jueves, 2 de julio de 2026

ÚLTIMA PROGRAMACIÓN

INTRODUCCIÓN

La sociedad, en general, plantea la necesidad de incorporar a la educación los conocimientos, destrezas y capacidades relacionadas con la salud, el cuerpo, su imagen y forma física, así como la utilización constructiva del ocio con actividades recreativas y deportivas. Por otra parte, los expertos en nutrición advierten de los riesgos del sedentarismo en edades tempranas, con la existencia de un ocio basado en el estatismo (videojuegos, móvil,...), lo que unido a una dieta que, en muchos casos, no responde al equilibrio necesario en cada edad, se favorece que cada vez más niños tengan problemas de sobrepeso y por tanto de salud.

El área de Educación Física (en adelante EF), que tiene en el cuerpo y el movimiento los elementos esenciales de su acción educativa, se orienta al desarrollo de las capacidades vinculadas a la actividad motriz y a la adquisición de elementos de cultura corporal que contribuyan al desarrollo integral de la persona.

Al elaborar el programa de EF para el CPEECB hemos tenido presente que es un centro donde existen profundas deficiencias cognitivas, sociales y motrices entre los alumnos, y que están muy diversificadas dentro de las distintas aulas en que se agrupan. En el deficiente psíquico las sinergias musculares se descoordinan en cualquier nivel y en los profundos además del etiológico, la inactividad también contribuye a ello. La EF en estos centros, además de favorecer el desarrollo psicomotor, se utiliza como método de mantenimiento de las condiciones óptimas de recuperación y prevención, por ello la actividad física es un medio, además de un método destinado a desarrollar, restaurar o mantener las funciones restringidas o lesionadas, y una técnica terapéutica funcional que ayuda a la realización de la persona en su dimensión individual y social, por lo que debe ocupar un lugar primordial en la programación de dichos Centros.

El área está estructurada en cinco bloques que presentan de forma integrada conceptos, procedimientos y actitudes. Los procedimentales permiten al niño sentirse competente en el plano motor, las actitudes les permiten afrontar desde una perspectiva ética las numerosas y complejas situaciones que envuelven la actividad física y deportiva. La adquisición de conceptos aun estando supeditada a los anteriores tipos de contenidos facilitará la comprensión de la realidad corporal y el entorno físico y social. Las capacidades cognitivas, físicas, emocionales y relacionales vinculadas a la motricidad se abordan prioritariamente en los tres primeros. En el cuarto la educación para la salud, y en el quinto la educación en valores. Dichos bloques son:

1. El cuerpo imagen y percepción: con contenidos que permiten el desarrollo de las capacidades perceptivo motrices. Dirigido a adquirir un conocimiento y control del cuerpo determinante para el desarrollo de la propia imagen corporal y la adquisición de nuevos aprendizajes motores.

2. Habilidades motrices: con contenidos que permiten al alumno moverse con eficacia (dominio y control motor), destacando los que facilitan la toma de decisiones para la adaptación del movimiento a nuevas situaciones.

3. Actividades artístico-expresivas: con contenidos para fomentar la expresividad con el lenguaje corporal y el movimiento.

4. Actividad física y salud: se incluyen transversalmente en todos los bloques, con conocimientos necesarios para que la actividad física resulte saludable y se incorporen hábitos a lo largo de la vida como fuente de bienestar.

5. Juegos y deportes: con contenidos de estos como manifestación antropológica y cultural, con independencia de que el juego se utilice como estrategia metodológica, destacando las actitudes dirigidas hacia la solidaridad, la cooperación y el respeto al adversario y a las normas.

Las sesiones de EF se basarán principalmente en:

  • Educación del esquema corporal y ajuste postural. El cuerpo imagen, percepción, control e identidad personal. Conocimiento del propio cuerpo.
  • Ejercicios globales de coordinación motriz. Habilidades y destrezas (equilibrio, CDG., organización y estructuración espacio-temporal, etc.). Actividades de mejora de la aptitud física.
  • Juegos, deportes y actividades libres.

Los principios básicos a desarrollar son:

-Trabajar el cuerpo de forma asimétrica (dos lados), haciendo demostraciones de lo que pidamos.

-Asociar la instalación del material y su recogida posterior y dejar que descubran posibles usos de los nuevos materiales.

-Priorizar la experiencia que lleva a la adquisición de conceptos, para utilizar mejor el cuerpo, el espacio y los objetos que le rodean.

-Fomentar conductas que guíen al desarrollo personal optimo, con hábitos que mejoren la autoestima, la autorresponsabilidad y el autocontrol.

-El movimiento no es un fin en sí mismo, solo tiene sentido si contribuye a la realización del alumno en su dimensión individual y social.

-Cambio continuo y gradual de actividades motivadoras y gratificantes, con repeticiones para alcanzar el resultado deseado.

-Dar respuesta a las necesidades individuales y colectivas con hábitos que ayuden en la mejora de la educación para el ocio, la integración social, el uso de lenguajes corporales, así como la capacidad de cooperación, responsabilidad, respeto al adversario y aceptación de las normas.

METODOLOGÍA

En un currículo abierto los métodos de enseñanza son en su mayoría responsabilidad del profesor, y solo en la medida en que ciertos principios pedagógicos son esenciales a la noción y contenidos del currículo que se establece, está justificado señalarlos. Por otra parte, la EF requiere un conocimiento vivenciado para mejorar la acción motriz, que en un primer momento es global, si bien, el alumno de forma inconsciente polariza la atención (yuxtaposición) o se centra en el todo sin analizar las partes (sincretismo).

-Con la actividad constructiva es el alumno quien modifica y reelabora sus esquemas de conocimiento y construye su aprendizaje. El profesor actúa de guía y mediador para facilitar la construcción de aprendizajes significativos (motivador y gratificante, per se) que permiten establecer relaciones entre los conocimientos y experiencias previas y los nuevos contenidos. Por otra parte, se debe asegurar la relación de las actividades de enseñanza y aprendizaje con la vida real de los alumnos.

-Crear un marco flexible donde se tengan en cuenta desde donde parte cada alumno y el grado de destreza que se pretende que alcance, teniendo en cuenta que razones como el sexo, las características somatomórficas o cualquier otra condición inherente al individuo no serán empleadas como criterio de clasificación.

-El proceso de enseñanza estará presidido por el aprendizaje funcional entendiendo no solo la posible aplicación práctica del conocimiento adquirido, sino también el hecho de que los contenidos sean necesarios y útiles para aprendizajes posteriores.

-Experimentar y explorar el aprendizaje por descubrimiento de todas las posibilidades del cuerpo y sus movimientos.

-Impulsar las relaciones entre iguales, dando pautas que permitan la modificación de puntos de vista, la coordinación de intereses, la toma de decisiones colectivas, la organización de grupos de trabajo, la distribución de responsabilidades y tareas, la ayuda mutua y la superación de los conflictos mediante el diálogo y la cooperación.

-La atención individualizada supone un mayor grado de complejidad, pero es necesaria para atender las necesidades particulares de los alumnos en todos sus aspectos y sobre todo de salud e higiene.

-Potenciar el interés de los alumnos en el conocimiento de los códigos convencionales e instrumentos de cultura, sabiendo que las dificultades que estos aprendizajes comportan pueden desmotivarles y que, por tanto, debemos graduar las actividades.

-Trabajar el aprendizaje receptivo, teniendo en cuenta la significatividad de la tarea, pues tendrá más valor si se plantea en situaciones jugadas dando prioridad a los mecanismos que facilitan la construcción del aprendizaje por parte del alumno.

-Usar el enfoque globalizador (de lo global a lo específico, con un carácter cíclico e integrado de los contenidos) y las características que acompañan a los distintos estilos de enseñanza.

-Usar una metodología activa y participativa, partiendo de sus motivaciones, intereses, capacidades y conocimientos previos, y para algunas actividades el mando directo con sus cuatro fases: explicativa, preventiva, ejecutiva y corrección de faltas. Hemos de ser conscientes de la apatía debido al exceso ante los ejercicios y el temor a probar. Pedir al niño que verbalice lo que hace, cuando esto sea posible.

-Presidiendo toda labor educativa está el juego, como la actividad más significativa y adecuada al motivar por sí mismo, y que según la mayoría de los expertos es indispensable para el desarrollo y la inteligencia en los primeros años de vida al producir una potenciación sináptica en las conexiones sensoriales, además posibilita el aprendizaje entre iguales, es una forma de aprendizaje espontáneo o programado, reporta placer de forma natural e implica esfuerzo y responsabilidad

En esta programación se han tenido en cuenta los aspectos legales que establecen el currículo oficial para la EP, con la amplitud y flexibilidad lógica que supone su adaptación a un CEE y a la realidad específica de cada niño. Tendremos presente que se enseñan contenidos, para alcanzar objetivos (en el plano individual el desarrollo personal óptimo, la autorresponsabilidad y el autocontrol) que se desarrollan en unos bloques temáticos adaptados al aula y expresados en la programación.

Los ejes corporales son el longitudinal vertical al suelo, el transversal paralelo al suelo, y el sagital paralelo al suelo y perpendicular a los otros dos. Los tres ejes originan el plano frontal (divide al cuerpo en parte delantera (ventral) y trasera), sagital (le divide en parte dcha. e izq.) y el transversal (en parte superior e inferior). Los mecanismos del aprendizaje motor para tener en cuenta son el de:

Percepción, estímulos fundamentales a los que debemos atender, como: Controlar los movimientos en espacios conocidos. Desplazarse de diferentes formas. Adecuar los movimientos a los estímulos externos, distancias, sentido y velocidad de desplazamiento de los demás, y los distintos materiales, así como a las circunstancias y condiciones de la actividad.

Decisión, afecta, sobre todo a la cognición del alumno, pues tomar una decisión supone entender el problema y conocer las soluciones que puedan ser aplicadas. También, necesitamos que la respuesta sea adecuada al momento y lugar, por lo que el tiempo de reacción es básico.

Ejecución, en primer lugar, se atenderá la ejecución, luego se dará más importancia a la adquisición de los esquemas motores adecuados a cada situación concreta y se pedirá una calidad de ejecución en los ya conocidos; más tarde se seleccionarán y elaborarán los esquemas más económicos y eficaces de las habilidades y destrezas básicas.

CRITERIOS DE EVALUACIÓN 

La evaluación es un proceso continuo, cuya principal finalidad es la adecuación del proceso de enseñanza al progreso real del aprendizaje del alumno. Nunca, puede quedar reducida a actuaciones aisladas en situaciones de examen o prueba, ni identificarse con las calificaciones o la promoción. El proceso de evaluación tiene por objeto, el aprendizaje del alumno y el proceso de enseñanza, y su función es facilitar la toma de decisiones correctas.

Actúa coordinada y cooperativamente para resolver retos u oponerse al adversario (atacante o defensor).

Adapta los movimientos corporales a los cambios de la actividad con adaptación al ritmo, velocidad y espacio en diferentes entornos.

Adaptación al aula. Imagen de sí mismo. Evolución a lo largo del curso.

Ajusta y coordina movimientos básicos en espacios delimitados.

Alterna inspiración (nasal) y espiración (bucal). Comenzar con ejercicios de espiración, (aprender a sonarse) luego tórax y abdomen.

Autonomía en la higiene y vestido. Colabora en la misma. Le gusta estar limpio.

Ayuda y coopera con los compañeros y adultos. Cuida el material y colabora en su recogida.

Bota, lanza y recepciona un balón en distintas posturas. Desplazándose con una o ambas manos.

Cambia la trayectoria en carrera a la señal dada. Camina 3 m empujando una silla sin caerse.

Camina de diferentes formas (lado, puntillas, cuclillas, cuadrupedia). Lateralmente sobre un banco sueco da vuelta y continua.

Camina siguiendo una línea sobre el suelo, sin perder el equilibrio, cintas, rectas, curvas, círculos.

Colabora en el desarrollo de los juegos y respeta las normas y reglas básicas.

Comprende, órdenes sencillas (no, toma, dame), alguna situación de peligro y la evita.

Con los ojos cerrados decir en voz alta donde está la mano y/o pie izq./dcha.

Con sus compañeros se reagrupa con distintas formaciones: círculo, cuadrado, hilera, etc.

Conduce a la pata coja un objeto. Conduce una pelota con un pie siguiendo una dirección marcada.

Conoce la necesidad del ejercicio físico para un crecimiento y desarrollo equilibrado.

Conoce y señala articulaciones, partes de su cuerpo (cara, cabeza, manos, pies, rodillas), en sí; y en otros.

Control cefálico. Postural. Emocional. Autonomía en los desplazamientos.

Controla la marcha en las actividades: > < duración, espacio, diferentes entornos y direcciones.

Controla la velocidad de carrera y los cambios de dirección en el juego.

Controla movimientos de dedos, manos, brazos y antebrazos.

Controla su cuerpo con equilibrio estático y dinámico. Con control de la tensión, relajación y respiración.

Corre de modo coordinado con alternancia de brazo-pierna.

Corre entre aros sin pisar dentro de ellos. Pisando dentro de ellos. A la pata coja.

Chuta el balón a portería. Lanza a canasta. Lanza a los bolos y usa el gesto técnico del lanzamiento.

Desarrolla y mejora actitudes como la cooperación, la tolerancia y el respeto a las normas y a los demás.

Dirige un balón por un itinerario. Devuelve el balón de cabeza.

Disfruta del juego con independencia del resultado.

Distingue características corporales: color de pelo, ojos, sexo. Identifica algunas sensaciones y sus órganos correspondientes.

Es capaz de manifestar sentimientos y emociones a través de su cuerpo.

Expresa corporalmente sensaciones o ideas. Necesidades básicas (frío, cansado y sus opuestos).

Gatea de manos y pies, de manos y rodillas. Pasa túneles. Repta. Rueda en colchoneta.

Golpea una pelota con diferentes partes del cuerpo. Intercepta y golpea a un móvil con ayuda de un objeto.

Identifica como valores de los juegos y las actividades, el esfuerzo personal y las relaciones que se establecen con el grupo.

Imita gestos o acciones. Animales, situaciones cotidianas, personajes.

Inclina el tronco lateralmente sin mover los pies. Lanza con precisión a un objeto en movimiento.

Intenta pisar una cuerda arrastrada por un compañero. Salva obstáculos corriendo entre ellos.

Lanza una pelota a una señal en la pared; y la recoge sin caérsele.

Lanza una pelota con el pie hacia un lugar marcado. Rodando a un compañero. Lanza una pelota a más de 10 m.

Lanza una pelota hacia arriba y la recoge. Gira 360º y la recoge. Rodando a un compañero.

Lanza da una palmada y la recoge. Lanza y recepciona una pelota, con una (o ambas). Sobre un banco. En diferentes posturas.

Lanza, pasa y recibe pelotas sin perder su control en las actividades, con ajuste correcto a la situación, la distancia y la trayectoria.

Levanta bastante una pierna, sin mover otras partes del cuerpo.

Localiza en sí y en los otros las partes y articulaciones del cuerpo.

Mantener un globo con una mano en el aire al menos 5 veces. Mueve un globo soplando.

Mantiene el equilibrio al desplazarse de diferentes formas (pies juntos, pata coja, bancos, zancos, ladrillos).

Mantiene un ritmo moderado de carrera unos 4´. Recorre 25 m en menos de 6”.

Opone el pulgar al resto de los dedos en menos de 3”.

Oscila el cuerpo con los ojos cerrados y a pies juntos (algo abiertos)

Pasa y recibe una pelota de forma continuada a un compañero parado.

Permanece dentro de un volumen (caja, gusano), unos segundos.

Pide ayuda cuando tiene necesidad. Ir al servicio. Realiza la secuencia necesaria (solo o con ayuda).

Practica hábitos elementales de higiene personal, posturas correctas, ritmos de actividad y descanso.

Reacciona a estímulos sensoriales (visuales, auditivos y táctiles) mediante gestos, movimientos, sonrisas o verbalmente.

Realiza abdominales, velocidad y flexiones. Pases con el pie por parejas.

Recepciona y lanza un balón de diferentes posturas.

Reconoce derecha, arriba y sus opuestos, en sí; y en los demás. Se sitúa de espaldas a, frente a y de perfil a.

Reconoce lo que está antes, después, al mismo tiempo.

Recorre 5 m a la pata coja. Recorre unos m. con un objeto sobre la cabeza.

Repite un gesto con precisión. Reproduce estructuras rítmicas sencillas, con palmadas, saltos, pateos, o instrumentos de percusión.

Representa de forma natural y espontánea situaciones cotidianas, personajes, etc.

Representa gráficamente las principales partes del cuerpo.

Reproduce estructuras rítmicas sencillas, con palmadas, saltos, pateos, o instrumentos de percusión.

Responde a su nombre. Acepta el contacto con los otros. Pide ayuda cuando tiene necesidad.

Salta a la comba cuando dan otros. Salta la cuerda solo.

Salta desde parado y a pies juntos más de 20 cm. Salta un elástico a 40 cm y cae equilibrado.

Salta rítmicamente alternando 2 o 3 veces seguidas cada pie. Salva obstáculos corriendo a 2,5 m de distancia entre ellos.

Se anticipa en la trayectoria de un objeto para cogerlo o golpearlo.

Se desplaza hasta un punto indicado, siguiendo consignas espaciales (arriba, delante, dentro, cerca, encima y sus opuestos).

Se desplaza libremente sobre zancos. Ladrillos. Por un camino de obstáculos, entre compañeros

Se desplaza siguiendo consignas espaciales (arriba, delante, dentro, cerca, encima y sus opuestos).

Se desplaza siguiendo a un compañero; líneas (cintas) rectas, curvas y círculos. Evitando obstáculos fijos y móviles.

Se desplaza y responde a órdenes de: alto, sentado, corre. Tumbado (prono, supino, lateral) rodillas

Se desplaza, gira y salta variando puntos de apoyo, amplitudes y frecuencias, con coordinación y orientación en el espacio.

Se desviste y viste solo y muestra destrezas digito manuales. Se pone los zapatos e inicia la lazada.

Se mantiene en equilibrio sobre un pie; y con los ojos cerrados. Se mantiene en reposo y silencio durante unos minutos.

Se orienta en el espacio real a partir del propio cuerpo y otros puntos referenciales del entorno, a los demás y a los objetos.

Se pasa el balón con otro compañero que está a 3 m. de distancia

Se pasa una pelota de una a otra mano de forma continua y regular.

Se sienta y se levanta del suelo, sin ayuda.

Señala alguna relación entre ejercicio físico habitual y salud.

Sigue, coge, manipula y lanza objetos.

Sube y baja escaleras, banco sueco, espalderas, peldaños de la escalera, rampa, un banco inclinado 45º.

Tendido supino (manos o papel en el pecho), notar como al llenar y soplar sube y baja.

Tendido supino a la orden abrir y cerrar piernas y brazos.

Usa siempre su lado preferente para ejercicios de cierta complejidad.

Utiliza el juego como medio de satisfacción, relación y cooperación, con independencia del resultado.

Utiliza la habilidad de girar sobre el eje longitudinal y transversal.

Utiliza los recursos expresivos del cuerpo para comunicarse.

DISEÑO GENERAL DE LAS ACTIVIDADES DE AULA.

&. Observación directa.

&. Desarrollo sensorial.

&. Desarrollo de las habilidades perceptivas a través de las tareas motrices habituales: Manipulación de objetos.

&-Aprendizajes funcionales: Vestido-desvestido. Abrocharse, desabrocharse. Poner, quitar y colgar prenda.

&-Higiene personal: Lavarse la cara y las manos, sonarse.

&-Necesidades fisiológicas básicas: Control de esfínteres, sueño y vigilia.

&-Hábitos sociales: Saludar. Despedirse. Apoyo a la autonomía personal.

&-Desarrollo de las habilidades y destrezas motrices básicas y de las habilidades perceptivo motrices: Esquema corporal. Control postural (sedestación, bipedestación y movimiento). Conocer los segmentos (cara, cabeza, pie, pierna, brazo, mano, dedo, pecho, espalda). Percepción y estructuración espacial, temporal y espacio-temporal (trabajos con distancias). Orientación espacio temporal(entrar, salir, rápido, lento). Lateralidad (derecha, izquierda, arriba y abajo). Coordinación dinámica general (echado, sentado, a gatas...). Habilidades motrices básicas (desplazamientos, saltos, giros, lanzamientos, recepciones, transportes y conducciones). Potenciación del tono muscular. Relajación (tensión y distensión). Locomoción, marcha, carrera, trepa, salto, suspensión, lanzamiento y recepción. Coordinación segmentaria y equilibrio (estático, dinámico, con objetos...).

&-Iniciación a las actividades motrices específicas y las cualidades físicas básicas: Fuerza, velocidad, resistencia, flexibilidad, potencia (F.V.) y agilidad (F.V. y Coordinación).

&-Desarrollo de las actividades motrices específicas, desarrollando la condición física general: Deportivas, atléticas, ocio, recreo y expresivas.

&-Expresión corporal y ritmo.

&-Juego (grupal, simbólico, motor, libre, dirigido o reglado) y el deporte. Potenciación de la relación en grupo y la cooperación.

sábado, 9 de mayo de 2026

EL FEUDALISMO

El término feudalismo deriva de la palabra feudo (feodum en latín) y significa dominio o territorio.

La aplicación del término feudalismo en la España medieval es controvertido, pues unos historiadores ven elementos feudales parciales en toda la península, y otros argumentan que las guerras de frontera y la repoblación dieron mayor libertad y diferencias sociales.

C. Sánchez-Albornoz sostiene que solo Cataluña adoptó el modelo, carolingio-francés, feudal estricto (vasallaje jurídico o feudalismo político), mientras que en Castilla, León y Aragón se dio una mezcla de tradición visigoda, derecho consuetudinario y nuevas formas de vasallaje con predominó del régimen señorial (dependencia económica y social), influenciado por la Reconquista y la repoblación.

La Reconquista configuró en los estados hispano-cristianos una estructura social diferente, pues la ocupación de nuevos territorios sirvió de salvaguarda y promoción social para amplias capas de la población. La disputa militar entre cristianos y musulmanes se producía sobre terrenos yermos, y de acuerdo con la tradición romano-visigótica, los soberanos consideraban esas tierras sin dueño como parte de su patrimonio. La instalación de nuevos colonos en Cataluña y zonas del Duero sirvió de expansión hacia el sur, y a partir del s. XI, en los Reinos de León y de Castilla, surgen las Comunidades de Villa y Tierra en zonas de frontera con Al-Ándalus donde los pobladores alcanzaban ventajosas condiciones de vida gracias a los fueros que daban los reyes para repoblar, a la vez que creaban diversas formas de dependencia, como el señorío solariego (propiedad de la tierra), el abadengo (tierras eclesiásticas) y la behetría (campesinos que podían elegir su señor).

Con la Reconquista se crean grandes dominios señoriales, pues tras la caída del poder almohade, los castellanos y aragoneses realizan un espectacular avance reconquistador que tuvo su apogeo en la mitad del s. XIII. Los monarcas de ambos reinos concedieron entonces grandes privilegios y territorios a los conquistadores (Nobleza y Órdenes Militares), sentando las bases del poder señorial hasta los Reyes Católicos.

Tradicionalmente se han establecido dos posturas básicas en torno al feudalismo.

La institucionalista de orientación jurídico-política y restrictiva, le define como un sistema institucional que establece una relación jurídico-militar de dependencia entre señor y vasallo. En él se establece la obligación de fidelidad por parte de un hombre hacia otro de su misma clase, pero de jerarquía superior. Dicha obligación, contraída por juramento en la ceremonia del homenaje, iba acompañada de la prestación de servicios por parte del vasallo (auxilium y consilium). Por su parte, el señor otorgaba un feudo al vasallo, que en general eran tierras e, incluso, cargos. Para los defensores de este enfoque restringido (Friedrich L. Ganshof, Joseph R. Strayer o Luis García de Valdeavellano) el feudalismo tuvo sus precedentes entre los siglos III y X, y su apogeo entre los siglos X al XIII en el área del imperio carolingio (territorios francoalemanes). Estos distinguen entre el sistema feudal basado en la relación señor-vasallo, y el sistema señorial basado en la relación señor-campesino, aunque ambos se dieran a la vez y se entrecruzaran.

La otra de orientación socioeconómica y amplia, define el feudalismo como un modo de producción, en el que se establece una relación de dependencia entre el dueño de la tierra y el campesino-productor, con ello se originaba la obligación económica por la que debía trabajar las tierras del señor y, contribuir con los excedentes de sus pequeñas parcelas, que poseía en usufructo. Esta concepción, que se extendió hasta principios del XIX (caída del Antiguo Régimen), hace hincapié, en los aspectos socioeconómicos, y considera la propiedad territorial como la unidad de producción fundamental. A los defensores de este enfoque como Marc Bloch, Maurice Dobb, Pierre Vilar, Abilio Barbero, Marcelo Vigil, Pierre Bonnassie y Pierre Toubert, les caracteriza la pervivencia, alcance y característica más genuina y típica del feudalismo, como la relación señor-campesino.

El feudalismo es un sistema económico, social y político basado en la relación de vasallaje (jura de lealtad y servicio a cambio de protección y recursos), que predominó entre los siglos IX y XV, siendo sus principales características:

a. El sistema social era cerrado y con poca posibilidad de cambio social (quien nacía como siervo, sería siempre siervo). La clases populares de los hombres libres no privilegiados, era la mayoría de la población. La colonización de las zonas fronterizas con los musulmanes provocó el florecimiento de pequeños y medianos propietarios, e hizo predominar el alodio en amplias zonas. La sociedad se organizaba en estamentos como:

La nobleza o señorío feudal, integrada por señores y caballeros, dueños de grandes extensiones de tierras.

El clero formado por los representantes de la iglesia católica, se encargaba de los asuntos religiosos.

Los caballeros o soldados protegían los dominios del señor feudal a quien juraban lealtad.

Los vasallos eran los campesinos que labraban la tierra y otras labores dentro del feudo.

Los siervos y villanos era el grupo social más bajo y no tenían posesiones. Son los campesinos y los que laboraban en el campo.

Los artesanos y comerciantes eran entonces un grupo muy reducido que habitaban normalmente en las ciudades.

El rey, si existía, era el dueño teórico de todo. Estaba por encima de todos y mantenía relaciones de vasallaje con los señores feudales.

b. Relación de vasallaje o acuerdo de fidelidad y protección (señor-vasallo). Esta relación se basaba en un compromiso recíproco de obediencia, lealtad, defensa y servicio del vasallo, y la protección y manutención por parte del noble. A veces, como forma de pago, el señor feudal cedía una porción de sus territorios a los vasallos. Los nobles podían tener tantos vasallos como pudieran, e incluso llegar a tener más poder que el rey.

c. Los feudos y pequeños reinos estaban sometidos a guerras y enfrentamientos constantes (además de por la religión) para defender y agrandar sus fronteras y conseguir más tributos. El vencedor se quedaba tanto con las tierras como con los siervos del vencido. Además como en esta época los matrimonios eran pactados para acrecentar poder y estatus, se justificaba la guerra para reivindicar la dinastía de un territorio.

d. Como consecuencia del aumento de las riquezas, de algunos señores, se produce la descentralización del poder político, limitando la autoridad del rey, pues los señores feudales gobernaban sus feudos, además de las leyes privativas que los eximen de la jurisdicción ordinaria (nobles y clero).

La economía se centraba en la agricultura con la parcelación de la tierra, que pasó a manos de los nobles. La base de la riqueza era la tierra y la ganadería de subsistencia.

El comercio se realizaba con el intercambio y el trueque, pues no hubo un sistema monetario, ni un sistema industrializado. Al ser las comunicaciones muy limitadas, se impedía el contacto entre feudos. Esto se tradujo en la autarquía económica provocada por la falta de comercio.

Las ciudades reducen su tamaño y pierden su relevancia como centro neurálgico, a favor de la vida rural. Se implantó el pago de tributos, que en la mayoría de casos era en especies, como pago por el derecho de vivir en esas tierras y para financiar las labores.

e. El papel preponderante de la Iglesia católica determinó tanto el calendario como los rituales sociales de la época, cuyo poder radicaba en Roma y luego en Constantinopla con la caída del Imperio Romano. La Iglesia era la única institución con más poder que el rey. Solo el Papa, como representante de Dios en la Tierra, podía sancionar o destituir al rey, por lo que en muchas veces también tomaban las decisiones. Los miembros del clero tenían derecho, además de al diezmo, a conocimientos culturales, los nobles solo podían instruirse en lo militar y combate, y los siervos y campesinos, generalmente analfabetos, solo practicaban y profesaban la fe cristiana.

El feudalismo surgió tras la caída del Imperio Romano de Occidente, y el vacío de poder que dejó a Europa sin una autoridad central fuerte, como respuesta a la necesidad de mantener el orden en un periodo de inestabilidad y conflictos constantes. Con la progresiva ruina del Imperio romano, sobre todo, tras la crisis del s. III y las transformaciones que tuvieron lugar en todo el ámbito territorial al hacer su presencia los pueblos bárbaros. El poder imperial se fue debilitando hasta que, ante la presión cada vez mayor de los distintos pueblos germánicos, terminó por fragmentarse definitivamente al caer el último emperador romano, R. Augústulo, en el 476. Los territorios del antiguo Imperio de Occidente pasaron a ser controlados por pueblos bárbaros como los francos, ostrogodos, visigodos... y se configuraron nuevas realidades políticas.

En este contexto de inseguridad constante por invasiones y saqueos, y el colapso del poder central, la población comenzó a buscar protección en señores locales, quienes ofrecían seguridad a cambio de lealtad y trabajo. El continente europeo era un universo lleno de feudos, sin saber lo que sucedía doscientos km al norte o al sur, ya que una cordillera podía aislar para siempre a una comunidad y en la que pueblos no tan distantes apenas tenían contacto. Al ser las comunicaciones difíciles, el comercio se reduce, y el reino de lo local y lo rural determina la forma de vida. Pero entrado el siglo XV, Europa ya no era el reino de muchos señores feudales, sino el de unos pocos, apareciendo una incipiente burguesía.

La debilidad de las monarquías militar y política que no podían defender a toda la población ni controlar todos sus territorios, y la falta de un ejército centralizado propiciaron que los grandes feudos adquirieran cada vez más poder. En los siglos V al VIII esta debilidad se hizo patente, pues los reyes ven amenazado su poder en múltiples ocasiones por luchas nobiliarias y familiares. Conseguir el trono y el control dependía de la estabilidad política de un rey y su fuerza frente a una nobleza cada vez más poderosa, que no dudaba en arrebatárselo mediante traición o luchas armadas. Como en el caso de la Hispania visigoda donde se suceden conjuras y destituciones de reyes, sobre todo en el siglo VII, como las rebeliones de Witerico contra Recaredo o del duque (dux) Paulo de la Septimania contra Wamba. Por este motivo, los reyes se rodeaban de los “fideles”, que les prestaban juramento de lealtad y contraían una obligación militar y de vasallaje permanente. A pesar de que la época de Carlomagno o la llamada Renovatio Imperii de Otón I supusieron un fortalecimiento de la monarquía, en realidad la debilidad del poder seguía existiendo, y el rey terminó siendo el primero de los señores feudales.

La ruralización cada vez mayor de la sociedad, el declive de las ciudades y el comercio, y las diversas crisis económicas conducen al empobrecimiento de los campesinos y a una bipolarización de la sociedad en dos clases fundamentales (los poseedores y los productores). En los siglos V al VIII, los grandes dominios territoriales constituyen la forma básica de propiedad y el eje de articulación de una sociedad ruralizada. En esta nueva etapa las antiguas clases senatoriales y aristocráticas romanas mantuvieron su fuerza y prestigio y poco a poco se fueron fusionando con las aristocracias germánicas, de origen militar, dando lugar a una clase poderosa y rica, propietaria de los grandes dominios territoriales (potentiores), frente al resto de la población, pequeños propietarios, campesinos dependientes y colonos (humiliores). Los alodios eran las formas de propiedad de los pequeños propietarios libres. Pero su difícil situación económica, por las cargas fiscales y tributos, hizo que poco a poco fuesen desapareciendo. Según se deduce de la documentación carolingia (Polípticos) en estos dominios señoriales se hallaban, por un lado las reservas (cortes), que incluían las residencias señoriales y todas sus dependencias y tierras cultivadas o sin cultivar, y por otro lado estaban los mansos o tenencias, pequeñas parcelas cedidas en usufructo a los campesinos que las cultivaban.

La iglesia no solo mantuvo la posición de su época romana, cuando el cristianismo pasó a ser religión oficial, sino que la consolidó e incrementó cuando se produjo la conversión al catolicismo de los diferentes pueblos godos. Esto trajo consigo una progresiva integración de las jerarquías eclesiásticas en la clase dirigente, a la vez que un aumento considerable de su patrimonio, motivado por las donaciones y adquisiciones, además de los beneficios por la inmunidad, especialmente en la zona franca, que gozaba desde el siglo VI.

Así pues, se formó una fuerte aristocracia fundiaria, laica y eclesiástica, que como explica Duby, se basó en dos clases sociales pero en tres órdenes: los “oratores” de la Iglesia encargados de rezar por la salvación de todos; los “bellatores” que guerrean y protegen a todos, y los “laboratores” que trabajan para mantener a unos y otros.

La relación de vasallaje es la característica fundamental para la postura institucionalista, ya que esta obligación contraída entre el rey y sus vasallos se dio entre señores poderosos y otros inferiores, que se ponían bajo la protección de los primeros, los obedecían y los ayudaban militarmente y, a cambio, obtenían un beneficio (feudo). Así, durante la Antigüedad Tardía confluyeron dos tradiciones distintas. Una la encomendatio romana (el clientelismo). Ya en el Bajo Imperio se había desarrollado a diferentes niveles sociales. Unos eran hombres libres que se ponían bajo la protección de otros más poderosos y superiores, incluso del emperador, y otros, en un ámbito más general, pequeños propietarios rurales que se cobijaban en los grandes propietarios al amparo de la seguridad que podían ofrecerles en épocas conflictivas y en momentos de crisis económicas. Esta situación generaba una obligación personal entre el señor que otorgaba una protección (patrocinium) y el protegido o cliente, que debía mostrarle obediencia y respeto. El señor otorgaba una donación gratuita a su cliente (beneficium). La otra tradición fue la del comitatus de origen germánico, relación de dependencia personal de carácter militar entre hombres guerreros en torno a un jefe, cuya recompensa era la promesa del botín de guerra.

A partir del s. X se llegó a la consolidación tanto del régimen feudal como del señorío.

En esta época muchas personas presentaban vasallaje a diversos señores dando lugar a situaciones conflictivas, al deber fidelidad a varios señores, y se formó el “homenaje ligio”, el principal de todos y el que había de prevalecer en caso de conflicto. Faltar a los compromisos del vasallaje, por parte del señor o del vasallo, se denominaba felonía y traía como consecuencia la disolución del mismo.

El señor tenía el deber de no perjudicar al vasallo, protegerlo y darle garantías de seguridad, ayuda material y subsistencia.

Debido a la debilidad del poder monárquico y a la fragmentación del mismo, los señores feudales habían adquirido la delegación del mando fiscal, judicial, monetario, monopolios, derechos de peaje, pontaje, junto a los derechos económicos de todo tipo de tributos, impuestos, rentas, etc. que se derivaban de la posesión de sus tierras. El señorío se había convertido en una unidad de poder y el conjunto de derechos del señor era el “ban”.

El rey era el máximo administrador de la justicia, pero localmente había ido delegando, y así, existía la justicia condal, pero la fuerte fragmentación y jerarquización social de la clase dirigente hizo que prácticamente cada señor tuviera su propio poder judicial. Estos señores ejercían la justicia por medio de sus agentes: administradores, ministeriales, etc. Algunas veces, estos agentes, de estratos bajos, incluso serviles, terminaban ascendiendo a ciertos escalafones de la clase dirigente en razón de su cargo. Frecuentemente había en los territorios cruceros y horcas, como símbolo de que en ellos se administraba la justicia.

El principal símbolo del poder del señor era el castillo, o, en el caso de la Iglesia, los monasterios, catedrales y edificios eclesiásticos. Los castillos eran a la vez, centros de administración de justicia, de recogida de tributos y rentas, almacenes de víveres, residencia de los señores, refugios para los habitantes de la zona, lugar de prestación de homenajes...

Socialmente el señor más poderoso era el rey, luego los príncipes, condes, duques, marqueses, barones o castellanos.

El ideal de caballero se vio culminado por la aspiración, imbuida por la Iglesia, de conquistar Tierra Santa y las Cruzadas, especialmente a partir de las épocas en que las guerras de unos nobles contra otros habían disminuido o, cuando menos, se habían regulado, gracias sobre todo al establecimiento de las llamadas tregua de Dios y paz de Dios, que, desde época carolingia, la Iglesia había tratado de imponer.

La Iglesia por una parte, tenía similares capacidades a las de los señores laicos, al poder administrar justicia o cobrar impuestos y rentas, pero, por otra, solía intervenir y hacer valer su poder a la hora de nombrar cargos eclesiásticos. Esto originó diversas controversias, sobre todo a partir de la reforma gregoriana. Siendo la más destacada la que se produjo entre el Papa Gregorio VII y el emperador alemán Enrique IV, que continuó con sus sucesores hasta la firma del Concordato de Worms en 1122, aunque volvió a surgir nuevamente a mediados del siglo XII con Federico Barbarroja.

La relación económica fue evolucionando progresivamente. Las rentas y prestaciones que los campesinos pagaban a los señores habían sido durante la Antigüedad Tardía y en la época carolingia fundamentalmente las rentas-trabajo y las rentas-especie, pero a partir de los siglos XI y XII el dinero comenzó a cobrar importancia, por al aumento del comercio y la venta de productos manufacturados. Las rentas, por otra parte, no se limitaban a las obligaciones contraídas por la tierra, sino al pago de impuestos, censos, etc., que se derivaban de los diferentes poderes que tenían los señores.

La clase baja estaba constituida, sobre todo, por campesinos. No obstante, dentro de la propia clase de los campesinos comenzó a darse una diferenciación progresiva. La posibilidad de vender los excedentes no sólo beneficiaba a los señores, sino también a los campesinos, al menos a quienes fueron acumulando poco a poco mansos, productos y dinero; incluso llegaban a tener a otros campesinos trabajando para ellos. Frente a éstos, que eran los menos, había otros que sobrevivían y se autoabastecían. Esta diferenciación se tradujo en una jerarquización nueva dentro de la clase baja, hasta el punto de que en ocasiones se llegó a reproducir en ella la fórmula jurídica que caracterizaba a la clase alta (homenajes serviles). El campesinado desarrolló sus propias instituciones, especialmente la comunidad aldeana, encargada de mantener el orden y la paz en las aldeas, y formó las asambleas de vecinos o concejos.

El feudalismo comenzó a declinar por múltiples motivos como la aparición de nuevas formas de poder centralizado, el crecimiento de las ciudades, el comercio, la aparición de la burguesía, las crisis como la peste negra y la consolidación de los estados modernos, lo que redujo la dependencia de los vasallos y transformó la estructura social y económica. Todos estos los podemos aglutinar en dos motivos:

Por un lado el fortalecimiento de las monarquías por la progresiva concentración de poder económico, judicial y militar. A ello contribuyeron las crisis y guerras, que fomentaron la necesidad de formar ejércitos numerosos, nutridos cada vez más por masas populares y mercenarios. Las luchas bélicas dejaron de ser cuerpo a cuerpo entre caballeros para dar paso a los armamentos pesados (Guerra de los Cien Años). Además, las guerras se convirtieron en un instrumento de primer orden para recaudar impuestos que terminaron siendo fijos y permanentes, con lo que se consolidó y amplió la idea de un sistema fiscal público que favoreció el desarrollo de un aparato estatal organizado y fuerte. Paralelamente, este fortalecimiento de la monarquía, hizo surgir una primitiva idea de Estado y, por tanto, una pérdida de protagonismo de los señores feudales. El rey ya no era el “primus inter pares”, sino alguien que estaba muy por encima de todos los demás. Incluso las crisis sociales y revueltas de labradores, debidas a un aumento de la conciencia de poder organizarse frente a los señores feudales, debilitó a estos y fortaleció a la monarquía.

Por otro, la relación de señoríos y campesinado dejó de ser la única existente, debido al creciente desarrollo de las ciudades y a la aparición de grandes fortunas en ellas, como familias de banqueros o comerciantes. Los señores feudales se vieron abocados a acercarse cada vez más a las cortes reales existentes y pujantes, y terminaron por transformarse ellos mismos en cortesanos. La antigua nobleza fundiaria se convertiría poco a poco en la nueva nobleza de la época moderna, al tiempo que trajo consigo la desaparición del sistema feudal.

viernes, 24 de abril de 2026

LA RETÓRICA


La retórica es el arte de hablar o escribir de forma hermosa y persuasiva (oratoria, sofistería).

Es el estudio filológico de las propiedades y forma de los discursos (elocuencia, lirismo).

Es el lenguaje muy afectado o recargado usado generalmente para impresionar (afectación, énfasis, tropo).

Es un exceso de palabrería o razonamiento inútil (verborrea, monserga, labia).

Es el arte y la disciplina de utilizar el lenguaje, hablado o escrito, de manera estructurada, estética y eficaz para persuadir, convencer, deleitar o conmover a la audiencia.

La RAE la define como el «arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia para deleitar, persuadir o conmover». Por ello también tiene implicaciones emocionales para lograr convencer, impactar o seducir a la audiencia que lo escucha.

Antes del nacimiento de la escritura, el hombre sintió la necesidad de mover el ánimo de los demás con el poder de la palabra, pues se comprobaba cómo un discurso cuidado lograba lo que era incapaz de conseguir un razonamiento acompañado de palabras carentes de cualquier signo de elegancia.

Su desarrollo y constitución como ciencia del lenguaje hablado y escrito no tuvo lugar hasta el siglo V a.C. en la Grecia clásica, cuando en distintos ámbitos de la vida de la polis, la retórica se impuso como muy útil en las disputas particulares, en los debates filosóficos y en las discusiones asamblearias o forenses.

Emerge como disciplina de derecho y se cultiva con conciencia plena por los sofistas. Estos dominaban la lógica argumental y eran expertos en el uso del lenguaje, pues lograban fortalecer un argumento o una causa débiles por medio de las palabras. Esa habilidad para convencer que poseen aquellos capaces de utilizar el lenguaje a su antojo ha llevado a asociar la retórica a su vieja definición (un hombre bueno, hábil para la palabra). En ella, pronto comenzó a verse un instrumento para el puro engaño, una asociación de la que Platón brinda sin duda el más temprano y contundente de los testimonios (en su diálogo de Fedro arremete contra la oratoria de Lisias). Así se explica que sofista, sofisma y otras palabras de esa misma familia valgan lo mismo que "embaucador o engaño".

Sócrates tiene, como buen sofista, su técnica de convicción en la mayéutica.

Con Aristóteles ya tenemos un corpus teórico definido (Retórica es una de sus obras que se compone de tres libros: el primero trata de la estructura y especies de la retórica; el segundo sobre lo que se puede razonar y lo que está sujeto a la razón o a las emociones; y el tercero sobre la forma más adecuada de construir discursos para persuadir), pero la madurez de dicha técnica se alcanza con los romanos, cuyos tratados retóricos definen ya tres campos de actuación básicos como una retórica:

  • Forense o judicial (jueces, fiscales y abogados intentando ganar el pleito).
  • Deliberativa, propia del senado y la asamblea (espacio propio para el debate político).
  • Epidíctica o laudatoria (que enseña a elogiar a un individuo, a un grupo, a una ciudad, etc.).

Con Cicerón y sus obras como «De inventione», «De oratore», «Catilinarias» (ataca al político opositor), o «Pro Archia» (hace de abogado defensor) la retórica toma un gran auge.

La retórica clásica recuerda que hay personas que nacen con cierta habilidad para hablar y escribir (poseen dicha virtud desde la cuna), pero no olvides que con el «ars» podemos incrementar nuestra facundia para hablar de modo brillante.

Para dominar una técnica u oficio que el paso de los siglos había ido perfilando, la enseñanza ponía énfasis en el recurso a unos comodines denominados tópicos, que se repartían hábilmente en el conjunto del discurso. Éste se dividía en cinco secciones:

  • Exordio o inicio.
  • Narración o exposición de los hechos.
  • Argumentación o defensa de la propia postura.
  • Refutación o rechazo de la ajena.
  • Epílogo o final.

Al comienzo de un discurso hay que poner un exquisito cuidado en captar a los oyentes y en disponerlos para prestar su oídos, por ello, hay que utilizar tópicos como el de la brevedad, ya que un mensaje largo resulta insoportable para el público; hay que asegurar que lo que se va a oír es algo nuevo, pues la repetición de ideas o argumentos manidos serían insufribles; del mismo modo, son muy importantes las diferentes formas encomiásticas hacia el auditorio. El final del discurso se caracteriza por la alta densidad en tópicos y donde hay que recoger los frutos de una serie de argumentos perfectamente urdidos.

La importancia de la retórica no solo afectó al discurso hablado sino que alcanzó al escrito, pues cualquier texto literario posee idéntica materia prima. Durante el Medievo, la retórica fue enseñada en las escuelas entre las principales disciplinas del conocimiento, junto a la gramática y la lógica, y se fue especializando en determinados géneros o formas del discurso, así, aparecieron las artes dictaminis o dictandi (técnica para escribir cartas a destinatarios de diferente condición social), las artes praedicandi (para formar a los predicadores), las artes notariales (que dan formularios a cancilleres, secretarios y otros letrados), las artes arengandi (que enseñan a un caudillo a dirigirse a sus tropas) y otras tantas modalidades.

En el Renacimiento se modificó algo esa herencia pero, al tiempo, fortaleció el uso de la retórica y amplio el su ámbito de actuación.

Desde entonces hasta nuestros días la retórica, en forma de escrito teórico, ha tenido avances y experimentado retrocesos, pero lo que nadie pone en duda, es la importancia de limar el discurso, ponderar sus miembros y hacerlo agradable a nuestros interlocutores, pues somos conscientes de que, nuestro universo depende por completo de la palabra, por ello, su dominio se revela como una de las principales necesidades, en cada momento de nuestra existencia.

Características de la retórica. La retórica busca persuadir a través del uso hábil del lenguaje, apelando a la lógica, las emociones y la credibilidad del hablante. El discurso se adapta a la audiencia en función de sus receptores, creencias, valores y preocupaciones. Cada discurso retórico tiene un propósito específico, que puede ser persuadir, informar, entretener o motivar a la audiencia. La retórica emplea una variedad de estrategias para lograr sus objetivos, como el uso de figuras retóricas, argumentos persuasivos, testimonios, el uso creativo del lenguaje y el estilo para captar la atención de la audiencia y hacer que el mensaje sea efectivo.

Según la retórica aristotélica, existen tres elementos clave en la retórica:

  • Ethos o la credibilidad y autoridad del hablante. La audiencia acepta mejor un argumento si confía en quien lo presenta.
  • Pathos o la apelación emocional del público. La retórica efectiva a menudo implica despertar emociones en la audiencia para ganar su simpatía o generar una respuesta emocional específica.
  • Logos o la apelación a la lógica y la razón. Un discurso retórico convincente incluye argumentos sólidos respaldados por evidencias y razonamientos lógicos.

La retórica, oratoria y dialéctica. Estos tres términos no son sinónimos, a pesar de que a menudo en el habla cotidiana podamos emplearlos de modo indiferente.

La retórica es el arte del bien decir, o sea, la capacidad o talento de dar a lo comunicado la expresividad necesaria para hacerlo realmente persuasivo.

La dialéctica para la RAE, es el arte de dialogar, argumentar y discutir. Es el arte de conversar, es decir enseña a debatir.

La oratoria, según la RAE, es el arte de hablar con elocuencia. Enseña a hablar bien y con eficacia ante los demás. Es la forma de aplicación al discurso oral de los elementos retóricos, o sea, la capacidad para aplicar la retórica a un discurso hablado.

Pero para que un discurso logre los objetivos requiere la unión entre los tres, ya que requiere que la persona tenga capacidad real de expresarse adecuadamente y de argumentar correctamente sus ideas, especialmente en escenarios que se prestan a la confrontación de pensamientos.

Para construir y estructurar bien un discurso es fundamental tener muy claro:

  • Lo que se quiere decir. Es el centro neurálgico de la retórica. Es necesario conocer las ideas que se quieren transmitir, así como la razón y el objetivo perseguido.
  • El cómo lo queremos contar. Hemos de pensar cuál es la mejor manera de estructurarlo, y dotarlo de forma y organización.
  • El modo de expresión. Hemos de conocer a la audiencia para adaptar el estilo y la forma en que nos dirigiremos a quienes se dirige la conversación o ante las que se va a debatir una cuestión.

La importancia de la comunicación no verbal. Aunque se identifica la retórica con la configuración de un discurso que está asentado sobre las bases de la comunicación verbal, también es cierto que la expresión no verbal ha ido ganando protagonismo en nuestra sociedad. La razón es que los gestos, los silencios o, incluso, la postura corporal que adoptamos en un momento dado ante otro interlocutor puede llegar a decir tanto o más de nosotros como nuestras palabras. De esta forma, todos los elementos que aportan información sobre una persona (qué se dice, cómo se cuenta y cómo se muestra con su cuerpo al exponer el pensamiento) trabajarán de manera conjunta y el resultado final será más completo.

La retórica clásica. Contempla cuatro fases para elaborar y organizar un discurso: inventio, dispositio, elocutio y actio. Esto significa encontrar ideas, ordenarlas, expresarlas bien y presentarlas de manera eficaz.

Inventio o invenio (invención). La selección de los contenidos del discurso, la elección particular de los temas en la memoria, en los lugares comunes (o topoi), las ideas propias o heredadas de terceros que puedan servir para los fines comunicativos.

Dispositio (disposición). La organización de los elementos de la inventio en un todo estructurado, jerarquizado y organizado según la conveniencia argumental, echando mano a relatos, exposiciones o explicaciones para movilizar al otro a través de vías emocionales, racionales o morales.

Elocutio (elocución). La manera de expresar los argumentos. El equivalente a lo que consideramos hoy «estilo», se trata de la elección de los recursos lingüísticos idóneos para expresar verbalmente los materiales recopilados y ordenados previamente. Ello implica figuras retóricas, juegos de palabras, etc.

Actio (acción). Es la ejecución o acción del discurso y abarca la declamación, la voz, la gestualidad y la presencia del orador.

Una pregunta retórica es una interrogación que no necesita respuesta, pues está implícita. Como tal, es una figura literaria empleada como recurso expresivo, para enfatizar algún asunto o cuestión. Por otro lado, una pregunta retórica puede usarse para orientar al interlocutor sobre la dirección de nuestro discurso.

Las figuras retóricas o literarias. Son giros o recursos estilísticos del lenguaje que sirven para ilustrar, embellecer o enriquecer el discurso, tanto en el lenguaje hablado como el escrito. Algunas son:

  • Alegoría: al representar ideas abstractas con imágenes o narraciones.
  • Aliteración: repetición de sonidos consonánticos.
  • Anáfora: es la repetición intencionada de una o varias palabras al inicio de las frases.
  • Antítesis: al usar ideas, palabras o frases con significado opuesto.
  • Asíndeton: al omitir de forma intencionada las conjunciones o nexos entre palabras, frases o clausulas.
  • Elipsis: es la omisión de algún contenido del discurso que se considera ya dicho, obvio o que se desea omitir por alguna razón.
  • Epíteto: al usar un adj. explicativo que resalta una cualidad inherente o implícita al adj. al que acompaña.
  • Erotema: al formular una pregunta sin esperar respuesta del interlocutor.
  • Hipérbaton: al alterar el orden sintáctico de una oración.
  • Hipérbole: es una exageración intencionada con sentido figurado.
  • Ironía: es decir lo contrario de lo que se quiere expresar.
  • Metáfora: consiste en comparar dos cosas, sin usar como, o bien llamar a una con el nombre de la otra.
  • Metonimia: al designar una cosa con el nombre de otra por su cercanía o relación.
  • Onomatopeya: al utilizar palabras que imitan fonéticamente un sonido.
  • Oxímoron: al unir términos contradictorios para generar nuevo sentido.
  • Perífrasis: o circunloquio al usar un rodeo verbal con varias palabras que podrían decirse con una sola.
  • Personificación o prosopopeya: es atribuir a un objeto inanimado características humanas, en un sentido obviamente no literal.
  • Pleonasmo: al usar uno o más términos redundantes en una expresión.
  • Polisíndeton: al usar de forma repetitiva y abusiva las conjunciones.
  • Quiasmo: al utilizar repeticiones cruzadas de estructuras sintáctica o ideas, en dos oraciones consecutivas.
  • Retruécano: al invertir el orden de los términos de una proposición en la siguiente oración.
  • Símil: o comparación explicita con nexos como o cual.
  • Sinécdoque: al usar una parte y representar el todo, o a la inversa.

Hoy la retórica sigue siendo importante en política (discursos persuasivos), publicidad (convencer consumidores), periodismo, educación, derecho, literatura (dar fuerza estética al lenguaje) y en la vida cotidiana (argumentar, debatir)… porque ayuda a influir en la forma en que otras personas interpretan un mensaje. Por otra parte, la retórica también puede emplearse con connotaciones despectivas, para señalar un uso impropio o inoportuno de este arte.

 

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