ayuda a influir en la forma en que otras personas interpretan un
mensaje. Por otra parte, la retórica también puede emplearse con connotaciones
despectivas, para señalar un uso impropio o inoportuno de este arte.