lunes, 9 de marzo de 2026

EL PENSAMIENTO LÓGICO Y EL DESENFOCADO


A diario nos enfrentamos a decisiones que requieren buenos razonamientos. El pensamiento lógico o capacidad de razonar de manera estructurada y coherente nos ayuda a tomar decisiones, resolver problemas, analizar situaciones de modo efectivo y comunicarnos eficazmente. El pensamiento lógico se basa en el razonamiento inductivo (implica observar patrones y hacer generalizaciones a partir de ejemplos específicos) y el deductivo (aplica principios generales a situaciones específicas para llegar a conclusiones). Para comprender sus fundamentos hemos de conocer conceptos como proposiciones, argumentos y falacias. Las proposiciones son afirmaciones que pueden ser verdaderas o falsas. Los argumentos son conjuntos de proposiciones que buscan demostrar una conclusión. La falacia es un razonamiento que parece lógico o verdadero, pero en realidad es incorrecto o engañoso.

Desarrollo del pensamiento lógico:

1. La toma de decisiones simples o complejas es parte esencial de la vida cotidiana. Antes de razonar sobre algo o tomar una decisión, hemos de tener una comprensión clara y precisa del problema en cuestión, para enfocar el pensamiento de forma efectiva, lo que implica recopilar y analizar la información relevante, considerar diferentes opciones, identificar el objetivo y los elementos involucrados, evaluar las opciones disponibles y considerar las consecuencias de cada elección.

2. El pensamiento lógico es una arma valiosa para resolver conflictos (inevitables en cualquier relación). El enfoque lógico y analítico facilita el diálogo y ayuda a encontrar una postura común. El buen razonamiento se basa, en analizar la información de manera objetiva y crítica (identificar y cuestionar nuestros supuestos y prejuicios) para lograr conclusiones sólidas y fundamentadas, en recopilar datos relevantes y evaluar su validez y relevancia, y en evitar sesgos cognitivos que distorsionen nuestro juicio. La diversidad de perspectivas, opiniones y enfoques amplia nuestro horizonte y son clave para tomar decisiones informadas y llegar a conclusiones sólidas.

3. Aplicar el pensamiento lógico en la planificación y organización implica establecer objetivos claros, divide tareas en pasos manejables y priorizar actividades por su importancia o urgencia. Con ello se reduce la carga cognitiva, se optimiza el tiempo y los recursos, y se aporta una mayor eficiencia y efectividad. Organiza tus pensamientos de manera lógica, presenta tus argumentos de forma clara (facilita la comprensión), coherente y estructurada, y utiliza ejemplos/evidencias para respaldar tus afirmaciones.

4. La escucha activa implica prestar atención de forma consciente a lo que los demás dicen, lo cual mejora la calidad de nuestras interacciones y contribuye a ser empático.

5. El pensamiento crítico complementa el pensamiento lógico (establece conexiones válidas entre las premisas y las conclusiones), y nos ayuda a mantener la mente abierta, a rebatir enfoques dogmáticos y a mejorar la capacidad de razonamiento. Cuestiona tus creencias, evalúa tus propias decisiones de manera objetiva y considera diferentes perspectivas para llegar a una conclusión sólida. Es útil hacerse preguntas como ¿Cuáles son las evidencias que respaldan esta afirmación? ¿Hay otros puntos de vista a considerar? El aprender de los errores es parte fundamental del desarrollo del pensamiento lógico (analiza qué salió mal y por qué). Este proceso de autoevaluación no solo ayuda a evitar errores futuros, sino que también fomenta una mentalidad de crecimiento y mejora continua.

Pensamiento enfocado o desenfocado. Tu mente desenfocada o errante o modo difuso, es mejor en algunas actividades mentales que tu mente enfocada. La mayoría tenemos un sesgo (sumar en lugar de restar) para tratar de mejorar agregando intensidad, y a menudo es un enfoque ineficaz. Sugerencias específicas para acceder a tu mente desenfocada:

  • Estructura tus bloques de tiempo con un esfuerzo enfocado (ej., trabaja primero, luego dúchate).
  • Identifica una tarea con la que planeas comenzar y luego tómate un descanso.
  • Prueba ejercicios mentales que promuevan el pensamiento amplio (usa la analogía forzada o tormenta de ideas para explorar las relaciones entre conceptos aparentemente no relacionados).
  • Captura las ideas que se te ocurran al despertar. Antes de ir a dormir, planifica la actividad enfocada que realizarás al despertar. Al hacer esto, es probable que te despiertes con tu cerebro haciendo planes sobre cómo comenzarás a trabajar.
  • Cambiar al modo de vagar por la mente cuando te sientas frustrado, unos pocos minutos son suficientes para desbloquearte.
  • Entrar en modo desenfocado es mirar a un lugar diferente (observa a la gente por la ventana, o la naturaleza en una caminata).

Cambia al pensamiento desenfocado cuando desees pensar en algo general y usa el modo enfocado cuando quieras precisar. Al equilibrar el pensamiento enfocado y desenfocado accedes a niveles más profundos de productividad, comprensión y creatividad, al tiempo que minimizas el esfuerzo y maximizas los resultados.

Los pensamientos preocupantes pierden fuerza, si se les deja de prestar atención. Estrategias útiles son:

1. Lo mejor para dejar de pensar demasiado es no obsesionarse con dejar de pensar (pensamiento intrusivo). No luches contra el pensamiento, pues al intentar no pensar en algo a menudo lo intensifica. Acepta el pensamiento e ignóralo que al final desaparece.

2. Si viene el pensamiento, no se le debe dar más fuerza (echar más leña al fuego). El problema de rumiar es que puede llegar a ser adictivo. Si el pensamiento genera ansiedad y no logras la respuesta que dé calma, lo mejor es olvidarse de que exista tal solución.

3. Si nos enfocamos en lo que estamos haciendo en el momento, por muy simple que sea, es una muy buena forma de cortar el pensamiento obsesivo. No es posible ser plenamente consciente de dos actividades a la vez, por ello, vivir el presente es una muy buena opción para quitar peso a lo que ha pasado o lo que pueda pasar.

4. Al aparecer un pensamiento obsesivo, mantén calma y no reacciones emocionalmente. Obrar con el pensamiento con poco esfuerzo significa optimizar el uso de los recursos cognitivos, permitiendo que el cerebro funcione de manera automática, eficiente y fluida, reduciendo la fatiga mental y el pensar demasiado. Las estrategias para lograrlo son:

4.1. Automatiza hábitos:

Fomenta la rutina: El cerebro tiende a ahorrar energía, operando la mayor parte del tiempo con un sistema rápido. Crear hábitos sólidos convierte tareas complejas en automáticas, requiriendo menos esfuerzo racional y consciente.

Haz una cosa a la vez: La multitarea fragmenta la atención y consume recursos cognitivos innecesarios. Finalizar tareas de una en una mejora la eficiencia y reduce la angustia.

4.2. Gestión de pensamientos negativos:

Observa sin juzgar: Practica la atención plena para observar los pensamientos sin engancharte en ellos, lo que reduce la ansiedad y el esfuerzo de luchar contra ellos.

Usa la técnica del stop: Identifica el pensamiento intrusivo y detenlo conscientemente.

Titula los pensamientos recurrentes (ya está mi mente con la preocupación de siempre) esto distancia y desengancha.

4.3. Técnicas para facilitar el pensamiento:

Usa mapas mentales: Visualiza el caos para ordenar ideas sin un esfuerzo analítico intenso.

Técnica Feynman: Explica conceptos complejos en voz alta con palabras sencillas para simplificar el pensamiento.

Cuestiona la veracidad del pensamiento para reducir la fatiga de procesar información falsa.

La palabra preocupar, etimológicamente, indica qué es lo que viene antes de la ocupación, o sea, que la finalidad y utilidad de la preocupación es prepararnos para la acción. Pero cuando el run-run está todo el día en nuestra cabeza, estas preocupaciones y películas no son útiles ni ayudan, al contrario embotan y bloquean. Para dar la vuelta a esto debemos:

1. Si estamos en bucle lo mejor es escribir para liberar. Hacer un diario del run-run o escribir las ideas reduce la carga mental, descarga la memoria de trabajo, procesas la información de manera diferente, y tomas el control sobre los pensamientos intrusivos. Sé consciente de que tus ideas no son necesariamente la realidad ni va a suceder la película que te montes. No rumies, practica la escritura durante tres días. El primer día dedica 15-20 minutos a escribir sobre el estrés que sientes. El segundo escribe sobre cómo ha afectado la experiencia, y el tercero describe cómo se relaciona la experiencia con la vida actual y lo que se desea para el futuro (esta práctica reduce los síntomas depresivos, incluso semanas o meses después).

2. Utiliza tu capacidad de análisis para razonar de manera más efectiva. Teniendo en cuenta ¿Es útil este pensamiento? ¿Me mueve a actuar o me limita? ¿Me ayuda de alguna manera o me hace sufrir sin motivo? Ojo, no se trata de preguntarte si es cierto o falso el pensamiento, sino de si es útil. Si es inútil déjalo pasar y que se vaya.

3. Quita las etiquetas (racionaliza el pensamiento negativo) y céntrate en los hechos para que los juicios sean más realistas y efectivos. Haz actividades que disfrutes y considera qué variaciones de actividades permiten que la mente divague más.

4. Para salir del run-run hemos de practicar el estar más en el presente, en lo que estamos haciendo más que en lo que estamos pensando (pasar de la preocupación a la ocupación). La práctica de mindfulness (atención plena) ayuda a tomar un mayor contacto con el aquí y ahora, y a entrenar nuestra atención a focalizarse en el presente. El pensar mucho se caracteriza por una excesiva reflexión o rumiación que impide el curso normal del pensamiento, manteniendo un circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional. La capacidad de reflexionar es positiva, pero cuando se convierte en run-run, puede ser una fuente de trastornos de salud mental. Los pensamientos que nos quitan el sueño suelen ser del tipo:

  • Problemas que podrían suceder o no: Todas las posibles dificultades habidas y por haber se presentan en la mente, estos pensamientos suelen empezar por el famoso ¿Y si…? ya sean preocupaciones sobre temas propios o que afecten a otras personas como pareja, hijos, padres, amigos.
  • Autorreproches y comparaciones: Dar vuelta a cosas que creemos que hemos hecho mal, compararnos con otros mejores y torturarnos con ello. «No soy capaz de.». «Soy un desastre.», «Nunca acabo lo que empiezo.», «A mi edad debería estar.»
  • Películas que suelen empezar por «seguro que/piensan que, está haciendo, saldrá mal y seguro que es algo grave.». El ser analítico y preocuparse por el futuro está bien, el problema es quedarnos en las preocupaciones y el análisis de lo que puede llegar a pasar (o lo que pasó), y sostenerlo hasta el infinito (la fábula del vaso de agua enseña a soltar las preocupaciones y cargas. En ella un hombre vive atascado por sus miedos y sacrificios. Pide ayuda y la psicóloga le muestra un vaso con agua que al sostenerse un tiempo prolongado se vuelve pesado y difícil de soportar. La clave está en aprender a soltar el vaso y enfocarnos en lo que realmente podemos hacer. Quedarnos enganchados gasta energía y bloquea, como la famosa frase parálisis por análisis. En algunos casos esta rumiación, comienza a impedir el normal curso del pensamiento (su multiplicidad y contenido generan un estado de alerta), y al mismo tiempo nos llevan a conclusiones erróneas que, inevitablemente, mantendrán ese circuito de retroalimentación cognitiva disfuncional, incrementándose a veces sin fin. Este estado genera efectos negativos (dificultad para concentrarse, disminución del estado de ánimo y la motivación, dificulta el pensamiento claro y la toma de decisiones racionales). Sus efectos incluyen trastornos del sueño, fatiga, dolor de cabeza, tensión muscular, irritabilidad, dificultad para concentrarse y decidir, problemas de memoria, disminución del estado de ánimo y motivación. Esto puede llevarnos a estados de ansiedad y depresión.

Para evitar la rumiación debemos realizar tres recomendaciones

1. El primer paso y el más importante es reconocer los pensamientos concretos y específicos que se asocian a tus momentos de malestar. (momento del día; notas signos físicos, como apretar la mandíbula; temas negativos que son un run-run). No puedes cambiar tus pensamientos si no los reconoces. Cambia preguntas de “por qué a cómo”, facilitando el paso del run-run improductivo a una planificación orientada a la acción y solución. El paso siguiente es generar un pensamiento opuesto al inicial (no una mera negación del anterior, ni debe depender de factores externos (otras personas, el azar, el paso del tiempo…, sino de uno mismo). Sabrás que lo has hecho bien porque nada más generarlo tendrás la sensación de que este nuevo pensamiento es totalmente irreal. Lo siguiente es generar la duda. Busca argumentos para que pueda parecer que podría ser en parte cierto, aunque no te lo creas. Termina siendo consciente de que tanto el pensamiento inicial como el opuesto, son los dos extremos que definen el cómo describes una realidad. Dos polos dicotómicos, en los que no se puede ubicar la perspectiva más cercana a lo objetivo, y a la vez, también más cercana a tus valores (lo que esperas de ti y de tu vida).

2. Una de las principales razones por las que pensar demasiado es malo es porque te sumerge aún más en lo que sea que estés pasando. La próxima vez que notes que rumias intenta la estrategia llamada autodistanciamiento, que consistente en observar las preocupaciones desde una perspectiva externa (de espectador) para ganar perspectiva y cambiar de enfoque mental. Observa una mosca en la pared, o dar un paso atrás puede brindarte la perspectiva que necesitas para cambiar de canal. Usa el razonamiento socrático de testear la validez o pertinencia de alguna de estas ideas. ¿Son realistas, o incluso en caso de serlo, sirven para algo, o el efecto es solo incrementar el malestar?

3. La forma más sencilla de reemplazar los pensamientos negativos por otros más constructivos es pasar de hacer preguntas de ¿por qué a mí? (callejón sin salida) a preguntas de ¿cómo puedo seguir adelante? (lleva a la acción).

Es posible hacer más con menos. Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas, siempre gana la imaginación. La forma de evitar que la arena movediza te engulla es no esforzarte tanto e irte recostando con calma, para que el peso se distribuya, se reduzca la presión y te permita estar a salvo. Algo parecido hay que hacer cuando no puedes conciliar el sueño, no puedes recordar algo, etc. (en vez de obligarte a tratar de hacer lo que no puedes, relájate y haz o piensa en otra cosa).

La ley del mínimo esfuerzo es la habilidad del ser humano para destinar los mínimos recursos posibles y obtener un beneficio. Es, además, una ley inmutable, es decir, si se aplica de forma adecuada, tiende a cumplirse siempre.

Cuando estás en una situación en la que tienes varios caminos disponibles pero solo puedes recorrer uno, el camino que escogerás será aquel que implique un menor gasto de energía (en términos de tiempo, esfuerzo físico o inversión). La ley del mínimo esfuerzo optimiza nuestros esfuerzos hacia los objetivos que nos hemos marcado. Por tanto, no es que nos predisponga a la inacción, sino que nos lleva a actuar de un modo mucho más inteligente y eficiente (notarás que a medida que tienes más experiencia y madurez, encuentras maneras más sencillas de satisfacer tus necesidades diarias y de resolver problemas que antes te suponían un gasto de tiempo y energía mucho mayor). La navaja de Ockham es un principio filosófico que nos explica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más sencilla es la que tiene más probabilidades de ser la correcta.

Puntos esenciales que nos llevan a elegir la ley del mínimo esfuerzo.

1. Escapa de los problemas. Es normal que la vida no sea un camino de rosas y que topemos cada día con problemas y dificultades de todo tipo. Si tu vida es una constante carrera de obstáculos y decepciones, es probable que estés invirtiendo mucho esfuerzo y obteniendo unos resultados pírricos. Esto te llevará a una sensación de frustración, y no te permitirá conectar con tu “estado de flujo” (estado de máxima concentración mental). Cuando estás obsesionado con algo, es normal que sientas agobio y estrés. Estas señales psicológicas te advierten de que estás forzando demasiado la situación. Uno de los mayores factores de la ansiedad es precisamente este estado permanente de agotamiento causado por no comprender la ley del mínimo esfuerzo (Regla de oro: no por esforzarte mucho más que los demás vas a obtener más beneficios que los que no trabajan tanto como tú). Cuanto más inspirado y eficientes sean tus ideas sobre cómo llevar algo a cabo, mayor será tu productividad y menor esfuerzo necesitarás para conseguir los mismos objetivos.

2. Ten paciencia cuando quieras conseguir resultados. Si te pones a actuar de forma precipitada para cumplir los objetivos cuanto antes, lo más normal es que no logres conectar con la tarea y te estreses. Cualquier acción que venga motivada por una buena dosis de inspiración va a ser más efectiva, porque te permitirá fluir y liberarte de algunos vicios que conlleva el pensamiento mecánico. Si te notas agotado, frustrado o falto de ideas, simplemente no actúes. Cambia de ambiente, desconecta y empezarás a retomar la energía positiva. Hay veces en que el ambiente en que nos movemos nos agota física e intelectualmente, o una relación sentimental o un objetivo laboral, para ello debes descansar y recuperarte mediante distracciones que no tengan nada que ver con tu propósito principal. La clave para recuperar la productividad no es volverse loco trabajando a destajo, sino saber dosificarse y sentirse bien con uno mismo. El pensamiento básico se cultiva a lo largo de la vida y para fomentarle debemos:

2.1. Habilidades fundamentales. Para potenciar tu pensamiento, debes practicar activamente las siguientes habilidades:

Observación: Usa los sentidos para captar detalles de objetos, personas o situaciones (momentos concretos y abstractos).

Comparación: Identifica semejanzas y diferencias entre dos o más elementos para establecer relaciones.

Relación: Conecta ideas nuevas con lo que ya sabes, creando asociaciones.

Clasificación: Organiza información o elementos en grupos basados en características comunes.

Ordenamiento: Establece secuencias o jerarquías.

2.2. Estrategias prácticas en la vida cotidiana:

Cuestiona todo: No aceptes información automáticamente y pregunta constantemente “¿por qué? y ¿qué significa?”

Mapas mentales: Visualiza ideas complejas mediante diagramas para organizar el pensamiento.

Atención selectiva: Aprende a enfocarte en los estímulos de interés y a filtrar distractores, ignorando lo irrelevante.

Identificar el problema: Antes de intentar resolver un problema, defínelo con claridad y busca información relevante.

2.3. Actitudes claves:

Apertura mental: Disposición a cambiar de opinión y considerar diferentes puntos de vista.

Metacognición: Reflexionar sobre tu propio proceso de pensamiento, es decir, pensar sobre cómo piensas.

2.4. Ejercicios diarios. Al igual que cualquier habilidad requiere práctica regular para mejorar:

Los sesgos cognitivos distorsionan la percepción de la realidad, pudiendo llevar a conclusiones erróneas. Ser consciente de ellos y minimizarlos es esencial para un pensamiento lógico más efectivo.

Al estar estresado la capacidad para razonar se ve afectada, y es crucial encontrar estrategias para manejar las emociones y mantener la calma. Técnicas como la respiración profunda, la meditación o simplemente tomarse un tiempo para reflexionar reduce la presión emocional y permite un razonamiento más claro y objetivo.

Juegos de lógica: Rompecabezas, sudoku, ajedrez o acertijos ayudan a entrenar el pensamiento lógico.

Analiza situaciones: Toma un problema cotidiano y desglósalo: ¿cuál es el problema?, ¿cuáles son los hechos?, ¿qué alternativas tengo?

Cuida el cerebro con el descanso y el sueño (el profundo es crucial para la consolidación de la memoria y la eliminación de residuos metabólicos). El ejercicio aeróbico de baja intensidad aumenta el flujo sanguíneo y el crecimiento de las mitocondrias, mejorando la agilidad mental. Y el entrenamiento de fuerza con descansos de 2-3 minutos entre series crea un gran ambiente para divagar la mente. Sigue una dieta saludable (el omega-3 y vitaminas del grupo B son importantes para el cerebro) y evita la cafeína, estimulantes, alcohol y sedantes.

jueves, 12 de febrero de 2026

LA PERCEPCIÓN

 

La percepción es un proceso vital para la supervivencia y adaptación al entorno, ya que nos permite percibir diferentes informaciones del medio, que procesamos en el cerebro, para dar respuestas adaptativas a las diversas situaciones.

Es la manera en la que nuestro cerebro hace una interpretación de las sensaciones que percibimos a través de los sentidos con el fin de formar una impresión consciente o inconsciente. Dicha interpretación afecta a la forma en que pensamos y actuamos.

Es el proceso mediante el cual los individuos organizan e interpretan sus experiencias sensoriales de forma coherente y significativa.

Es un asunto complejo y multifacético (involucra procesos físicos y cognitivos) que despierta nuestra curiosidad innata y nos permite interactuar y transformar datos sensoriales en imágenes mentales relevantes de nuestro entorno.

La percepción implica la interpretación y el análisis de la información. Es el cómo interpretamos y damos sentido a la información sensorial que recibimos del entorno. Es el proceso cognitivo que se produce a partir de estas sensaciones. Por ej., dos personas pueden experimentar el mismo sonido (sensación), pero su percepción del mismo puede variar dependiendo de su contexto, emociones o memorias asociadas.

La percepción es muy importante para comprender el comportamiento humano, porque cada persona percibe el mundo y se enfrenta a los problemas de la vida de manera diferente (todo lo que vemos o sentimos no es realmente lo que es. Lo que escuchamos no es lo que realmente se dice, sino lo que percibimos como dicho. Cuando compramos algo, no es porque sea el mejor, sino porque creemos que es el mejor). La percepción es un campo de estudio dentro de la psicología, al influir en cómo el individuo interpreta su entorno y, por lo tanto, afecta a su comportamiento y decisiones. Con ello los psicólogos desarrollan teorías sobre el comportamiento humano, así como tratamientos para diversas condiciones mentales (la percepción selectiva explica ciertas fobias o ansiedades, porque un evento o estímulo puede ser percibido de manera exagerada o distorsionada).

La percepción en filosofía consiste en describir la situación en la que el espíritu capta de forma intuitiva los estímulos exteriores. El empirismo tiene como base que la realidad que se experimenta es el sostén del conocimiento (sin este mundo que se percibe, se observa e interpreta, no habría ideas posibles). Locke dice que solo podemos conocer ideas de modo directo, y estas son solo reflejos de la realidad externa. Considera a la mente como una tabula rasa, es decir, todo lo que adquiere en relación con el conocimiento proviene de la experiencia. Hume sostiene que todo lo que poseemos como conocimiento son percepciones, y que estas se manifiestan con las impresiones (las primeras en impactar el alma son las percepciones más fuertes, como las pasiones, sensaciones y emociones), y las ideas o copia débil de las percepciones. Descartes considera la percepción como un acto de inteligencia, y argumenta que la mente es capaz de percibir y conocer de manera clara y distinta, lo que le permite obtener un conocimiento certero del mundo que le rodea. Por otro lado, Leibniz veía la percepción como un estado transitorio que involucra procesos múltiples y una interacción compleja entre el individuo y su entorno. Para él, la percepción es un proceso continuo que abarca la experiencia sensorial y la interpretación consciente. La Gestalt indica que el ser humano percibe la realidad conforme a una estructura. Hay una tendencia cognitiva a percibir algo no a partir de sus partes sino configurándolo como un todo (ante una figura humana percibimos primero el conjunto, y luego lo segmentamos), y tal percepción es interpretada como el proceso clave de la actividad mental para esta corriente. Además, considerarán que tal proceso de la actividad mental no reproduce exactamente la información que recibe, sino que hay una selección de datos. En la filosofía contemporánea, los filósofos de la mente y la percepción investigan cuestiones como la relación entre la percepción y la realidad, la naturaleza de la conciencia perceptual y la influencia de los sentidos en la comprensión del mundo.

Tipos de percepción:

Movimiento. Proceso por el que el hombre se orienta a sí mismo o a los movimientos físicos de los demás. Hemos de percibir dichos movimientos para equilibrarnos y movernos efectivamente, sin tal función, las posibilidades de supervivencia se reducirían mucho. Se relaciona con la capacidad de detectar y comprender el movimiento de objetos y personas en nuestro entorno. Nos permite reaccionar ante situaciones dinámicas y peligros potenciales.

Visual. Es la capacidad de ver, organizar e interpretar el propio entorno. Nos da la capacidad de aprender nueva información (texto, rostros, objetos comunes, o tener la coordinación ojo-mano requerida en las tareas diarias). Nos permite percibir los colores, movimientos, formas, tamaños, profundidad y textura, para interpretar más detalladamente la información visual percibida.

Auditiva. Nos permite escuchar sonidos o ruidos al captar e interpretar el cerebro los cambios y vibraciones del entorno. Es la capacidad de interpretar, diferenciar y dar sentido a la información auditiva (intensidad, tono, volumen, melodía y ritmo). Esto nos permite comunicarnos a través del lenguaje, disfrutar de la música y detectar señales de peligro, como una sirena de emergencia.

Olfativa. Nos permite percibir los olores, aromas, o hedor que hay a nuestro alrededor. El proceso comienza en la nariz con la estimulación de las neuronas sensoriales olfativas y termina en los centros cerebrales superiores que, cuando se activan, nos hacen conscientes de un olor. La activación, sobre todo por irritantes, del trigémino, vagal y glosofaríngeo en el tracto respiratorio contribuye a la experiencia perceptiva. Desempeña un papel importante en la identificación de alimentos, la detección de peligros y la evocación de recuerdos.

Táctil. Nos permite percibir por medio de la piel y, sobre todo, a través de las manos. La piel está equipada con receptores de presión, temperatura y textura que nos permiten experimentar sensaciones físicas, como el calor, el frío, la suavidad o la rugosidad de las superficies y la vibración de objetos.

Gustativa. Las papilas gustativas de la lengua y el paladar nos permiten desarrollar este proceso sensorial al introducir alimentos en la boca, de manera que así percibimos su sabor y podemos sentir diferentes sensaciones (gratas o desagradables). Cuando percibimos un sabor que nos resulta desagradable rechazaremos ese alimento, puesto que nos suscitará repulsión. Incluye la percepción de sabores, como dulce, salado, agrio, amargo y umami (sabroso).

Espacial o cinestésica. Es la capacidad de captar los objetos y formas del entorno en sus tres dimensiones. Nos permite calcular la profun­didad, distancia y altura de los estímulos que percibimos. Es la capacidad de interpretar y dar sentido a la información sobre el movimiento y la posición del cuerpo en el espacio, así como la ubicación de las diferentes partes del cuerpo para realizar movimientos coordinados.

Cognición social. Está relacionada con la forma que tienden a visualizar las personas a los que se encuentran a su alrededor, formándose impresiones e inferencias acerca de los demás, permitiéndoles asociar, recordar y categorizar a las personas del entorno (al formar impresiones, sacan conclusiones y tratan de explicar el comportamiento social de las interacciones humanas). Se centra en los factores que influyen en las formas en que las personas entienden a otras personas y en cómo procesan, organizan y recuerdan información sobre los demás.

Dolor. Se desencadena cuando un mensaje doloroso emerge desde el SNP y se transmite al SNC donde se interpreta en función de diversas dimensiones como cualidad, afecto, duración, intensidad y localización lo que hace que sea un tipo de percepción complejo.

Extrasensorial. Se da aparte de los procesos sensoriales tradicionales. La mayoría de las pruebas provienen de experimentos que involu­cran la adivinación de naipes. Aunque muchos científicos continúan dudando de la existencia, las personas que reclaman esta habilidad a veces son utilizadas por equipos de investigación en busca de personas o cosas desaparecidas. La Percepción Extrasensorial (PES), a menudo llamada el “sexto sentido”, se refiere a la capacidad de adquirir información o conocimiento sobre eventos, objetos o situaciones sin la utilización de los sentidos convencionales. Destacar que la existencia de la PES no tiene evidencia científica seria que la respalde. Engloba fenómenos como la:

Telepatía o supuesta capacidad de comunicarse con la mente de otra persona sin la necesidad de palabras o señales físicas. En teoría, una persona podría transmitir pensamientos, sentimientos o información directamente a la mente de otra, incluso a larga distancia.

Clarividencia o capacidad de obtener conocimiento supernormal sobre eventos o situaciones que están fuera del alcance de los sentidos. Algunos sostienen que los clarividentes pueden ver cosas que están ocultas o distantes en el espacio y el tiempo.

Precognición o habilidad para percibir o prever eventos futuros antes de que ocurran. Los que afirman tener precognición sostie­nen que pueden anticipar acontecimientos antes de que sucedan de manera convencional.

Retrocognición o supuesta capacidad de percibir eventos pasados sin la necesidad de información histórica o registros. Las per­sonas que dicen tener retrocognición afirman poder acceder a información sobre el pasado de manera directa.

La mayoría de la comunidad científica considera que los informes de PES se deben a errores, sesgos cognitivos o coincidencias. A menudo se asocia con fenómenos paranormales o místicos, y a pesar de la falta de evidencia científica sólida, algunos continúan creyendo en su posibilidad.

 

Características de la percepción:

  • Proceso cognitivo mediante el cual interpretamos la información sensorial que recibimos a través de nuestros sentidos.
  • Se basa en los cinco sentidos convencionales que nos permiten captar estímulos del entorno.
  • Subjetiva lo que significa que diferentes personas pueden percibir un mismo estímulo de manera distinta, dependiendo de sus antecedentes, necesidad, interés, experiencias, creencias, circunstancias, el contexto, la cultura (lo considerado normal o inaceptable, varía según el entorno cultural), y la lengua (hay palabras y conceptos sin equivalencia exacta en otros idiomas). Del mismo modo las interacciones con otras personas y normas sociales pueden afectar a nuestra forma de percibir el mundo.
  • Selectiva pues no percibimos todos los estímulos igual, ni con la misma atención, nuestro cerebro tiende a enfocarse en ciertos estímulos relevantes o significativos, mientras ignora otros. Esta es la percepción selectiva que es parte integral de cómo experimentamos el mundo que nos rodea. Este proceso de selección y filtrado de estímulos nos permite lidiar con la sobrecarga informativa a la que estamos expuestos constantemente.
  • Temporal al ocurrir en un contexto específico de tiempo y lugar. Se construye continuamente a partir de la interacción con el entorno y representa un fenómeno a corto plazo que tiende a variar.
  • Inferencial tras recibir y procesar los estímulos, la mente elabora una idea o una imagen a partir de esa información, es decir, le da sentido y crea una representación mental.
  • Constancia perceptual pues a pesar de las diferencias en los estímulos, tendemos a percibir ciertas propiedades de manera constante, como el tamaño, la forma y el color de los objetos, incluso bajo condiciones variables de iluminación o distancia.
  • Ilusión perceptual pues a veces, nuestra percepción puede engañarnos y generar ilusiones perceptuales, donde vemos algo que no corresponde a la realidad, o cuando nuestra percepción distorsiona la información sensorial de manera engañosa (ilusión de Müller-Lyer. Ilusión de Adelson…).

Factores que afectan la percepción. Las personas pueden percibir un mismo estímulo de manera diferente. Los factores que afectan son:

Aprendizaje perceptual. Basándonos en experiencias pasadas o en cualquier capacitación especial que recibamos, cada uno de nosotros aprende a enfatizar algunas aportaciones sensoriales e ignorar otros (un invidente identifica a las personas por su voz o por los sonidos de sus pasos).

Conjunto mental. Se refiere a la preparación o disposición para recibir alguna información sensorial, tal expectativa mantiene al individuo preparado con buena atención y concentración.

Motivos y necesidades. Nuestros motivos y necesidades influyen en nuestra percepción.

Estilos cognitivos. Las personas difieren en la forma en que procesan la información de forma característica. Las personas flexibles que reciben buena atención, se ven menos afectadas por los interferentes y están menos dominadas por las necesidades y motivos internos que las personas que se encuentran en el límite.

Errores en la percepción. La percepción es el proceso de analizar y comprender un estímulo tal y como es, pero puede que no siempre sea posible percibir los estímulos tal como son, consciente o inconscientemente, confundimos el estímulo y lo percibimos erróneamente. Puede deberse a un defecto en nuestros órganos sensoriales o al funcionamiento defectuoso del cerebro. Muchas veces los prejuicios en el individuo, el tiempo de percepción, el trasfondo desfavorable, la falta de claridad del estímulo, la confusión, el conflicto en mente y otros factores son los responsables de los errores en la percepción. Estos errores son de dos tipos:

Espejismo o ilusión. La ilusión es una percepción falsa, aquí la persona confundirá un estímulo y lo percibirá erróneamente. La mayoría de nuestras ilusiones son visuales y auditivas, pero las ilusiones pertenecientes a otros sentidos también son posibles.

Alucinación. A veces un individuo percibe algún estímulo, incluso cuando no está presente. La persona puede ver un objeto, una persona, etc., o puede escuchar alguna voz aunque no haya objetos ni sonidos en la realidad. Las alucinaciones pertenecen a todas las sensaciones que aparecen en las personas, pero las más comunes son las visuales y auditivas. Por lo general, las personas con una mente enferma, con trastornos emocionales, alcohólicos y aquellos que se encuentran en estados confusos pueden experimentar alucinaciones.

Además de estos errores, existen algunas anormalidades en las percepciones sensoriales denominadas anestesia (sin sensación), hiperestesia (sensibilidad excesiva) y parestesia (sensación anormal o erróneamente localizada). En estos casos, la sensación táctil se percibe erróneamente.

 

Etapas de la percepción. El proceso de percepción incluye tres etapas fundamentales la selección de estímulos, la organización de la información y su interpretación. Todas se desarrollan, de modo secuencial o cíclico, y en ellas se puede incluir etapas intermedias:

1. Detección o recepción de estímulos. En esta fase los receptores sensoriales detectan los estímulos externos (luz, sonido, presión, vibración, olor, etc.). Estos deben ser lo suficientemente intensos o relevantes como para captar nuestra atención y activar los receptores. La selección de estímulos es el primer momento del proceso perceptivo, ya que lo que se percibe es una pequeña parte de los estímulos disponibles. Su percepción depende de las características del estímulo y de los aspectos internos del individuo. Se perciben mejor los más grandes, los de color más variado, con mayor movimiento, intensidad o contraste, los relacionados con las necesidades, intereses, expectativas o valores individuales, los gustos personales y colectivos, y lo que se considera saludable o positivo.

1.a. Transducción. Es el proceso de transformación de la energía física o química, en energía eléctrica a través de los receptores sensitivos. Gracias a la atención y exposición selectivas se toman (de manera inconsciente) los estímulos que son importantes para las circunstancias de cada quien.

1.b. Transmisión neuronal. Es la experiencia inmediata y automática de los estímulos. La energía creada viaja por el SN al cerebro, por lo que los receptores sensoriales envían esa señal hacia las neuronas cerebrales. Cada modalidad sensorial tiene rutas específicas (nervio óptico en la visión). La sensación es el proceso mediante el cual los sentidos recogen información del entorno y la envían al cerebro.

1.c. Percepción. En esta se genera la experiencia consciente formada a través de toda esa información que llega al cerebro a través de los órganos sensoriales, y alcanza las zonas donde se transforma en la experiencia perceptiva. Las constancias perceptuales son producto de la interacción entre los sentidos y el sistema cognitivo. El cerebro tiene la capacidad de ajustar la percepción (de tamaño, forma, color…) para mantener una representación coherente y estable de los objetos a pesar de las variaciones del entorno. Esta constancia perceptual es esencial para nuestra capacidad de comprender y navegar por el mundo de manera eficaz.

1.d. Reconocimiento. La experiencia perceptiva se compara, con categorías adquiridas con anterioridad, de modo que los nuevos estímulos percibidos logran adquirir un significado.

2. Organización y procesamiento de la información. Una vez que los estímulos han sido recibidos, se organizan con dos tipos de procesamiento, por un lado, el procesamiento de abajo-arriba (el camino desde la presentación de un estímulo hasta su procesamiento), y, por otro lado, está el de arriba-abajo (se da al comenzar el análisis por los elementos centrales). La percepción se organiza por reglas, esquemas y guiones. Una vez que estos estímulos son seleccionados, en función de aquello que es deseable (y separado de aquello que no nos es útil), serán clasificados y les será asignado un significado. La escuela de la Gestalt definió leyes que explican cómo las personas agrupan sus percepciones. Las más importantes son:

Figura y fondo. Los individuos diferencian entre lo que consideran la figura y el fondo que la rodea.

Proximidad. Las personas tienden a agrupar los estímulos de acuerdo a su proximidad, similitud y continuidad.

Cierre. En los casos de secuencias abiertas o incompletas, los individuos tienden a cerrarlas y completarlas en busca del equilibrio.

Similitud. Las personas tienden a agrupar juntos los estímulos semejantes.

2.a. Acción. Aquí se producen una serie de ajustes motrices o acciones diferentes, como hacer un movimiento para ajustar la mirada hacia algún punto o dirección con el fin de que la persona pueda desplazarse por el entorno.

2.b. Conocimiento. El conocimiento adquirido previamente y almacenado en la memoria influye de manera determinante en la percepción, ya que posibilita a las personas tener conocimientos acerca de diversos estímulos que hay a su alrededor.

3. Interpretación y comprensión: El cerebro da significado a lo percibido, con arreglo a la memoria, experiencias previas y expectativas. Esta etapa involucra la asignación de significado a los estímulos organizados en base a nuestras experiencias pasadas, conocimientos y emociones.

3.a. Reconocimiento: Se identifica el estímulo como algo conocido (un rostro, sonido u objeto). Permite actuar o responder adecuadamente. Es el proceso mediante el cual el cerebro interpreta y da significado a la información sensorial organizada. En esta etapa el cerebro utiliza la información previa y las expectativas para identificar y categorizar objetos y eventos del entorno.

3.b. Interpretación-evaluación. En esta hay estímulos por experiencias individuales, necesidades, deseos, valores, expectativas, estado físico o emocional, género y creencias. Se evalúa a los individuos según la manera en que el individuo se comporta y realiza la acción de manera apropiada o inapropiada. En la interpretación confluyen dos aspectos, por una parte, los estímulos aprehendidos, discriminados y organizados, y por otro la experiencia previa. Sus intereses, motivaciones y concepciones contribuyen al cómo se interpretan estos elementos organizados. Implica dar contenido y significado a los estímulos previamente seleccionados y organizados.

3.c. Recuerdo. Después de un tiempo, la persona quiere recordar cierta información. La etapa de recuperación reconstruye lo que el individuo escuchó de manera significativa con los esquemas, aunque este obliga al individuo a pensar o incluso a repensar.

3.d. Memoria. Esta es un almacén tanto de la percepción como de la interpretación-evaluación que se guardan de acuerdo con los guiones, esquemas, eventos o experiencias, no es el objetivo de la recolección, pero es más probable que esté muy influenciado por las ideas preconcebidas y los esquemas individuales.

 

Percepción y la edad. La plasticidad cerebral es un fenómeno que subraya la capacidad del cerebro humano para adaptarse y cambiar a lo largo de la vida. Este proceso tiene un impacto profundo en cómo percibimos el mundo que nos rodea, ya que la percepción misma puede ser moldeada y modificada. La plasticidad cerebral es la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones neuronales y estructuras en respuesta a la expe­riencia y el aprendizaje. Cuando estamos expuestos repetidamente a un estímulo sensorial, como un sonido o una imagen, nuestro cerebro puede adaptarse a ese estímulo y reducir su respuesta. Esto significa que percibimos menos intensamente los estímulos constantes, lo que nos permite enfocarnos en cambios y novedades en nuestro entorno. A medida que aprendemos nuevas habilidades, adquirimos conocimientos o experimenta­mos diferentes situaciones, nuestras conexiones neuronales se fortalecen o cambian para reflejar esos aprendizajes. Esto puede influir en cómo percibimos y procesamos la información sensorial relacionada con esas experiencias. La plasticidad cerebral persiste a lo largo de toda la vida, pero a medida que envejecemos, nuestras capacidades perceptivas pueden disminuir debido, por una parte, a cambios físicos, el envejecimiento puede afectar la sensibilidad de los receptores sensoriales, y por otra a cambios cognitivos, el envejecimiento puede afectar a la capacidad para procesar y dar sentido a la información sensorial. Además, la memoria de trabajo, que es la capacidad de mantener y manipular la información en la mente a corto plazo, puede disminuir, lo que puede afectar la capacidad de percibir estímulos complejos y procesar información rápidamente. Estos cambios en la percepción no son universales y varían de una persona a otra.

sábado, 7 de febrero de 2026

LA VERDAD

La verdad es una preocupación humana sobre la que se reflexiona desde el inicio de los tiempos, pues no basta con hacer afirmaciones sino que estas deben ser verdaderas. La verdad es la correspondencia del mundo exterior (hechos) con el concepto (enunciado) que de él forma la mente.

Es el juicio o proposición innegable o incontrovertible. “La pura verdad es indubitable y carece de tergiversación”.

Es la conformidad o coincidencia entre lo que pensamos, decimos o creemos y la realidad. El problema filosófico es como saber y explicar qué significa exactamente corresponder a la realidad. De aquí que el concepto de verdad englobe valores como la honestidad, sinceridad y franqueza.

Con Parménides aparece la noción de verdad “alétheia” opuesta a la de simple opinión “doxa”, de modo que el pensar y el ser son lo mismo.

Sócrates vincula la verdad al bien moral, lo que implica que quien conoce la verdad, actúa moralmente. Afirmó que «solo hay un bien, el conocimiento, y un mal, la ignorancia». Trató de hallar la verdad por medio de la mayéutica con argumentos y contraargumentos.

Para Platón la verdad está ligada a la felicidad. Para él la verdad existe en un mundo de ideas, y alcanzarla consiste en acercarse a ese mundo donde también están el bien y la belleza. La verdad es atributo esencial de las ideas en contraste con las cosas sensibles, que representan reflejos del mundo de las ideas. Su principio rector y verdad última es la idea del “bien” junto a la virtud que es lo que se razona.

La verdad es un concepto epistemológico que se ha entendido desde Aristóteles (es afirmar lo que es y negar lo que no es).

El neoplatonismo unió lo griego y lo bíblico con San Agustín de Hipona, para quien la verdad es tanto el “nous” (inteligencia) como el “logos” (palabra) del Nuevo Testamento. Con ello la verdad adquiere un rango ontológico.

Para el escolástico Santo Tomás de Aquino la verdad es la adecuación entre el entendimiento y las cosas, entre el sujeto y el objeto. El ente u objeto es verdadero en relación con el entendimiento divino (su creador). A su vez, el entendimiento humano es verdadero siempre que se ajuste a lo que la cosa es, puesto que esta ha sido creada por Dios.

Con Guillermo de Occam y el nominalismo de la crisis escolástica, se empieza a hablar de la verdad epistemológica y lógica.

Descartes introdujo la duda metódica como instrumento para alcanzar la verdad. Su frase “Pienso, luego existo” indica que la única certeza indiscutible es la propia existencia. La verdad es el problema de la certeza o de la evidencia, así Leibniz habla del entendimiento divino como fuente de las verdades eternas, en cambio, para otros empiristas y racionalistas, como Hobbes, Spinoza y Locke, la verdad es sólo propiedad del enunciado.

Kant sostuvo que no es posible conocer las cosas tal como son en sí, sino tal como se manifiestan a través de la percepción y el intelecto humano, lo que implica que la verdad depende, en parte, del sujeto que la percibe. El concepto kantiano de verdad es interpretado dialécticamente en el idealismo como relación de identidad del sujeto, y Hegel hace del todo, de la idea, sujeto y objeto a la vez. La izquierda hegeliana, por obra de Feuerbach y Marx, invierte el idealismo hegeliano, de modo que la verdad es la existencia o el hombre y pasa a ser una praxis.

Nietzsche argumentó que la verdad no existe como algo absoluto (es una ilusión o error útil, una falsedad que sirve para la supervivencia), sino que es una construcción práctica que ayuda al hombre a organizar la vida y mantener la convivencia social.

Wittgenstein establece que la verdad no existe fuera del mundo de las matemáticas. Rechaza la verdad como “adaequatio”, puesto que la verdad sólo existe en el seno del mundo teórico. Para él, la verdad o falta de ella solo es accesible dentro de un sistema axiomático formal.

Heidegger considera a la verdad una condición ontológica como propiedad del ser y no de la mente.

Tarski aceptó el concepto de verdad como correspondencia y construyó la teoría semántica de la verdad.

Karl Popper prefiere referirse al concepto de «verosimilitud» o proximidad a la verdad, más que al de «verdad», y acepta la noción tradicional de verdad como correspondencia semántica de la verdad.

Foucault radicaliza las ideas de Nietzsche y establece que la verdad es un constructo social (usado para mantener el poder y la autoridad), una falsedad muy útil para los poderosos. Esta verdad favorable a los intereses del poder se vería reforzada por la sociedad con la vigilancia y el castigo (los transgresores de ciertos sistemas de conocimiento pagaran las consecuencias, como, de hecho, ocurre a menudo).

 

La sofística surge en Atenas con Protágoras, Pródico, Hipias, Gorgias…. Estos ligan la verdad a la justicia y a la ley (Antifón al hablar de la verdad dice "El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de las que son y del no ser de las que no son"; y al hablar de la ley "Cualquier cosa que se muestre a cada ciudad como justa y buena, continúa siendo para la ciudad justa y buena durante el tiempo que ésta conserve tal opinión").

Los subjetivistas y relativistas niegan la posibilidad de alcanzar verdades absolutamente válidas y universales. Para el subjetivismo averiguar si algo es verdadero o falso depende de cada sujeto, y para el relativismo depende de cada cultura, época o grupo social.

Aristóteles critica a los sofistas (las únicas armas con las que es lícito luchar son los hechos). Se centra en la defensa de las ideas con la palabra. Así el orador político no engaña a su público, sólo tiene en cuenta al auditorio, lo que éste quiere oír, por ello el medio principal es la metáfora.

Para Marx todas las ideas están socialmente condicionadas (marxismo y comunismo), pues el ser social produce la conciencia y no al revés. El propio lenguaje se reduce a señalar que no es sino la "conciencia práctica". Es el primero en fundar una sociología de la verdad y del error o el engaño.

Richard Rorty epistemológicamente insiste, por un lado, en que la verdad se fabrica, no se encuentra, y, por otro, en que la contingencia se disuelve en el lenguaje, desestimando la naturaleza intrínseca de lo real, que se pluraliza dependiendo de los lenguajes que lo describen. Muestra de modo fehaciente, lo indisolubles que son para el posmodernismo la crítica de la verdad y de la teoría.

 

El criterio de verdad es una norma, método o regla que nos permite decidir cuándo un enunciado es verdadero. Se califica como verdadero lo realmente presente, al contraponerlo a lo imaginario o ilusorio (surge de la raíz griega referida a la experiencia de la verdad “alétheia” como aquello que resulta patente). Se considera algo verdadero cuando es fiable y se puede confiar en ello, por su autenticidad (como confianza en la autenticidad de las cosas expresa lo que es digno de crédito, lo que merece confianza con matiz de fidelidad, seguridad y firmeza). Es verdad si algo coincide con lo que las cosas son, es pues una representación adecuada. Con el trascurrir del tiempo han ido proponiéndose diferentes criterios de verdad como:

Adecuación. Si hay correspondencia entre un enunciado y un hecho real con el que se corresponde decimos que el enunciado es verdadero, y la cuestión del criterio que nos permite decidir cuándo un enunciado es verdadero se enmarca dentro de otra cuestión epistemológica más amplia: la relación entre lo «teórico» y lo «real», usualmente decidida por criterios de verificabilidad o de falsabilidad.

Coherencia. Un enunciado es verdadero si y sólo si es consistente y deducible de un conjunto de enunciados verdaderos Un enunciado es verdadero cuando es coherente o no contradictorio con las reglas del sistema de ideas o creencias. Este criterio se aplica a enunciados que no se refieren a la realidad, caso de la lógica y las matemáticas. En este caso, llamamos verdadero al enunciado que deriva correctamente de los principios o axiomas establecidos y que, por tanto, no está en contradicción con el conjunto de enunciados del sistema.

Evidencia. Un enunciado es verdadero si se presenta de manera clara y evidente ante la razón. Cuando una proposición aparece claramente como verdadera, decimos que es evidente. La evidencia es una propiedad de las ideas claras (Descartes). Esta seguridad con que la mente afirma una proposición se llama certeza, la cual es, por tanto, un estado de la mente. Hay evidencia cuando algo se hace tan presente al hombre que es imposible dudar de ello «el todo es mayor que cualquiera de sus partes». La evidencia es un criterio de certeza válido para muchos enunciados.

Consenso. Un postulado es verdadero si es aceptado por la comunidad que comparte normas o conocimientos. El consenso universal fue reconocido como una garantía de verdad por Aristóteles y sobre todo por el estoicismo, que afirmó la existencia de nociones comunes a todos los hombres. El eclecticismo (Cicerón) lo consideró como el criterio definitivo de verdad. T. Reid lo llamó sentido común y lo concibió como un conjunto de verdades innatas. Actualmente, la verdad como consenso es una variante de la teoría pragmática de la verdad, atribuible a Jürgen Habermas, según el cual «verdad» es una exigencia ideal del mismo, por la que se reclama de los demás el asentimiento, o el consenso intersubjetivo, tras las justificaciones con que se sostiene y se afirma un enunciado.

 

Los filósofos siempre han reflexionado sobre los criterios de verdad, qué lo hace verdadero y cómo podemos asegurarnos de ello. Fruto de este esfuerzo son las distintas teorías o intentos realizados para definir, explicar y comprender en qué consiste la verdad. Las diferentes teorías son:

--Perspectivismo (Ortega y Gasset). Defiende que la verdad existe, sólo que la captamos desde un punto de vista determinado, desde una visión parcial de la realidad. La suma de todas las perspectivas sería la verdad absoluta.

--Pragmatismo. Algo es verdadero sólo si es útil o práctico o adecuado. Para sus defensores (J. Stuart Mill, W. James. Peirce. Rorty. Haacks. Karl Otto Apel y J. Habermas) el único medio de juzgar la verdad es identificar lo verdadero con lo útil. Ignacio Ellacuría considera la praxis histórica como el auténtico criterio de verdad. Lo que se verifica en la práctica, resuelve problemas y es útil a largo plazo a la experiencia e investigación. Dewey conecta verdad, acción y éxito práctico a nuestras creencias. Un enunciado es verdadero si y sólo si es aceptado por todo aquel que tiene suficiente información sobre lo que afirma. El hombre es un ser activo, y por tanto, la verdad se ha de medir por los resultados de la acción a que conduce (utilidad). También Marx afirmó que “es en la praxis donde el hombre debe probar la verdad, es decir, la realidad y el poder de su pensamiento”(el conocimiento surge de la praxis y debe contrastarse con ella para ser considerado verdadero).

--De la correspondencia o semántica de la verdad. Sostiene que un enunciado es verdadero si coincide con los hechos o la realidad. Son las que mayor fuerza y vigencia histórica han tenido y existen multitud de variantes:

Teorías semánticas de A. Tarski. Tugendhat desarrolla la teoría semántico-formal; Hinst la teoría semántico-fundamental; Putnam la teoría semántica del realismo interno; S. Kripke la teoría semántico-esencialista y, por último, la teoría semántico-naturalista de Willard van Orman Quine.

Teorías no semánticas de la verdad. Incluidas en el planteamiento de la correspondencia, pero fuera del marco semántico, como la propuesta de J. Austin sobre la verdad. Están divididas en dos grupos de teorías:

Las lógico- empíricas se elaboran en el seno del Atomismo lógico y el Neopositivismo. Con B. Russell, Wittgenstein y R. Carnap.

Las dialéctico-materialistas nacen en la teoría sociológica de la verdad de Marx (ideología, apariencia y falsa conciencia). Pero aparte de los marxistas ortodoxos se han desarrollado otras escuelas, como la de Frankfurt o la de Budapest, con autores como E. Bloch, A. Schaff o Sartre.

Una proposición es verdadera si se corresponde con los hechos o con la realidad. Es la concepción más intuitiva, clásica y extendida, con autores como Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino. Por ello decimos que un enunciado es verdadero si describe los hechos como son y que es falso si no los describe como son. En consecuencia, la verdad es, ante todo, una propiedad del discurso declarativo; lo verdadero o lo falso pertenece a los enunciados o proposiciones y no a los hechos. La correspondencia puede entenderse en dos sentidos:

Estricto (como congruencia): el enunciado es una copia de la realidad, a la que refleja como un espejo, y la estructura del enunciado corresponde a la estructura de la realidad. (Platón y Russell).

Amplio (como correlación): el sentido global del enunciado coincide con lo que es el caso. (Aristóteles y J.L. Austin).

--Coherentistas. Esta se ha desarrollado en dos direcciones, desde el positivismo lógico con O. Neurath y C. Hempel, y desde posiciones cercanas a la lógica del hegelianismo con N. Rescher y L. B. Puntel. Una proposición es verdadera si forma parte de un sistema de creencias coherente, sin contradicciones, y se apoya en las demás proposiciones del sistema. El problema es que un sistema puede ser coherente y aun así no corresponder a la realidad. Se asocia a filosofías idealistas (Hegel), a ciencias formales y a sistemas axiomáticos, según la cual una proposición o enunciado es verdadero cuando es compatible con un conjunto coherente de proposiciones o enunciados, o deducible de los axiomas. La verdad como coherencia es un caso concreto de aplicación de las propiedades de consistencia (el conjunto de axiomas no lleva lógicamente a una contradicción) y completud (todo enunciado lógicamente verdadero para el sistema es también deducible de sus axiomas) que exhiben los sistemas axiomáticos.

--Consenso e intersubjetividad. Una proposición es verdadera en la medida en que puede ser aceptada por todos en condiciones ideales de diálogo racional, sin coacción y con información suficiente, es decir sobre lo que podría alcanzarse un consenso argumentativo libre y crítico. Se ha desarrollado por un lado la consensual de la verdad, representada por K. O. Apel y H. Habermas, y por otro la dialógica de la verdad, representada por la Escuela de Erlangen (K. Lorenz, P. Lorenzen, W. Kamlah). Jürgen Habermas. Destaca el papel del lenguaje y la comunicación.

--Pro-oracional o semántica. Proceden de parte de las propuestas de F. P. Ramsey, (niega que verdad nombre una propiedad profunda, y ve el término verdad como un recurso lingüístico útil pero no como algo metafísicamente sustantivo) cuya concepción de la verdad ha dado lugar a las llamadas teorías de la redundancia con D. Grover y C. J. Williams.

--Hermenéuticas. Su creador fue M. Heidegger a partir de su crítica a la fenomenología y, con el antecedente de Nietzsche. Cabe distinguir la hermenéutica no normativa (ligada al intento de superación de la modernidad, con Foucault, J. Simon, G. Vattimo, R. Rorty, Derrida, K. Jaspers, etc.) y la normativa (aprovecha el impulso crítico-ilustrado, pero transformado según diversas instancias. Habermas, Karl Otto Apel, W. Becker, O.F. Bollnow).

--Fenomenológica. Su fundador es E. Husserl. Su más significativo antecedente y punto de referencia crítica fue F. Brentano. Las concepciones fenomenológicas sobre la verdad son tan variadas como el mismo movimiento, y la mayor parte de ellas están emparentadas con el movimiento hermenéutico, como ocurre en el caso de P. Ricoeur. Las aportaciones más significativas son las de J. Ortega y Xavier Zubiri.

--De la doble verdad. Esta dice que las verdades de la filosofía y las de la teología son independientes entre sí, aunque no opuestas. La justificación de un doble patrón de verdad se atribuye a Averroes por un lado la del vulgo y por otro la del filósofo. Como seguidor de Aristóteles, se topó con la discordancia aparente entre las afirmaciones científicas de Estagirita y las proposiciones del Corán. Averroes considera que ciencia y religión no coinciden "teoría de la doble verdad" (la religión presenta las verdades necesarias para obrar el bien, mientras que la filosofía abre el camino para la búsqueda de la verdad especulativa. La religión ofrece, por lo tanto, una verdad para todos; la filosofía, un saber reservado a unos pocos). Los teólogos adversarios de Averroes, interpretaron su doctrina como subordinación de la fe a las verdades de la razón. Contra estas enseñanzas se alzaron las voces de los escolásticos, especialmente de Santo Tomas, máximo exponente del esfuerzo por compaginar en forma coherente la teología cristiana y la filosofía pagana. Dentro de la escolástica, la doctrina de la doble verdad fue atribuida a Siger de Brabante y a Boecio de Dacia. En realidad, uno y otro sostienen que la filosofía conduce a verdades necesarias e incontrovertibles. Para la teología y filosofía cristianas el hecho de que la razón no pueda probar determinados datos de la revelación no significa la verdad de las afirmaciones opuestas.

--Filosóficas. Primitivamente, la verdad fue entendida como una propiedad de las cosas y sus manifestaciones, pero poco a poco se fue convirtiendo en propiedad del entendimiento (es él el que debe desvelar lo que son las cosas). Tal concepción aparece con Aristóteles y es aceptada por gran parte de la filosofía posterior. En la actualidad en todas las teorías se mantiene la idea básica de que la verdad consiste en una relación, difiriendo sólo en la determinación de los términos de dicha relación: relación de una proposición con los hechos (correspondencia); relación de una proposición con un conjunto establecido de proposiciones (coherencia) y relación de una proposición con la práctica, la acción o la utilidad (pragmática).

En Filosofía, la verdad implica siempre una relación entre un sujeto o inteligencia, y un objeto o realidad. Como tal, la verdad es la concordancia del pensamiento con lo real. En este sentido, si tal correspondencia no se da, entonces podemos afirmar que se trata de una proposición falsa (Aristóteles). Santo Tomás de Aquino, por su parte, refería que la verdad era la inteligibilidad del ser y la correspondencia de la mente con la realidad, mientras que, para Kant, la verdad era una perfección lógica del conocimiento. La filosofía distingue diferentes tipos de verdad según su relación con la realidad y con el sujeto que la percibe:

Objetiva. Existe independientemente de que alguien la conozca o crea en ella.

Subjetiva. Depende de la percepción o la experiencia de cada persona.

Absoluta. Es válida en todo tiempo, cultura y lugar, sin depender del contexto, con independencia de quién la piense o de las circunstancias.

Relativa. Es una afirmación que solo es verdadera bajo ciertas condiciones, en una cultura o época concreta, o desde el punto de vista de una persona o grupo. Es cierta sólo cuando es considerada en relación a determinados criterios, como una norma, convención o punto de vista.

Posibilidad de conocer la verdad:

--Dogmatismo. Este implica mantener la verdad de un enunciado sin demasiadas razones que lo justifiquen o la convicción de que son muchos los enunciados cuya verdad podemos saber. Para Kant, el dogmatismo es la pretensión de avanzar en el conocimiento filosófico sin haber sometido a crítica los principios del pensar. Descartes defiende que es posible obtener conocimientos totalmente verdaderos, absolutamente seguros y definitivos.

--Escepticismo (Montaigne, Charron y Fco Sánchez). Niega la posibilidad de obtener conocimientos verdaderos. Es una concepción epistemológica que sostiene que la mente no es capaz de justificar afirmaciones verdaderas. El escepticismo aparece en el pirronismo. Para Pirrón de Elis ni los sentidos ni la razón pueden suministrarnos un conocimiento verdadero, por lo que lo mejor, si queremos llegar a la ataraxia, es permanecer indiferentes a todo absteniéndonos de hacer juicios (epojé). Para Sexto Empírico es como el arte de enfrentar todas las contradicciones de las cosas y el pensamiento. Hume distingue entre escepticismo antecedente (anterior a todo estudio y filosofía. Equivale a negar cualquier posibilidad de llegar a la certeza) y consecuente (posterior a la ciencia y a la investigación. Es el que hay que adoptar después de haber sometido a examen nuestras posibilidades cognoscitivas). Al hombre razonable le es necesario un escepticismo mitigado o académico, que es el resultado de combinar un severo examen crítico de nuestras capacidades cognoscitivas con el sentido común y la reflexión. Este escepticismo académico ha pasado a ser una de las posturas fundamentales de la filosofía neopositivista del s. XX. Encontramos dos tipos de escepticismo:

Extremo o absoluto sostiene que no existe ningún enunciado objetivamente verdadero para la mente humana, o la imposibilidad total de justificar afirmaciones verdaderas.

Moderado o relativo sostiene que son pocos los enunciados objetivamente verdaderos, o bien establece dudas razonadas sobre la capacidad de la mente de poder conocer las cosas y, por lo mismo, la somete a examen. La duda metódica y el espíritu crítico o el rigor científico son manifestaciones prácticas del mismo.

--Criticismo. Postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo para la cual el conocimiento es posible, pero no incuestionable ni definitivo, sino que debe ser revisado y criticado continuamente para detectar posibles falsificaciones y errores. La filosofía de Kant constituye un examen, juicio o crítica de las posibilidades de conocimiento de la misma razón. Al estudio de estas condiciones o posibilidades del conocimiento por parte de la razón, Kant la conoce como filosofía trascendental.

--Relativismo. Afirma que todo conocimiento o valor moral dependen en esencia del punto de vista del sujeto que los tiene. Sus dos especies clásicas son el relativismo epistemológico (no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos) y el ético (niega que existan normas morales universalmente válidas). Autores clásicos son Protágoras con su frase «el hombre es la medida de todas las cosas» (homo mensura), y Oswald Spengler que sostuvo que sólo hay verdades con relación a una situación concreta de la humanidad.

Para Nietzsche la verdad es una construcción humana, ligada al poder y al lenguaje, y escribió "No hay verdad, sólo interpretaciones", lo que indica que cada uno puede tener una interpretación o verdad. Esta teoría fue apoyada por Foucault, y le agrega "Hay múltiples interpretaciones de los hechos, pero el poder se encarga de impone su interpretación (su verdad) y totalizarla". Para Foucault el poder tiene la capacidad de instalar su propia interpretación como verdad general.

La verdad existe pero no la poseemos. José Ortega y Gasset dice “La vida sin verdad no es vivible. La verdad es recíproca al hombre. Sin hombre no hay verdad, y sin verdad no hay hombre. Éste puede definirse como el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional”.

La mentira es el enunciado falso dicho a sabiendas (con intención de engañar) de que es falso y con voluntad de que el otro lo tome por verdadero. Está vinculada a la verdad, ya que busca ocultar o distorsionar información que es verdadera.

La mentira es la ausencia o distorsión deliberada de la verdad, y la verdad es lo adecuado, auténtico o correcto frente a lo falseado. Éticamente, muchos filósofos ven la mentira como ruptura de la obligación de veracidad que sostiene la confianza y la vida social (verdad y mentira se construyen y regulan con normas culturales y lenguaje, lo que hace que el límite entre ambas sea a veces un campo de conflicto en la política o los medios).

EL PENSAMIENTO LÓGICO Y EL DESENFOCADO

A diario nos enfrentamos a decisiones que requieren buenos razonamientos. El pensamiento lógico o capacidad de razonar de manera estructurad...