La verdad es una
preocupación humana sobre la que se reflexiona desde el inicio de los tiempos,
pues no basta con hacer afirmaciones sino que estas deben ser verdaderas. La verdad es la correspondencia del mundo exterior (hechos) con el concepto
(enunciado) que de él forma la mente.
Es el juicio o
proposición innegable o incontrovertible. “La pura verdad es indubitable y
carece de tergiversación”.
Es la conformidad o
coincidencia entre lo que pensamos, decimos o creemos y la realidad. El
problema filosófico es como saber y explicar qué significa exactamente
corresponder a la realidad. De aquí que el concepto de verdad englobe valores
como la honestidad, sinceridad y franqueza.
Con Parménides aparece
la noción de verdad “alétheia” opuesta a la de simple opinión “doxa”, de modo
que el pensar y el ser son lo mismo.
Sócrates vincula la
verdad al bien moral, lo que implica que quien conoce la verdad, actúa moralmente.
Afirmó que «solo hay un bien, el conocimiento, y un mal, la ignorancia». Trató de
hallar la verdad por medio de la mayéutica con argumentos y contraargumentos.
Para Platón la
verdad está ligada a la felicidad. Para él la verdad existe en un mundo de
ideas, y alcanzarla consiste en acercarse a ese mundo donde también están el
bien y la belleza. La verdad es atributo esencial de las ideas en contraste con
las cosas sensibles, que representan reflejos del mundo de las ideas. Su principio
rector y verdad última es la idea del “bien” junto a la virtud que es lo que se
razona.
La verdad es un concepto
epistemológico que se ha entendido desde Aristóteles (es afirmar lo que es y
negar lo que no es).
El neoplatonismo
unió lo griego y lo bíblico con San Agustín de Hipona, para quien la verdad es
tanto el “nous” (inteligencia) como el “logos” (palabra) del Nuevo Testamento.
Con ello la verdad adquiere un rango ontológico.
Para el escolástico
Santo Tomás de Aquino la verdad es la adecuación entre el entendimiento y las
cosas, entre el sujeto y el objeto. El ente u objeto es verdadero en relación
con el entendimiento divino (su creador). A su vez, el entendimiento humano es
verdadero siempre que se ajuste a lo que la cosa es, puesto que esta ha sido
creada por Dios.
Con Guillermo de
Occam y el nominalismo de la crisis escolástica, se empieza a hablar de la
verdad epistemológica y lógica.
Descartes introdujo
la duda metódica como instrumento para alcanzar la verdad. Su frase “Pienso, luego
existo” indica que la única certeza indiscutible es la propia existencia. La verdad
es el problema de la certeza o de la evidencia, así Leibniz habla del
entendimiento divino como fuente de las verdades eternas, en cambio, para otros
empiristas y racionalistas, como Hobbes, Spinoza y Locke, la verdad es sólo
propiedad del enunciado.
Kant sostuvo que no
es posible conocer las cosas tal como son en sí, sino tal como se manifiestan a
través de la percepción y el intelecto humano, lo que implica que la verdad
depende, en parte, del sujeto que la percibe. El concepto kantiano de verdad es
interpretado dialécticamente en el idealismo como relación de identidad del
sujeto, y Hegel hace del todo, de la idea, sujeto y objeto a la vez. La
izquierda hegeliana, por obra de Feuerbach y Marx, invierte el idealismo
hegeliano, de modo que la verdad es la existencia o el hombre y pasa a ser una
praxis.
Nietzsche argumentó
que la verdad no existe como algo absoluto (es una ilusión o error útil, una
falsedad que sirve para la supervivencia), sino que es una construcción
práctica que ayuda al hombre a organizar la vida y mantener la convivencia
social.
Wittgenstein
establece que la verdad no existe fuera del mundo de las matemáticas. Rechaza
la verdad como “adaequatio”, puesto que la verdad sólo existe en el seno del
mundo teórico. Para él, la verdad o falta de ella solo es accesible dentro de
un sistema axiomático formal.
Heidegger considera
a la verdad una condición ontológica como propiedad del ser y no de la mente.
Tarski aceptó el
concepto de verdad como correspondencia y construyó la teoría semántica de la
verdad.
Karl Popper prefiere
referirse al concepto de «verosimilitud» o proximidad a la verdad, más que al
de «verdad», y acepta la noción tradicional de verdad como correspondencia semántica
de la verdad.
Foucault radicaliza
las ideas de Nietzsche y establece que la verdad es un constructo social (usado
para mantener el poder y la autoridad), una falsedad muy útil para los
poderosos. Esta verdad favorable a los intereses del poder se vería reforzada
por la sociedad con la vigilancia y el castigo (los transgresores de ciertos
sistemas de conocimiento pagaran las consecuencias, como, de hecho, ocurre a
menudo).
La sofística surge en Atenas con Protágoras, Pródico, Hipias, Gorgias…. Estos
ligan la verdad a la justicia y a la ley (Antifón al hablar de la verdad dice
"El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de las que son y del
no ser de las que no son"; y al hablar de la ley "Cualquier cosa que
se muestre a cada ciudad como justa y buena, continúa siendo para la ciudad
justa y buena durante el tiempo que ésta conserve tal opinión").
Los subjetivistas y
relativistas niegan la posibilidad de alcanzar verdades absolutamente válidas y
universales. Para el subjetivismo averiguar si algo es verdadero o falso depende
de cada sujeto, y para el relativismo depende de cada cultura, época o grupo
social.
Aristóteles critica
a los sofistas (las únicas armas con las que es lícito luchar son los hechos). Se
centra en la defensa de las ideas con la palabra. Así el orador político no
engaña a su público, sólo tiene en cuenta al auditorio, lo que éste quiere oír,
por ello el medio principal es la metáfora.
Para Marx todas las ideas están socialmente condicionadas (marxismo y
comunismo), pues el ser social produce la conciencia y no al revés. El propio
lenguaje se reduce a señalar que no es sino la "conciencia práctica".
Es el primero en fundar una sociología de la verdad y del error o el engaño.
Richard Rorty epistemológicamente insiste, por un lado, en que la verdad se
fabrica, no se encuentra, y, por otro, en que la contingencia se disuelve en el
lenguaje, desestimando la naturaleza intrínseca de lo real, que se pluraliza
dependiendo de los lenguajes que lo describen. Muestra de modo fehaciente, lo
indisolubles que son para el posmodernismo la crítica de la verdad y de la
teoría.
El criterio de
verdad es una norma, método o regla que nos permite decidir cuándo un enunciado
es verdadero. Se califica como verdadero lo realmente presente, al
contraponerlo a lo imaginario o ilusorio (surge de la raíz griega referida a la
experiencia de la verdad “alétheia” como aquello que resulta patente). Se
considera algo verdadero cuando es fiable y se puede confiar en ello, por su
autenticidad (como confianza en la autenticidad de las cosas expresa lo que es
digno de crédito, lo que merece confianza con matiz de fidelidad, seguridad y
firmeza). Es verdad si algo coincide con lo que las cosas son, es pues una
representación adecuada. Con el trascurrir del tiempo han ido proponiéndose
diferentes criterios de verdad como:
Adecuación. Si hay correspondencia entre un enunciado y un hecho real con
el que se corresponde decimos que el enunciado es verdadero, y la cuestión del
criterio que nos permite decidir cuándo un enunciado es verdadero se enmarca
dentro de otra cuestión epistemológica más amplia: la relación entre lo
«teórico» y lo «real», usualmente decidida por criterios de verificabilidad o
de falsabilidad.
Coherencia. Un enunciado es verdadero si y sólo si es consistente y
deducible de un conjunto de enunciados verdaderos Un enunciado es verdadero
cuando es coherente o no contradictorio con las reglas del sistema de ideas o
creencias. Este criterio se aplica a enunciados que no se refieren a la
realidad, caso de la lógica y las matemáticas. En este caso, llamamos verdadero
al enunciado que deriva correctamente de los principios o axiomas establecidos
y que, por tanto, no está en contradicción con el conjunto de enunciados del
sistema.
Evidencia. Un enunciado es verdadero si se presenta de manera clara y
evidente ante la razón. Cuando una proposición aparece claramente como
verdadera, decimos que es evidente. La evidencia es una propiedad de las ideas
claras (Descartes). Esta seguridad con que la mente afirma una proposición se
llama certeza, la cual es, por tanto, un estado de la mente. Hay evidencia
cuando algo se hace tan presente al hombre que es imposible dudar de ello «el
todo es mayor que cualquiera de sus partes». La evidencia es un criterio de
certeza válido para muchos enunciados.
Consenso. Un postulado es verdadero si es aceptado por la comunidad que
comparte normas o conocimientos. El consenso universal fue reconocido como una
garantía de verdad por Aristóteles y sobre todo por el estoicismo, que afirmó
la existencia de nociones comunes a todos los hombres. El eclecticismo
(Cicerón) lo consideró como el criterio definitivo de verdad. T. Reid lo llamó
sentido común y lo concibió como un conjunto de verdades innatas. Actualmente,
la verdad como consenso es una variante de la teoría pragmática de la verdad,
atribuible a Jürgen Habermas, según el cual «verdad» es una exigencia ideal del
mismo, por la que se reclama de los demás el asentimiento, o el consenso
intersubjetivo, tras las justificaciones con que se sostiene y se afirma un
enunciado.
Los filósofos siempre
han reflexionado sobre los criterios de verdad, qué lo hace verdadero y cómo
podemos asegurarnos de ello. Fruto de este esfuerzo son las distintas teorías o
intentos realizados para definir, explicar y comprender en qué consiste la
verdad. Las diferentes teorías son:
--Perspectivismo
(Ortega y Gasset). Defiende que la verdad existe, sólo que la captamos desde un
punto de vista determinado, desde una visión parcial de la realidad. La suma de
todas las perspectivas sería la verdad absoluta.
--Pragmatismo. Algo
es verdadero sólo si es útil o práctico o adecuado. Para sus defensores (J.
Stuart Mill, W. James. Peirce. Rorty. Haacks. Karl Otto Apel y J. Habermas) el
único medio de juzgar la verdad es identificar lo verdadero con lo útil.
Ignacio Ellacuría considera la praxis histórica como el auténtico criterio de
verdad. Lo que se verifica en la práctica, resuelve problemas y es útil a largo
plazo a la experiencia e investigación. Dewey conecta verdad, acción y éxito
práctico a nuestras creencias. Un enunciado es verdadero si y sólo si es
aceptado por todo aquel que tiene suficiente información sobre lo que afirma. El
hombre es un ser activo, y por tanto, la verdad se ha de medir por los
resultados de la acción a que conduce (utilidad). También Marx afirmó que “es
en la praxis donde el hombre debe probar la verdad, es decir, la realidad y el
poder de su pensamiento”(el conocimiento surge de la praxis y debe contrastarse
con ella para ser considerado verdadero).
--De la correspondencia o semántica de la verdad. Sostiene que un enunciado
es verdadero si coincide con los hechos o la realidad. Son las que mayor fuerza
y vigencia histórica han tenido y existen multitud de variantes:
Teorías semánticas de A. Tarski. Tugendhat desarrolla la teoría
semántico-formal; Hinst la teoría semántico-fundamental; Putnam la teoría
semántica del realismo interno; S. Kripke la teoría semántico-esencialista y,
por último, la teoría semántico-naturalista de Willard van Orman Quine.
Teorías no semánticas de la verdad. Incluidas en el planteamiento de la
correspondencia, pero fuera del marco semántico, como la propuesta de J. Austin
sobre la verdad. Están divididas en dos grupos de teorías:
Las lógico- empíricas se elaboran en el seno del Atomismo
lógico y el Neopositivismo. Con B. Russell, Wittgenstein y R. Carnap.
Las dialéctico-materialistas nacen en la teoría
sociológica de la verdad de Marx (ideología, apariencia y falsa conciencia).
Pero aparte de los marxistas ortodoxos se han desarrollado otras escuelas, como
la de Frankfurt o la de Budapest, con autores como E. Bloch, A. Schaff o
Sartre.
Una proposición es verdadera si se corresponde con los hechos o con la
realidad. Es la concepción más intuitiva, clásica y extendida, con autores como
Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino. Por ello decimos que un enunciado es
verdadero si describe los hechos como son y que es falso si no los describe
como son. En consecuencia, la verdad es, ante todo, una propiedad del discurso
declarativo; lo verdadero o lo falso pertenece a los enunciados o proposiciones
y no a los hechos. La correspondencia puede entenderse en dos sentidos:
Estricto (como congruencia): el enunciado es una copia de la realidad, a la
que refleja como un espejo, y la estructura del enunciado corresponde a la
estructura de la realidad. (Platón y Russell).
Amplio (como correlación): el sentido global del enunciado coincide con lo
que es el caso. (Aristóteles y J.L. Austin).
--Coherentistas. Esta
se ha desarrollado en dos direcciones, desde el positivismo lógico con O.
Neurath y C. Hempel, y desde posiciones cercanas a la lógica del hegelianismo
con N. Rescher y L. B. Puntel. Una proposición es verdadera si forma parte de
un sistema de creencias coherente, sin contradicciones, y se apoya en las demás
proposiciones del sistema. El problema es que un sistema puede ser coherente y
aun así no corresponder a la realidad. Se asocia a filosofías idealistas
(Hegel), a ciencias formales y a sistemas axiomáticos, según la cual una
proposición o enunciado es verdadero cuando es compatible con un conjunto
coherente de proposiciones o enunciados, o deducible de los axiomas. La verdad
como coherencia es un caso concreto de aplicación de las propiedades de
consistencia (el conjunto de axiomas no lleva lógicamente a una contradicción)
y completud (todo enunciado lógicamente verdadero para el sistema es también
deducible de sus axiomas) que exhiben los sistemas axiomáticos.
--Consenso e
intersubjetividad. Una proposición es verdadera en la medida en que puede ser
aceptada por todos en condiciones ideales de diálogo racional, sin coacción y con
información suficiente, es decir sobre lo que podría alcanzarse un consenso
argumentativo libre y crítico. Se ha desarrollado por un lado la consensual de
la verdad, representada por K. O. Apel y H. Habermas, y por otro la dialógica
de la verdad, representada por la Escuela de Erlangen (K. Lorenz, P. Lorenzen,
W. Kamlah). Jürgen Habermas. Destaca el papel del lenguaje y la comunicación.
--Pro-oracional o semántica.
Proceden de parte de las propuestas de F. P. Ramsey, (niega que verdad nombre
una propiedad profunda, y ve el término verdad como un recurso lingüístico útil
pero no como algo metafísicamente sustantivo) cuya concepción de la verdad ha
dado lugar a las llamadas teorías de la redundancia con D. Grover y C. J.
Williams.
--Hermenéuticas. Su creador fue M. Heidegger a partir de su crítica a la
fenomenología y, con el antecedente de Nietzsche. Cabe distinguir la hermenéutica
no normativa (ligada al intento de superación de la modernidad, con Foucault,
J. Simon, G. Vattimo, R. Rorty, Derrida, K. Jaspers, etc.) y la normativa (aprovecha
el impulso crítico-ilustrado, pero transformado según diversas instancias. Habermas,
Karl Otto Apel, W. Becker, O.F. Bollnow).
--Fenomenológica. Su fundador es E. Husserl. Su más
significativo antecedente y punto de referencia crítica fue F. Brentano. Las
concepciones fenomenológicas sobre la verdad son tan variadas como el mismo
movimiento, y la mayor parte de ellas están emparentadas con el movimiento
hermenéutico, como ocurre en el caso de P. Ricoeur. Las aportaciones más
significativas son las de J. Ortega y Xavier Zubiri.
--De la doble
verdad. Esta dice que las verdades de la filosofía y las de la teología son
independientes entre sí, aunque no opuestas. La justificación de un doble
patrón de verdad se atribuye a Averroes por un lado la del vulgo y por otro la
del filósofo. Como seguidor de Aristóteles, se topó con la discordancia
aparente entre las afirmaciones científicas de Estagirita y las proposiciones
del Corán. Averroes considera que ciencia y religión no coinciden "teoría
de la doble verdad" (la religión presenta las verdades necesarias para
obrar el bien, mientras que la filosofía abre el camino para la búsqueda de la
verdad especulativa. La religión ofrece, por lo tanto, una verdad para todos;
la filosofía, un saber reservado a unos pocos). Los teólogos adversarios de
Averroes, interpretaron su doctrina como subordinación de la fe a las verdades
de la razón. Contra estas enseñanzas se alzaron las voces de los escolásticos,
especialmente de Santo Tomas, máximo exponente del esfuerzo por compaginar en
forma coherente la teología cristiana y la filosofía pagana. Dentro de la
escolástica, la doctrina de la doble verdad fue atribuida a Siger de Brabante y
a Boecio de Dacia. En realidad, uno y otro sostienen que la filosofía conduce a
verdades necesarias e incontrovertibles. Para la teología y filosofía
cristianas el hecho de que la razón no pueda probar determinados datos de la
revelación no significa la verdad de las afirmaciones opuestas.
--Filosóficas.
Primitivamente, la verdad fue entendida como una propiedad de las cosas y sus
manifestaciones, pero poco a poco se fue convirtiendo en propiedad del
entendimiento (es él el que debe desvelar lo que son las cosas). Tal concepción
aparece con Aristóteles y es aceptada por gran parte de la filosofía posterior.
En la actualidad en todas las teorías se mantiene la idea básica de que la
verdad consiste en una relación, difiriendo sólo en la determinación de los
términos de dicha relación: relación de una proposición con los hechos
(correspondencia); relación de una proposición con un conjunto establecido de
proposiciones (coherencia) y relación de una proposición con la práctica, la
acción o la utilidad (pragmática).
En Filosofía, la
verdad implica siempre una relación entre un sujeto o inteligencia, y un objeto
o realidad. Como tal, la verdad es la concordancia del pensamiento con lo real.
En este sentido, si tal correspondencia no se da, entonces podemos afirmar que
se trata de una proposición falsa (Aristóteles). Santo Tomás de Aquino, por su
parte, refería que la verdad era la inteligibilidad del ser y la
correspondencia de la mente con la realidad, mientras que, para Kant, la verdad
era una perfección lógica del conocimiento. La filosofía distingue diferentes
tipos de verdad según su relación con la realidad y con el sujeto que la
percibe:
Objetiva. Existe independientemente de que alguien la conozca o crea en
ella.
Subjetiva. Depende de la percepción o la experiencia de cada persona.
Absoluta. Es válida en todo tiempo, cultura y lugar, sin depender del
contexto, con independencia de quién la piense o de las circunstancias.
Relativa. Es una afirmación que solo es verdadera bajo ciertas condiciones, en una cultura o época concreta, o desde el punto de vista de una persona o grupo. Es cierta sólo cuando es considerada en relación a determinados criterios, como una norma, convención o punto de vista.
Posibilidad de conocer la verdad:
--Dogmatismo. Este implica
mantener la verdad de un enunciado sin demasiadas razones que lo justifiquen o la
convicción de que son muchos los enunciados cuya verdad podemos saber. Para
Kant, el dogmatismo es la pretensión de avanzar en el conocimiento filosófico
sin haber sometido a crítica los principios del pensar. Descartes defiende que
es posible obtener conocimientos totalmente verdaderos, absolutamente seguros y
definitivos.
--Escepticismo (Montaigne,
Charron y Fco Sánchez). Niega la posibilidad de obtener conocimientos
verdaderos. Es una concepción epistemológica que sostiene que la mente no es
capaz de justificar afirmaciones verdaderas. El escepticismo aparece en el
pirronismo. Para Pirrón de Elis ni los sentidos ni la razón pueden
suministrarnos un conocimiento verdadero, por lo que lo mejor, si queremos
llegar a la ataraxia, es permanecer indiferentes a todo absteniéndonos de hacer
juicios (epojé). Para Sexto Empírico es como el arte de enfrentar todas las
contradicciones de las cosas y el pensamiento. Hume distingue entre
escepticismo antecedente (anterior a todo estudio y filosofía. Equivale a negar
cualquier posibilidad de llegar a la certeza) y consecuente (posterior a la
ciencia y a la investigación. Es el que hay que adoptar después de haber
sometido a examen nuestras posibilidades cognoscitivas). Al hombre razonable le
es necesario un escepticismo mitigado o académico, que es el resultado de
combinar un severo examen crítico de nuestras capacidades cognoscitivas con el
sentido común y la reflexión. Este escepticismo académico ha pasado a ser una
de las posturas fundamentales de la filosofía neopositivista del s. XX. Encontramos
dos tipos de escepticismo:
Extremo o absoluto sostiene que no existe ningún enunciado objetivamente
verdadero para la mente humana, o la imposibilidad total de justificar
afirmaciones verdaderas.
Moderado o relativo sostiene que son pocos los enunciados objetivamente
verdaderos, o bien establece dudas razonadas sobre la capacidad de la mente de
poder conocer las cosas y, por lo mismo, la somete a examen. La duda metódica y
el espíritu crítico o el rigor científico son manifestaciones prácticas del
mismo.
--Criticismo.
Postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo para la cual el
conocimiento es posible, pero no incuestionable ni definitivo, sino que debe
ser revisado y criticado continuamente para detectar posibles falsificaciones y
errores. La filosofía de Kant constituye un examen, juicio o crítica de las
posibilidades de conocimiento de la misma razón. Al estudio de estas
condiciones o posibilidades del conocimiento por parte de la razón, Kant la
conoce como filosofía trascendental.
--Relativismo. Afirma que todo conocimiento o valor moral dependen en esencia del punto de vista del sujeto que los tiene. Sus dos especies clásicas son el relativismo epistemológico (no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos) y el ético (niega que existan normas morales universalmente válidas). Autores clásicos son Protágoras con su frase «el hombre es la medida de todas las cosas» (homo mensura), y Oswald Spengler que sostuvo que sólo hay verdades con relación a una situación concreta de la humanidad.
Para Nietzsche la verdad es una construcción humana, ligada al poder y al lenguaje, y escribió "No hay verdad, sólo interpretaciones", lo que indica que cada uno puede tener una interpretación o verdad. Esta teoría fue apoyada por Foucault, y le agrega "Hay múltiples interpretaciones de los hechos, pero el poder se encarga de impone su interpretación (su verdad) y totalizarla". Para Foucault el poder tiene la capacidad de instalar su propia interpretación como verdad general.
La verdad existe pero no la poseemos. José Ortega y Gasset dice “La vida sin verdad no es vivible. La verdad es recíproca al hombre. Sin hombre no hay verdad, y sin verdad no hay hombre. Éste puede definirse como el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional”.
La mentira es el enunciado falso dicho a sabiendas
(con intención de engañar) de que es falso y con voluntad de que el otro lo
tome por verdadero. Está vinculada a la verdad, ya que busca ocultar o
distorsionar información que es verdadera.
La mentira es la ausencia
o distorsión deliberada de la verdad, y la verdad es lo adecuado, auténtico o
correcto frente a lo falseado. Éticamente, muchos filósofos ven la mentira como
ruptura de la obligación de veracidad que sostiene la confianza y la vida
social (verdad y mentira se construyen y regulan con normas culturales y
lenguaje, lo que hace que el límite entre ambas sea a veces un campo de
conflicto en la política o los medios).
