El hombre, a diferencia del animal, tiene consciencia de sí mismo
y, por tanto, la capacidad de dar un valor a una identidad, y decidir si le
gusta o no dicha identidad.
La autoestima es la percepción o valoración que cada uno tiene de
sí, y es esencial para la supervivencia psicológica, ya que sin cierta dosis de
autoestima resulta difícil satisfacer algunas necesidades básicas.
La autoestima es la medida de cuánto uno se aprecia, valora o
aprueba a sí mismo.
Es la opinión afectiva y subjetiva (positiva o negativa) que uno
tiene sobre su propio valor, capacidad, competencia y valía personal.
Es un componente dinámico y esencial de la personalidad que se
fortalece o debilita con el tiempo, en función de las experiencias.
Su definición varía según el enfoque: A. Maslow en su teoría de
las necesidades humanas, destacó la confianza, el sentido del éxito y el
respeto. C. Rogers subrayó que es el resultado de la congruencia entre el yo
real (lo que uno es) y el yo ideal (lo que desea ser). Para Rosenberg es el sentimiento,
negativo o positivo, de las personas hacia sí mismas, e hizo la “escala de
autoestima de Rosenberg” para medir sus niveles. Mejía Estrada, Pastrana y
Mejía Sánchez dicen que es la impresión que tenemos sobre lo que valemos, lo que
implica una valoración en diferentes áreas (sentimientos, pensamientos,
actitudes, experiencias…), y tras la valoración, el resultado que puede ser
positivo o negativo, forma la autoestima. Para W. James es el juicio que uno
tiene de sí. Se diferencian dos tipos: el «rasgo» de autoestima o el nivel
inherente de autoestima de la persona, y el «estado» de autoestima que depende
del éxito o fracaso relativo de un objetivo relevante o personal.
Los criterios en la definición de las diferencias individuales son
la:
- Inteligencia o capacidad de adaptación
del individuo.
- Personalidad o unión del temperamento
(lo que traemos al nacer) y el carácter (aprendizaje).
- Psicopatología o trastorno del
individuo (desadaptación, deficiencias) en cuanto a la inteligencia y
personalidad.
La autoestima se basa en:
- El valor al centrarse en la percepción
de valía personal relacionada con la verificación de identidades sociales o
grupales.
- La eficacia relacionada con la
percepción de competencia y efectividad personal, emergiendo con la
verificación de roles.
- La autenticidad o congruencia entre el
yo real y el ideal, y se desarrolla a través de la verificación de identidades
personales.
La autoestima está influenciada por la interacción de factores
internos y externos.
Factores internos:
- El sistema de creencias desarrollado a lo largo de la vida, y si
las acciones se alinean con los valores personales, se refuerza la autoestima.
- El cómo nos hablamos pues un diálogo interno positivo y
constructivo fortalece la confianza, mientras que el negativo y autocrítico la socava.
- La capacidad de comprender y manejar las emociones, para una buena
regulación emocional y una autoestima saludable.
- La forma en que una persona se cuida, tanto física como
mentalmente afecta a su autoestima.
Factores externos:
- Las experiencias tempranas en la familia son vitales para el
desarrollo de la autoestima.
- Los éxitos alcanzados y el reconocimiento recibido por los
esfuerzos refuerzan la autoestima.
- La calidad de las relaciones interpersonales, incide profundamente
en cómo una persona se siente consigo misma.
- Especialmente en la adolescencia, la percepción de la propia
apariencia física tiene un impacto significativo en la autoestima.
- El ámbito familiar, educativo, laboral, social, y los medios de
comunicación, promueven estereotipos y estándares que influyen en la
autoestima.
Tipos de autoestima.
La autoestima puede ser alta o baja y ambas (no son excluyentes) tienen
un impacto significativo en la calidad de vida. Una autoestima saludable se
manifiesta en la valoración positiva de uno mismo, en la confianza en las
propias habilidades, en afrontar y perseguir los objetivos con determinación y
una actitud resiliente. Por otro lado, una baja autoestima conduce a
sentimientos negativos, dudas sobre el propio valor, problemas sociales, laborales,
y psíquicos (ansiedad y depresión), de aquí que hablemos de autoestima
personal, académica, laboral.... Sus tipos serían:
-Autoestima positiva y estable (saludable). Se basa en un
autoconcepto realista al reconocer sus características positivamente. Puede ver
características de sí mismo que le gustan más y otras que no, pero a nivel
global se considera una persona valiosa. La autoestima estable se sustenta en
el criterio propio con fundamentos sólidos, por ello se mantiene más estable en
el tiempo, a pesar de las circunstancias y opiniones externas.
-Autoestima positiva e inestable. La positiva es la buena
valoración de uno mismo. La inestable es la que depende de factores internos y
externos y que cambia en función del contexto, al no estar bien sustentada con
criterio propio, por lo que, ante un evento puede tambalearse.
-Autoestima negativa y estable. La persona negativa no se siente
cómoda con su autoconcepto, sus características las valora negativamente (no le
gusta su imagen). Al ser estable, la valoración negativa está fuertemente
establecida y no varía en función de los acontecimientos.
-Autoestima negativa e inestable. Es la valoración negativa de uno
mismo, y al ser inestable, es cambiante en función de los sucesos.
-Autoestima inflada. Se caracteriza por un bajo nivel de
autoconocimiento que se disfraza de una autoestima alta. Las personas así no
tienen un autoconcepto realista, esconden la necesidad de reconocimiento
externo, no hacen autocrítica y no admiten errores.
-Autoestima alta. Las personas con este tipo de autoestima tienen mucha
confianza en sus capacidades, y presentan las siguientes características:
- Aceptan los desafíos con entusiasmo, pues confían en su criterio, y
no dependen de la aprobación de los demás.
- Aceptan sus fortalezas y debilidades tal y como son (entienden que
cometer errores es parte del proceso y una oportunidad de aprendizaje).
- Defienden sus creencias y valores de manera asertiva, respetando
las diferencias.
- Están en sintonía con sus emociones y no tienen problemas para
compartirlas con los demás.
- Muestran interés y compasión por los demás, ofreciendo ayuda sin
juzgar.
- Disfrutan interactuando con otras personas, y no se deja manipular
con facilidad.
- Son independientes y autosuficientes, pero piden información o
aclaraciones cuando algo no les queda claro, sin temor a parecer ignorantes.
- No tienen dificultad en poner límites o decir no, cuando lo sienten
o consideran necesario.
- Practican hábitos que promueven el bienestar tanto físico como
emocional.
- Se esfuerzan por alcanzar sus metas, y modifican sus ideas si la
experiencia demuestra que estaban equivocados.
- Viven el presente con plenitud, tomando lecciones del pasado y
preparándose para el futuro sin dejar que preocupaciones excesivas les dominen.
-Baja autoestima. Estas personas se sienten inseguras e
insatisfechas. Tienen dificultad de mostrarse asertivas, y algunos rasgos
habituales son:
- Experimentan un estado de preocupación constante, percibiendo la
vida como un posible ataque.
- Están en un estado continuo de insatisfacción, focalizándose en
sus errores o defectos, y minimizando sus logros.
- Condicionan sus propias decisiones en base a lo que piensan o
esperan los demás.
- Se critican duramente a sí mismos por sus errores, y evitan
riesgos y desafíos porque dudan de sus capacidades.
- Tienden a depender de otras personas para sentirse completas o
valiosas.
- Se desaniman con facilidad ante el primer obstáculo que se les
presenta.
- Buscan constantemente la aprobación de los demás, lo que las lleva
a aceptar situaciones o relaciones perjudiciales por miedo a la soledad.
- Descuidan su salud física o emocional, pues no se sienten dignos
de cuidado y atención.
- Toleran poco las críticas y se muestran hostiles ante quienes las
cuestionan.
- Tienen la tendencia a ver el mundo y a sí mismos a través de una
lente negativa, enfocándose en lo que podría salir mal.
- Se culpan mucho de los errores del pasado, se desmotivan con
facilidad y les cuesta terminar lo que empiezan.
- Son muy influenciables a la manipulación de los demás.
- Son tímidos para hablar con otros y, en especial, para hablar
frente a un grupo numeroso.
Formación de la autoestima.
La autoestima se desarrolla a lo largo de la vida (no se nace con
alta o baja autoestima), aumenta desde la adolescencia hasta alcanzar su máximo
sobre los 55 años, y disminuye a un ritmo acelerado hasta la vejez. Es un rasgo
relativamente estable, pero nunca inmutable. Se moldeada por experiencias e
interacciones con otros y la forma en que interiorizamos nuestros logros y
fracasos, lo que significa que, aunque algunos aspectos de nuestra autoestima
puedan tener raíces en nuestras experiencias tempranas, siempre hay
oportunidades para el crecimiento y la mejora (personas con una autoestima alta
o baja en una etapa de la vida quizás tengan otra distinta años después).
La formación de la autoestima es un proceso complejo y
multifacético, que se manifiesta en diferentes niveles que varían según la
persona y etapa de la vida que esté viviendo. Además, la autoestima tiene dos
tipos de problemas, el situacional que se muestra sólo en aspectos concretos
(seguro como amigo, pero fracasado profesionalmente), y el caracterológico que
tiene habitualmente su raíz en experiencias tempranas, siendo las más
importantes las infantiles y las adolescentes.
El concepto de autoestima se elabora en base a las emociones y no
sobre cuestiones racionales, su construcción se relaciona con la aceptación o
no del propio individuo, su manera de ser, su carácter, sus rasgos físicos y su
estilo de vida. Se conforma por un conjunto de factores subjetivos, como las
emociones y los juicios de valor del individuo o surgir por influencias y
preconceptos del entorno en el que vive. Este proceso es influenciado por una
variedad de factores, incluidas nuestras experiencias y relaciones, los éxitos
y fracasos, y la manera en que interpretamos y reaccionamos ante las circunstancias
de nuestra vida:
1. Unos científicos creen que una parte del desarrollo de la
persona se ve influenciado por su entorno, mientras que otros que está
predeterminada por sus genes (se heredan cromosomas relacionados con rasgos
como la agorafobia, la ansiedad social…).
2. Influencias tempranas. La infancia es el momento más crucial en
su desarrollo, con las interacciones que tenemos con nuestros padres,
cuidadores y figuras de autoridad. El apoyo, el amor incondicional, el
reconocimiento y la validación positiva contribuyen a desarrollar una
autoestima saludable, pero la crítica constante, el descuido emocional o las
expectativas poco realistas conllevan una autoestima baja.
3. A medida que crecemos y salimos del entorno familiar, las
experiencias en la escuela y con los amigos juegan un papel importante en su formación.
El éxito y el reconocimiento en estos ámbitos pueden reforzar una percepción
positiva de nuestras habilidades y valor. Las dificultades o fracasos,
especialmente si no se manejan con apoyo y comprensión, tienen el efecto
contrario.
4. Algunas religiones o sistemas de creencias devalúan
intencionalmente la autoestima, ya que predican que una persona es
intrínsecamente mala o pecaminosa, y que debe hacer ciertas cosas para
arrepentirse. Otras religiones crean un impacto positivo en la autoestima del
individuo al inculcarle un sentido de propósito y pertenencia.
5. La salud física y mental personal es un factor importante en la
seguridad que se siente sobre sí misma. Estar en sintonía con su cuerpo, mente
y espíritu ayuda a dar un impulso extra de confianza cuando se trata del estrés
de su vida diaria.
6. Estamos rodeados de medios de comunicación social influyentes
entre las personas, y con una influencia tan poderosa como para que la gente
siga cualquier cosa que vea que esté «de moda, guay, cool». El miedo al rechazo
social es la primera razón por la que la gente se esfuerza por alcanzar estos ideales
sociales proyectados.
7. Nuestra interpretación de los éxitos y fracasos personales
juegan un papel importante en su formación. Aprender a ver los fracasos como
oportunidades de aprendizaje y crecimiento, en lugar de reflejos de
inadecuación personal, fortalece nuestra autoestima. Del mismo modo, celebrar
los logros, sin importar su tamaño, refuerza nuestra sensación de competencia y
valor.
8. Las reflexiones sobre nuestras experiencias y la autoconciencia
a lo largo del tiempo son fundamentales. La capacidad de autoevaluarse de modo
realista, reconociendo las fortalezas y debilidades contribuyen a una
autoestima equilibrada y resiliente.
Componentes de la autoestima.
La autoestima está compuesta por la autoimagen y el autoconcepto.
Si hago una buena valoración de mi propia imagen y mi propio concepto tendré
una correcta autoestima, pero si no tengo una buena imagen o concepto de mí
mismo, probablemente mi autoestima sea baja. Puede haber personas que tengan
alta la autoimagen y bajo el autoconcepto (o viceversa) lo que afecta al
cómputo total de la autoestima. La autoestima engloba la valoración que hacemos
de nosotros mismos en múltiples dimensiones, incluyendo nuestras habilidades, un
auto diálogo positivo, logros, valores, imagen, concepto y la manera en que nos
tratamos a nosotros mismos y a los demás:
-Autoconcepto. Es el cimiento sobre el que se construye la
autoestima o idea que tenemos de nosotros mismos, de quién y cómo somos. Es nuestra
imagen básica (positiva o negativa) e incluye cómo nos vemos físicamente,
habilidades, características, valores y creencias. Podemos decir que el
autoconcepto es una lista de características, y que la autoestima es la
apreciación positiva o negativa de esas características.
-Autoaceptación. Es la capacidad de aceptarnos de manera
incondicional, reconociendo nuestras fortalezas y debilidades. Implica un nivel
de amabilidad hacia uno mismo y la comprensión de que ser imperfecto es parte
de la condición humana. La autoaceptación es crucial para una autoestima
saludable, ya que permite que las personas se sientan valiosas a pesar de sus
fallos o errores.
-Autorrespeto. Involucra tratarse a uno mismo con dignidad y
respeto, manteniendo estándares personales y no permitiendo que otros nos
traten de modo que contradiga esos estándares. Incluye establecer límites
saludables en relaciones y situaciones y vivir de acuerdo con los valores y
necesidades personales.
-Autocompasión. Es la capacidad de tratarse uno mismo con la
compasión, preocupación y comprensión que darías a un amigo. Este elemento
ayuda a las personas a ser menos críticas y más comprensivas con sus errores y
momentos de sufrimiento.
-Autoeficacia. Es la creencia en nuestra capacidad para realizar
tareas, alcanzar metas y manejar desafíos de manera efectiva. Este sentimiento
de competencia y eficacia personal es un componente vital de la autoestima, ya
que influye en la motivación y persistencia ante la adversidad.
-Autorreconocimiento. Este elemento implica el reconocimiento y
valoración de nuestros logros y cualidades positivas. Celebrar nuestros éxitos,
por pequeños que sean, y reconocer nuestras fortalezas contribuye a una
autoestima saludable.
-Responsabilidad personal. Es la comprensión de que somos los
responsables de nuestras acciones y bienestar. Este componente implica tomar
control de las vidas, lo que incluye asumir la responsabilidad de nuestras
decisiones y trabajar activamente hacia nuestros objetivos personales.
-Autovaloración.
Refleja la capacidad interna de evaluar las cosas como buenas, interesantes,
enriquecedoras, nos hacen sentir bien, nos permiten crecer y aprender; y
considerar las insatisfactorias cuando carecen de interés, nos hacen daño y no
nos permite crecer.
-Auto
aceptación. Reconocer todas las partes como un hecho, como la forma de ser y
sentir, pues sólo con la aceptación se puede cambiar la vida.
-Auto imagen.
Es la propia imagen física. Es como nos vemos y nos sentimos con nuestro
aspecto físico, el cómo nos ven y deseamos vernos, el aceptarnos tal cual somos
físicamente.
-Proyecto de
vida. Es gobernar
la propia vida. Una de las acciones necesarias es elaborar y ejercitar un
documento donde se planteen cosas o deseos reales a corto, medio y largo plazo,
lo cual nos ayudará a ser más asertivos ante las metas o proyectos que deseamos
realizar.
Los psicólogos han formulado maneras para definir y evaluar el
nivel de autoestima como:
A. La escala de autoestima de Rosenberg, es una de las medidas de
autoestima más utilizadas por su simplicidad. Contiene 10 ítems que hay que contestar
en una escala del 1 (total acuerdo) al 4 (total desacuerdo). Las puntuaciones
más altas indican una baja autoestima, y viceversa. Los 10 elementos utilizados
son:
- En general, estoy satisfecho
conmigo mismo.
- A veces pienso que no soy bueno en
nada.
- Creo que tengo una serie de buenas
cualidades.
- Soy capaz de hacer las cosas igual
de bien que la mayoría de personas.
- Siento que no tengo mucho de lo que
estar orgulloso.
- A veces me siento inútil.
- Siento que soy una persona valiosa.
- Ojalá pudiera tener más respeto por
mí mismo.
- En general, me inclino a pensar que
soy un fracaso.
- Tomo una actitud positiva hacia mí
mismo.
B. El Inventario de autoestima de Coppersmith. Es el segundo test de
autoestima más utilizado. Contiene 50 ítems que el encuestado tiene que asociar
con frases como «como yo» o «no como yo», según lo que mejor represente su
sentimiento sobre la frase dada. Algunos ítems son: Soy simpático. Nunca estoy
triste. Soy un fracasado. Estoy haciendo el mejor trabajo que puedo…
Las funciones principales de la autoestima son:
- Protección del yo: Actúa como un
amortiguador frente al estrés y ayuda a lidiar con las decepciones y fracasos.
- Expansión del yo: Facilita la
exploración de nuevas posibilidades y el desarrollo personal más allá de las
zonas de confort.
La autoestima tiene otras muchas funciones necesarias en el día a
día, ya que la buena autoestima se entrelaza con todas las facetas de la vida. La
autoestima saludable nos hace más resilientes ante los desafíos y adversidades.
Nos ayuda a conocernos mejor, a tener una buena consideración, y a ser más
asertivos, lo que hará que nuestras relaciones sociales sean más
satisfactorias. Atenderemos mejor a nuestras necesidades al satisfacerlas y establecer
unos límites claros. La autoestima promueve el autocuidado, la salud y refuerza
el bienestar general, al darnos protección ante el miedo y la incertidumbre, al
buscar una solución y cumplir las metas que nos propongamos, al tomar
decisiones ante las acciones, y la reducción del impacto de los rechazos y
problemas.
Consejos para mejorar la autoestima.
Mejorar la autoestima requiere tiempo, paciencia y ejercicio
mental. El primer paso para mejorar la autoestima baja es reconocerla y salir
de tu zona de confort voluntariamente cambiando cosas en tu vida a través de tu
mentalidad, hábitos o rutinas diarias, y el segundo pedir ayuda.
Ningún extremo es saludable, la autoestima elevada de modo
exagerado puede significar una distorsión de la percepción que el individuo
tiene de sí, por el contrario, la autoestima muy baja puede significar un
trastorno depresivo que requiera ayuda profesional. Según A. Maslow desarrollar
una autoestima equilibrada permite lograr una vida plena. Maslow formuló la
teoría de «La motivación humana» que explica que a medida que las personas
satisfacen sus necesidades, desarrollan nuevas necesidades y deseos. Por eso,
la autoestima puede variar a lo largo de la vida y mantener su equilibrio es un
ejercicio constante.
Adopta hábitos de organización y disciplina en las actividades
diarias.
Adquiere nuevas habilidades o conocimientos para darte una
sensación de logro, anótalo, por pequeño que sea, y celébralo.
Aprende a tratarte con la misma amabilidad y comprensión que
ofrecerías a un amigo en momentos de dificultad.
Cuida tu bienestar físico con el ejercicio regular, una
alimentación equilibrada y un descanso adecuado.
Entiende que cometer errores y afrontar fracasos es una parte
natural del crecimiento humano.
Establece límites saludables con los demás, aprendiendo a decir
«no» cuando sea necesario.
Identifica tus pensamientos negativos y trabaja para cambiarlos,
siendo menos critico contigo mismo.
Olvida los pequeños errores, todo el mundo los comete, y piensa en
tus fortalezas y cualidades positivas.
Practica la asertividad, expresando las ideas y deseos con
claridad; y toma las decisiones autónomas sin miedo.
Pregúntate tres veces el porqué de tus creencias más frecuentes en
tu día a día, para encontrar los orígenes de nuestra baja autoestima.
Reconoce la importancia personal y social, y practica el respeto
hacia uno mismo, y hacia los demás.
Rodéate de personas positivas que te aprecien y respalden.
Como establecer metas para aumentar la autoestima.
Antes de enfrentarte a un reto, haz un listado de los valores
positivos que tengas y escoge uno. Durante un par de minutos repasa por qué ese
valor es importante para ti en el día a día.
Cuando haya algo que no te sientas capaz de hacer, no lo evites, inténtalo,
aunque sepas que quizás fracases. No hacer nada o huir del reto es malo para
nuestra autoestima. Cuando sentimos una amenaza, nuestro instinto intenta
buscar vías de escape para reducir la ansiedad inmediatamente. Al hacerlo
sentimos una sensación de alivio y nuestros niveles de ansiedad se reducen. Sin
embargo, a medio y largo plazo, huir no es una buena opción, ya que
retroalimenta el circulo de la baja autoestima porque no has sido capaz de
enfrentarte a algo que deberías de haber hecho. La autoestima no depende del
resultado de nuestras acciones, sino de que se lleguen a realizar y de que nos
lleguemos a enfrentar.
-Define tu meta: Piensa sobre qué es lo que le gustaría lograr. Ej.:
«Voy a tomar responsabilidad en mi vida» (meta muy vaga), mejor: ¿Qué necesito
para poder tomar responsabilidad en mi vida? La respuesta sería, por ej.: dejar
de echarle la culpa a los demás, dejar de protestar, superar mi miedo al
rechazo…. No te pongas metas inalcanzables porque te causarán estrés y
ansiedad.
-Define un día específico en el que lograrás la meta (esto te mantiene
motivado).
-Lee tu meta a diario para tenerla enfocada. Tu meta podría ser:
«Tomar responsabilidad en mi vida, sin echar la culpa a los demás en 6 meses.»
-El último paso es escribir un plan con todos los pasos para
lograr la meta. Monitorearé mi diálogo interior diariamente, y si me descubro
echándole la culpa a alguien me preguntaré: Qué me está sucediendo que necesito
volverme una víctima.
Los beneficios de lograr esta meta son que voy a:
- Pensar más claramente, y superar mi mente de víctima.
- Tener mejores relaciones con mi familia, amigos y compañeros, al
tener más control sobre mis respuestas hacia los demás.
- Identificar los obstáculos o las cosas que nos previenen de lograr
lo que queremos. Pueden ser problemas prácticos como falta de tiempo, o
problemas psicológicos. Los más comunes son: estrés, fatiga, miedo al fracaso y
al rechazo, falta de confianza y motivación o frustración.