sábado, 7 de febrero de 2026

LA VERDAD

La verdad es una preocupación humana sobre la que se reflexiona desde el inicio de los tiempos, pues no basta con hacer afirmaciones sino que estas deben ser verdaderas. La verdad es la correspondencia del mundo exterior (hechos) con el concepto (enunciado) que de él forma la mente.

Es el juicio o proposición innegable o incontrovertible. “La pura verdad es indubitable y carece de tergiversación”.

Es la conformidad o coincidencia entre lo que pensamos, decimos o creemos y la realidad. El problema filosófico es como saber y explicar qué significa exactamente corresponder a la realidad. De aquí que el concepto de verdad englobe valores como la honestidad, sinceridad y franqueza.

Con Parménides aparece la noción de verdad “alétheia” opuesta a la de simple opinión “doxa”, de modo que el pensar y el ser son lo mismo.

Sócrates vincula la verdad al bien moral, lo que implica que quien conoce la verdad, actúa moralmente. Afirmó que «solo hay un bien, el conocimiento, y un mal, la ignorancia». Trató de hallar la verdad por medio de la mayéutica con argumentos y contraargumentos.

Para Platón la verdad está ligada a la felicidad. Para él la verdad existe en un mundo de ideas, y alcanzarla consiste en acercarse a ese mundo donde también están el bien y la belleza. La verdad es atributo esencial de las ideas en contraste con las cosas sensibles, que representan reflejos del mundo de las ideas. Su principio rector y verdad última es la idea del “bien” junto a la virtud que es lo que se razona.

La verdad es un concepto epistemológico que se ha entendido desde Aristóteles (es afirmar lo que es y negar lo que no es).

El neoplatonismo unió lo griego y lo bíblico con San Agustín de Hipona, para quien la verdad es tanto el “nous” (inteligencia) como el “logos” (palabra) del Nuevo Testamento. Con ello la verdad adquiere un rango ontológico.

Para el escolástico Santo Tomás de Aquino la verdad es la adecuación entre el entendimiento y las cosas, entre el sujeto y el objeto. El ente u objeto es verdadero en relación con el entendimiento divino (su creador). A su vez, el entendimiento humano es verdadero siempre que se ajuste a lo que la cosa es, puesto que esta ha sido creada por Dios.

Con Guillermo de Occam y el nominalismo de la crisis escolástica, se empieza a hablar de la verdad epistemológica y lógica.

Descartes introdujo la duda metódica como instrumento para alcanzar la verdad. Su frase “Pienso, luego existo” indica que la única certeza indiscutible es la propia existencia. La verdad es el problema de la certeza o de la evidencia, así Leibniz habla del entendimiento divino como fuente de las verdades eternas, en cambio, para otros empiristas y racionalistas, como Hobbes, Spinoza y Locke, la verdad es sólo propiedad del enunciado.

Kant sostuvo que no es posible conocer las cosas tal como son en sí, sino tal como se manifiestan a través de la percepción y el intelecto humano, lo que implica que la verdad depende, en parte, del sujeto que la percibe. El concepto kantiano de verdad es interpretado dialécticamente en el idealismo como relación de identidad del sujeto, y Hegel hace del todo, de la idea, sujeto y objeto a la vez. La izquierda hegeliana, por obra de Feuerbach y Marx, invierte el idealismo hegeliano, de modo que la verdad es la existencia o el hombre y pasa a ser una praxis.

Nietzsche argumentó que la verdad no existe como algo absoluto (es una ilusión o error útil, una falsedad que sirve para la supervivencia), sino que es una construcción práctica que ayuda al hombre a organizar la vida y mantener la convivencia social.

Wittgenstein establece que la verdad no existe fuera del mundo de las matemáticas. Rechaza la verdad como “adaequatio”, puesto que la verdad sólo existe en el seno del mundo teórico. Para él, la verdad o falta de ella solo es accesible dentro de un sistema axiomático formal.

Heidegger considera a la verdad una condición ontológica como propiedad del ser y no de la mente.

Tarski aceptó el concepto de verdad como correspondencia y construyó la teoría semántica de la verdad.

Karl Popper prefiere referirse al concepto de «verosimilitud» o proximidad a la verdad, más que al de «verdad», y acepta la noción tradicional de verdad como correspondencia semántica de la verdad.

Foucault radicaliza las ideas de Nietzsche y establece que la verdad es un constructo social (usado para mantener el poder y la autoridad), una falsedad muy útil para los poderosos. Esta verdad favorable a los intereses del poder se vería reforzada por la sociedad con la vigilancia y el castigo (los transgresores de ciertos sistemas de conocimiento pagaran las consecuencias, como, de hecho, ocurre a menudo).

 

La sofística surge en Atenas con Protágoras, Pródico, Hipias, Gorgias…. Estos ligan la verdad a la justicia y a la ley (Antifón al hablar de la verdad dice "El hombre es la medida de todas las cosas, del ser de las que son y del no ser de las que no son"; y al hablar de la ley "Cualquier cosa que se muestre a cada ciudad como justa y buena, continúa siendo para la ciudad justa y buena durante el tiempo que ésta conserve tal opinión").

Los subjetivistas y relativistas niegan la posibilidad de alcanzar verdades absolutamente válidas y universales. Para el subjetivismo averiguar si algo es verdadero o falso depende de cada sujeto, y para el relativismo depende de cada cultura, época o grupo social.

Aristóteles critica a los sofistas (las únicas armas con las que es lícito luchar son los hechos). Se centra en la defensa de las ideas con la palabra. Así el orador político no engaña a su público, sólo tiene en cuenta al auditorio, lo que éste quiere oír, por ello el medio principal es la metáfora.

Para Marx todas las ideas están socialmente condicionadas (marxismo y comunismo), pues el ser social produce la conciencia y no al revés. El propio lenguaje se reduce a señalar que no es sino la "conciencia práctica". Es el primero en fundar una sociología de la verdad y del error o el engaño.

Richard Rorty epistemológicamente insiste, por un lado, en que la verdad se fabrica, no se encuentra, y, por otro, en que la contingencia se disuelve en el lenguaje, desestimando la naturaleza intrínseca de lo real, que se pluraliza dependiendo de los lenguajes que lo describen. Muestra de modo fehaciente, lo indisolubles que son para el posmodernismo la crítica de la verdad y de la teoría.

 

El criterio de verdad es una norma, método o regla que nos permite decidir cuándo un enunciado es verdadero. Se califica como verdadero lo realmente presente, al contraponerlo a lo imaginario o ilusorio (surge de la raíz griega referida a la experiencia de la verdad “alétheia” como aquello que resulta patente). Se considera algo verdadero cuando es fiable y se puede confiar en ello, por su autenticidad (como confianza en la autenticidad de las cosas expresa lo que es digno de crédito, lo que merece confianza con matiz de fidelidad, seguridad y firmeza). Es verdad si algo coincide con lo que las cosas son, es pues una representación adecuada. Con el trascurrir del tiempo han ido proponiéndose diferentes criterios de verdad como:

Adecuación. Si hay correspondencia entre un enunciado y un hecho real con el que se corresponde decimos que el enunciado es verdadero, y la cuestión del criterio que nos permite decidir cuándo un enunciado es verdadero se enmarca dentro de otra cuestión epistemológica más amplia: la relación entre lo «teórico» y lo «real», usualmente decidida por criterios de verificabilidad o de falsabilidad.

Coherencia. Un enunciado es verdadero si y sólo si es consistente y deducible de un conjunto de enunciados verdaderos Un enunciado es verdadero cuando es coherente o no contradictorio con las reglas del sistema de ideas o creencias. Este criterio se aplica a enunciados que no se refieren a la realidad, caso de la lógica y las matemáticas. En este caso, llamamos verdadero al enunciado que deriva correctamente de los principios o axiomas establecidos y que, por tanto, no está en contradicción con el conjunto de enunciados del sistema.

Evidencia. Un enunciado es verdadero si se presenta de manera clara y evidente ante la razón. Cuando una proposición aparece claramente como verdadera, decimos que es evidente. La evidencia es una propiedad de las ideas claras (Descartes). Esta seguridad con que la mente afirma una proposición se llama certeza, la cual es, por tanto, un estado de la mente. Hay evidencia cuando algo se hace tan presente al hombre que es imposible dudar de ello «el todo es mayor que cualquiera de sus partes». La evidencia es un criterio de certeza válido para muchos enunciados.

Consenso. Un postulado es verdadero si es aceptado por la comunidad que comparte normas o conocimientos. El consenso universal fue reconocido como una garantía de verdad por Aristóteles y sobre todo por el estoicismo, que afirmó la existencia de nociones comunes a todos los hombres. El eclecticismo (Cicerón) lo consideró como el criterio definitivo de verdad. T. Reid lo llamó sentido común y lo concibió como un conjunto de verdades innatas. Actualmente, la verdad como consenso es una variante de la teoría pragmática de la verdad, atribuible a Jürgen Habermas, según el cual «verdad» es una exigencia ideal del mismo, por la que se reclama de los demás el asentimiento, o el consenso intersubjetivo, tras las justificaciones con que se sostiene y se afirma un enunciado.

 

Los filósofos siempre han reflexionado sobre los criterios de verdad, qué lo hace verdadero y cómo podemos asegurarnos de ello. Fruto de este esfuerzo son las distintas teorías o intentos realizados para definir, explicar y comprender en qué consiste la verdad. Las diferentes teorías son:

--Perspectivismo (Ortega y Gasset). Defiende que la verdad existe, sólo que la captamos desde un punto de vista determinado, desde una visión parcial de la realidad. La suma de todas las perspectivas sería la verdad absoluta.

--Pragmatismo. Algo es verdadero sólo si es útil o práctico o adecuado. Para sus defensores (J. Stuart Mill, W. James. Peirce. Rorty. Haacks. Karl Otto Apel y J. Habermas) el único medio de juzgar la verdad es identificar lo verdadero con lo útil. Ignacio Ellacuría considera la praxis histórica como el auténtico criterio de verdad. Lo que se verifica en la práctica, resuelve problemas y es útil a largo plazo a la experiencia e investigación. Dewey conecta verdad, acción y éxito práctico a nuestras creencias. Un enunciado es verdadero si y sólo si es aceptado por todo aquel que tiene suficiente información sobre lo que afirma. El hombre es un ser activo, y por tanto, la verdad se ha de medir por los resultados de la acción a que conduce (utilidad). También Marx afirmó que “es en la praxis donde el hombre debe probar la verdad, es decir, la realidad y el poder de su pensamiento”(el conocimiento surge de la praxis y debe contrastarse con ella para ser considerado verdadero).

--De la correspondencia o semántica de la verdad. Sostiene que un enunciado es verdadero si coincide con los hechos o la realidad. Son las que mayor fuerza y vigencia histórica han tenido y existen multitud de variantes:

Teorías semánticas de A. Tarski. Tugendhat desarrolla la teoría semántico-formal; Hinst la teoría semántico-fundamental; Putnam la teoría semántica del realismo interno; S. Kripke la teoría semántico-esencialista y, por último, la teoría semántico-naturalista de Willard van Orman Quine.

Teorías no semánticas de la verdad. Incluidas en el planteamiento de la correspondencia, pero fuera del marco semántico, como la propuesta de J. Austin sobre la verdad. Están divididas en dos grupos de teorías:

Las lógico- empíricas se elaboran en el seno del Atomismo lógico y el Neopositivismo. Con B. Russell, Wittgenstein y R. Carnap.

Las dialéctico-materialistas nacen en la teoría sociológica de la verdad de Marx (ideología, apariencia y falsa conciencia). Pero aparte de los marxistas ortodoxos se han desarrollado otras escuelas, como la de Frankfurt o la de Budapest, con autores como E. Bloch, A. Schaff o Sartre.

Una proposición es verdadera si se corresponde con los hechos o con la realidad. Es la concepción más intuitiva, clásica y extendida, con autores como Platón, Aristóteles o Tomás de Aquino. Por ello decimos que un enunciado es verdadero si describe los hechos como son y que es falso si no los describe como son. En consecuencia, la verdad es, ante todo, una propiedad del discurso declarativo; lo verdadero o lo falso pertenece a los enunciados o proposiciones y no a los hechos. La correspondencia puede entenderse en dos sentidos:

Estricto (como congruencia): el enunciado es una copia de la realidad, a la que refleja como un espejo, y la estructura del enunciado corresponde a la estructura de la realidad. (Platón y Russell).

Amplio (como correlación): el sentido global del enunciado coincide con lo que es el caso. (Aristóteles y J.L. Austin).

--Coherentistas. Esta se ha desarrollado en dos direcciones, desde el positivismo lógico con O. Neurath y C. Hempel, y desde posiciones cercanas a la lógica del hegelianismo con N. Rescher y L. B. Puntel. Una proposición es verdadera si forma parte de un sistema de creencias coherente, sin contradicciones, y se apoya en las demás proposiciones del sistema. El problema es que un sistema puede ser coherente y aun así no corresponder a la realidad. Se asocia a filosofías idealistas (Hegel), a ciencias formales y a sistemas axiomáticos, según la cual una proposición o enunciado es verdadero cuando es compatible con un conjunto coherente de proposiciones o enunciados, o deducible de los axiomas. La verdad como coherencia es un caso concreto de aplicación de las propiedades de consistencia (el conjunto de axiomas no lleva lógicamente a una contradicción) y completud (todo enunciado lógicamente verdadero para el sistema es también deducible de sus axiomas) que exhiben los sistemas axiomáticos.

--Consenso e intersubjetividad. Una proposición es verdadera en la medida en que puede ser aceptada por todos en condiciones ideales de diálogo racional, sin coacción y con información suficiente, es decir sobre lo que podría alcanzarse un consenso argumentativo libre y crítico. Se ha desarrollado por un lado la consensual de la verdad, representada por K. O. Apel y H. Habermas, y por otro la dialógica de la verdad, representada por la Escuela de Erlangen (K. Lorenz, P. Lorenzen, W. Kamlah). Jürgen Habermas. Destaca el papel del lenguaje y la comunicación.

--Pro-oracional o semántica. Proceden de parte de las propuestas de F. P. Ramsey, (niega que verdad nombre una propiedad profunda, y ve el término verdad como un recurso lingüístico útil pero no como algo metafísicamente sustantivo) cuya concepción de la verdad ha dado lugar a las llamadas teorías de la redundancia con D. Grover y C. J. Williams.

--Hermenéuticas. Su creador fue M. Heidegger a partir de su crítica a la fenomenología y, con el antecedente de Nietzsche. Cabe distinguir la hermenéutica no normativa (ligada al intento de superación de la modernidad, con Foucault, J. Simon, G. Vattimo, R. Rorty, Derrida, K. Jaspers, etc.) y la normativa (aprovecha el impulso crítico-ilustrado, pero transformado según diversas instancias. Habermas, Karl Otto Apel, W. Becker, O.F. Bollnow).

--Fenomenológica. Su fundador es E. Husserl. Su más significativo antecedente y punto de referencia crítica fue F. Brentano. Las concepciones fenomenológicas sobre la verdad son tan variadas como el mismo movimiento, y la mayor parte de ellas están emparentadas con el movimiento hermenéutico, como ocurre en el caso de P. Ricoeur. Las aportaciones más significativas son las de J. Ortega y Xavier Zubiri.

--De la doble verdad. Esta dice que las verdades de la filosofía y las de la teología son independientes entre sí, aunque no opuestas. La justificación de un doble patrón de verdad se atribuye a Averroes por un lado la del vulgo y por otro la del filósofo. Como seguidor de Aristóteles, se topó con la discordancia aparente entre las afirmaciones científicas de Estagirita y las proposiciones del Corán. Averroes considera que ciencia y religión no coinciden "teoría de la doble verdad" (la religión presenta las verdades necesarias para obrar el bien, mientras que la filosofía abre el camino para la búsqueda de la verdad especulativa. La religión ofrece, por lo tanto, una verdad para todos; la filosofía, un saber reservado a unos pocos). Los teólogos adversarios de Averroes, interpretaron su doctrina como subordinación de la fe a las verdades de la razón. Contra estas enseñanzas se alzaron las voces de los escolásticos, especialmente de Santo Tomas, máximo exponente del esfuerzo por compaginar en forma coherente la teología cristiana y la filosofía pagana. Dentro de la escolástica, la doctrina de la doble verdad fue atribuida a Siger de Brabante y a Boecio de Dacia. En realidad, uno y otro sostienen que la filosofía conduce a verdades necesarias e incontrovertibles. Para la teología y filosofía cristianas el hecho de que la razón no pueda probar determinados datos de la revelación no significa la verdad de las afirmaciones opuestas.

--Filosóficas. Primitivamente, la verdad fue entendida como una propiedad de las cosas y sus manifestaciones, pero poco a poco se fue convirtiendo en propiedad del entendimiento (es él el que debe desvelar lo que son las cosas). Tal concepción aparece con Aristóteles y es aceptada por gran parte de la filosofía posterior. En la actualidad en todas las teorías se mantiene la idea básica de que la verdad consiste en una relación, difiriendo sólo en la determinación de los términos de dicha relación: relación de una proposición con los hechos (correspondencia); relación de una proposición con un conjunto establecido de proposiciones (coherencia) y relación de una proposición con la práctica, la acción o la utilidad (pragmática).

En Filosofía, la verdad implica siempre una relación entre un sujeto o inteligencia, y un objeto o realidad. Como tal, la verdad es la concordancia del pensamiento con lo real. En este sentido, si tal correspondencia no se da, entonces podemos afirmar que se trata de una proposición falsa (Aristóteles). Santo Tomás de Aquino, por su parte, refería que la verdad era la inteligibilidad del ser y la correspondencia de la mente con la realidad, mientras que, para Kant, la verdad era una perfección lógica del conocimiento. La filosofía distingue diferentes tipos de verdad según su relación con la realidad y con el sujeto que la percibe:

Objetiva. Existe independientemente de que alguien la conozca o crea en ella.

Subjetiva. Depende de la percepción o la experiencia de cada persona.

Absoluta. Es válida en todo tiempo, cultura y lugar, sin depender del contexto, con independencia de quién la piense o de las circunstancias.

Relativa. Es una afirmación que solo es verdadera bajo ciertas condiciones, en una cultura o época concreta, o desde el punto de vista de una persona o grupo. Es cierta sólo cuando es considerada en relación a determinados criterios, como una norma, convención o punto de vista.

Posibilidad de conocer la verdad:

--Dogmatismo. Este implica mantener la verdad de un enunciado sin demasiadas razones que lo justifiquen o la convicción de que son muchos los enunciados cuya verdad podemos saber. Para Kant, el dogmatismo es la pretensión de avanzar en el conocimiento filosófico sin haber sometido a crítica los principios del pensar. Descartes defiende que es posible obtener conocimientos totalmente verdaderos, absolutamente seguros y definitivos.

--Escepticismo (Montaigne, Charron y Fco Sánchez). Niega la posibilidad de obtener conocimientos verdaderos. Es una concepción epistemológica que sostiene que la mente no es capaz de justificar afirmaciones verdaderas. El escepticismo aparece en el pirronismo. Para Pirrón de Elis ni los sentidos ni la razón pueden suministrarnos un conocimiento verdadero, por lo que lo mejor, si queremos llegar a la ataraxia, es permanecer indiferentes a todo absteniéndonos de hacer juicios (epojé). Para Sexto Empírico es como el arte de enfrentar todas las contradicciones de las cosas y el pensamiento. Hume distingue entre escepticismo antecedente (anterior a todo estudio y filosofía. Equivale a negar cualquier posibilidad de llegar a la certeza) y consecuente (posterior a la ciencia y a la investigación. Es el que hay que adoptar después de haber sometido a examen nuestras posibilidades cognoscitivas). Al hombre razonable le es necesario un escepticismo mitigado o académico, que es el resultado de combinar un severo examen crítico de nuestras capacidades cognoscitivas con el sentido común y la reflexión. Este escepticismo académico ha pasado a ser una de las posturas fundamentales de la filosofía neopositivista del s. XX. Encontramos dos tipos de escepticismo:

Extremo o absoluto sostiene que no existe ningún enunciado objetivamente verdadero para la mente humana, o la imposibilidad total de justificar afirmaciones verdaderas.

Moderado o relativo sostiene que son pocos los enunciados objetivamente verdaderos, o bien establece dudas razonadas sobre la capacidad de la mente de poder conocer las cosas y, por lo mismo, la somete a examen. La duda metódica y el espíritu crítico o el rigor científico son manifestaciones prácticas del mismo.

--Criticismo. Postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo para la cual el conocimiento es posible, pero no incuestionable ni definitivo, sino que debe ser revisado y criticado continuamente para detectar posibles falsificaciones y errores. La filosofía de Kant constituye un examen, juicio o crítica de las posibilidades de conocimiento de la misma razón. Al estudio de estas condiciones o posibilidades del conocimiento por parte de la razón, Kant la conoce como filosofía trascendental.

--Relativismo. Afirma que todo conocimiento o valor moral dependen en esencia del punto de vista del sujeto que los tiene. Sus dos especies clásicas son el relativismo epistemológico (no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos) y el ético (niega que existan normas morales universalmente válidas). Autores clásicos son Protágoras con su frase «el hombre es la medida de todas las cosas» (homo mensura), y Oswald Spengler que sostuvo que sólo hay verdades con relación a una situación concreta de la humanidad.

Para Nietzsche la verdad es una construcción humana, ligada al poder y al lenguaje, y escribió "No hay verdad, sólo interpretaciones", lo que indica que cada uno puede tener una interpretación o verdad. Esta teoría fue apoyada por Foucault, y le agrega "Hay múltiples interpretaciones de los hechos, pero el poder se encarga de impone su interpretación (su verdad) y totalizarla". Para Foucault el poder tiene la capacidad de instalar su propia interpretación como verdad general.

La verdad existe pero no la poseemos. José Ortega y Gasset dice “La vida sin verdad no es vivible. La verdad es recíproca al hombre. Sin hombre no hay verdad, y sin verdad no hay hombre. Éste puede definirse como el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional”.

La mentira es el enunciado falso dicho a sabiendas (con intención de engañar) de que es falso y con voluntad de que el otro lo tome por verdadero. Está vinculada a la verdad, ya que busca ocultar o distorsionar información que es verdadera.

La mentira es la ausencia o distorsión deliberada de la verdad, y la verdad es lo adecuado, auténtico o correcto frente a lo falseado. Éticamente, muchos filósofos ven la mentira como ruptura de la obligación de veracidad que sostiene la confianza y la vida social (verdad y mentira se construyen y regulan con normas culturales y lenguaje, lo que hace que el límite entre ambas sea a veces un campo de conflicto en la política o los medios).



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