jueves, 2 de abril de 2026

SUBIDAS Y BAJADAS EN LA ENERGÍA HUMANA

 

A lo largo de la historia, el término energía se ha utilizado para traducir los vocablos griegos «energeia o dinamis», o latinos «virtus o vis», por lo que a menudo ha tenido el sentido de actividad, acto o fuerza.

Para Aristóteles, la energía es un estado de quietud y perfección de un ser, pero hoy se tiene una concepción activista, con un valor físico determinado en cuanto fuerza que se conserva, y al tomar el concepto de «dinamis» se introduce la idea de potencia.

A pesar de la distinción entre fuerza y trabajo de Kepler, y los aportes de Galileo al introducir el término momento y diferenciar la energía potencial (capacidad de un cuerpo de producir un trabajo por su posición) y la cinética (movimiento). Esta última llamada por Leibniz fuerza viva, para distinguirla de la fuerza muerta o energía potencial. La energía fue durante mucho tiempo algo misterioso, aun después de que Newton clarificara el concepto de fuerza. Hasta que J. Robert von Mayer plasma la teoría de la conservación de la energía «en un sistema aislado, la energía total es constante», luego con el descubrimiento de que la energía cinética se puede transformar llegó al principio de entropía o de la transformación, con la formulación de que «la energía no se crea ni se destruye, se transforma». Por ello la energía se expresa de forma mecánica, térmica, electromagnética, nuclear, gravitatoria, elástica, psicológica…

En el lenguaje cotidiano, el vocablo energía está muy unido al de vitalidad, dinamismo, acción, confort, etc., y en general se entiende como vigor físico, especialmente de carácter nervioso y muscular. De ahí se deriva su significado psicológico (el hombre tiene energía de carácter, cuando es capaz de llevar adelante acciones muy difíciles). Muchos han sido los filósofos y científicos que han investigado, sobre la energía interior. Así Reichenbach habló de Fuerza ódica; H. Bergson, del Élan vital (fuerza creativa e impredecible); Mesmer, del magnetismo animal (le valió el título de padre de la hipnosis)…

La energía humana obtenida, principalmente, a través de la transformación de nutrientes en ATP, se define como la capacidad del cuerpo para realizar trabajo y producir cambios. Pero además de esta función metabólica, el cuerpo humano genera impulsos eléctricos que controlan la transmisión nerviosa y la contracción muscular, funcionando como una central eléctrica que emite constantemente energía térmica (equivalente a una bombilla de 100 vatios en reposo) y cinética a través del movimiento (un adulto libera unos 3 kilovatios/hora de energía al día). La energía también puede almacenarse para ser usada cuando se requiera, y el ser humano la almacena a través de la grasa (lípidos) o azúcares. Mediante diversos procesos, el organismo transforma la energía química de estas sustancias en otros tipos, como puede ser la energía calórica necesaria para mantener la temperatura corporal.

La energía en psicología es el motor que permite hacer cosas (se observa en las ganas o falta de ganas, el cansancio, la motivación o la intensidad emocional). La energía es la capacidad, disposición, fuerza motriz o impulso interno que una persona tiene para, actuar (motivación), pensar (atención, concentración), sentir (intensidad emocional), dirigir y mantener la conducta, obedeciendo a leyes de conservación y transformación, y actuando como un intermediario entre la biología y la conciencia. Hoy se usa más como metáfora de recursos psicológicos limitados como la atención, motivación, autocontrol…, que se gastan y se recuperan con el descanso.

La psicología energética usa técnicas que trabajan la energía emocional como una corriente corporal para reducir el malestar, la ansiedad y el miedo o bloqueos, ayudando a que las emociones fluyan de forma más equilibrada, combinando los sentimientos con estímulos físicos y somáticos. Podemos distinguir tres grandes formas de energía:

  • Emocional: proviene de las emociones. Si te sientes alegre o entusiasmado, notas que te comes el mundo.
  • Mental: recursos para actividades cognitivas (planificar, concentrarse, resolver problemas). Se agota con preocupaciones constantes o multitareas.
  • Espiritual o de sentido: sensación de propósito, valores, conexión con algo significativo, que da fuerza para sostener esfuerzos a largo plazo.

La energía psíquica humana depende de factores fisiológicos como el metabolismo basal , la edad, el sexo, la actividad física y condiciones de salud como el estrés, la depresión o la anemia. Además, el cuerpo funciona con ritmos, como el ritmo circadiano, que regula el sueño y la vigilia, hormonas y los niveles de alerta (de aquí que sea normal tener picos y bajones durante el día). La recuperación de la energía requiere gestionar la inteligencia emocional para alternar entre momentos de gasto energético y recarga, asegurando un equilibrio que evite la fatiga crónica y mantenga la capacidad de adaptación ante los estímulos.

Según las distintas teorías podemos hablar de:

Psicoanálisis (S. Freud). Para él la energía psíquica proviene principalmente de la libido o pulsión de vida y la pulsión de muerte, que transforman la excitación biológica en actividad psíquica, permitiendo que la mente haga el trabajo mental. Es una energía interna que impulsa deseos y comportamientos. Se distribuye entre diferentes partes de la mente (ello, yo, superyó) y si se bloquea o reprime, puede generar conflictos psicológicos.

Psicología de la motivación (A. Maslow). Aquí la energía se entiende como el nivel de activación o impulso para alcanzar metas. Se relaciona con conceptos como la motivación, esfuerzo y persistencia.

Psicología cognitiva (J. Piaget). Se habla de energía en términos de recursos mentales limitados. Atención, memoria y esfuerzo cognitivo.

Enfoques humanistas (A. Maslow). La energía se vincula al crecimiento personal. Se orienta hacia la autorrealización.

Las diferentes teorías se engloban en dos grandes enfoques:

Perspectiva psicoanalítica y dinámica. Sus teorías (Freud, Jung, Adler) postulan que la energía psíquica es una fuerza cuantificable que fluye entre el inconsciente y la conciencia. En este modelo, los conflictos entre opuestos (amor-odio) generan energía, y el bloqueo de su flujo hacia el exterior puede resultar en síntomas neuróticos, ansiedad o desequilibrios emocionales.

Psicología energética terapéutica (V. Cadarso). Esta combina la psicología occidental con medicinas orientales para tratar los desequilibrios emocionales como bloqueos de energía vital. Utiliza técnicas como el EFT (Técnica de liberación emocional) o tapping para restablecer el flujo energético, basándose en la premisa de que las emociones negativas y traumas están asociados a bloqueos físicos y energéticos que pueden ser liberados.

Estados de ánimo y energía.

Cuando se habla de la «buena o mala» energía de una persona, normalmente es la metáfora que se refiere a cómo interactúa con los demás (actitud, emociones que transmite, tipo de comunicación). Las emociones funcionan como una especie de electricidad interna que nos mueve, alerta y prepara para responder al entorno, pero también se agotan y hay que regularlas. R. Thayer describió estados de alta y baja energía humana con la combinación de dos ejes, el nivel de energía (alta/baja o cansancio/vitalidad) y el de tensión (alta/baja o calma/nerviosismo). Combinándolos identificó cuatro tipos básicos:

Energía tensa (alta energía y alta tensión). Se describe como energía tensa o estar excitado, con prisa, e ir acelerado. Hay actividad y ganas de hacer cosas, pero con nerviosismo y ansiedad. Genera una activación excesiva sin reflexión que puede llevar al agotamiento total si persiste. Útil a corto plazo para rendir, pero si se prolonga agota y estresa.

Energía tranquila (alta energía y baja tensión). Es el estado más favorable para trabajar, crear y relacionarse (óptimo rendimiento). Te sientes activo, concentrado, eficaz y a la vez relajado. Se caracteriza por la serenidad, el dominio personal, claridad mental, sensación de control y aumento de la creatividad y vitalidad.

Cansancio tenso (baja energía y alta tensión). Implica fatiga física y mental, nerviosismo, ansiedad, preocupación y baja autoestima. El cuerpo no puede más, pero la mente sigue preocupada o ansiosa. Te notas agotado y a la vez inquieto o ansioso, conciencia de malestar general.

Cansancio tranquilo (baja energía y baja tensión). Relajación, somnolencia, necesidad de descanso. Estado adecuado para dormir, desconectar y recuperarse. Predomina la fatiga, apatía o falta de motivación, pero sin gran nerviosismo.

Los estados de alta y baja energía humana son los niveles físicos, mentales y emocionales con los que funcionamos a lo largo del día. No son solo tener energía o estar cansado, sino combinaciones de motivación, claridad mental, emociones y vitalidad.

La alta energía puede manifestarse como agitación/manía cuando es excesiva (energía muy alta y tensa) o como vitalidad creativa cuando es tranquila. Son momentos en los que te sientes activo, enfocado y motivado. Se da alta concentración y claridad mental. Motivación y ganas de actuar. Emociones positivas (entusiasmo, alegría, confianza). Sensación de control y productividad. Se favorece con un buen descanso. Alimentación equilibrada. Actividad física. Propósito o metas claras. Emociones positivas.

La baja energía o anergia se vincula a la fatiga, falta de motivación, llegando incluso a somnolencia cuando es muy baja. Son momentos de fatiga, desconexión o falta de motivación. Se da cansancio físico o mental. Dificultad para concentrarse. Emociones como apatía, tristeza o irritabilidad. Sensación de sobrecarga o bloqueo. Se favorece con la falta de sueño, estrés crónico, mala alimentación, sedentarismo y problemas emocionales.

Ambos estados son naturales y necesarios. La alta energía sirve para actuar, crear y avanzar, y la baja permite descansar, reflexionar y recuperarse. El problema aparece si siempre estás en baja energía (agotamiento, posible burnout), o fuerzas alta energía constante que puede llevar a estrés o colapso.

Para pasar de una energía tensa a una tranquila lo mejor es bajar tensión sin perder el nivel de energía mediante buenos hábitos alimenticios, físicos, mentales y de estilo de vida (Escucha tu cuerpo y no le fuerces), y además:

Ejercicio físico ligero y regular. Caminar a paso ligero 20-40 minutos, aumenta la energía, reduce la tensión, y regula el estado de ánimo. Haz estiramientos suaves, para descargar adrenalina y cortisol sin agotarte.

Respiración y S. nervioso. Practicar la respiración lenta con exhalaciones más largas que las inhalaciones activa el nervio vago y envía señales de seguridad al cuerpo, bajando la tensión. Haz de 3-5 minutos de este tipo de respiración cuando te notes acelerado facilita el paso de estrés excitado a calma con energía. Se usan respiraciones conscientes, movimiento corporal simple y ejercicios de interocepción para bajar la hiperactivación del S. nervioso, aumentar la sensación de seguridad y equilibrar reacciones emocionales intensas (pánico, rabia).

Ritmos, descanso y estímulos. Respetar ritmos de sueño (dormir 7-9 horas) y tener un ritual nocturno sin pantallas disminuye la tensión basal y mejora la calidad de la energía al día siguiente. Exposición a la luz natural (amanecer o atardecer) ayuda a regular ritmos circadianos y cortisol, favoreciendo un estado de energía más estable y menos tenso. Alternar trabajo y descanso (técnica Pomodoro).

Pensamientos y atención. Redirigir deliberadamente los pensamientos hacia ideas más realistas y reconfortantes, reduce la tensión mental. Lleva la atención al presente y corta la rumiación a que mantiene la energía en modo tenso.

Interacción social y actividades agradables. Buscar o limitar la interacción social según seas más extrovertido o introvertido ayuda a ajustar la energía y tensión a tu estilo personal. Empezar una actividad agradable mantiene la energía y baja la tensión.

El EFT (Tapping/Liberación emocional con golpecitos). Es una técnica no invasiva que estimula puntos de acupresión con golpecitos (digitopresión) en meridianos específicos (coronilla, cejas, costados de los ojos, debajo de la nariz, el mentón, la clavícula o el pecho) mientras se enfoca en un problema emocional. Esto envía señales de calma a la amígdala (centro de amenazas del cerebro) y reduce la producción de cortisol, con ello desbloquea reacciones emocionales y reduce la intensidad de miedos, ansiedad o traumas.

Kinesiología aplicada (test muscular para diagnosticar la energía). Se observa la tensión o debilidad de un músculo al pensar en una situación o emoción, para detectar qué contenidos emocionales están bloqueados y trabajarlos directamente.

Imaginería y visualización guiada. Se combinan imágenes internas (hojas que fluyen en un río) con estímulos corporales para transformar la carga emocional de un recuerdo o una emoción, reduciendo su impacto negativo.

jueves, 12 de marzo de 2026

MIS COMIENZOS EN EL BLOG

Mis comienzos

Cebur

Estas son mis tres primeras entradas en el Blog de Cebur.

3 oct. 2006

BIENVENIDOS

Hola, soy Cebur y me dedico a la enseñanza. Me gustaría intercambiar experiencias, opiniones, métodos y demás con otros compañeros.

Saludos

Cebur

21 oct. 2006

El blog de Cebur

Voy a intentar introducir una foto en el blog.

Bueno, lo cierto es que sin saber cómo y tras mucho trastear, la foto está puesta.

Con esta pantalla es todo mucho más sencillo. Se nota que hay que practicar.

24 oct. 2006

El blog de Cebur

Espero que a partir de ahora se vea todo en español, ya que con los cambios actuales así debería ser.

Por cierto si os apetece ver lo que hago está en: http://encina...

lunes, 9 de marzo de 2026

EL PENSAMIENTO LÓGICO Y EL DESENFOCADO


A diario nos enfrentamos a decisiones que requieren buenos razonamientos. El pensamiento lógico o capacidad de razonar de manera estructurada y coherente nos ayuda a tomar decisiones, resolver problemas, analizar situaciones de modo efectivo y comunicarnos eficazmente. El pensamiento lógico se basa en el razonamiento inductivo (implica observar patrones y hacer generalizaciones a partir de ejemplos específicos) y el deductivo (aplica principios generales a situaciones específicas para llegar a conclusiones). Para comprender sus fundamentos hemos de conocer conceptos como proposiciones, argumentos y falacias. Las proposiciones son afirmaciones que pueden ser verdaderas o falsas. Los argumentos son conjuntos de proposiciones que buscan demostrar una conclusión. La falacia es un razonamiento que parece lógico o verdadero, pero en realidad es incorrecto o engañoso.

Desarrollo del pensamiento lógico:

1. La toma de decisiones simples o complejas es parte esencial de la vida cotidiana. Antes de razonar sobre algo o tomar una decisión, hemos de tener una comprensión clara y precisa del problema en cuestión, para enfocar el pensamiento de forma efectiva, lo que implica recopilar y analizar la información relevante, considerar diferentes opciones, identificar el objetivo y los elementos involucrados, evaluar las opciones disponibles y considerar las consecuencias de cada elección.

2. El pensamiento lógico es una arma valiosa para resolver conflictos (inevitables en cualquier relación). El enfoque lógico y analítico facilita el diálogo y ayuda a encontrar una postura común. El buen razonamiento se basa, en analizar la información de manera objetiva y crítica (identificar y cuestionar nuestros supuestos y prejuicios) para lograr conclusiones sólidas y fundamentadas, en recopilar datos relevantes y evaluar su validez y relevancia, y en evitar sesgos cognitivos que distorsionen nuestro juicio. La diversidad de perspectivas, opiniones y enfoques amplia nuestro horizonte y son clave para tomar decisiones informadas y llegar a conclusiones sólidas.

3. Aplicar el pensamiento lógico en la planificación y organización implica establecer objetivos claros, dividir tareas en pasos manejables y priorizar actividades por su importancia o urgencia. Con ello se reduce la carga cognitiva, se optimiza el tiempo y los recursos, y se aporta una mayor eficiencia y efectividad. Organiza tus pensamientos de manera lógica, presenta tus argumentos de forma clara (facilita la comprensión), coherente y estructurada, y utiliza ejemplos/evidencias para respaldar tus afirmaciones.

4. La escucha activa implica prestar atención de forma consciente a lo que los demás dicen, lo cual mejora la calidad de nuestras interacciones y contribuye a ser empático.

5. El pensamiento crítico complementa el pensamiento lógico (establece conexiones válidas entre las premisas y las conclusiones) y nos ayuda a mantener la mente abierta, a rebatir enfoques dogmáticos y a mejorar la capacidad de razonamiento. Cuestiona tus creencias, evalúa tus propias decisiones de manera objetiva y considera diferentes perspectivas para llegar a una conclusión sólida. Es útil hacerse preguntas como ¿Cuáles son las evidencias que respaldan esta afirmación? ¿Hay otros puntos de vista a considerar? El aprender de los errores es parte fundamental del desarrollo del pensamiento lógico (analiza qué salió mal y por qué). Este proceso de autoevaluación no solo ayuda a evitar errores futuros, sino que también fomenta una mentalidad de crecimiento y mejora continua.

Pensamiento enfocado o desenfocado. Tu mente desenfocada o errante o modo difuso, es mejor en algunas actividades mentales que tu mente enfocada. La mayoría tenemos un sesgo (sumar en lugar de restar) para tratar de mejorar agregando intensidad, y a menudo es un enfoque ineficaz. Sugerencias específicas para acceder a tu mente desenfocada:

  • Estructura tus bloques de tiempo con un esfuerzo enfocado (ej., trabaja primero, luego dúchate).
  • Identifica una tarea con la que planeas comenzar y luego tómate un descanso.
  • Prueba ejercicios mentales que promuevan el pensamiento amplio (usa la analogía forzada o tormenta de ideas para explorar las relaciones entre conceptos aparentemente no relacionados).
  • Captura las ideas que se te ocurran al despertar. Antes de ir a dormir, planifica la actividad enfocada que realizarás al despertar. Al hacer esto, es probable que te despiertes con tu cerebro haciendo planes sobre cómo comenzarás a trabajar.
  • Cambiar al modo de vagar por la mente cuando te sientas frustrado, unos pocos minutos son suficientes para desbloquearte.
  • Entrar en modo desenfocado es mirar a un lugar diferente (observa a la gente por la ventana, o la naturaleza en una caminata).

Cambia al pensamiento desenfocado cuando desees pensar en algo general y usa el modo enfocado cuando quieras precisar. Al equilibrar el pensamiento enfocado y desenfocado accedes a niveles más profundos de productividad, comprensión y creatividad, al tiempo que minimizas el esfuerzo y maximizas los resultados.

Los pensamientos preocupantes pierden fuerza, si se les deja de prestar atención. Estrategias útiles son:

1. Lo mejor para dejar de pensar demasiado es no obsesionarse con dejar de pensar (pensamiento intrusivo). No luches contra el pensamiento, pues al intentar no pensar en algo a menudo lo intensifica. Acepta el pensamiento e ignóralo que al final desaparece.

2. Si viene el pensamiento, no se le debe dar más fuerza (echar más leña al fuego). El problema de rumiar es que puede llegar a ser adictivo. Si el pensamiento genera ansiedad y no logras la respuesta que dé calma, lo mejor es olvidarse de que exista tal solución.

3. Si nos enfocamos en lo que estamos haciendo en el momento, por muy simple que sea, es una muy buena forma de cortar el pensamiento obsesivo. No es posible ser plenamente consciente de dos actividades a la vez, por ello, vivir el presente es una muy buena opción para quitar peso a lo que ha pasado o lo que pueda pasar.

4. Al aparecer un pensamiento obsesivo, mantén calma y no reacciones emocionalmente. Obrar con el pensamiento con poco esfuerzo significa optimizar el uso de los recursos cognitivos, permitiendo que el cerebro funcione de manera automática, eficiente y fluida, reduciendo la fatiga mental y el pensar demasiado. Las estrategias para lograrlo son:

4.1. Automatiza hábitos:

Fomenta la rutina: El cerebro tiende a ahorrar energía, operando la mayor parte del tiempo con un sistema rápido. Crear hábitos sólidos convierte tareas complejas en automáticas, requiriendo menos esfuerzo racional y consciente.

Haz una cosa a la vez: La multitarea fragmenta la atención y consume recursos cognitivos innecesarios. Finalizar tareas de una en una mejora la eficiencia y reduce la angustia.

4.2. Gestión de pensamientos negativos:

Observa sin juzgar: Practica la atención plena para observar los pensamientos sin engancharte en ellos, lo que reduce la ansiedad y el esfuerzo de luchar contra ellos.

Usa la técnica del stop: Identifica el pensamiento intrusivo y detenlo conscientemente.

Titula los pensamientos recurrentes (ya está mi mente con la preocupación de siempre) esto distancia y desengancha.

4.3. Técnicas para facilitar el pensamiento:

Usa mapas mentales: Visualiza el caos para ordenar ideas sin un esfuerzo analítico intenso.

Técnica Feynman: Explica conceptos complejos en voz alta con palabras sencillas para simplificar el pensamiento.

Cuestiona la veracidad del pensamiento para reducir la fatiga de procesar información falsa.

La palabra preocupar, etimológicamente, indica qué es lo que viene antes de la ocupación, o sea, que la finalidad y utilidad de la preocupación es prepararnos para la acción. Pero cuando el run-run está todo el día en nuestra cabeza, estas preocupaciones y películas no son útiles ni ayudan, al contrario embotan y bloquean. Para dar la vuelta a esto debemos:

1. Si estamos en bucle lo mejor es escribir para liberar. Hacer un diario del run-run o escribir las ideas reduce la carga mental, descarga la memoria de trabajo, procesas la información de manera diferente, y tomas el control sobre los pensamientos intrusivos. Sé consciente de que tus ideas no son necesariamente la realidad ni va a suceder la película que te montes. No rumies, practica la escritura durante tres días. El primer día dedica 15-20 minutos a escribir sobre el estrés que sientes. El segundo escribe sobre cómo ha afectado la experiencia, y el tercero describe cómo se relaciona la experiencia con la vida actual y lo que se desea para el futuro (esta práctica reduce los síntomas depresivos, incluso semanas o meses después).

2. Utiliza tu capacidad de análisis para razonar de manera más efectiva. Teniendo en cuenta ¿Es útil este pensamiento? ¿Me mueve a actuar o me limita? ¿Me ayuda de alguna manera o me hace sufrir sin motivo? Ojo, no se trata de preguntarte si es cierto o falso el pensamiento, sino de si es útil. Si es inútil déjalo pasar y que se vaya.

3. Quita las etiquetas (racionaliza el pensamiento negativo) y céntrate en los hechos para que los juicios sean más realistas y efectivos. Haz actividades que disfrutes y considera qué variaciones de actividades permiten que la mente divague más.

4. Para salir del run-run hemos de practicar el estar más en el presente, en lo que estamos haciendo más que en lo que estamos pensando (pasar de la preocupación a la ocupación). La práctica de mindfulness (atención plena) ayuda a tomar un mayor contacto con el aquí y ahora, y a entrenar nuestra atención a focalizarse en el presente. El pensar mucho se caracteriza por una excesiva reflexión o rumiación que impide el curso normal del pensamiento, manteniendo un circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional. La capacidad de reflexionar es positiva, pero cuando se convierte en run-run, puede ser una fuente de trastornos de salud mental. Los pensamientos que nos quitan el sueño suelen ser del tipo:

  • Problemas que podrían suceder o no: Todas las posibles dificultades habidas y por haber se presentan en la mente, estos pensamientos suelen empezar por el famoso ¿Y si…? ya sean preocupaciones sobre temas propios o que afecten a otras personas como pareja, hijos, padres, amigos.
  • Autorreproches y comparaciones: Dar vuelta a cosas que creemos que hemos hecho mal, compararnos con otros mejores y torturarnos con ello. «No soy capaz de.». «Soy un desastre.», «Nunca acabo lo que empiezo.», «A mi edad debería estar».
  • Películas que suelen empezar por «seguro que/piensan que, está haciendo, saldrá mal y seguro que es algo grave.». El ser analítico y preocuparse por el futuro está bien, el problema es quedarnos en las preocupaciones y el análisis de lo que puede llegar a pasar (o lo que pasó), y sostenerlo hasta el infinito (la fábula del vaso de agua enseña a soltar las preocupaciones y cargas. En ella un hombre vive atascado por sus miedos y sacrificios. Pide ayuda y la psicóloga le muestra un vaso con agua que al sostenerse un tiempo prolongado se vuelve pesado y difícil de soportar. La clave está en aprender a soltar el vaso y enfocarnos en lo que realmente podemos hacer. Quedarnos enganchados gasta energía y bloquea, como la famosa frase «parálisis por análisis». En algunos casos esta rumiación, comienza a impedir el normal curso del pensamiento (su multiplicidad y contenido generan un estado de alerta), y al mismo tiempo nos llevan a conclusiones erróneas que, inevitablemente, mantendrán ese circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional, incrementándose a veces sin fin. Este estado genera efectos negativos (dificultad para concentrarse, disminución del estado de ánimo y la motivación, dificulta el pensamiento claro y la toma de decisiones racionales). Sus efectos incluyen trastornos del sueño, fatiga, dolor de cabeza, tensión muscular, irritabilidad, dificultad para concentrarse y decidir, problemas de memoria, disminución del estado de ánimo y motivación. Esto puede llevarnos a estados de ansiedad y depresión.

Para evitar la rumiación debemos realizar tres recomendaciones

1. El primer paso y el más importante es reconocer los pensamientos concretos y específicos que se asocian a tus momentos de malestar. (momento del día; notas signos físicos, como apretar la mandíbula; temas negativos que son un run-run). No puedes cambiar tus pensamientos si no los reconoces. Cambia preguntas de “por qué a cómo”, facilitando el paso del run-run improductivo a una planificación orientada a la acción y solución. El paso siguiente es generar un pensamiento opuesto al inicial (no una mera negación del anterior, ni debe depender de factores externos (otras personas, el azar, el paso del tiempo…, sino de uno mismo). Sabrás que lo has hecho bien porque nada más generarlo tendrás la sensación de que este nuevo pensamiento es totalmente irreal. Lo siguiente es generar la duda. Busca argumentos para que pueda parecer que podría ser en parte cierto, aunque no te lo creas. Termina siendo consciente de que tanto el pensamiento inicial como el opuesto, son los dos extremos que definen el cómo describes una realidad. Dos polos dicotómicos, en los que no se puede ubicar la perspectiva más cercana a lo objetivo, y a la vez, también más cercana a tus valores (lo que esperas de ti y de tu vida).

2. Una de las principales razones por las que pensar demasiado es malo es porque te sumerge aún más en lo que sea que estés pasando. La próxima vez que notes que rumias intenta la estrategia llamada autodistanciamiento, que consistente en observar las preocupaciones desde una perspectiva externa (de espectador) para ganar perspectiva y cambiar de enfoque mental. Observa una mosca en la pared, o dar un paso atrás puede brindarte la perspectiva que necesitas para cambiar de canal. Usa el razonamiento socrático de testear la validez o pertinencia de alguna de estas ideas. ¿Son realistas, o incluso en caso de serlo, sirven para algo, o el efecto es solo incrementar el malestar?

3. La forma más sencilla de reemplazar los pensamientos negativos por otros más constructivos es pasar de hacer preguntas de ¿por qué a mí? (callejón sin salida) a preguntas de ¿cómo puedo seguir adelante? (lleva a la acción).

Es posible hacer más con menos. Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas, siempre gana la imaginación. La forma de evitar que la arena movediza te engulla es no esforzarte tanto e irte recostando con calma, para que el peso se distribuya, se reduzca la presión y te permita estar a salvo. Algo parecido hay que hacer cuando no puedes conciliar el sueño, no puedes recordar algo, etc. (en vez de obligarte a tratar de hacer lo que no puedes, relájate y haz o piensa en otra cosa).

La ley del mínimo esfuerzo es la habilidad del ser humano para destinar los mínimos recursos posibles y obtener un beneficio. Es, además, una ley inmutable, es decir, si se aplica de forma adecuada, tiende a cumplirse siempre.

Cuando estás en una situación en la que tienes varios caminos disponibles pero solo puedes recorrer uno, el camino que escogerás será aquel que implique un menor gasto de energía (en términos de tiempo, esfuerzo físico o inversión). La ley del mínimo esfuerzo optimiza nuestros esfuerzos hacia los objetivos que nos hemos marcado. Por tanto, no es que nos predisponga a la inacción, sino que nos lleva a actuar de un modo mucho más inteligente y eficiente (notarás que a medida que tienes más experiencia y madurez, encuentras maneras más sencillas de satisfacer tus necesidades diarias y de resolver problemas que antes te suponían un gasto de tiempo y energía mucho mayor). La navaja de Ockham es un principio filosófico que nos explica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más sencilla es la que tiene más probabilidades de ser la correcta.

Puntos esenciales que nos llevan a elegir la ley del mínimo esfuerzo.

1. Escapa de los problemas. Es normal que la vida no sea un camino de rosas y que topemos cada día con problemas y dificultades de todo tipo. Si tu vida es una constante carrera de obstáculos y decepciones, es probable que estés invirtiendo mucho esfuerzo y obteniendo unos resultados pírricos. Esto te llevará a una sensación de frustración, y no te permitirá conectar con tu “estado de flujo” (estado de máxima concentración mental). Cuando estás obsesionado con algo, es normal que sientas agobio y estrés. Estas señales psicológicas te advierten de que estás forzando demasiado la situación. Uno de los mayores factores de la ansiedad es precisamente este estado permanente de agotamiento causado por no comprender la ley del mínimo esfuerzo (Regla de oro: no por esforzarte mucho más que los demás vas a obtener más beneficios que los que no trabajan tanto como tú). Cuanto más inspirado y eficientes sean tus ideas sobre cómo llevar algo a cabo, mayor será tu productividad y menor esfuerzo necesitarás para conseguir los mismos objetivos.

2. Ten paciencia cuando quieras conseguir resultados. Si te pones a actuar de forma precipitada para cumplir los objetivos cuanto antes, lo más normal es que no logres conectar con la tarea y te estreses. Cualquier acción que venga motivada por una buena dosis de inspiración va a ser más efectiva, porque te permitirá fluir y liberarte de algunos vicios que conlleva el pensamiento mecánico. Si te notas agotado, frustrado o falto de ideas, simplemente no actúes. Cambia de ambiente, desconecta y empezarás a retomar la energía positiva. Hay veces en que el ambiente en que nos movemos nos agota física e intelectualmente, o una relación sentimental o un objetivo laboral, para ello debes descansar y recuperarte mediante distracciones que no tengan nada que ver con tu propósito principal. La clave para recuperar la productividad no es volverse loco trabajando a destajo, sino saber dosificarse y sentirse bien con uno mismo. El pensamiento básico se cultiva a lo largo de la vida y para fomentarle debemos:

2.1. Habilidades fundamentales. Para potenciar tu pensamiento, debes practicar activamente las siguientes habilidades:

Observación: Usa los sentidos para captar detalles de objetos, personas o situaciones (momentos concretos y abstractos).

Comparación: Identifica semejanzas y diferencias entre dos o más elementos para establecer relaciones.

Relación: Conecta ideas nuevas con lo que ya sabes, creando asociaciones.

Clasificación: Organiza información o elementos en grupos basados en características comunes.

Ordenamiento: Establece secuencias o jerarquías.

2.2. Estrategias prácticas en la vida cotidiana:

Cuestiona todo: No aceptes información automáticamente y pregunta constantemente “¿por qué? y ¿qué significa?”

Mapas mentales: Visualiza ideas complejas mediante diagramas para organizar el pensamiento.

Atención selectiva: Aprende a enfocarte en los estímulos de interés y a filtrar distractores, ignorando lo irrelevante.

Identificar el problema: Antes de intentar resolver un problema, defínelo con claridad y busca información relevante.

2.3. Actitudes claves:

Apertura mental: Disposición a cambiar de opinión y considerar diferentes puntos de vista.

Metacognición: Reflexionar sobre tu propio proceso de pensamiento, es decir, pensar sobre cómo piensas.

2.4. Ejercicios diarios. Al igual que cualquier habilidad requiere práctica regular para mejorar:

Los sesgos cognitivos distorsionan la percepción de la realidad, pudiendo llevar a conclusiones erróneas. Ser consciente de ellos y minimizarlos es esencial para un pensamiento lógico más efectivo.

Al estar estresado la capacidad para razonar se ve afectada, y es crucial encontrar estrategias para manejar las emociones y mantener la calma. Técnicas como la respiración profunda, la meditación o simplemente tomarse un tiempo para reflexionar reduce la presión emocional y permite un razonamiento más claro y objetivo.

Juegos de lógica: Rompecabezas, sudoku, ajedrez o acertijos ayudan a entrenar el pensamiento lógico.

Analiza situaciones: Toma un problema cotidiano y desglósalo: ¿cuál es el problema?, ¿cuáles son los hechos?, ¿qué alternativas tengo?

Cuida el cerebro con el descanso y el sueño (el profundo es crucial para la consolidación de la memoria y la eliminación de residuos metabólicos). El ejercicio aeróbico de baja intensidad aumenta el flujo sanguíneo y el crecimiento de las mitocondrias, mejorando la agilidad mental. Y el entrenamiento de fuerza con descansos de 2-3 minutos entre series crea un gran ambiente para divagar la mente. Sigue una dieta saludable (el omega-3 y vitaminas del grupo B son importantes para el cerebro) y evita la cafeína, estimulantes, alcohol y sedantes.

jueves, 12 de febrero de 2026

LA PERCEPCIÓN

 

La percepción es un proceso vital para la supervivencia y adaptación al entorno, ya que nos permite percibir diferentes informaciones del medio, que procesamos en el cerebro, para dar respuestas adaptativas a las diversas situaciones.

Es la manera en la que nuestro cerebro hace una interpretación de las sensaciones que percibimos a través de los sentidos con el fin de formar una impresión consciente o inconsciente. Dicha interpretación afecta a la forma en que pensamos y actuamos.

Es el proceso mediante el cual los individuos organizan e interpretan sus experiencias sensoriales de forma coherente y significativa.

Es un asunto complejo y multifacético (involucra procesos físicos y cognitivos) que despierta nuestra curiosidad innata y nos permite interactuar y transformar datos sensoriales en imágenes mentales relevantes de nuestro entorno.

La percepción implica la interpretación y el análisis de la información. Es el cómo interpretamos y damos sentido a la información sensorial que recibimos del entorno. Es el proceso cognitivo que se produce a partir de estas sensaciones. Por ej., dos personas pueden experimentar el mismo sonido (sensación), pero su percepción del mismo puede variar dependiendo de su contexto, emociones o memorias asociadas.

La percepción es muy importante para comprender el comportamiento humano, porque cada persona percibe el mundo y se enfrenta a los problemas de la vida de manera diferente (todo lo que vemos o sentimos no es realmente lo que es. Lo que escuchamos no es lo que realmente se dice, sino lo que percibimos como dicho. Cuando compramos algo, no es porque sea el mejor, sino porque creemos que es el mejor). La percepción es un campo de estudio dentro de la psicología, al influir en cómo el individuo interpreta su entorno y, por lo tanto, afecta a su comportamiento y decisiones. Con ello los psicólogos desarrollan teorías sobre el comportamiento humano, así como tratamientos para diversas condiciones mentales (la percepción selectiva explica ciertas fobias o ansiedades, porque un evento o estímulo puede ser percibido de manera exagerada o distorsionada).

La percepción en filosofía consiste en describir la situación en la que el espíritu capta de forma intuitiva los estímulos exteriores. El empirismo tiene como base que la realidad que se experimenta es el sostén del conocimiento (sin este mundo que se percibe, se observa e interpreta, no habría ideas posibles). Locke dice que solo podemos conocer ideas de modo directo, y estas son solo reflejos de la realidad externa. Considera a la mente como una tabula rasa, es decir, todo lo que adquiere en relación con el conocimiento proviene de la experiencia. Hume sostiene que todo lo que poseemos como conocimiento son percepciones, y que estas se manifiestan con las impresiones (las primeras en impactar el alma son las percepciones más fuertes, como las pasiones, sensaciones y emociones), y las ideas o copia débil de las percepciones. Descartes considera la percepción como un acto de inteligencia, y argumenta que la mente es capaz de percibir y conocer de manera clara y distinta, lo que le permite obtener un conocimiento certero del mundo que le rodea. Por otro lado, Leibniz veía la percepción como un estado transitorio que involucra procesos múltiples y una interacción compleja entre el individuo y su entorno. Para él, la percepción es un proceso continuo que abarca la experiencia sensorial y la interpretación consciente. La Gestalt indica que el ser humano percibe la realidad conforme a una estructura. Hay una tendencia cognitiva a percibir algo no a partir de sus partes sino configurándolo como un todo (ante una figura humana percibimos primero el conjunto, y luego lo segmentamos), y tal percepción es interpretada como el proceso clave de la actividad mental para esta corriente. Además, considerarán que tal proceso de la actividad mental no reproduce exactamente la información que recibe, sino que hay una selección de datos. En la filosofía contemporánea, los filósofos de la mente y la percepción investigan cuestiones como la relación entre la percepción y la realidad, la naturaleza de la conciencia perceptual y la influencia de los sentidos en la comprensión del mundo.

Tipos de percepción:

Movimiento. Proceso por el que el hombre se orienta a sí mismo o a los movimientos físicos de los demás. Hemos de percibir dichos movimientos para equilibrarnos y movernos efectivamente, sin tal función, las posibilidades de supervivencia se reducirían mucho. Se relaciona con la capacidad de detectar y comprender el movimiento de objetos y personas en nuestro entorno. Nos permite reaccionar ante situaciones dinámicas y peligros potenciales.

Visual. Es la capacidad de ver, organizar e interpretar el propio entorno. Nos da la capacidad de aprender nueva información (texto, rostros, objetos comunes, o tener la coordinación ojo-mano requerida en las tareas diarias). Nos permite percibir los colores, movimientos, formas, tamaños, profundidad y textura, para interpretar más detalladamente la información visual percibida.

Auditiva. Nos permite escuchar sonidos o ruidos al captar e interpretar el cerebro los cambios y vibraciones del entorno. Es la capacidad de interpretar, diferenciar y dar sentido a la información auditiva (intensidad, tono, volumen, melodía y ritmo). Esto nos permite comunicarnos a través del lenguaje, disfrutar de la música y detectar señales de peligro, como una sirena de emergencia.

Olfativa. Nos permite percibir los olores, aromas, o hedor que hay a nuestro alrededor. El proceso comienza en la nariz con la estimulación de las neuronas sensoriales olfativas y termina en los centros cerebrales superiores que, cuando se activan, nos hacen conscientes de un olor. La activación, sobre todo por irritantes, del trigémino, vagal y glosofaríngeo en el tracto respiratorio contribuye a la experiencia perceptiva. Desempeña un papel importante en la identificación de alimentos, la detección de peligros y la evocación de recuerdos.

Táctil. Nos permite percibir por medio de la piel y, sobre todo, a través de las manos. La piel está equipada con receptores de presión, temperatura y textura que nos permiten experimentar sensaciones físicas, como el calor, el frío, la suavidad o la rugosidad de las superficies y la vibración de objetos.

Gustativa. Las papilas gustativas de la lengua y el paladar nos permiten desarrollar este proceso sensorial al introducir alimentos en la boca, de manera que así percibimos su sabor y podemos sentir diferentes sensaciones (gratas o desagradables). Cuando percibimos un sabor que nos resulta desagradable rechazaremos ese alimento, puesto que nos suscitará repulsión. Incluye la percepción de sabores, como dulce, salado, agrio, amargo y umami (sabroso).

Espacial o cinestésica. Es la capacidad de captar los objetos y formas del entorno en sus tres dimensiones. Nos permite calcular la profun­didad, distancia y altura de los estímulos que percibimos. Es la capacidad de interpretar y dar sentido a la información sobre el movimiento y la posición del cuerpo en el espacio, así como la ubicación de las diferentes partes del cuerpo para realizar movimientos coordinados.

Cognición social. Está relacionada con la forma que tienden a visualizar las personas a los que se encuentran a su alrededor, formándose impresiones e inferencias acerca de los demás, permitiéndoles asociar, recordar y categorizar a las personas del entorno (al formar impresiones, sacan conclusiones y tratan de explicar el comportamiento social de las interacciones humanas). Se centra en los factores que influyen en las formas en que las personas entienden a otras personas y en cómo procesan, organizan y recuerdan información sobre los demás.

Dolor. Se desencadena cuando un mensaje doloroso emerge desde el SNP y se transmite al SNC donde se interpreta en función de diversas dimensiones como cualidad, afecto, duración, intensidad y localización lo que hace que sea un tipo de percepción complejo.

Extrasensorial. Se da aparte de los procesos sensoriales tradicionales. La mayoría de las pruebas provienen de experimentos que involu­cran la adivinación de naipes. Aunque muchos científicos continúan dudando de la existencia, las personas que reclaman esta habilidad a veces son utilizadas por equipos de investigación en busca de personas o cosas desaparecidas. La Percepción Extrasensorial (PES), a menudo llamada el “sexto sentido”, se refiere a la capacidad de adquirir información o conocimiento sobre eventos, objetos o situaciones sin la utilización de los sentidos convencionales. Destacar que la existencia de la PES no tiene evidencia científica seria que la respalde. Engloba fenómenos como la:

Telepatía o supuesta capacidad de comunicarse con la mente de otra persona sin la necesidad de palabras o señales físicas. En teoría, una persona podría transmitir pensamientos, sentimientos o información directamente a la mente de otra, incluso a larga distancia.

Clarividencia o capacidad de obtener conocimiento supernormal sobre eventos o situaciones que están fuera del alcance de los sentidos. Algunos sostienen que los clarividentes pueden ver cosas que están ocultas o distantes en el espacio y el tiempo.

Precognición o habilidad para percibir o prever eventos futuros antes de que ocurran. Los que afirman tener precognición sostie­nen que pueden anticipar acontecimientos antes de que sucedan de manera convencional.

Retrocognición o supuesta capacidad de percibir eventos pasados sin la necesidad de información histórica o registros. Las per­sonas que dicen tener retrocognición afirman poder acceder a información sobre el pasado de manera directa.

La mayoría de la comunidad científica considera que los informes de PES se deben a errores, sesgos cognitivos o coincidencias. A menudo se asocia con fenómenos paranormales o místicos, y a pesar de la falta de evidencia científica sólida, algunos continúan creyendo en su posibilidad.

 

Características de la percepción:

  • Proceso cognitivo mediante el cual interpretamos la información sensorial que recibimos a través de nuestros sentidos.
  • Se basa en los cinco sentidos convencionales que nos permiten captar estímulos del entorno.
  • Subjetiva lo que significa que diferentes personas pueden percibir un mismo estímulo de manera distinta, dependiendo de sus antecedentes, necesidad, interés, experiencias, creencias, circunstancias, el contexto, la cultura (lo considerado normal o inaceptable, varía según el entorno cultural), y la lengua (hay palabras y conceptos sin equivalencia exacta en otros idiomas). Del mismo modo las interacciones con otras personas y normas sociales pueden afectar a nuestra forma de percibir el mundo.
  • Selectiva pues no percibimos todos los estímulos igual, ni con la misma atención, nuestro cerebro tiende a enfocarse en ciertos estímulos relevantes o significativos, mientras ignora otros. Esta es la percepción selectiva que es parte integral de cómo experimentamos el mundo que nos rodea. Este proceso de selección y filtrado de estímulos nos permite lidiar con la sobrecarga informativa a la que estamos expuestos constantemente.
  • Temporal al ocurrir en un contexto específico de tiempo y lugar. Se construye continuamente a partir de la interacción con el entorno y representa un fenómeno a corto plazo que tiende a variar.
  • Inferencial tras recibir y procesar los estímulos, la mente elabora una idea o una imagen a partir de esa información, es decir, le da sentido y crea una representación mental.
  • Constancia perceptual pues a pesar de las diferencias en los estímulos, tendemos a percibir ciertas propiedades de manera constante, como el tamaño, la forma y el color de los objetos, incluso bajo condiciones variables de iluminación o distancia.
  • Ilusión perceptual pues a veces, nuestra percepción puede engañarnos y generar ilusiones perceptuales, donde vemos algo que no corresponde a la realidad, o cuando nuestra percepción distorsiona la información sensorial de manera engañosa (ilusión de Müller-Lyer. Ilusión de Adelson…).

Factores que afectan la percepción. Las personas pueden percibir un mismo estímulo de manera diferente. Los factores que afectan son:

Aprendizaje perceptual. Basándonos en experiencias pasadas o en cualquier capacitación especial que recibamos, cada uno de nosotros aprende a enfatizar algunas aportaciones sensoriales e ignorar otros (un invidente identifica a las personas por su voz o por los sonidos de sus pasos).

Conjunto mental. Se refiere a la preparación o disposición para recibir alguna información sensorial, tal expectativa mantiene al individuo preparado con buena atención y concentración.

Motivos y necesidades. Nuestros motivos y necesidades influyen en nuestra percepción.

Estilos cognitivos. Las personas difieren en la forma en que procesan la información de forma característica. Las personas flexibles que reciben buena atención, se ven menos afectadas por los interferentes y están menos dominadas por las necesidades y motivos internos que las personas que se encuentran en el límite.

Errores en la percepción. La percepción es el proceso de analizar y comprender un estímulo tal y como es, pero puede que no siempre sea posible percibir los estímulos tal como son, consciente o inconscientemente, confundimos el estímulo y lo percibimos erróneamente. Puede deberse a un defecto en nuestros órganos sensoriales o al funcionamiento defectuoso del cerebro. Muchas veces los prejuicios en el individuo, el tiempo de percepción, el trasfondo desfavorable, la falta de claridad del estímulo, la confusión, el conflicto en mente y otros factores son los responsables de los errores en la percepción. Estos errores son de dos tipos:

Espejismo o ilusión. La ilusión es una percepción falsa, aquí la persona confundirá un estímulo y lo percibirá erróneamente. La mayoría de nuestras ilusiones son visuales y auditivas, pero las ilusiones pertenecientes a otros sentidos también son posibles.

Alucinación. A veces un individuo percibe algún estímulo, incluso cuando no está presente. La persona puede ver un objeto, una persona, etc., o puede escuchar alguna voz aunque no haya objetos ni sonidos en la realidad. Las alucinaciones pertenecen a todas las sensaciones que aparecen en las personas, pero las más comunes son las visuales y auditivas. Por lo general, las personas con una mente enferma, con trastornos emocionales, alcohólicos y aquellos que se encuentran en estados confusos pueden experimentar alucinaciones.

Además de estos errores, existen algunas anormalidades en las percepciones sensoriales denominadas anestesia (sin sensación), hiperestesia (sensibilidad excesiva) y parestesia (sensación anormal o erróneamente localizada). En estos casos, la sensación táctil se percibe erróneamente.

 

Etapas de la percepción. El proceso de percepción incluye tres etapas fundamentales la selección de estímulos, la organización de la información y su interpretación. Todas se desarrollan, de modo secuencial o cíclico, y en ellas se puede incluir etapas intermedias:

1. Detección o recepción de estímulos. En esta fase los receptores sensoriales detectan los estímulos externos (luz, sonido, presión, vibración, olor, etc.). Estos deben ser lo suficientemente intensos o relevantes como para captar nuestra atención y activar los receptores. La selección de estímulos es el primer momento del proceso perceptivo, ya que lo que se percibe es una pequeña parte de los estímulos disponibles. Su percepción depende de las características del estímulo y de los aspectos internos del individuo. Se perciben mejor los más grandes, los de color más variado, con mayor movimiento, intensidad o contraste, los relacionados con las necesidades, intereses, expectativas o valores individuales, los gustos personales y colectivos, y lo que se considera saludable o positivo.

1.a. Transducción. Es el proceso de transformación de la energía física o química, en energía eléctrica a través de los receptores sensitivos. Gracias a la atención y exposición selectivas se toman (de manera inconsciente) los estímulos que son importantes para las circunstancias de cada quien.

1.b. Transmisión neuronal. Es la experiencia inmediata y automática de los estímulos. La energía creada viaja por el SN al cerebro, por lo que los receptores sensoriales envían esa señal hacia las neuronas cerebrales. Cada modalidad sensorial tiene rutas específicas (nervio óptico en la visión). La sensación es el proceso mediante el cual los sentidos recogen información del entorno y la envían al cerebro.

1.c. Percepción. En esta se genera la experiencia consciente formada a través de toda esa información que llega al cerebro a través de los órganos sensoriales, y alcanza las zonas donde se transforma en la experiencia perceptiva. Las constancias perceptuales son producto de la interacción entre los sentidos y el sistema cognitivo. El cerebro tiene la capacidad de ajustar la percepción (de tamaño, forma, color…) para mantener una representación coherente y estable de los objetos a pesar de las variaciones del entorno. Esta constancia perceptual es esencial para nuestra capacidad de comprender y navegar por el mundo de manera eficaz.

1.d. Reconocimiento. La experiencia perceptiva se compara, con categorías adquiridas con anterioridad, de modo que los nuevos estímulos percibidos logran adquirir un significado.

2. Organización y procesamiento de la información. Una vez que los estímulos han sido recibidos, se organizan con dos tipos de procesamiento, por un lado, el procesamiento de abajo-arriba (el camino desde la presentación de un estímulo hasta su procesamiento), y, por otro lado, está el de arriba-abajo (se da al comenzar el análisis por los elementos centrales). La percepción se organiza por reglas, esquemas y guiones. Una vez que estos estímulos son seleccionados, en función de aquello que es deseable (y separado de aquello que no nos es útil), serán clasificados y les será asignado un significado. La escuela de la Gestalt definió leyes que explican cómo las personas agrupan sus percepciones. Las más importantes son:

Figura y fondo. Los individuos diferencian entre lo que consideran la figura y el fondo que la rodea.

Proximidad. Las personas tienden a agrupar los estímulos de acuerdo a su proximidad, similitud y continuidad.

Cierre. En los casos de secuencias abiertas o incompletas, los individuos tienden a cerrarlas y completarlas en busca del equilibrio.

Similitud. Las personas tienden a agrupar juntos los estímulos semejantes.

2.a. Acción. Aquí se producen una serie de ajustes motrices o acciones diferentes, como hacer un movimiento para ajustar la mirada hacia algún punto o dirección con el fin de que la persona pueda desplazarse por el entorno.

2.b. Conocimiento. El conocimiento adquirido previamente y almacenado en la memoria influye de manera determinante en la percepción, ya que posibilita a las personas tener conocimientos acerca de diversos estímulos que hay a su alrededor.

3. Interpretación y comprensión: El cerebro da significado a lo percibido, con arreglo a la memoria, experiencias previas y expectativas. Esta etapa involucra la asignación de significado a los estímulos organizados en base a nuestras experiencias pasadas, conocimientos y emociones.

3.a. Reconocimiento: Se identifica el estímulo como algo conocido (un rostro, sonido u objeto). Permite actuar o responder adecuadamente. Es el proceso mediante el cual el cerebro interpreta y da significado a la información sensorial organizada. En esta etapa el cerebro utiliza la información previa y las expectativas para identificar y categorizar objetos y eventos del entorno.

3.b. Interpretación-evaluación. En esta hay estímulos por experiencias individuales, necesidades, deseos, valores, expectativas, estado físico o emocional, género y creencias. Se evalúa a los individuos según la manera en que el individuo se comporta y realiza la acción de manera apropiada o inapropiada. En la interpretación confluyen dos aspectos, por una parte, los estímulos aprehendidos, discriminados y organizados, y por otro la experiencia previa. Sus intereses, motivaciones y concepciones contribuyen al cómo se interpretan estos elementos organizados. Implica dar contenido y significado a los estímulos previamente seleccionados y organizados.

3.c. Recuerdo. Después de un tiempo, la persona quiere recordar cierta información. La etapa de recuperación reconstruye lo que el individuo escuchó de manera significativa con los esquemas, aunque este obliga al individuo a pensar o incluso a repensar.

3.d. Memoria. Esta es un almacén tanto de la percepción como de la interpretación-evaluación que se guardan de acuerdo con los guiones, esquemas, eventos o experiencias, no es el objetivo de la recolección, pero es más probable que esté muy influenciado por las ideas preconcebidas y los esquemas individuales.

 

Percepción y la edad. La plasticidad cerebral es un fenómeno que subraya la capacidad del cerebro humano para adaptarse y cambiar a lo largo de la vida. Este proceso tiene un impacto profundo en cómo percibimos el mundo que nos rodea, ya que la percepción misma puede ser moldeada y modificada. La plasticidad cerebral es la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones neuronales y estructuras en respuesta a la expe­riencia y el aprendizaje. Cuando estamos expuestos repetidamente a un estímulo sensorial, como un sonido o una imagen, nuestro cerebro puede adaptarse a ese estímulo y reducir su respuesta. Esto significa que percibimos menos intensamente los estímulos constantes, lo que nos permite enfocarnos en cambios y novedades en nuestro entorno. A medida que aprendemos nuevas habilidades, adquirimos conocimientos o experimenta­mos diferentes situaciones, nuestras conexiones neuronales se fortalecen o cambian para reflejar esos aprendizajes. Esto puede influir en cómo percibimos y procesamos la información sensorial relacionada con esas experiencias. La plasticidad cerebral persiste a lo largo de toda la vida, pero a medida que envejecemos, nuestras capacidades perceptivas pueden disminuir debido, por una parte, a cambios físicos, el envejecimiento puede afectar la sensibilidad de los receptores sensoriales, y por otra a cambios cognitivos, el envejecimiento puede afectar a la capacidad para procesar y dar sentido a la información sensorial. Además, la memoria de trabajo, que es la capacidad de mantener y manipular la información en la mente a corto plazo, puede disminuir, lo que puede afectar la capacidad de percibir estímulos complejos y procesar información rápidamente. Estos cambios en la percepción no son universales y varían de una persona a otra.

SUBIDAS Y BAJADAS EN LA ENERGÍA HUMANA

  A lo largo de la historia, el término energía se ha utilizado para traducir los vocablos griegos «energeia o dinamis», o latinos «virtus...