A diario nos enfrentamos a decisiones que requieren buenos razonamientos. El pensamiento lógico o capacidad de razonar de manera estructurada y coherente nos ayuda a tomar decisiones, resolver problemas, analizar situaciones de modo efectivo y comunicarnos eficazmente. El pensamiento lógico se basa en el razonamiento inductivo (implica observar patrones y hacer generalizaciones a partir de ejemplos específicos) y el deductivo (aplica principios generales a situaciones específicas para llegar a conclusiones). Para comprender sus fundamentos hemos de conocer conceptos como proposiciones, argumentos y falacias. Las proposiciones son afirmaciones que pueden ser verdaderas o falsas. Los argumentos son conjuntos de proposiciones que buscan demostrar una conclusión. La falacia es un razonamiento que parece lógico o verdadero, pero en realidad es incorrecto o engañoso.
Desarrollo del pensamiento
lógico:
1. La toma
de decisiones simples o complejas es parte esencial de la vida cotidiana. Antes
de razonar sobre algo o tomar una decisión, hemos de tener una comprensión
clara y precisa del problema en cuestión, para enfocar el pensamiento de forma
efectiva, lo que implica recopilar y analizar la información relevante, considerar
diferentes opciones, identificar el objetivo y los elementos involucrados, evaluar
las opciones disponibles y considerar las consecuencias de cada elección.
2. El
pensamiento lógico es una arma valiosa para resolver conflictos (inevitables en
cualquier relación). El enfoque lógico y analítico facilita el diálogo y ayuda
a encontrar una postura común. El buen razonamiento se basa, en analizar la
información de manera objetiva y crítica (identificar y cuestionar nuestros
supuestos y prejuicios) para lograr conclusiones sólidas y fundamentadas, en recopilar
datos relevantes y evaluar su validez y relevancia, y en evitar sesgos
cognitivos que distorsionen nuestro juicio. La diversidad de perspectivas,
opiniones y enfoques amplia nuestro horizonte y son clave para tomar decisiones
informadas y llegar a conclusiones sólidas.
3. Aplicar
el pensamiento lógico en la planificación y organización implica establecer
objetivos claros, divide tareas en pasos manejables y priorizar actividades por
su importancia o urgencia. Con ello se reduce la carga cognitiva, se optimiza
el tiempo y los recursos, y se aporta una mayor eficiencia y efectividad. Organiza
tus pensamientos de manera lógica, presenta tus argumentos de forma clara
(facilita la comprensión), coherente y estructurada, y utiliza ejemplos/evidencias
para respaldar tus afirmaciones.
4. La
escucha activa implica prestar atención de forma consciente a lo que los demás
dicen, lo cual mejora la calidad de nuestras interacciones y contribuye a ser
empático.
5. El pensamiento crítico complementa el pensamiento lógico (establece conexiones válidas entre las premisas y las conclusiones), y nos ayuda a mantener la mente abierta, a rebatir enfoques dogmáticos y a mejorar la capacidad de razonamiento. Cuestiona tus creencias, evalúa tus propias decisiones de manera objetiva y considera diferentes perspectivas para llegar a una conclusión sólida. Es útil hacerse preguntas como ¿Cuáles son las evidencias que respaldan esta afirmación? ¿Hay otros puntos de vista a considerar? El aprender de los errores es parte fundamental del desarrollo del pensamiento lógico (analiza qué salió mal y por qué). Este proceso de autoevaluación no solo ayuda a evitar errores futuros, sino que también fomenta una mentalidad de crecimiento y mejora continua.
Pensamiento enfocado o desenfocado. Tu mente desenfocada o errante o modo difuso, es mejor en algunas actividades mentales que tu mente enfocada. La mayoría tenemos un sesgo (sumar en lugar de restar) para tratar de mejorar agregando intensidad, y a menudo es un enfoque ineficaz. Sugerencias específicas para acceder a tu mente desenfocada:
- Estructura tus bloques de tiempo con un esfuerzo enfocado (ej., trabaja primero, luego dúchate).
- Identifica una tarea con la que planeas comenzar y luego tómate un descanso.
- Prueba ejercicios mentales que promuevan el pensamiento amplio (usa la analogía forzada o tormenta de ideas para explorar las relaciones entre conceptos aparentemente no relacionados).
- Captura las ideas que se te ocurran al despertar. Antes de ir a dormir, planifica la actividad enfocada que realizarás al despertar. Al hacer esto, es probable que te despiertes con tu cerebro haciendo planes sobre cómo comenzarás a trabajar.
- Cambiar al modo de vagar por la mente cuando te sientas frustrado, unos pocos minutos son suficientes para desbloquearte.
- Entrar en modo desenfocado es mirar a un lugar diferente (observa a la gente por la ventana, o la naturaleza en una caminata).
Cambia al pensamiento desenfocado cuando desees pensar en algo general y usa el modo enfocado cuando quieras precisar. Al equilibrar el pensamiento enfocado y desenfocado accedes a niveles más profundos de productividad, comprensión y creatividad, al tiempo que minimizas el esfuerzo y maximizas los resultados.
Los pensamientos preocupantes pierden fuerza, si se les deja de prestar atención. Estrategias útiles son:
1. Lo mejor para dejar de pensar demasiado es no obsesionarse con dejar de pensar (pensamiento intrusivo). No luches contra el pensamiento, pues al intentar no pensar en algo a menudo lo intensifica. Acepta el pensamiento e ignóralo que al final desaparece.
2. Si viene el pensamiento, no se le debe dar más fuerza (echar más leña al fuego). El problema de rumiar es que puede llegar a ser adictivo. Si el pensamiento genera ansiedad y no logras la respuesta que dé calma, lo mejor es olvidarse de que exista tal solución.
3. Si nos enfocamos en lo que estamos haciendo en el momento, por muy simple que sea, es una muy buena forma de cortar el pensamiento obsesivo. No es posible ser plenamente consciente de dos actividades a la vez, por ello, vivir el presente es una muy buena opción para quitar peso a lo que ha pasado o lo que pueda pasar.
4. Al aparecer un pensamiento obsesivo, mantén calma y no reacciones emocionalmente. Obrar con el pensamiento con poco esfuerzo significa optimizar el uso de los recursos cognitivos, permitiendo que el cerebro funcione de manera automática, eficiente y fluida, reduciendo la fatiga mental y el pensar demasiado. Las estrategias para lograrlo son:
4.1. Automatiza
hábitos:
Fomenta la rutina:
El cerebro tiende a ahorrar energía, operando la mayor parte del tiempo con un sistema
rápido. Crear hábitos sólidos convierte tareas complejas en automáticas, requiriendo
menos esfuerzo racional y consciente.
Haz una cosa
a la vez: La multitarea fragmenta la atención y consume recursos cognitivos innecesarios.
Finalizar tareas de una en una mejora la eficiencia y reduce la angustia.
4.2. Gestión
de pensamientos negativos:
Observa sin juzgar:
Practica la atención plena para observar los pensamientos sin engancharte en ellos,
lo que reduce la ansiedad y el esfuerzo de luchar contra ellos.
Usa la técnica
del stop: Identifica el pensamiento intrusivo y detenlo conscientemente.
Titula los pensamientos
recurrentes (ya está mi mente con la preocupación de siempre) esto distancia y desengancha.
4.3. Técnicas
para facilitar el pensamiento:
Usa mapas mentales:
Visualiza el caos para ordenar ideas sin un esfuerzo analítico intenso.
Técnica Feynman:
Explica conceptos complejos en voz alta con palabras sencillas para simplificar
el pensamiento.
Cuestiona la veracidad del pensamiento para reducir la fatiga de procesar información falsa.
La palabra preocupar, etimológicamente, indica qué es lo que viene antes de la ocupación, o sea, que la finalidad y utilidad de la preocupación es prepararnos para la acción. Pero cuando el run-run está todo el día en nuestra cabeza, estas preocupaciones y películas no son útiles ni ayudan, al contrario embotan y bloquean. Para dar la vuelta a esto debemos:
1. Si estamos en bucle lo mejor es escribir para liberar. Hacer un diario del run-run o escribir las ideas reduce la carga mental, descarga la memoria de trabajo, procesas la información de manera diferente, y tomas el control sobre los pensamientos intrusivos. Sé consciente de que tus ideas no son necesariamente la realidad ni va a suceder la película que te montes. No rumies, practica la escritura durante tres días. El primer día dedica 15-20 minutos a escribir sobre el estrés que sientes. El segundo escribe sobre cómo ha afectado la experiencia, y el tercero describe cómo se relaciona la experiencia con la vida actual y lo que se desea para el futuro (esta práctica reduce los síntomas depresivos, incluso semanas o meses después).
2. Utiliza tu capacidad de análisis para razonar de manera más efectiva. Teniendo en cuenta ¿Es útil este pensamiento? ¿Me mueve a actuar o me limita? ¿Me ayuda de alguna manera o me hace sufrir sin motivo? Ojo, no se trata de preguntarte si es cierto o falso el pensamiento, sino de si es útil. Si es inútil déjalo pasar y que se vaya.
3. Quita las etiquetas (racionaliza el pensamiento negativo) y céntrate en los hechos para que los juicios sean más realistas y efectivos. Haz actividades que disfrutes y considera qué variaciones de actividades permiten que la mente divague más.
4. Para salir del run-run hemos de practicar el estar más en el presente, en lo que estamos haciendo más que en lo que estamos pensando (pasar de la preocupación a la ocupación). La práctica de mindfulness (atención plena) ayuda a tomar un mayor contacto con el aquí y ahora, y a entrenar nuestra atención a focalizarse en el presente. El pensar mucho se caracteriza por una excesiva reflexión o rumiación que impide el curso normal del pensamiento, manteniendo un circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional. La capacidad de reflexionar es positiva, pero cuando se convierte en run-run, puede ser una fuente de trastornos de salud mental. Los pensamientos que nos quitan el sueño suelen ser del tipo:
- Problemas que podrían suceder o no: Todas las posibles dificultades habidas y por haber se presentan en la mente, estos pensamientos suelen empezar por el famoso ¿Y si…? ya sean preocupaciones sobre temas propios o que afecten a otras personas como pareja, hijos, padres, amigos.
- Autorreproches y comparaciones: Dar vuelta a cosas que creemos que hemos hecho mal, compararnos con otros mejores y torturarnos con ello. «No soy capaz de.». «Soy un desastre.», «Nunca acabo lo que empiezo.», «A mi edad debería estar.»
- Películas que suelen empezar por «seguro que/piensan que, está haciendo, saldrá mal y seguro que es algo grave.». El ser analítico y preocuparse por el futuro está bien, el problema es quedarnos en las preocupaciones y el análisis de lo que puede llegar a pasar (o lo que pasó), y sostenerlo hasta el infinito (la fábula del vaso de agua enseña a soltar las preocupaciones y cargas. En ella un hombre vive atascado por sus miedos y sacrificios. Pide ayuda y la psicóloga le muestra un vaso con agua que al sostenerse un tiempo prolongado se vuelve pesado y difícil de soportar. La clave está en aprender a soltar el vaso y enfocarnos en lo que realmente podemos hacer. Quedarnos enganchados gasta energía y bloquea, como la famosa frase parálisis por análisis. En algunos casos esta rumiación, comienza a impedir el normal curso del pensamiento (su multiplicidad y contenido generan un estado de alerta), y al mismo tiempo nos llevan a conclusiones erróneas que, inevitablemente, mantendrán ese circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional, incrementándose a veces sin fin. Este estado genera efectos negativos (dificultad para concentrarse, disminución del estado de ánimo y la motivación, dificulta el pensamiento claro y la toma de decisiones racionales). Sus efectos incluyen trastornos del sueño, fatiga, dolor de cabeza, tensión muscular, irritabilidad, dificultad para concentrarse y decidir, problemas de memoria, disminución del estado de ánimo y motivación. Esto puede llevarnos a estados de ansiedad y depresión.
Para evitar la rumiación debemos realizar tres recomendaciones
1. El primer paso y el más importante es reconocer los pensamientos concretos y específicos que se asocian a tus momentos de malestar. (momento del día; notas signos físicos, como apretar la mandíbula; temas negativos que son un run-run). No puedes cambiar tus pensamientos si no los reconoces. Cambia preguntas de “por qué a cómo”, facilitando el paso del run-run improductivo a una planificación orientada a la acción y solución. El paso siguiente es generar un pensamiento opuesto al inicial (no una mera negación del anterior, ni debe depender de factores externos (otras personas, el azar, el paso del tiempo…, sino de uno mismo). Sabrás que lo has hecho bien porque nada más generarlo tendrás la sensación de que este nuevo pensamiento es totalmente irreal. Lo siguiente es generar la duda. Busca argumentos para que pueda parecer que podría ser en parte cierto, aunque no te lo creas. Termina siendo consciente de que tanto el pensamiento inicial como el opuesto, son los dos extremos que definen el cómo describes una realidad. Dos polos dicotómicos, en los que no se puede ubicar la perspectiva más cercana a lo objetivo, y a la vez, también más cercana a tus valores (lo que esperas de ti y de tu vida).
2. Una de las principales razones por las que pensar demasiado es malo es porque te sumerge aún más en lo que sea que estés pasando. La próxima vez que notes que rumias intenta la estrategia llamada autodistanciamiento, que consistente en observar las preocupaciones desde una perspectiva externa (de espectador) para ganar perspectiva y cambiar de enfoque mental. Observa una mosca en la pared, o dar un paso atrás puede brindarte la perspectiva que necesitas para cambiar de canal. Usa el razonamiento socrático de testear la validez o pertinencia de alguna de estas ideas. ¿Son realistas, o incluso en caso de serlo, sirven para algo, o el efecto es solo incrementar el malestar?
3. La forma más sencilla de reemplazar los pensamientos negativos por otros más constructivos es pasar de hacer preguntas de ¿por qué a mí? (callejón sin salida) a preguntas de ¿cómo puedo seguir adelante? (lleva a la acción).
Es posible hacer más con menos.
Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas,
siempre gana la imaginación. La forma de evitar que la arena movediza te engulla
es no esforzarte tanto e irte recostando con calma, para que el peso se distribuya,
se reduzca la presión y te permita estar a salvo. Algo parecido hay que hacer cuando
no puedes conciliar el sueño, no puedes recordar algo, etc. (en vez de obligarte
a tratar de hacer lo que no puedes, relájate y haz o piensa en otra cosa).
La ley del mínimo esfuerzo es la habilidad del ser humano
para destinar los mínimos recursos posibles y obtener un beneficio. Es, además,
una ley inmutable, es decir, si se aplica de forma adecuada, tiende a cumplirse
siempre.
Cuando estás en una situación en la que tienes varios caminos disponibles pero solo puedes recorrer uno, el camino que escogerás será aquel que implique un menor gasto de energía (en términos de tiempo, esfuerzo físico o inversión). La ley del mínimo esfuerzo optimiza nuestros esfuerzos hacia los objetivos que nos hemos marcado. Por tanto, no es que nos predisponga a la inacción, sino que nos lleva a actuar de un modo mucho más inteligente y eficiente (notarás que a medida que tienes más experiencia y madurez, encuentras maneras más sencillas de satisfacer tus necesidades diarias y de resolver problemas que antes te suponían un gasto de tiempo y energía mucho mayor). La navaja de Ockham es un principio filosófico que nos explica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más sencilla es la que tiene más probabilidades de ser la correcta.
Puntos esenciales que nos llevan a elegir la ley del mínimo esfuerzo.
1. Escapa de los problemas. Es normal que la vida no sea un camino de rosas y que topemos cada día con problemas y dificultades de todo tipo. Si tu vida es una constante carrera de obstáculos y decepciones, es probable que estés invirtiendo mucho esfuerzo y obteniendo unos resultados pírricos. Esto te llevará a una sensación de frustración, y no te permitirá conectar con tu “estado de flujo” (estado de máxima concentración mental). Cuando estás obsesionado con algo, es normal que sientas agobio y estrés. Estas señales psicológicas te advierten de que estás forzando demasiado la situación. Uno de los mayores factores de la ansiedad es precisamente este estado permanente de agotamiento causado por no comprender la ley del mínimo esfuerzo (Regla de oro: no por esforzarte mucho más que los demás vas a obtener más beneficios que los que no trabajan tanto como tú). Cuanto más inspirado y eficientes sean tus ideas sobre cómo llevar algo a cabo, mayor será tu productividad y menor esfuerzo necesitarás para conseguir los mismos objetivos.
2. Ten paciencia cuando quieras conseguir resultados. Si te pones a actuar de forma precipitada para cumplir los objetivos cuanto antes, lo más normal es que no logres conectar con la tarea y te estreses. Cualquier acción que venga motivada por una buena dosis de inspiración va a ser más efectiva, porque te permitirá fluir y liberarte de algunos vicios que conlleva el pensamiento mecánico. Si te notas agotado, frustrado o falto de ideas, simplemente no actúes. Cambia de ambiente, desconecta y empezarás a retomar la energía positiva. Hay veces en que el ambiente en que nos movemos nos agota física e intelectualmente, o una relación sentimental o un objetivo laboral, para ello debes descansar y recuperarte mediante distracciones que no tengan nada que ver con tu propósito principal. La clave para recuperar la productividad no es volverse loco trabajando a destajo, sino saber dosificarse y sentirse bien con uno mismo. El pensamiento básico se cultiva a lo largo de la vida y para fomentarle debemos:
2.1. Habilidades
fundamentales. Para potenciar tu pensamiento, debes practicar activamente las siguientes
habilidades:
Observación:
Usa los sentidos para captar detalles de objetos, personas o situaciones (momentos
concretos y abstractos).
Comparación:
Identifica semejanzas y diferencias entre dos o más elementos para establecer relaciones.
Relación: Conecta
ideas nuevas con lo que ya sabes, creando asociaciones.
Clasificación:
Organiza información o elementos en grupos basados en características comunes.
Ordenamiento:
Establece secuencias o jerarquías.
2.2. Estrategias
prácticas en la vida cotidiana:
Cuestiona todo:
No aceptes información automáticamente y pregunta constantemente “¿por qué? y ¿qué
significa?”
Mapas mentales:
Visualiza ideas complejas mediante diagramas para organizar el pensamiento.
Atención selectiva:
Aprende a enfocarte en los estímulos de interés y a filtrar distractores, ignorando
lo irrelevante.
Identificar el
problema: Antes de intentar resolver un problema, defínelo con claridad y busca
información relevante.
2.3. Actitudes
claves:
Apertura mental:
Disposición a cambiar de opinión y considerar diferentes puntos de vista.
Metacognición:
Reflexionar sobre tu propio proceso de pensamiento, es decir, pensar sobre cómo
piensas.
2.4. Ejercicios
diarios. Al igual que cualquier habilidad requiere práctica regular para
mejorar:
Los sesgos
cognitivos distorsionan la percepción de la realidad, pudiendo llevar a
conclusiones erróneas. Ser consciente de ellos y minimizarlos es esencial para
un pensamiento lógico más efectivo.
Al estar
estresado la capacidad para razonar se ve afectada, y es crucial encontrar
estrategias para manejar las emociones y mantener la calma. Técnicas como la
respiración profunda, la meditación o simplemente tomarse un tiempo para
reflexionar reduce la presión emocional y permite un razonamiento más claro y
objetivo.
Juegos de lógica:
Rompecabezas, sudoku, ajedrez o acertijos ayudan a entrenar el pensamiento lógico.
Analiza situaciones:
Toma un problema cotidiano y desglósalo: ¿cuál es el problema?, ¿cuáles son los
hechos?, ¿qué alternativas tengo?
Cuida el
cerebro con el descanso y el sueño (el profundo es crucial para la
consolidación de la memoria y la eliminación de residuos metabólicos). El
ejercicio aeróbico de baja intensidad aumenta el flujo sanguíneo y el
crecimiento de las mitocondrias, mejorando la agilidad mental. Y el
entrenamiento de fuerza con descansos de 2-3 minutos entre series crea un gran
ambiente para divagar la mente. Sigue una dieta saludable (el omega-3 y
vitaminas del grupo B son importantes para el cerebro) y evita la cafeína,
estimulantes, alcohol y sedantes.
