miércoles, 16 de septiembre de 2026

USO DE POR QUÉ - PORQUÉ - PORQUE - POR QUE

La clave está en si es una pregunta, una respuesta, un sustantivo o una combinación de preposición más pronombre.

Las dos únicas variantes para tener en cuenta son porque (en respuestas o explicar una causa. Es la más frecuente) y por qué (en preguntas o exclamaciones). Las otras dos variantes son infrecuentes y pueden sustituirse en la mayoría de los casos por expresiones más claras.

Por qué.

Es la forma que utilizamos para preguntar por la causa de algo.

Es una locución adverbial interrogativa que introduce una pregunta (con signo de interrogación o no), una duda, incertidumbre, o exclamación (causales o no causales, que se puede cambiar qué por cuál, cuáles o cuán) tanto directas como indirectas para indagar la causa, razón o motivo de algo.

Preguntas directas (aparecen entre símbolos de ¿?): ¿Por qué llegaste tarde? ¡Por qué calles más bonitas pasamos!

Preguntas indirectas (aparecen sin los símbolos de interrogación). En este caso subordinada a una oración con un verbo de habla: Me pregunto por qué no viniste a clase ayer. Dinos por qué no viniste a clase ayer.

Está formado por la preposición «por» y el pronombre interrogativo o exclamativo «qué» (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica (hace siempre función de pronombre interrogativo o exclamativo) para distinguirla del relativo y de la conjunción que).

En las interrogativas reconocemos esta forma porque permite que añadamos tras ella los sustantivos causa, razón o motivo (porqué (razón, motivo o causa) te marchaste tan pronto). Si puedes sustituirlo por «por cuál razón-por qué razón- por cuál motivo» o formular una pregunta, es por qué. Obsérva que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.

La locución «por qué» proviene realmente de «por qué causa/razón/motivo», más o menos equivalente a «por cuál causa/razón/motivo». Por tanto, podemos comprobarlo haciendo la sustitución: ¿Por qué/cuál causa/razón/motivo no viniste a clase ayer? Me pregunto por qué/cuál causa/razón/motivo no viniste a clase ayer.

Esta variante es infrecuente y por lo general se puede evitar casi siempre.

Porqué.

Es un sustantivo masculino sinónimo de «causa», «motivo» o «razón» de una acción o situación.

Se escribe junto y con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal.

Se emplea en el sentido de pregunta que comienza por la locución causal «por qué» e indaga la causa de algo.

Puesto que se trata de un sustantivo (puede usarse en plural/los porqués), se usa siempre precedido de artículo (el, un, los, unos) o un determinante posesivo (mi, tu, su, etc.). No entiendo el porqué de su decisión (No entiendo la razón de su decisión). Explícame el porqué de tu decisión. (la razón). Hay muchos porqués sin respuesta. Todo tiene su porqué (su causa o motivo). No entiendo el porqué de su comportamiento (el motivo). Necesito saber el porqué de tu ausencia (la razón). Me explicó su porqué para decidir así (su razón).

Esta variante es la menos frecuente y te recomiendo que la evites, pues siempre se puede usar una alternativa más común.

Podemos hacer la comprobación intercambiando «porqué(s)» por «motivo(s)» sin añadir, eliminar o modificar absolutamente ninguna otra cosa en la oración: Te diré mis porqués/motivos. Aprende el porqué/motivo de que en España se coman 12 uvas.

Porque.

Es la variante más frecuente escrito junto. Es la respuesta que se espera a la pregunta «¿Por qué…?»

Es una palabra átona, es decir, no tiene acento prosódico ni ortográfico.

Es una conjunción causal o de finalidad que sirve para responder a una pregunta introducida por la secuencia por qué, o explicar la causa o motivo.

Puede sustituirse por «ya que», «puesto que» o «dado que». Estudio español porque me gusta (respuesta). Lo hizo porque (para que) todo saliera bien (valor final, con subjuntivo; aquí también se admite por que).

La palabra «porque» al ser una conjunción introduce una oración subordinada, y por ello siempre debe haber un verbo detrás de «porque». No puede haber solo un sustantivo, un pronombre, etc. Las únicas excepciones son «Porque sí» y «Porque no».

Puede funcionar como conjunción final, equivalente a «para que», precediendo un verbo en subjuntivo. Trabajé muy duro porque lográramos los objetivos.

Puede usarse con dos valores:

A-Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones como «puesto que o ya que». No fui a la fiesta porque (ya que) no tenía ganas. La ocupación no es total, porque (puesto que) quedan todavía plazas libres.

Al valor causal se añade un matiz concesivo o condicional si el verbo va en subjuntivo: Tampoco pasa nada porque (si no/aunque) no te bañes hoy.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

B-Como conjunción final (de uso poco frecuente), seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a «para que». Sonreí porque (para que) no pensaran que me había afectado la noticia.

Si reemplaza porque por «puesto que, ya que o debido a que», y la oración conserva el sentido, es «porque». Estudio mucho porque quiero aprobar el examen (causa). Lo hizo porque le dio la gana (motivo).

Aunque no es obligatorio, lo más frecuente es que, si la razón se dice antes que la información principal, se use «como» en lugar de «porque»: No quiere estudiar porque sus padres tienen mucho dinero. Como sus padres tienen mucho dinero, no quiere estudiar.

Un uso bastante infrecuente es usar «porque» en lugar de «para que», es decir, para expresar la finalidad. Realmente es una situación similar a la de «por» y «para». En este caso, el verbo estará casi siempre en subjuntivo. Recemos porque llueva. Recemos para que llueva.

Por que.

Es la combinación de la preposición «por» más el pronombre relativo o conjunción «que».

Las dos palabras son átonas siempre.

Es poco frecuente y aparece principalmente cuando puede sustituirse por «por el cual» o la palabra anterior o el verbo exige «por» más «que».

Se puede anteponer un artículo (el/lo/los/las) al relativo o cambiarlo por otra forma equivalente (el/la cual, los/las cuales).

Si es preposición más conjunción es subordinada de complemento de un nombre, adjetivo o de complemento de régimen. Se puede sustituir la secuencia que sigue a la preposición por el pronombre «eso» (está inquieta por que la llamen. Está inquieta por eso).

Sus dos usos principales son:

a) Preposición «por» más el pronombre relativo «que» (se refiere a un antecedente, en general, a una palabra que precede a por que) o la conjunción «que». Esa es la razón por (la) que luché. Los ideales por que vivimos. Aquí equivale a «por la que».

Si reemplaza «por que» por «por el cual, por la cual, por los cuales o por las cuales». El «que» se refiere a un sustantivo anterior.

b) Preposición «por» exigida por los verbos/sustantivo/adjetivo más la conjunción subordinante «que» (complemento de régimen), aparece cuando hay complementos introducidos por la preposición por. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que. Al final optaron por que no se presentase. Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto. Optaron por que fuera ella. (votaron por algo más que, más subjuntivo).

Si la subordinada tiene subjuntivo y sentido final, se admite la grafía porque. Me esforcé por que entendieras el tema. Aquí «que» introduce una oración subordinada.

Puedes, a veces, interponer «el hecho» entre «por» y «que».

Una oración subordinada completiva es la que completa a la oración principal, es decir, es obligatoria para que la principal esté completa y tenga sentido. En este caso, la preposición «por» está regida (exigida) por el verbo, sustantivo o adjetivo anterior, y la conjunción «que» introduce la subordinada obligatoria. En estos casos, el verbo casi siempre está en subjuntivo. Recemos por que llueva (verbo más preposición; «rezar por algo»). Está loco por que lo llevemos al parque de atracciones (adjetivo más preposición «estar loco por algo»). Como vemos, en ocasiones el uso es prácticamente el mismo que el de «porque» para expresar finalidad.

El pronombre relativo más frecuente en español es «que», que puede sustituirse normalmente por «el/la cual» y «los/las cuales». Cuando una oración de relativo va precedida por una preposición como «por», lo más frecuente es que «que» lleve artículo definido: Por fin he realizado los sueños por los que he trabajado tanto. Puede omitirse el artículo, en los registros formales o cuando se está buscando algún efecto estilístico. No se suele usar en el habla cotidiana. Por fin he realizado los sueños por que he trabajado tanto.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

PATRIOTISMO

El patriotismo es el sentimiento y conducta propios del patriota. Ser patriota significa amar y respetar a tu país, y sentir orgullo por pertenecer a él.

La patria es la nación a la que uno se siente ligado por haber nacido en ella o por otro tipo de vínculo jurídico, histórico o afectivo. El concepto de patria hace referencia a la nación entendida en sentido sociológico y afectivo, lo que implica no solo sus valores fácticos (territorio, población, cultura, etc.), sino también la percepción, más emocional que racional, que de la misma tienen sus miembros, en la cual entran en juego elementos como la tradición histórica, la visión crítica acerca de su presente y las aspiraciones e ideales de futuro. Su gran poder vinculante y movilizador ha provocado que sea reivindicada y utilizada a lo largo de la historia por todo tipo de fuerzas sociales, especialmente las de signo conservador.

Los conceptos de patria priorizan los aspectos objetivos y subjetivos, lo que nos permite hablar de teorías de corte empírico e idealistas. Las empíricas ponen el énfasis en elementos concretos, como la lengua, la raza, el territorio o el conjunto de hechos de la realidad que engloba su denominación. Las idealistas inciden en cuestiones más abstractas e intangibles, como la voluntad de asumir un destino común o la existencia de una conciencia ética de carácter colectivo, con lo cual sitúan a la patria en el ámbito de lo abstracto e inconmensurable. El enfoque idealista supone una visión de futuro y un proyecto de realización en el tiempo, e implica situar a la patria en el marco de las creaciones intelectuales del ser humano y en el plano de lo axiológico del deber ser.

Entre las aportaciones más relevantes al concepto de patria, destacan las efectuadas por los filósofos y estadistas del siglo XIX, muy ligadas a los movimientos populares de base nacional. Así, Mazzini afirmó que la patria era un proyecto colectivo encaminado a lograr la meta común de una humanidad unida y en paz. Joseph Ernest Renan, concibió la patria como un principio espiritual basado en la existencia de un legado histórico común y el consentimiento presente de constituir una comunidad, definiéndola como un plebiscito cotidiano. Jan Masaryk habla de la existencia de una conciencia moral, formada por la concurrencia de sentimientos en un grupo humano.

Las críticas a estas visiones de la patria han venido desde sectores afines al humanismo y el internacionalismo, que niegan su relevancia como valor y hacen hincapié en el peligro inherente a convertir la patria en elemento de acción colectiva. Desde este enfoque, la idea de patria quedaría vacía de contenido, ya que sería superada por otras de orden superior, como la conciencia de pertenecer a una única raza humana, y en su dimensión fáctica su significado quedaría absorbido por las nociones de Estado y Nación. Las doctrinas internacionalistas de origen marxista también han negado la virtualidad del concepto patria, en especial por su vinculación original a los movimientos burgueses y liberales, y por oponerse a su concepción objetiva y materialista del estado. Pero paradójicamente, la presencia del componente patriótico en los movimientos marxistas de liberación ha sido una constante durante el siglo XX y XXI, como reacción frente a la expansión del neoliberalismo y el capitalismo. Así, la idea de patria se ha convertido en un elemento vertebrador de primer orden en el proceso descolonizador del Tercer Mundo, y su invocación continúa siendo un eficaz recurso movilizador en situaciones de inestabilidad social y cambios políticos de carácter traumático.

Hoy, la noción de patria ha perdido gran parte de su importancia, tanto en el plano científico y doctrinal como en el de los movimientos sociales y políticos. En cuanto a los movimientos políticos, contamos su postergación como principio de acción política por la aprehensión que del mismo han hecho las ideologías totalitarias de signo más radical (fascismo, comunismo, nacional-catolicismo, integrismo, independentismo, etc.). La plena aceptación en las sociedades modernas de valores como la democracia, la tolerancia y el respeto a los derechos de las minorías, unida a la globalización, parece incompatible con el mantenimiento de un concepto que, el devenir histórico ha ligado a ideas obsoletas y cargado de connotaciones excluyentes. Por ello, la doctrina política se ha centrado en el estudio de la nación, como la comunidad humana identificable a la patria, y el Estado la concreción administrativo-jurídica de aquélla.

El patriotismo es el sentimiento de orgullo, devoción y apego (ligado a factores como la raza u origen étnico, valores, cultura y las creencias religiosas o la historia) a una patria, y puede manifestarse en el compromiso cívico, el respeto por los símbolos nacionales y el deseo de contribuir al bienestar de la sociedad. Demostrar patriotismo refleja el sentido de pertenencia, amor y lealtad por la patria que, con compromiso y orgullo, alguien expresa por su nación adoptiva o de origen. Pero el patriotismo no siempre se consideró una virtud cívica. En la Europa del XVIII, la devoción al estado se consideraba una traición a la devoción a la iglesia. Otros estudiosos también encontraron fallas en lo que consideraron patriotismo excesivo. Samuel Johnson en su ensayo de 1774 sobre los que afirmaban falsamente la devoción a Gran Bretaña dijo «el patriotismo es el último refugio de un canalla».

El sentimiento patriota se transmite y/o se incentiva mediante determinados símbolos (himno, escudo y bandera nacional, próceres de la patria, la cultura y la historia nacional) que promueven la unión entre los ciudadanos que conforman una nación. Estos elementos son representaciones tangibles del patriotismo, que actúan como un recordatorio constante de la unión, la historia y los valores compartidos por los ciudadanos.

Dada la naturaleza y las características del sentimiento patriota, algunos ciudadanos lo manifestarán con mayor o menor medida según las costumbres de su pueblo. Así, por ejemplo, en la antigüedad los miembros de tribus nómadas difícilmente manifestaron un sentimiento de apego hacia su tierra de origen. Por contra, los ciudadanos de grandes y estables civilizaciones, sí que tenían un gran vínculo afectivo con su reino. Cuando la era de las antiguas civilizaciones llegó a su fin, el feudalismo sepultó el sentimiento patriota durante muchos siglos. No sería hasta el estallido de la guerra de Independencia de los EEUU, la Revolución francesa, las guerras de independencia hispanoamericanas, y la guerra de la independencia española cuando el concepto de patriotismo volvería a surgir una vez más, manifestándose como un amor hacia la patria.

En un mundo tan complejo, donde las fronteras culturales a menudo se entrelazan, tener un sentido claro de lo que significa ser patriota ayuda a fomentar la cohesión social y el entendimiento entre las diferentes comunidades. El patriotismo es el sentimiento de amor y lealtad a la patria. El civismo es la conducta práctica que traduce ese sentimiento en acciones concretas de respeto y participación ciudadana (uno nos une al país por el corazón y el otro por el deber). El verdadero patriota no solo siente orgullo por su nación, sino que actúa con civismo (cumple las leyes, respeta los símbolos patrios y las instituciones, participa en la vida democrática y contribuye al bienestar). El bien común es el fruto de esa combinación cuando toda la comunidad trabaja unida por el progreso colectivo, para tener acceso a la educación, salud, justicia y oportunidades para todos.

La persona que se identifica con el patriotismo recibe el título de patriota. Este defiende y respeta los símbolos de su patria, su cultura, sus valores, costumbres, gastronomía, artes y todo tipo de tradiciones propias. Las tradiciones patrias juegan un papel crucial en el fortalecimiento de la identidad nacional. Celebrar días festivos representativos, como la Hispanidad, no solo recuerda la historia, sino que fomenta la unión y el orgullo cívico.

A diferencia del nacionalismo extremo, el chovinismo o el jingoísmo, el patriotismo no busca imponer su forma de vida a otros ni menospreciar a otras naciones. El patriotismo es un amor pacífico y devoto por la propia patria sin ambición de poder, el nacionalismo puede incluir la idea de superioridad nacional y la voluntad de imponer esa visión a otros, el chovinismo es la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero, y el jingoísmo es el patrioterismo exaltado que propugna la agresión contra otras naciones. Históricamente, los efectos del nacionalismo han sido tanto positivos como negativos. Si bien ha impulsado movimientos de independencia, como el movimiento sionista que creó el Israel moderno, también fue un factor clave en el surgimiento del partido nazi alemán y el holocausto.

Experimentar y demostrar amor por la patria de manera colectiva contribuye al bienestar social y funciona como motor de desarrollo y progreso, además de servir como fuente de motivación y solidaridad nacional en situaciones extremas o momentos de conflicto. Cuando el patriotismo es genuino y constructivo también se advierte una participación ciudadana más activa y comprometida con cuidar la democracia y construir una sociedad cada vez más justa en la cual se prioricen los intereses de los ciudadanos, pero sin excluir a nadie.

La educación cívica contribuye a incrementar la responsabilidad ciudadana. Los valores cívicos deben ser fomentados desde la infancia con la identidad nacional, tanto en el hogar como en el ámbito educativo y en los entornos de aprendizaje no formal, y se transmite de generación en generación. Las familias, claves en la formación de niños y jóvenes, deben dialogar sobre la importancia de respetar las normas, en qué consiste la responsabilidad social y cómo hay que comportarse en materia de ética. Para crear y potenciar la conciencia cívica, las autoridades deben trabajar en políticas públicas e iniciativas orientadas a la inclusión social y la participación de la ciudadanía. La educación cívica es fundamental en la formación de ciudadanos responsables y comprometidos. A través del aprendizaje sobre la historia, los derechos y deberes, así como el funcionamiento del sistema político, los individuos pueden entender su papel en la sociedad. La educación cívica en las escuelas juega un papel crucial en el desarrollo del patriotismo. Conocer la historia de nuestro país y los eventos significativos que nos han moldeado ayuda al niño a entender no solo a dónde pertenece, sino también el valor de su país en el mundo. Las lecciones sobre héroes nacionales, eventos históricos y tradiciones culturales son fundamentales. Además, la transmisión de tradiciones y rituales familiares relacionados con las festividades patrias fomenta el sentido de pertenencia. Celebraciones culturales, como fiestas, danzas y eventos de carácter nacional, permiten a las personas conectarse entre sí y reforzar su identidad colectiva.

Hay innumerables formas de mostrar el patriotismo como el participar en la democracia representativa, votar en las elecciones, ser voluntario para servicio comunitario o postularse para un cargo gubernamental electo, o sirviendo en jurados, obedeciendo todas las leyes y participando en movimientos ciudadanos y comprendiendo los derechos, libertades y responsabilidades contenidos en la Constitución de España.

Las democracias saludables necesitan ciudadanos que se involucren activamente en el proceso político. El patriotismo se convierte en un pilar esencial para mantener la democracia con ciudadanos dispuestos a alzar la voz y luchar por sus derechos y los valores de la sociedad. La falta de participación puede deteriorar los valores democráticos. Al no ejercer el derecho al voto o participar en el debate público, se permite que las decisiones sean tomadas por unos pocos, lo que puede ser perjudicial para el bienestar social.

El patriotismo inclusivo es el que respeta y valora las diferencias culturales y étnicas dentro de una nación. En un mundo cada vez más globalizado, es esencial comprender que cada individuo tiene su propio camino y que estas experiencias enriquecen a la comunidad en su conjunto.

El respeto y la tolerancia van de la mano con el patriotismo. Defender la patria no solo significa abogar por injusticias frente a externos, sino que también implica trabajar juntos como sociedad, respetando las voces y las experiencias de todos para avanzar hacia un futuro mejor.

La solidaridad, la colaboración y el sentido de pertenencia son valores que se cultivan a través de un patriotismo genuino. Cuando un país atraviesa momentos difíciles, un sentido sólido de unidad y patriotismo puede ser el elemento que una a las personas hacia un objetivo común. Un país que promueve la unidad nacional a través del patriotismo tiene más probabilidades de prosperar. Las sociedades que están unidas y comprometidas con su crecimiento y bienestar están mejor equipadas para enfrentar desafíos y construir un futuro brillante para las próximas generaciones. En situaciones difíciles, como desastres naturales o crisis económicas, es común ver cómo la comunidad se une. Rescates, donaciones y apoyo emocional son expresiones concretas de patriotismo. Contar con una ciudadanía activa que se involucra en el bienestar social puede llevar a cambios significativos en las políticas. Cuando las personas trabajan juntas por un objetivo común, quien gobierna debe escuchar y tomar en cuenta las necesidades del pueblo, fortaleciendo así la democracia y la unidad nacional.

 

lunes, 31 de agosto de 2026

LAS EMOCIONES

 Las emociones nos dan información sobre las experiencias que vivimos, para responder de la manera más adaptativa posible.

Son estados afectivos o reacciones subjetivas al ambiente que vienen acompañados de cambios orgánicos, fisiológicos y endocrinos de origen innato.

La emoción es una reacción compleja del organismo que se experimenta en respuesta a un estímulo, evento o situación externo o interno.

Es un fenómeno que se manifiesta en la conducta y en las percepciones corporales, que genera una tendencia adaptativa a la acción.

Es la reacción del organismo ante un determinado estimulo acompañada de gestos, actitudes u otros modos de expresión, en cuya manifestación intervienen diversos factores interrelacionados, en especial los componentes:

  • Fisiológico (adaptativo): Corazón late rápido. Respiración agitada. Sudor en manos. Tensión muscular. Las pupilas, el tórax, los bronquios y el corazón se dilatan. Aumenta la provisión de sangre. Los músculos se contraen. La piel palidece. En casos extremos la vejiga se vacía.
  • Cognitivo (subjetivo): Evaluación de la situación. Etiquetado de la emoción. Recuerdos asociados. Creencias personales. Expectativas.
  • Conductual (expresivo): Impulso a la acción. Expresión facial. Lenguaje corporal. Voz (tono, volumen). Comportamiento observable.

Todo ello se debe a que la amígdala detecta en milisegundos el estímulo, luego el hipotálamo activa la respuesta física (hormonas y SN), al tiempo que la corteza prefrontal controla y modula la respuesta emocional y por último el hipocampo relaciona la emoción con situaciones pasadas.

Las emociones son respuestas intensas y breves para estímulos agradables o desagradables, y sus principales funciones son:

  • Adaptación. Las emociones nos disponen rápidamente para hacer frente a las experiencias que se presentan. Ayudan a ajustarnos a nuevas situaciones (sorpresa, interés).
  • Comunicación. Sus expresiones físicas y conductuales son indicadores del estado, intención y necesidad de las personas. Expresa nuestro estado interno sin palabras y propicia la reintegración personal (tristeza, enfado).
  • Motivación. Motivan determinadas conductas o acciones. Nos empuja a conseguir metas o evitar castigos (ilusión, miedo).
  • Supervivencia. Nos prepara para huir o luchar ante peligros (miedo, ira).
  • Social. Facilita la conexión con otros humanos y motiva la protección y el cuidado (alegría, amor).
  • Toma de decisiones. Guía nuestras elecciones con «señales viscerales» (intuición, asco).

Tipos de emociones. Se han observado diferencias entre cómo cada cultura nombra y experimenta las emociones, por lo que diferenciamos entre emociones primarias y secundarias.

A- Emociones básicas o primarias. Son las comunes e innatas a todos los seres humanos (con independencia de su contexto sociocultural), e incluso a muchos animales. Son las respuestas emocionales universales iguales en todas las culturas que aparecen automáticamente.

1. El psicólogo Paul Ekman identificó 6 emociones básicas que se expresan con la misma cara en todas las culturas del mundo, incluso en tribus aisladas. Posteriormente, en la década de 1990, expandió su teoría original e incluyó el desprecio (disgusto más ira).

Alegría. Estado placentero que genera bienestar y satisfacción. Su función principal es reforzar conductas beneficiosas. Crear vínculos sociales. Aumentar la creatividad y flexibilidad cognitiva. Motiva a repetir experiencias positivas. Fortalece el S. inmunológico. Promueve comportamientos de acercamiento y construcción de vínculos sociales, además de ser un indicativo de éxito. En exceso puede llevar a conductas de riesgo (adicción).

Miedo. Es una respuesta de lucha o huida que ayuda al organismo a reaccionar ante peligros. Provoca reacciones fisiológicas, como la tensión muscular o el aumento de sudoración. Sirve para detectar peligros y dar respuesta rápida. Activa el sistema de lucha/huida/paralización. Agudiza los sentidos. Nos enseña a evitar riesgos reales. Hay que diferenciar entre miedo real a un peligro presente y una ansiedad anticipatoria o miedo a lo que puede pasar. Relacionado con la emoción de horror, el miedo es una reacción primaria directamente vinculada con el instinto de supervivencia. El miedo desproporcionado puede convertirse en fobia o ansiedad generalizada.

Tristeza. Estado caracterizado por la desesperanza y falta de motivación. Sirve para procesar pérdidas, pedir ayuda, facilitar el duelo y la adaptación. Atrae apoyo social al percibir un estímulo externo que aflige. Facilita la introspección y el aprendizaje. Suele aparecer ante la pérdida de seres queridos, tras una ruptura o al cerrar etapas vitales, así como ante experiencias de soledad. Prolongada puede derivar en depresión.

Sorpresa. Surge ante un evento inesperado. Puede ser agradable o desagradable, según qué la provoque y la persona que la experimenta. Funciona como un mecanismo de alerta rápida que ayuda a orientar nuestra atención hacia nuevos estímulos, facilitando la adaptación rápida a cambios o nuevas informaciones. Es un sobresalto, asombro o desconcierto transitorio.

Asco. Es una sensación de repulsión que provoca rechazo a  sustancias o conductas nocivas o tóxicas. Suele ir acompañado de síntomas físicos como arcadas o malestar general.

Ira. Su función principal es movilizar energía para eliminar obstáculos. Prepara el cuerpo para la acción. Surge como respuesta a la percepción de una amenaza o injusticia, que motiva acciones correctivas o defensivas. No gestionada daña las relaciones sociales y la salud cardiovascular.

2. Las emociones básicas de Daniel Goleman. En su obra sobre la IE, identifica seis emociones básicas fundamentales para el entendimiento humano y la interacción social. Dicha emociones son:

Miedo. Se manifiesta con un aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular, y agudización de los sentidos.

Tristeza. Se da una disminución en la energía y motivación, lo cual puede fomentar un espacio para el duelo y eventual recuperación.

Ira. Produce un incremento en la energía corporal, tensión muscular, y en algunos casos, comportamiento agresivo.

Felicidad (Alegría). Sirve para reforzar comportamientos que son percibidos como beneficiosos, y promover la cohesión social.

Sorpresa. Su función es aumentar la atención y la alerta ante situaciones inesperadas, permitiendo una rápida reacción. Su origen recae en la aparición de un estímulo que no esperábamos. Este estímulo puede producir sensaciones positivas o negativas, dependiendo de la situación.

Aversión (Asco). Se manifiesta con expresiones de rechazo facial, que señalan la repulsión e impulsan el alejamiento de la fuente de desagrado.

3. Clasificación de la Universidad de Glasgow. Este estudio sugiere que el miedo y la sorpresa comparten señales faciales similares e indica una alerta, mientras que el asco y la ira comparten expresiones de rechazo y antagonismo. Según esta solo hay cuatro emociones básicas:

Miedo. Caracterizado por ojos ampliamente abiertos, que preparan al individuo para estar más alerta a los estímulos del entorno.

Tristeza. Expresión facial que a menudo implica ceño fruncido y labios caídos, reflejando un estado de pérdida o desconsuelo.

Ira: Incluye ceños fruncidos y labios apretados, una preparación para la confrontación física o verbal.

Felicidad. Sonrisa (contracción de los músculos del contorno de los ojos y boca) que promueve la cohesión social y el bienestar personal.

4. Clasificación de Aguado. Universo emocional básico con 10 emociones:

Miedo. Sensación de alerta ante el peligro inminente y arrollador.

Tristeza. Emoción que surge de pérdidas personales o fracasos irrevocables.

Ira. Respuesta ante amenazas a nuestra integridad o justicia.

Alegría. Sentimiento de placer y satisfacción.

Sorpresa. Reacción breve y espontánea ante lo inesperado.

Asco. Rechazo hacia algo que se percibe como desagradable o contaminante.

Culpa. Sentimiento que ocurre cuando una persona cree que ha cometido un error o transgresión moral. Su exceso es dañino.

Admiración. Emoción de respeto y reverencia, a menudo hacia alguien o algo que posee cualidades superiores.

Curiosidad. Deseo de explorar, conocer y aprender, motivado por el interés hacia lo desconocido o poco familiar.

Seguridad. Sensación de certeza y confianza en la propia capacidad para enfrentar los desafíos del entorno.

B- Emociones secundarias o complejas. Surgen de la combinación de las emociones primarias y se manifiestan de acuerdo con códigos sociales, culturales y personales aprendidos. Son específicas del contexto y pueden variar entre diferentes culturas y situaciones sociales. Afectan al cómo interactuamos con los demás, y cumplen una función reguladora dentro de la sociedad, promoviendo conductas que fortalecen las estructuras sociales y desalentando aquellas que las debilitan. Se clasifican en emociones sociales, morales y estéticas.

Sociales. Emergen en contextos de interacción con otros y reflejan las normas, valores y expectativas de una cultura. Estas emociones incluyen:

  • Orgullo. Sentimiento de satisfacción personal que viene de los propios logros o los de alguien con quien nos identificamos.
  • Humillación. Emoción dolorosa que surge cuando nuestra dignidad es atacada, y nos sentimos ridiculizados o despreciados públicamente.
  • Vergüenza. Es haber fracasado en vivir de acuerdo con un ego-ideal, y acompañado de un deseo de esconderse o desaparecer.
  • Gratitud. Sentimiento de reconocimiento hacia alguien que ha beneficiado de alguna manera a uno, reforzando los lazos sociales.

Morales. Se entrelazan con las percepciones de justicia e injusticia y surgen de juicios sobre las acciones propias o ajenas. Juegan un papel crucial en la regulación del comportamiento social, motivando acciones que promueven la equidad y desalentando transgresiones morales. Incluyen:

  • Culpa. Se da al cometer un error que va contra su propio código ético o los de su comunidad, llevando a un deseo de enmendar el error.
  • Indignación. Surge como respuesta a una percepción de injusticia, provocada por acciones que violan normas morales aceptadas socialmente.
  • Compasión. Implica sentir empatía por el sufrimiento de los demás y un deseo de aliviarlo.

Estéticas. Son las respuestas emocionales que surgen en la contemplación de objetos o situaciones que consideramos bellos o sublimes, ya sea en el arte, la naturaleza o la vida cotidiana. Incluyen:

  • Arrobo. Sentimiento de placer intenso ante la belleza que captura completamente la atención y provoca admiración.
  • Admiración. Respuesta emocional a algo que no solo es bello sino también impresionante o sublime en su perfección o escala.
  • Nostalgia. En un contexto estético, surge al experimentar arte o ambientes que evocan un anhelo por el pasado.

Otras emociones ambivalentes son:

Emociones ambiguas de Richard Lazarus. Este incluye emociones que en muchos contextos culturales son vistas positivamente como:

  • Compasión. Esta surge de la interacción entre el amor (una emoción positiva) y el sufrimiento (una emoción negativa).
  • Esperanza. Es tener lo peor, pero anhelar mejorar.

Clasificación de Rafael Bisquerra. Este propone una organización pensada para su aplicación en la educación emocional, distribuyéndolas en cinco familias principales, lo que ayuda a entender su función y manejo en contextos educativos. Son las emociones:

  • Positivas. Incluyen la alegría, el amor y la felicidad, que fomentan la conexión y el bienestar personal.
  • Negativas. Comprenden el miedo, ira, tristeza, asco y ansiedad, todas con un claro papel en la alerta y la protección ante situaciones adversas.
  • Ambiguas. Sorpresa, compasión y esperanza se categorizan aquí porque su impacto puede variar según el contexto en que se presenten.
  • Sociales. Incluye la vergüenza, timidez, celos, culpabilidad y envidia, emociones que surgen en interacciones sociales y reflejan su complejidad.
  • Estéticas. Son las que experimentamos ante manifestaciones de arte y belleza, provocando admiración, arrobo y otras reacciones subjetivas.

Rueda de emociones de R. Plutchik. Este estableció unas emociones básicas y diferentes combinaciones entre ellas como:

  • Alarma. Resulta de la combinación del miedo y la sorpresa.
  • Alevosía. Resulta de la combinación de anticipación y la ira.
  • Amor. Resulta de la combinación de la alegría y la confianza.
  • Decepción o desilusión. Resulta de la combinación de la sorpresa y la tristeza.
  • Desprecio. Resulta de combinar el disgusto y la ira.
  • Optimismo. Resulta de la combinación de la alegría y la anticipación.
  • Remordimiento. Resulta de combinar el disgusto y la tristeza.
  • Sumisión. Resulta de la combinación de la confianza y el miedo.
  • Susto. Resulta de la combinación de sorpresa y miedo.
  • Vergüenza. Es la combinación de miedo y culpa. Socialmente mantiene las normas y conductas del grupo. En exceso es muy dañina.

Otras emociones. Dependiendo de las experiencias que vivimos, las emociones que sentimos son diferentes y pueden ser:

Aburrimiento. Emoción desagradable que surge cuando una persona realiza una actividad de la cual no quiere formar parte, lo que le produce malestar y fastidio. Esta emoción hace referencia a la expresión de cuando parece que no pasan las horas y el estado de ánimo decae.

Admiración. Expresa fascinación hacia un estímulo externo. Demuestra entusiasmo y disfrute ante las cualidades positivas de otra persona.

Adoración. Está relacionada con la de admiración, pero hace referencia a cuando elogiamos a alguna cosa a nivel espiritual.

Ansiedad. Es hacer frente a un miedo incierto, que puede llevarnos al bloqueo, la irritabilidad o el agotamiento.

Confusión. Produce una sensación de desconcierto y duda ante la situación en la que nos encontramos.

Deseo carnal. Es cuando existe una atracción física hacia otro. El hecho de ver al objeto de deseo produce placer y provoca impulsos sexuales.

Disgusto. Se experimenta cuando el resultado de una situación no es el que esperabas. Puede derivar en sentimientos de frustración y pena.

Diversión. Surge cuando la persona vive una situación que le agrada y se lo pasa bien. Suele ir acompañada de síntomas físicos como la sonrisa.

Enfado. Produce repulsión, ira y, según la gravedad, puede derivar en agresividad.

Éxtasis. Una emoción cuyo origen es la alegría, pero las sensaciones que produce son mucho más fuertes.

Horror. Es una repulsión muy grande hacia una situación u objeto en concreto, ya sea real o ficticio.

Interés. Aparece cuando algo o alguien nos produce mucha curiosidad porque lo percibimos como un estímulo valioso para nosotros.

Rabia. Nos impulsa a defender límites y a luchar por lo que consideramos justo. Pero si sube mucho de volumen, se genera una sensación de ira que puede llevarnos a conductas impulsivas, que luego nos harán sentir culpables.

Satisfacción. La experimentamos cuando logramos alcanzar alguna meta concreta o cumplir un deseo que llevamos mucho tiempo persiguiendo.

Simpatía. Aparece cuando se experimenta una inclinación positiva hacia otra persona. Si es mutua, es el origen de una relación afectiva.

Tolerancia. Tiene su origen en el respeto mutuo. Consiste en no juzgar los comportamientos, acciones o personalidades de los demás.

Tranquilidad. Se produce cuando no percibimos ningún estímulo externo que pueda suponer un peligro para nosotros.

Valentía. El valor es la consecuencia de lograr superar el miedo y ser capaz de lograr lo que nos proponemos.

Vulnerabilidad. Se da cuando estamos ante estímulos externos que no sabemos ni podemos gestionar y que pueden controlar nuestras acciones.

Las emociones básicas son reacciones profundas y transitorias, que alteran la psique y desencadenan respuestas fisiológicas del organismo. Los sentimientos son el fruto de la percepción racional de las emociones, es decir, ocurren cuando se reflexiona sobre las emociones, y por lo tanto representan una experiencia más estable. Ej.: la rabia es una emoción primaria muy poderosa y representa una experiencia más estable: fluye rápido, impacta en el cuerpo y la conducta, y tiende a desaparecer cuando el estímulo que la disparó se extingue. Entonces, es posible que, al razonar sobre lo sucedido, aparezca un sentimiento de culpa por la forma en que se reaccionó. Los sentimientos son más duraderos y estables en el tiempo y son la consecuencia de una elaboración cognitiva de las emociones, es decir, una reflexión, que implica una interpretación subjetiva. Ej.: una persona que recibe una buena noticia experimenta alegría (emoción), luego, reflexiona sobre ello y se siente optimista y orgulloso (sentimientos).

Para usar las emociones en tu favor debes usar la autorregulación. El proceso consta de cuatro pasos su gestión:

  • Detectar (identifica la emoción y su nivel).
  • Pausar (respira 5 segundos. La emoción dura 90 segundos si no la alimentas).
  • Nombrar (di en voz baja «Esto es miedo» o «Esto es ira»). Nombrar reduce intensidad.
  • Decidir (elige una acción que te ayude (respirar, pasear, hablar, esperar), no que te empeore).

lunes, 24 de agosto de 2026

REINOS CRISTIANOS MEDIEVALES


La Edad Media es el período histórico que abarca desde la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d. C.) hasta el descubrimiento de América o la caída de Constantinopla, y se divide en tres etapas:

  • Temprana o Alta Edad Media que abarca los s. V al X.
  • Plena Edad Media que comprende los s. XI al XIII.
  • Baja Edad Media que engloba los s. XIV y XV.

Las etapas de los reinos cristianos y la Reconquista se dividen en cuatro fases:

I. S. VIII-X: Supervivencia y consolidación de los núcleos cristianos del norte (Asturias, León, condados pirenaicos). Los cristianos avanzan sobre territorios despoblados del valle del Duero y la plana de Vic. La Batalla de Guadalete (711) marca el fin del reino visigodo y el inicio de la dominación musulmana. Tras caer la práctica totalidad peninsular bajo dominio islámico, un pequeño grupo de nobles y guerreros visigodos, junto con tribus astures locales refugiadas en las montañas cántabras, se negaron a rendirse. Era el germen de los reinos que, durante 800 años, protagonizarían la expansión conocida como Reconquista.

II. S. XI y primera mitad del XII: El reino de Castilla conquistó el valle del Tajo (Toledo 1085) y Aragón se expandió por el alto Ebro, ambos reinos utilizaron la repoblación concejil, con amplios fueros para ocupar las tierras entre el Duero y el Sistema Central.

III. Fines del s. XII e inicios del XIII: Tras la victoria en Las Navas de Tolosa el 1212 de la coalición cristiana de Castilla, Aragón y Navarra sobre los almohades, se da un salto en la Reconquista, por el gran avance hacia el sur. Castilla consiguió el valle del Guadiana y Aragón el bajo Ebro. Se recurrió a las Órdenes Militares para la repoblación.

IV. S. XIV y XV: Los castellanos ocupan el valle del Guadalquivir (Córdoba y Sevilla) y el Reino de Aragón Valencia y Baleares, utilizando la repoblación de repartimientos. Solo quedó en manos musulmanas el Reino Nazarí de Granada, hasta que en 1492 fue conquistado por los Reyes Católicos. Su unión dinástica se inició con el matrimonio de Isabel y Fernando en 1469. Su llegada al poder se produjo en el contexto de una guerra civil por el trono en Castilla entre Isabel y Juana, la Beltraneja. Isabel se proclamó reina de Castilla en 1474. La guerra finalizó en 1479 con el triunfo isabelino y ese mismo año su esposo Fernando fue nombrado rey de Aragón (Unión dinástica de Castilla y Aragón con los Reyes Católicos). En la Concordia de Segovia (1475) decidieron gobernar conjuntamente, aunque Fernando era rey consorte en Castilla e Isabel en Aragón. Cada reino mantuvo sus propias leyes, instituciones, moneda, lengua, fronteras, etc., pero les permitió tener una política común.

Los Reinos Hispano-Cristianos se organizaron en dos grandes zonas:

  • Reinos y condados occidentales (Cordillera Cantábrica): el reino de Asturias (718-924). Fue el primer reino cristiano tras la invasión musulmana. Creado por Pelayo tras la batalla de Covadonga y ser elegido líder de los astures, se convirtió en caudillo de los refugiados en las montañas astures. En Covadonga, ganó una escaramuza contra los musulmanes, considerada como el inicio simbólico de la Reconquista tras la caída del reino visigodo. El reino inició la expansión hasta el Duero y trasladó la capital a León. El dominio leonés se extendió creando el Condado de Castilla.
  • Reinos y condados orientales (Pirineos): el reino de Pamplona (luego Navarra), los condados aragoneses y los condados catalanes (Marca Hispánica) se expanden hacia el valle del Ebro. Reino de Pamplona (824 Íñigo Arista es aclamado rey). El 878 Wifredo el Velloso reúne todos los condados catalanes, y el Conde de Barcelona (s. IX) logró la independencia del Condado de Barcelona del Imperio Franco. La victoria de los vascones sobre los francos en Roncesvalles en el 778; marca la independencia de los núcleos pirenaicos frente al Imperio carolingio.

La organización política de los reinos cristianos medievales se basa en la monarquía hereditaria. El rey es considerado un «primus inter pares». Gobierna con el apoyo de la Curia Real, formada por nobles y clérigos. Una de las instituciones más importantes son las Cortes, que aparecen en el s. XII (en León), formadas por tres estamentos (nobles, clérigos y burgueses). Su función es asesorar al rey y votar impuestos extraordinarios (subsidios). A nivel territorial, la administración está a cargo de Condes y Concejos.

El régimen señorial se fue consolidando según dos tipos de señoríos:

  • El territorial o solariego: Son territorios entregados por el rey a particulares o instituciones (laicos o eclesiásticos) y cuyos campesinos deben pagarles rentas en especie o en trabajo.
  • El jurisdiccional: El rey otorga a los señores derechos jurídicos sobre los habitantes, lo que supone una limitación del poder del rey, de modo que el control efectivo del monarca se limita a las tierras de realengo.

La sociedad estamental se basa en relaciones feudales y estaba formada por tres estamentos:

  • Nobleza: Estamento privilegiado (no paga impuestos, poseen señoríos y leyes propias). Su función es el ejército y la política. Se distingue entre alta (ricos y condes) y baja nobleza (caballeros e hidalgos). Con la aparición del mayorazgo en el s. XIV, este estamento consolida su poder.
  • Clero: Se divide en alto y bajo clero (tienen gran relevancia las Órdenes Militares). Dedicado a la oración y la cultura tienen privilegios, grandes propiedades y ejercen una enorme influencia política y social.
  • Estado llano o Tercer Estado: Es la mayoría de la población (pagan impuestos) y está formado por campesinos (la mayoría sometidos al régimen señorial y algunos, como los payeses de remensa, adscritos a la tierra). En los reinos cristianos convivieron cristianos, judíos y musulmanes. Los musulmanes que permanecieron en territorios conquistados fueron llamados mudéjares, mientras que los cristianos que habían vivido bajo dominio islámico recibían el nombre de mozárabes.

Las ciudades crecieron especialmente a partir del siglo XI, favorecidas por el comercio, la artesanía y las peregrinaciones. La economía era fundamentalmente agrícola y ganadera, aunque desde el s. XII aumentaron considerablemente el comercio y las actividades artesanales originando la burguesía. Los artesanos se organizaban en gremios, mientras que las ferias y mercados permitían el intercambio de productos. Castilla destacó por la ganadería ovina y la exportación de lana, organizada en torno a la Mesta. Aragón desarrolló un comercio marítimo muy activo por el Mediterráneo.

La organización del territorio y su repoblación. A medida que los reinos cristianos avanzaban hacia el sur, necesitaban ocupar y organizar las tierras conquistadas. Tras la conquista de Toledo se planteó el problema de la repoblación, lo mismo que había ocurrido en los territorios al norte del Tajo, pero si en la zona norte la misión de los monasterios fue importantísima, en Castilla la Nueva, Extremadura, Valencia y Andalucía lo fueron las Órdenes Militares. Las estrictamente españolas fueron cuatro: Calatrava (tuvo posesiones desde Madrid hasta Despeñaperros), Alcántara (nació en el Reino de León, en las riberas del río Coa), Santiago (desde su priorato leonés de San Marcos extendió su acción por el oeste de España y por Portugal hasta el sur, con muchas propiedades y castillos. La labor efectuada desde el priorato de Uclés fue intensísima, repobló tierras manchegas y edificó iglesias para restaurar el culto «in terris desertis». Intervinieron en la conquista de Cuenca (1177) y en la conquista y reparto de Murcia y Sevilla, y Montesa (fundada en Aragón, para sustituir a los extinguidos templarios).

Tras la Reconquista, la repoblación fue la acción de poblar territorios con nuevos habitantes, en los territorios colonizados, ya sea porque los anteriores los habían abandonado o porque los ocupantes eran expulsados o relegados y así conseguir el dominio definitivo.

La «presura» (en León) o «aprisio» (en Cataluña) fue el sistema de repoblación de los s. IX y X en las tierras despobladas del valle del Duero. Consistía en la ocupación libre de tierras por parte de campesinos que huían del norte o mozárabes que emigraban. Al no haber una nobleza asentada previamente, se generó una sociedad de pequeños propietarios libres que no dependían de un señor. Esto fomentó en Castilla un carácter más independiente y guerrero, y una menor sujeción al feudalismo clásico.

Los cristianos pasaron de las montañas cántabras a las llanuras castellanas, y a Brañosera (Palencia) se le da en el 824 la primera carta de repoblación hasta hoy conocida. Otras formas de repoblación son:

  • Concejil. S XI-XII. Población organizada por concejos (ayuntamientos). Los reyes otorgan fueros (cartas de privilegios) a ciudades y villas para atraer pobladores. Se repueblan las tierras entre el Duero y el Sistema Central (Salamanca, Ávila, Segovia).
  • Órdenes Militares. S. XII-XIII. Población en grandes lotes sobre todo en La Mancha y Extremadura, los reyes entregan enormes extensiones a órdenes militares, para que las defiendan y repueblen. Surge el latifundismo.
  • Repartimientos. A partir del s. XIII y tras las grandes conquistas del valle del Guadalquivir (Córdoba, Sevilla) y Valencia, se reparten casas y tierras entre los nobles y soldados que participaron en la conquista, consolidándose el latifundismo andaluz.

En el 722 nacen los primeros reinos cristianos que se expanden hasta el 1212 (en la batalla de Las Navas de Tolosa, una coalición de Castilla, Aragón y Navarra derrota a los almohades) en que se consolidan los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra como avances de la Reconquista, expansión que culmina en el 1492 con la conquista de Granada.

Reino de Asturias, (Asturorum Regnum) es la primera entidad política cristiana peninsular. Tras el reino visigodo de Toledo, la muerte del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete y la invasión musulmana, hasta el 715 en que la península cae bajo control musulmán, excepto algunos núcleos en los Pirineos y la cordillera cántabra donde sus pobladores, inician el principal núcleo de resistencia, y tras la victoria de Don Pelayo en la batalla de Covadonga (722) sobre los musulmanes (esta escaramuza tuvo un valor simbólico inmenso al convertirse en el origen de la Reconquista) se establece un pequeño territorio en las montañas que dará lugar al Reino de Asturias (como sucesor del reino Godo). Desde este pequeño núcleo, los reyes asturianos iniciaron una lenta expansión hacia el sur, ocupando tierras despobladas de la meseta norte, con capital en Cangas de Onís. Su primer caudillo fue Pelayo 718-737; seguido de Favila 737-739; Alfonso I 739-757; Fruela 757-768; Aurelio 768-774; Adosinda-Silo 774-783; Mauregato 783-789; Bermudo I el Diácono 789-791; Alfonso II el Casto 791-842 (establece la capital en Oviedo y construye la 1.ª iglesia sobre el sepulcro de Santiago); Ramiro I 842-850; Ordoño I 850-866 (conquista Tuy, Astorga y León); Alfonso III, el Magno 866-910 y García (910-913) posteriormente conquistan parte de Castilla y Portugal.

Reino de León. En el año 910, el rey Alfonso III, el Magno realiza una gran expansión hacia el Duero, y recupera el territorio leonés para los astures, y a su muerte el Reino se reparte entre sus tres hijos:

  • García heredó León, Álava y Castilla fundando el reino de León (910-1000). El Reino de León se extendió rápidamente por la actual provincia de León, Zamora, Salamanca y parte de Extremadura. Fue el primer reino cristiano en cobrar importancia y en enfrentarse a Al-Ándalus.
  • Ordoño II recibe Galicia. Este al morir García I en 914 sin descendientes, se traslada a León donde fue aclamado rey, y pasa la capital de Oviedo a León, crea el Reino de León, y aglutina al asturiano.
  • Fruela II, que recibió Asturias, permaneció en ella, pero reconociendo la primacía del reino leonés de su hermano Ordoño.

Reino de Castilla, (junto con el de Aragón son los dos grandes reinos medievales) surge como entidad política autónoma en el s. IX como condado del Reino de León. El sentimiento de justicia y unidad de los primeros castellanos obligó a la corte de Asturias a la creación de la «Adjudicatura Castellana» el 843, que no se rige por el «Liber Gothorum» (leyes de tradición germánico-romana), sino por el «Fuero Libre Albedrío», siendo la libertad individual frente a la servidumbre gótico-asturleonesa, una de las primeras características del pueblo castellano. El primer conde de Castilla es Rodrigo en el 860 (bajo Ordoño I de Asturias y Alfonso III, el Magno). En el 931, el condado de Castilla se unifica con el conde Fernán González, haciendo de sus dominios un condado hereditario a espaldas de los reyes de León. La Corona de Castilla, tras el gran esfuerzo conquistador y repoblador, de cinco siglos, estaba exhausta, pero las conquistas del s. XIII con Alfonso X, incorporan extensos territorios y grandes ciudades. Su prestigio y auge económico de final del XIII e inicios del XIV se frena tras las pestes y guerras entre Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastámara. El Condado de Castilla al este del reino de León (zona fronteriza y peligrosa llena de castillos, de ahí su nombre), surgió, hasta su independencia en el 1065, gobernado inicialmente por condes dependientes del rey de León. Fernán González con hábiles alianzas matrimoniales y políticas, y aprovechando las debilidades de los reyes de León, consolidó su poder y gobernó Castilla como un señor casi independiente, transmitiendo el condado a sus herederos de forma hereditaria. Castilla era tierra de guerreros y repobladores, con una sociedad más igualitaria y belicosa que la leonesa. La historia de Castilla y León fue un constante vaivén de uniones y separaciones:

  • Primera unión: Fernando I de Castilla (hijo de Sancho III) hereda León al casarse con la hermana del rey leonés. Une ambos reinos por primera vez (1037).
  • Separación: A su muerte, Fernando divide su reino entre sus hijos. Sancho II recibe Castilla, Alfonso VI León y García recibe Galicia.
  • Unión definitiva: Sancho II es asesinado y Alfonso VI, que había sido desterrado, regresa y reúne bajo su corona Castilla, León y Galicia. A partir de entonces, aunque hubo divisiones temporales, la unión fue la tónica dominante. Esta unión dio lugar a la Corona de Castilla, que se convertiría en el reino más poderoso de la península. Se formó por la unificación definitiva de Castilla y León en 1230. 1085 Alfonso VI de Castilla conquista el reino taifa de Toledo. Se consolidan las Cortes, a las que el rey solicita subsidios (son asambleas convocadas por el rey en las que participaban representantes de los tres estamentos (nobleza, clero y ciudades), para asesorar al rey, aprobar impuestos extraordinarios y legislar. Las primeras Cortes fueron las del Reino de León (1188) convocadas por el rey Alfonso IX (consideradas por la UNESCO como el germen del parlamentarismo europeo). En Castilla se impuso el modelo autoritario de monarquía, en el que el rey concentraba gran poder. La unificación de Castilla y León (1230) favorece la unidad jurídica iniciada por Alfonso X (Las Siete Partidas), consolidada por Alfonso XI (Ordenamiento de Alcalá), y fija las Cortes con carácter consultivo (no legislativo). Otras instituciones castellanas son:
El Consejo Real: Administración Central y órgano asesor permanente del rey.
La Audiencia o Chancillería: Órgano supremo de justicia.
El Mayordomo Mayor: Administrador de las rentas reales.
En la corte: el Chanciller (custodio del sello) y el Condestable (mando supremo del ejército).
A nivel local destacan los corregidores (representantes del rey en los principales municipios).

Los municipios o concejos ganan autonomía gracias a los fueros o cartas de derechos y privilegios otorgadas por el rey para fomentar la repoblación.

En su política interior durante los s. XIV y XV hay que destacar la pugna constante entre la monarquía que quería aumentar su autoridad, y la nobleza o grupos privilegiados, que se negaban a perder influencia. La lucha de la monarquía por afianzar su poder se acentuó con Alfonso XI y Pedro I. El intento de Pedro I de someter a la nobleza y a la Iglesia provocó que ambos estamentos apoyaran las pretensiones al trono de su hermanastro, Enrique de Trastámara. Como consecuencia, estalló una guerra civil que ganó Enrique, iniciando así la dinastía Trastámara. Enrique II buscó el apoyo de la nobleza y de la Iglesia, a quienes concedió abundantes privilegios.

En la política exterior, tres fueron los centros de interés: El Reino musulmán de Granada. El dominio de las rutas marítimas del Estrecho de Gibraltar y del Mar Cantábrico. Las Islas Canarias.

Reinos pirenaicos o Marca Hispánica, fue la frontera político-militar del Imperio de Carlomagno, rey de los francos, para proteger la frontera meridional. Tras la conquista musulmana, este territorio fue dominado por militares en Pamplona, Aragón, Ribagorza, Pallars, Urgel, Cerdaña y el Rosellón. La Marca Hispánica integrada por condados dependientes de los monarcas carolingios, a principios del s. IX, son sustituidos por nobles autóctonos y con el tiempo, los lazos de dependencia de los condados respecto de la monarquía franca se van debilitando, hasta que en la Batalla de Roncesvalles (778), el ejército de Carlomagno, al mando de Roldán, es diezmado por los vascones.

Reino de Pamplona. En el 824 Iñigo Arista expulsa a los francos del condado de Pamplona y se intitula rey. Con Sancho Garcés I (destronó a Fortun en favor de su nieta Toda que era su esposa) el reino se extiende al sur, alcanzando su máxima expansión con Sancho Garcés III (965-1035) que dominó los territorios de Castilla y Aragón, e influyó sobre el Reino de León, y los reinos de taifas sometidos al pago de «parias». Al morir, su hijo Ramiro recibe el condado de Aragón y anexiona los de Sobrarbe y Ribagorza, y su hijo Fernando gobernó el condado de Castilla. Con Alfonso I de Aragón en 1134 el reino de Pamplona se une al de Aragón. El rey Sancho Garcés VI en 1162 cambió el nombre de Reino de Pamplona por Reino de Navarra, al tener una notable expansión hacia el sur. Sancho III (1004-35) estableció la hegemonía política de Navarra, y unificó bajo su corona los principales territorios cristianos del norte (Navarra, Aragón, Castilla y condados catalanes).

Reino de Navarra. Inicialmente, condado de Pamplona, le fundó Sancho Garcés I en 905. Su hijo García Sánchez I (regencia de su tío Jimeno y luego con la reina madre Toda) une el condado de Aragón al reino de Pamplona. En 1076 es asesinado cazando Sancho Garcés IV y el reino se reparte entre castellanos y aragoneses. Sancho VI fue el primer rey navarro. Al morir Juan II rey de Castilla (1406-54), casado con Blanca de Navarra, se producen guerras entre Agramonteses (profranceses, que apoyan a Juan II) y Beamonteses (procastellanos, que apoyan a Carlos de Viana, heredero navarro, que muere de forma extraña). La organización política que prevaleció fue el pactismo, y el poder de las Cortes marcó la debilidad de la Monarquía al tener que respetar los fueros. Otras instituciones navarras son La Cort General (Tribunal supremo de justicia que asesoraba al rey). La Cámara de Comptos (controlaba las finanzas reales). El reino encerrado entre poderosos vecinos (Castilla, Francia y Aragón), tuvo una historia de lucha constante por mantener su independencia, e inició un acercamiento a Francia desde el siglo XIV, lo que significó la entrada de dinastías francesas en el gobierno. En 1512, fue conquistado por Fernando el Católico, quien lo incorporó al Reino de Castilla. Navarra alcanzó su máximo esplendor con Sancho III el Mayor. Bajo su reinado, Navarra extendió su influencia por toda la franja norte (incorporó el Condado de Aragón, dominó Castilla y tuvo bajo su protección a los condados catalanes). A su muerte en 1035, Sancho III dividió sus territorios entre sus hijos, originando los reinos de Castilla y Aragón independizado de Navarra. García Sánchez III heredó Navarra. Fernando I heredó el Condado de Castilla (que luego uniría a León). Ramiro I recibió el territorio de Aragón, que se convirtió en reino independiente. Al final el reino de Navarra se divide en Navarra:

Alta o Peninsular, invadida en 1512 por Fernando, el Católico, que pidió permiso a Navarra, aliada natural de Francia, para que sus tropas la cruzaran para atacar Francia. La negativa del rey navarro motivó que ordenara a F. Álvarez de Toledo, su ocupación, ayudando a los beamonteses, y ayudado por el Papa Julio II, anexionó el Reino de Navarra a la Corona de Aragón.

Baja o Continental, que coexistió con la corona francesa a la que se unió a finales del XVI y cuyos reyes eran conocidos como de «France et de Navarre», pero terminaron disolviéndose con la República Francesa tras la Revolución.

 

Reino de Aragón, al inicio condado de Aragón, se une al reino de Pamplona en el 933, al casarse García Sánchez I con Andregoto, hija del conde Galindo II y prima suya. Durante el s. IX los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza se independizan de los reyes francos y en el X se unen al reino de Pamplona hasta que al morir Sancho III (1035) el Grande, los divide entre sus hijos (Ramiro recibe Aragón, y Fernando Castilla). La boda entre Petronila, hija del rey de Aragón (Ramiro II) y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona en 1137 une los dos territorios, unión que será definitiva con su hijo Alfonso II de Aragón. La corona de Aragón finaliza su expansión tras la batalla de las Navas de Tolosa, al conseguir las Islas Baleares (1229-35), Sicilia el 1282, Cerdeña el 1323 y el reino de Valencia y Mallorca con Jaime I (1137). La legitimidad de la nueva dinastía la logran Sancho Ramírez y Pedro I al poner el reino bajo el amparo de la Santa Sede, pasando el Reino de Aragón a formar parte de los Estados Occidentales. Los demás condados pirenaicos (Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel, y Barcelona) se unificaron a la Corona de Aragón. Esta tenía un sistema de gobierno muy rígido en cada uno de sus territorios, con unos privilegios de la nobleza que limitaban el poder del rey. Al morir el rey Martín, el Humano (1396-1410) sin descendencia, los aspirantes eran, Luis de Anjou y el conde de Urgel, tío del monarca. Fernando de Antequera (Trastámara) regente de Castilla alega su derecho por ser hijo de Leonor, hija del difunto. Sus problemas políticos se centraron en los enfrentamientos entre el monarca y la nobleza, pero reunidos en el compromiso de Caspe (1412) nueve compromisarios, tres por cada delegación de, Aragón, Cataluña y Valencia nombran rey a Fernando I de Antequera (1412-16) de la dinastía Trastámara que ya reinaba en Castilla. En el 1118 Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, conquista Zaragoza, se convierte en potencia y estable su capital en ella. Su organización política fue la monarquía, aunque más débil, debido al pactismo entre las Cortes y el rey. Habrá Cortes en cada reino (Aragón, Cataluña y Valencia) y, a veces, Cortes Generales. El rey debe respetar los derechos y costumbres de cada reino (fueros, usatges, furs). Cada uno de sus reinos mantuvo sus propias Cortes. Los intentos de los reyes por afianzar su poder generaron graves tensiones, destacando la Guerra Civil Catalana, que enfrentó a la monarquía con la Generalidad. La corona catalana-aragonesa orientó su expansión hacia el sur y el Mediterráneo (convirtiéndose en una potencia marítima y comercial), arrebatando tierras a los musulmanes del valle del Ebro y dominando Sicilia, Cerdeña, el Reino de Nápoles y los ducados griegos de Atenas y Neopatria. Pedro I tomó Huesca. La monarquía en Aragón era pactista, ya que el monarca tenía que hacer continuos pactos con nobleza y burguesía. Las instituciones eran similares a las de Castilla, salvo que existían unas Cortes por cada reino que integraba la Corona (Valencia, Aragón, Principado de Cataluña y Baleares). También había dos instituciones que no existían en Castilla como la Diputación General, que vigilaba el cumplimiento de los acuerdos, y controlaba la recaudación de impuestos que desde el siglo XIV se hacen permanentes y añaden funciones políticas. El Justicia Mayor, una especie de mediador entre Rey y nobleza. El Consejo Real y La Audiencia.

Condados catalanes. La dominación franca se hizo efectiva tras la conquista de Gerona (785) y Barcelona (801). A finales del IX el conde Wifredo, el Velloso se impone a los condados de la Marca Hispánica y unifica el condado de Aragón y Navarra, aunque siguen bajo dominio franco hasta que en 957 Borrell II (947-992) se niega a renovar el juramento de fidelidad al rey franco. En Barcelona, el gobierno de la ciudad lo controla el Consell de Cent. La Marca Hispánica fue un territorio fronterizo creado por Carlomagno al sur de los Pirineos para frenar el avance musulmán. Estaba formado por varios condados dependientes del rey franco. El más importante fue el Condado de Barcelona. La integración de Cataluña en la Corona de Aragón en 1137 fue el paso definitivo para su consolidación como entidad política. Durante el reinado de Juan II de Aragón estalló una guerra (1462-72, Barcelona se rinde) entre dos bandos:

  • La Busca, apoyada por Juan II de Aragón, y formada por maestros artesanos y pobres de remensa (pago que en concepto de rescate habían de dar los payeses a su señor para abandonar la tierra. Es uno de los seis malos usos). Sentencia Interlocutoria 1455. (Alfonso V el Magnánimo). Suspende los malos usos.
  • La Biga, con la nobleza y la alta burguesía. El bando real consiguió derrotarla, pero no puso fin a los conflictos que provocan la guerra. Sentencia arbitral de Guadalupe. Fernando, el Católico, para evitar enfrentamientos impuso la insaculación (sorteo) de los cargos.

Reino de Portugal. En el 868 se crea el condado de Portugal dentro del reino de Asturias. En el 1139 Alfonso Enríquez se proclama rey y surge el reino de Portugal del condado de Portucalense. Se hace independiente el 1143, y la reconoce Alfonso VII de León formalmente. Estos reinos fueron expandiendo sus territorios hacia el sur. Con la conquista del Algarve (s. XIII) se establece una frontera similar a la actual. La conquista de Granada en 1492 pone fin al dominio musulmán peninsular.

USO DE POR QUÉ - PORQUÉ - PORQUE - POR QUE

La clave está en si es una pregunta, una respuesta, un sustantivo o una combinación de preposición más pronombre. Las dos únicas variantes...