El nombre de estas líneas se debe a E. Hartmann (1925-92) que estudió durante su práctica médica, la relación entre la radiación telúrica y la enfermedad, constatando que un alto porcentaje de muertes entre sus pacientes estaba directamente relacionado con geopatías, es decir, con el hecho de vivir o permanecer mucho tiempo en zonas con intensas radiaciones naturales.
Hartmann midió la resistencia eléctrica de varias personas en distintos lugares, y descubrió una gigantesca red de energía por toda la Tierra, conocida como Red Global de Radiación y extendida hasta unos 2 km de altitud. Su intensidad y densidad son muy variables, dependiendo de factores como la hora del día (su intensidad aumenta durante la noche) y los cambios atmosféricos. Los geobiólogos las detectan con mayor intensidad en las zonas urbanas con más contaminación artificial de campos electromagnéticos.
Las líneas H. y sus cruces. Los cruces o
intersecciones conocidos como puntos geopatógenos, están ocupados por cuadrados
de unos 21 cm de espesor, donde la energía está más concentrada y sus efectos son
más notorios. Si los
cruces de una red H. se sitúan sobre una zona geopatógena, como el paso de
corriente de agua subterránea y/o cruce de dos venas (fallas tectónicas que se
cruzan) las radiaciones de radiofrecuencia se vuelven muy nocivas para los
seres vivos.
Las líneas de H. son la manifestación física de la interacción de dos tipos de energía, la telúrica procedente del núcleo terráqueo, y la cósmica procedente del fondo del cosmos y que se refleja sobre la corteza terrestre. Se localizan usando el Biómetro Bovis o dispositivo con una escala graduada en Unidades Bovis (UB). A. Bovis, el creador del Biómetro, determinó que el cuerpo humano se encuentra saludable entre 7000 y 8500 UB. Toda alteración telúrica con índices inferiores a 6000 UB se considera una geopatía capaz de alterar nuestra salud.
Palm, ayudante del doctor Hartmann dejó constancia de estas líneas, a las que denominó líneas H. de 1.er orden. Cada 7 cuadrículas de la red H. de 1.er orden existe otra más potente que llamó línea H. de 2.º orden. Cada 7 cuadrículas de la red H de 2.º orden hay otra más potente que llamó línea H. de 3.er orden. Existe también una línea H. de 4.º orden más peligrosa y en su vertical se registran 3500 UB.
Las líneas H. conforme van aumentando sus distancias también aumentan de orden, así una línea H de 1.er orden es de 5,10 m (N-S) y 4,20 (E-O) y unos 5600 UB, y llega al 4.º orden con 3500 UB y 1820 m (N-S) y 1460 m (E-O). El mismo proceso tienen los cruces H comenzando con 5800 UB y acabando en un 4.º orden con 3000 UB, siendo las distancias las mismas que las de las líneas H.
Estas radiaciones son en general rectilíneas, no afectándoles la presencia de fallas tectónicas o corrientes de agua subterránea, que son sinuosas en función de los accidentes del suelo, pero a veces, por la composición y evolución del suelo y su entorno, pierden esta tendencia rectilínea y crean nudos. La red y los nudos son detectados mediante equipos electrónicos de medición magnética por todas partes (Ministerio de Fomento de España), en terreno llano o en la montaña, en el agua, en el exterior e interior de las viviendas, aunque éstas sean de varias plantas. Las mediciones deben realizarse sobre terreno con una calidad biótica (en zonas neutras, libres de alteraciones telúricas) de 7600 UB.
Un cruce de líneas H. se puede captar por georitmogramas, medición de radiación, receptores de onda corta adaptados, etc. En ocasiones se encuentran cerca un cruce de líneas H. con un cruce de líneas Curry, conocidos como nudos estrella, lo que provoca efectos muy nocivos en la salud de las personas que permanecen largos periodos en dichas zonas.
El método habitual de detección es a partir de la sensibilidad de los geobiólogos e instrumentos de radiestesia o tele radiestesia, con SAAMA, con el péndulo o las varillas (dos profesionales dan la posición de las líneas H. con pocos cm de diferencia). El péndulo o las varillas en forma de «L» reaccionan de manera visible cuando nuestro cuerpo atraviesa una zona afectada por ese cambio brusco de la energía. Se trata de una reacción neuromuscular que provoca el movimiento del instrumento.
Las líneas de esta red ensanchan por la noche, y más los días con luna llena (este aumento se prolonga durante 4 o 5 días). Hacia las 21:30 hasta las 4:30 horas en verano, y de las 20:30 a las 3:30 horas en invierno, las líneas normales de la red cambian su ancho pasando de 21 cm a 33 cm y de unos 21 cm a 40 las líneas de 1.er orden (cambia el grosor, pero no la intensidad, que sigue siendo la misma). Con luna llena alcanza un grosor de hasta 60 cm. También se ven alteradas en la vertical de un elemento ferromagnético importante, como puede ser el motor de un coche, ensanchando unos 8 cm, motivo por el que el dormitorio no debe coincidir sobre el garaje. Hay quien afirma que la estructura metálica de las vigas, en los bloques de viviendas, actúa como una jaula de Faraday.
Las líneas Curry. El Dr. Curry y a S. Wittmann detectaron en Alemania, en 1920, una red de líneas en sentido oblicuo a los puntos cardinales, orientada NE-SO y NO-SE. La separación entre las Líneas Curry de orientación NE-SO oscila unos 8 m; y entre las líneas NO-SE unos 6 m. (con una separación entre una línea y la siguiente de entre 4 y 16 m, y un grosor aproximado de unos 40 m). La intensidad de sus radiaciones se incrementa en los puntos donde se cruzan sus dos orientaciones. Son de menor intensidad radiestésica que la retícula H., pero mucho más dañinas. Las radiaciones que podemos encontrar en un punto geopático, pertenecen todas al espectro no visible de la luz, rayos cósmicos, gamma, X, infrarrojos o rayos ultravioletas. Estas radiaciones crean gran cantidad de iones positivos, que alteran el equilibrio iónico natural del hombre. La célula actúa como un circuito electrónico resonante, y los ambientes con ionización altamente positiva que producen las radiaciones electromagnéticas favorecen la aparición de radicales libres que dañan las células.
Las líneas Benker y Peyré. Son dos tipos
de redes con orientación norte-sur y este-oeste. Ambas presentan una retícula
con las rectas más separadas entre ellas que la red de H. Así pues, la
probabilidad de localizarlas es más reducida.
Las líneas Curry, Benker y Peyré
presentan espesores de hasta 40 cm, mientras que en las H es de 21 cm.
En 1936 el radiestesista F. Peyré anuncio la existencia de una red electromagnética constituida por bandas de unos 40 cm. de ancho, separadas 2 m. en sentido N-S (polaridad negativa) y 2,5 m. en sentido E-O (polaridad positiva). Son como paredes invisibles desde la tierra hasta la ionosfera, y su efecto atraviesa cualquier tipo de material. En ellas convergen toda una serie de factores distorsionantes como una mayor ionización cósmica, radiaciones gamma e infrarrojas, o las dañinas radiaciones de ondas electromagnéticas de baja frecuencia como el Haarp, etc.
En los cruces de las líneas H. y Curry de la tierra existen dos zonas:
- Neutra: espacios entre las líneas en los que no se producen alteraciones en el campo magnético natural.
- Geopatógenas: los cruces de dichas líneas con efectos nocivos para la salud si se está en ellas durante un tiempo prolongado.
Según los estudios las líneas de la red H. no son patógenas por sí mismas, sin embargo, al combinarse con factores patógenos como las corrientes subterráneas, o sus cruces hay un aumento del 30 % de la radiactividad natural. La estancia frecuente en estas zonas se relaciona con alteraciones en el sistema inmunológico, endocrino y hormonal, lo que se traduce en molestias y desequilibrios como insomnio, cansancio crónico, dolor muscular, ansiedad, hiperactividad, nerviosismo o depresión y aumento de enfermedades degenerativas. Además, aumentan la presencia de microondas, una mayor ionización del aire, alteran las diferencias del potencial eléctrico atmosférico, varían los campos eléctricos y magnéticos provenientes del subsuelo y los cambios bruscos en la resistencia electro cutánea cuando el sujeto permanece en dicha zona.
La actividad magnética de las líneas H. se
puede percibir, en ocasiones, a simple vista:
- Por la presencia de árboles en cuyo tronco se detectan fuertes nudosidades, malformaciones o muy curvados sin motivo aparente.
- Los gatos, las hormigas y los insectos se sienten atraídos por los cruces, pero no los perros.
- Si tenemos un sofá en el que cuando estamos en él acabamos cansados o malhumorados, es muy probable que pase por él una línea H.
- Si tienes plantas en un mismo lugar, y todas mueren, es posible que pase una línea H. Las plantas más sensibles son el culantrillo y el perejil.
- En la vivienda una humedad
ascendente en los muros de causa desconocida, grietas y fisuras en paredes sin
hundimiento del terreno, etc.
- En las personas, si
están agitadas,
sin apetito, con insomnio, dolencias continuas, etc. sin motivo aparente.
Es importante saber si por debajo de nuestra casa hay una falla geológica en el terreno (estructura rota por mayor tensión energética), cavidades subterráneas o venas de agua (pequeños ríos), anomalías geomagnéticas (depósitos naturales de minerales magnéticos, vetas metalíferas, etc.), permeabilidad del terreno (el calizo deja fluir hacia el interior de la corteza terrestre la mayoría de las radiaciones cósmicas refractándolas y liberando luego las radiaciones telúricas de una forma armónica. El arcilloso o cuarcífero refleja las radiaciones a nivel superficial).
Gracias a la red H. es posible predecir terremotos con 12 horas de antelación. Antes de un terremoto las líneas H. aumentan su grosor, pudiendo pasar de 21 a 80 cm. Si la presencia de un cruce H. o Curry coincide con alguna otra alteración geofísica como fallas o corrientes de agua subterránea, se multiplica el efecto geopatógeno de la zona. Según el doctor Hartmann la exposición a una zona geopatógena o alteración telúrica es responsable del 60 % de las enfermedades y del 80 % de los casos de cáncer. Además, hoy en día resulta más nociva que antaño, ya que la tierra utiliza también estas líneas para canalizar el excedente de campos electromagnéticos artificiales creadas por el hombre.
Enfermedades
relacionadas con la red H., en función de la zona del cuerpo por el que se te
crucen. Si se cruza por:
- La cabeza causa epilepsia, tumor cerebral, vesícula, pérdida de visión y audición, trastorno de sueño, fatiga, dolor de cabeza y caída del pelo, torticolis, mareos, sinusitis, nerviosismo, quistes, problemas de tiroides, jaqueca, depresión, Parkinson.
- Las caderas dan problemas de hígado, bazo, cistitis, prostatitis, esterilidad, inflamación articular y endometrial.
- El estómago da úlcera, alergia, lumbago, problemas renales y de hígado.
- El pecho da problemas respiratorios, arritmias, presión sanguínea inestable, problemas pulmonares, cáncer de mama, faringitis, amigdalitis, neumonía, tiroiditis, artritis de hombro, infarto, trastorno del sueño.
- Las rodillas dan problemas articulares e hinchazón de pies.
