sábado, 22 de marzo de 2025

LA CURIOSIDAD

La curiosidad y el interés, aunque a menudo se confunden, son diferentes. La curiosidad es un estado cognitivo aversivo causado por una falta de información, mientras que el interés es un compromiso intrínseco con un objeto o actividad específico.

La curiosidad es una motivación intrínseca que sin tener un beneficio inmediato, es crucial para el desarrollo y la regulación del aprendizaje, e involucra circuitos de control ejecutivo y de aprendizaje, lo que acentúa su papel en la toma de decisiones basadas en recompensas como los avances en ciencia, cultura, tecnología…En el ámbito educativo, la definimos como la capacidad de cuestionar y explorar el entorno con el fin de adquirir nuevos conocimientos y desarrollar el pensamiento crítico.

Es una característica esencial del ser humano que nos ha permitido avanzar y evolucionar como especie. Desde la antigüedad hasta la actualidad, la curiosidad ha sido, es y será una constante en nuestra historia, y la fuerza motriz del progreso humano. Tiene su origen en la necesidad de supervivencia de nuestros antepasados que debían explorar y descubrir nuevos territorios para encontrar alimento y refugio. En la antigüedad, la curiosidad se manifestaba en la observación de la naturaleza y la búsqueda de respuestas a los misterios del universo. En la Edad Media, se centra en la religión y en la búsqueda de la verdad divina. Durante el Renacimiento, la «curiositas» estaba considerada como un vicio del ser humano, un deseo insano por saber más cosas de las que podían interesar a un espíritu temeroso de Dios y de las fuerzas de la naturaleza. Curiosidad se equiparaba a pecado venial, y las expresiones «mera curiosidad o curiosidad malsana» quedan acuñadas para siempre en la historia de la lengua. El termino curiosidad empieza a dignificarse a comienzos de la Edad Moderna, pues en el origen «curiositas» se representaba por «preocupación» y apareció en la literatura por primera vez en el año 1598 gracias a Ben Jonson.

En la Ilustración cobra cuerpo el concepto de «curiosité scientifique», una virtud del intelecto humano que lleva al hombre a desear conocer e investigar el mundo que le rodea. También se empieza a difundir el sentido de curiosidad como «objeto que atrae el interés», y el adjetivo curioso comienza a cargarse de connotaciones positivas que lo asemejan a erudito o útil, a pesar de lo cual sigue conviviendo con su sentido peyorativo de fisgón.

La curiosidad es la necesidad innata del ser humano por explorar, descubrir y aprender sobre el entorno a través de la observación y experimentación. Es una disposición mental que impulsa a las personas a buscar información y hacer preguntas en busca de respuestas y nuevos conocimientos. Es una característica fundamental en el desarrollo cognitivo y emocional de las personas.

William James describe la curiosidad como un impulso fundamental que incita a la mente humana a buscar información y comprender el mundo. Para él, la curiosidad era un estado de alerta mental que nos impulsaba a aprender de nuestras experiencias.

George Loewenstein propone que la curiosidad surge cuando percibimos una brecha entre lo que sabemos y lo que queremos saber. Este «vacío informativo» nos motiva a buscar respuestas para cerrarlo, y es precisamente ese impulso el que desencadena procesos creativos.

Edward de Bono sugiere que la curiosidad es el primer paso para el pensamiento lateral, donde la mente se libera de los patrones convencionales y explora ideas originales (la curiosidad permite cuestionar la realidad y descubrir soluciones innovadoras).

La curiosidad es:

  • Común a los humanos en todas las edades, y fácil de observar en otras especies animales.
  • El vicio o interés compulsivo en las personas por indagar sobre asuntos ajenos.
  • Es un estado psicológico caracterizado por el reconocimiento de una brecha de información, la anticipación de que es posible cerrarla, y un deseo intrínseco de hacerlo.
  • Es una actitud que motiva a buscar respuestas, a cuestionar lo establecido y a descubrir nuevas perspectivas.
  • Es una característica innata del ser humano que se desarrolla y evoluciona a lo largo de las diferentes etapas de la vida.
  • La motivación fundamental que influye en el aprendizaje, la adquisición de conocimiento y la satisfacción personal.
  • La motivación principal de los científicos, que hace al hombre experto en cierto campo del conocimiento.
  • Un comportamiento inquisitivo e inclinación natural a explorar, investigar y aprender.
  • Un instinto natural, que a ciertas especies las confiere ventajas en la supervivencia, al encontrarse en sus genomas.
  • Una mezcla fascinante de asombro, interés y deseo instintivo de saber o averiguar lo desconocido.

Tipos de curiosidad.

La curiosidad no es un rasgo único ni homogéneo, y por lo tanto las personas pueden experimentarla de manera diferente. Los diferentes tipos de curiosidad son:

  • Abstracta: Se relaciona con la exploración mental de ideas abstractas (fantasía, teorización). Es consciente y se manifiesta en la búsqueda de explicaciones teóricas.
  • Alegre: Motivada por la alegría de aprender información o habilidades nuevas sin estrés ni presión.
  • Amplia: Se basa en el deseo de investigar sobre una gran cantidad de temas sin la necesidad de profundizar en cada uno de ellos.
  • Creativa: Explora ideas innovadoras y soluciones originales, y promueve el pensamiento no convencional y experiencial.
  • Diversiva: Impulsa la búsqueda de nuevas experiencias y estímulos para evitar la monotonía.
  • Dual: Surge de la interacción entre la incertidumbre y la sorpresa, como una respuesta ante algo misterioso.
  • Emocional: Se enfoca en experiencias intensas, incluso arriesgadas, para sentir emociones fuertes.
  • Epistémica: Es el deseo de adquirir un conocimiento profundo y entender conceptos complejos. Impulsa la investigación y el aprendizaje académico, y se vincula con el pensamiento crítico y la reflexión.
  • Exploratoria: Incluye la exploración gozosa, la sensibilidad a la privación y a la tolerancia al estrés.
  • Interesada: Surge ante una información novedosa acompañada de una sensación placentera. Se relaciona con el aprendizaje autodidacta.
  • Mórbida: Es una curiosidad instintiva que se desencadena por eventos impactantes o incómodos (accidentes o escenas violentas) y puede manifestarse de manera catártica.
  • Perceptiva: Se relaciona con el interés por explorar y descubrir aspectos y experiencias novedosas que estimulan los sentidos.
  • Privación: Surge de la necesidad de resolver incertidumbres que generan tensión o ansiedad. Busca aliviar el estrés al cerrar brechas de conocimiento.
  • Profunda: Responde al interés por investigar de manera detallada un tema concreto.
  • Social: Se centra en conocer y comprender a otros, sus comportamientos, emociones y dinámicas sociales. Fomenta la empatía, la interacción social y el trabajo en equipo. Engloba la curiosidad social abierta o el deseo manifiesto de aprender de otras personas, y la curiosidad social encubierta, que es un interés más discreto de lo que otros dicen y hacen.

Beneficios de la curiosidad.

Activa diferentes áreas del cerebro, mejorando el rendimiento cognitivo. Fomenta la evaluación de información y la toma de decisiones. Contribuye a una mejor retención de información. Desarrolla una mentalidad flexible y adaptable. Genera ideas criticas e innovadoras, pues al estimular la curiosidad, se fomenta la creatividad, la innovación y la resolución de problemas.

Fomentar la curiosidad es objeto primordial, por ser el motor fundamental para el desarrollo del pensamiento y el aprendizaje significativo, pues al mantenerla activa nos permite seguir creciendo, innovando y adaptándonos a un mundo en constante cambio. Su desarrollo a lo largo de la vida es:

Durante la infancia se manifiesta como un instinto de supervivencia. El bebé explora su entorno a través de los sentidos, tocando, probando y observando todo lo que le rodea. Conforme se vuelven más independientes, su deseo de explorar nuevos objetos y personas aumenta significativamente, y pasa a la famosa etapa de los ¿por qué? Al comenzar la escuela, los niños entran en contacto con un mundo más amplio, en el que fomentaran la reflexión, y ya en la adolescencia la curiosidad empieza a enfocarse en áreas de interés personal y en la exploración de la identidad. Al llegar a la edad adulta la curiosidad empieza a disminuir por la presión social para tener respuestas correctas, las rutinas y responsabilidades que acortan el tiempo de exploración y las creencias de que ya se sabe lo suficiente sobre el mundo.

miércoles, 19 de marzo de 2025

LA AUTOESTIMA

El hombre, a diferencia del animal, tiene consciencia de sí mismo y, por tanto, la capacidad de dar un valor a una identidad, y decidir si le gusta o no dicha identidad.

La autoestima es la percepción o valoración que cada uno tiene de sí, y es esencial para la supervivencia psicológica, ya que sin cierta dosis de autoestima resulta difícil satisfacer algunas necesidades básicas.

La autoestima es la medida de cuánto uno se aprecia, valora o aprueba a sí mismo.

Es la opinión afectiva y subjetiva (positiva o negativa) que uno tiene sobre su propio valor, capacidad, competencia y valía personal.

Es un componente dinámico y esencial de la personalidad que se fortalece o debilita con el tiempo, en función de las experiencias.

Su definición varía según el enfoque: A. Maslow en su teoría de las necesidades humanas, destacó la confianza, el sentido del éxito y el respeto. C. Rogers subrayó que es el resultado de la congruencia entre el yo real (lo que uno es) y el yo ideal (lo que desea ser). Para Rosenberg es el sentimiento, negativo o positivo, de las personas hacia sí mismas, e hizo la “escala de autoestima de Rosenberg” para medir sus niveles. Mejía Estrada, Pastrana y Mejía Sánchez dicen que es la impresión que tenemos sobre lo que valemos, lo que implica una valoración en diferentes áreas (sentimientos, pensamientos, actitudes, experiencias…), y tras la valoración, el resultado que puede ser positivo o negativo, forma la autoestima. Para W. James es el juicio que uno tiene de sí. Se diferencian dos tipos: el «rasgo» de autoestima o el nivel inherente de autoestima de la persona, y el «estado» de autoestima que depende del éxito o fracaso relativo de un objetivo relevante o personal.

Los criterios en la definición de las diferencias individuales son la:

  • Inteligencia o capacidad de adaptación del individuo.
  • Personalidad o unión del temperamento (lo que traemos al nacer) y el carácter (aprendizaje).
  • Psicopatología o trastorno del individuo (desadaptación, deficiencias) en cuanto a la inteligencia y personalidad.

La autoestima se basa en:

  • El valor al centrarse en la percepción de valía personal relacionada con la verificación de identidades sociales o grupales.
  • La eficacia relacionada con la percepción de competencia y efectividad personal, emergiendo con la verificación de roles.
  • La autenticidad o congruencia entre el yo real y el ideal, y se desarrolla a través de la verificación de identidades personales.

La autoestima está influenciada por la interacción de factores internos y externos.

Factores internos:

  • El sistema de creencias desarrollado a lo largo de la vida, y si las acciones se alinean con los valores personales, se refuerza la autoestima.
  • El cómo nos hablamos pues un diálogo interno positivo y constructivo fortalece la confianza, mientras que el negativo y autocrítico la socava.
  • La capacidad de comprender y manejar las emociones, para una buena regulación emocional y una autoestima saludable.
  • La forma en que una persona se cuida, tanto física como mentalmente afecta a su autoestima.

Factores externos:

  • Las experiencias tempranas en la familia son vitales para el desarrollo de la autoestima.
  • Los éxitos alcanzados y el reconocimiento recibido por los esfuerzos refuerzan la autoestima.
  • La calidad de las relaciones interpersonales, incide profundamente en cómo una persona se siente consigo misma.
  • Especialmente en la adolescencia, la percepción de la propia apariencia física tiene un impacto significativo en la autoestima.
  • El ámbito familiar, educativo, laboral, social, y los medios de comunicación, promueven estereotipos y estándares que influyen en la autoestima.

Tipos de autoestima.

La autoestima puede ser alta o baja y ambas (no son excluyentes) tienen un impacto significativo en la calidad de vida. Una autoestima saludable se manifiesta en la valoración positiva de uno mismo, en la confianza en las propias habilidades, en afrontar y perseguir los objetivos con determinación y una actitud resiliente. Por otro lado, una baja autoestima conduce a sentimientos negativos, dudas sobre el propio valor, problemas sociales, laborales, y psíquicos (ansiedad y depresión), de aquí que hablemos de autoestima personal, académica, laboral.... Sus tipos serían:

-Autoestima positiva y estable (saludable). Se basa en un autoconcepto realista al reconocer sus características positivamente. Puede ver características de sí mismo que le gustan más y otras que no, pero a nivel global se considera una persona valiosa. La autoestima estable se sustenta en el criterio propio con fundamentos sólidos, por ello se mantiene más estable en el tiempo, a pesar de las circunstancias y opiniones externas.

-Autoestima positiva e inestable. La positiva es la buena valoración de uno mismo. La inestable es la que depende de factores internos y externos y que cambia en función del contexto, al no estar bien sustentada con criterio propio, por lo que, ante un evento puede tambalearse.

-Autoestima negativa y estable. La persona negativa no se siente cómoda con su autoconcepto, sus características las valora negativamente (no le gusta su imagen). Al ser estable, la valoración negativa está fuertemente establecida y no varía en función de los acontecimientos.

-Autoestima negativa e inestable. Es la valoración negativa de uno mismo, y al ser inestable, es cambiante en función de los sucesos.

-Autoestima inflada. Se caracteriza por un bajo nivel de autoconocimiento que se disfraza de una autoestima alta. Las personas así no tienen un autoconcepto realista, esconden la necesidad de reconocimiento externo, no hacen autocrítica y no admiten errores.

-Autoestima alta. Las personas con este tipo de autoestima tienen mucha confianza en sus capacidades, y presentan las siguientes características:

  • Aceptan los desafíos con entusiasmo, pues confían en su criterio, y no dependen de la aprobación de los demás.
  • Aceptan sus fortalezas y debilidades tal y como son (entienden que cometer errores es parte del proceso y una oportunidad de aprendizaje).
  • Defienden sus creencias y valores de manera asertiva, respetando las diferencias.
  • Están en sintonía con sus emociones y no tienen problemas para compartirlas con los demás.
  • Muestran interés y compasión por los demás, ofreciendo ayuda sin juzgar.
  • Disfrutan interactuando con otras personas, y no se deja manipular con facilidad.
  • Son independientes y autosuficientes, pero piden información o aclaraciones cuando algo no les queda claro, sin temor a parecer ignorantes.
  • No tienen dificultad en poner límites o decir no, cuando lo sienten o consideran necesario.
  • Practican hábitos que promueven el bienestar tanto físico como emocional.
  • Se esfuerzan por alcanzar sus metas, y modifican sus ideas si la experiencia demuestra que estaban equivocados.
  • Viven el presente con plenitud, tomando lecciones del pasado y preparándose para el futuro sin dejar que preocupaciones excesivas les dominen.

-Baja autoestima. Estas personas se sienten inseguras e insatisfechas. Tienen dificultad de mostrarse asertivas, y algunos rasgos habituales son:

  • Experimentan un estado de preocupación constante, percibiendo la vida como un posible ataque.
  • Están en un estado continuo de insatisfacción, focalizándose en sus errores o defectos, y minimizando sus logros.
  • Condicionan sus propias decisiones en base a lo que piensan o esperan los demás.
  • Se critican duramente a sí mismos por sus errores, y evitan riesgos y desafíos porque dudan de sus capacidades.
  • Tienden a depender de otras personas para sentirse completas o valiosas.
  • Se desaniman con facilidad ante el primer obstáculo que se les presenta.
  • Buscan constantemente la aprobación de los demás, lo que las lleva a aceptar situaciones o relaciones perjudiciales por miedo a la soledad.
  • Descuidan su salud física o emocional, pues no se sienten dignos de cuidado y atención.
  • Toleran poco las críticas y se muestran hostiles ante quienes las cuestionan.
  • Tienen la tendencia a ver el mundo y a sí mismos a través de una lente negativa, enfocándose en lo que podría salir mal.
  • Se culpan mucho de los errores del pasado, se desmotivan con facilidad y les cuesta terminar lo que empiezan.
  • Son muy influenciables a la manipulación de los demás.
  • Son tímidos para hablar con otros y, en especial, para hablar frente a un grupo numeroso.

Formación de la autoestima.

La autoestima se desarrolla a lo largo de la vida (no se nace con alta o baja autoestima), aumenta desde la adolescencia hasta alcanzar su máximo sobre los 55 años, y disminuye a un ritmo acelerado hasta la vejez. Es un rasgo relativamente estable, pero nunca inmutable. Se moldeada por experiencias e interacciones con otros y la forma en que interiorizamos nuestros logros y fracasos, lo que significa que, aunque algunos aspectos de nuestra autoestima puedan tener raíces en nuestras experiencias tempranas, siempre hay oportunidades para el crecimiento y la mejora (personas con una autoestima alta o baja en una etapa de la vida quizás tengan otra distinta años después).

La formación de la autoestima es un proceso complejo y multifacético, que se manifiesta en diferentes niveles que varían según la persona y etapa de la vida que esté viviendo. Además, la autoestima tiene dos tipos de problemas, el situacional que se muestra sólo en aspectos concretos (seguro como amigo, pero fracasado profesionalmente), y el caracterológico que tiene habitualmente su raíz en experiencias tempranas, siendo las más importantes las infantiles y las adolescentes.

El concepto de autoestima se elabora en base a las emociones y no sobre cuestiones racionales, su construcción se relaciona con la aceptación o no del propio individuo, su manera de ser, su carácter, sus rasgos físicos y su estilo de vida. Se conforma por un conjunto de factores subjetivos, como las emociones y los juicios de valor del individuo o surgir por influencias y preconceptos del entorno en el que vive. Este proceso es influenciado por una variedad de factores, incluidas nuestras experiencias y relaciones, los éxitos y fracasos, y la manera en que interpretamos y reaccionamos ante las circunstancias de nuestra vida:

1. Unos científicos creen que una parte del desarrollo de la persona se ve influenciado por su entorno, mientras que otros que está predeterminada por sus genes (se heredan cromosomas relacionados con rasgos como la agorafobia, la ansiedad social…).

2. Influencias tempranas. La infancia es el momento más crucial en su desarrollo, con las interacciones que tenemos con nuestros padres, cuidadores y figuras de autoridad. El apoyo, el amor incondicional, el reconocimiento y la validación positiva contribuyen a desarrollar una autoestima saludable, pero la crítica constante, el descuido emocional o las expectativas poco realistas conllevan una autoestima baja.

3. A medida que crecemos y salimos del entorno familiar, las experiencias en la escuela y con los amigos juegan un papel importante en su formación. El éxito y el reconocimiento en estos ámbitos pueden reforzar una percepción positiva de nuestras habilidades y valor. Las dificultades o fracasos, especialmente si no se manejan con apoyo y comprensión, tienen el efecto contrario.

4. Algunas religiones o sistemas de creencias devalúan intencionalmente la autoestima, ya que predican que una persona es intrínsecamente mala o pecaminosa, y que debe hacer ciertas cosas para arrepentirse. Otras religiones crean un impacto positivo en la autoestima del individuo al inculcarle un sentido de propósito y pertenencia.

5. La salud física y mental personal es un factor importante en la seguridad que se siente sobre sí misma. Estar en sintonía con su cuerpo, mente y espíritu ayuda a dar un impulso extra de confianza cuando se trata del estrés de su vida diaria.

6. Estamos rodeados de medios de comunicación social influyentes entre las personas, y con una influencia tan poderosa como para que la gente siga cualquier cosa que vea que esté «de moda, guay, cool». El miedo al rechazo social es la primera razón por la que la gente se esfuerza por alcanzar estos ideales sociales proyectados.

7. Nuestra interpretación de los éxitos y fracasos personales juegan un papel importante en su formación. Aprender a ver los fracasos como oportunidades de aprendizaje y crecimiento, en lugar de reflejos de inadecuación personal, fortalece nuestra autoestima. Del mismo modo, celebrar los logros, sin importar su tamaño, refuerza nuestra sensación de competencia y valor.

8. Las reflexiones sobre nuestras experiencias y la autoconciencia a lo largo del tiempo son fundamentales. La capacidad de autoevaluarse de modo realista, reconociendo las fortalezas y debilidades contribuyen a una autoestima equilibrada y resiliente.

Componentes de la autoestima.

La autoestima está compuesta por la autoimagen y el autoconcepto. Si hago una buena valoración de mi propia imagen y mi propio concepto tendré una correcta autoestima, pero si no tengo una buena imagen o concepto de mí mismo, probablemente mi autoestima sea baja. Puede haber personas que tengan alta la autoimagen y bajo el autoconcepto (o viceversa) lo que afecta al cómputo total de la autoestima. La autoestima engloba la valoración que hacemos de nosotros mismos en múltiples dimensiones, incluyendo nuestras habilidades, un auto diálogo positivo, logros, valores, imagen, concepto y la manera en que nos tratamos a nosotros mismos y a los demás:

-Autoconcepto. Es el cimiento sobre el que se construye la autoestima o idea que tenemos de nosotros mismos, de quién y cómo somos. Es nuestra imagen básica (positiva o negativa) e incluye cómo nos vemos físicamente, habilidades, características, valores y creencias. Podemos decir que el autoconcepto es una lista de características, y que la autoestima es la apreciación positiva o negativa de esas características.

-Autoaceptación. Es la capacidad de aceptarnos de manera incondicional, reconociendo nuestras fortalezas y debilidades. Implica un nivel de amabilidad hacia uno mismo y la comprensión de que ser imperfecto es parte de la condición humana. La autoaceptación es crucial para una autoestima saludable, ya que permite que las personas se sientan valiosas a pesar de sus fallos o errores.

-Autorrespeto. Involucra tratarse a uno mismo con dignidad y respeto, manteniendo estándares personales y no permitiendo que otros nos traten de modo que contradiga esos estándares. Incluye establecer límites saludables en relaciones y situaciones y vivir de acuerdo con los valores y necesidades personales.

-Autocompasión. Es la capacidad de tratarse uno mismo con la compasión, preocupación y comprensión que darías a un amigo. Este elemento ayuda a las personas a ser menos críticas y más comprensivas con sus errores y momentos de sufrimiento.

-Autoeficacia. Es la creencia en nuestra capacidad para realizar tareas, alcanzar metas y manejar desafíos de manera efectiva. Este sentimiento de competencia y eficacia personal es un componente vital de la autoestima, ya que influye en la motivación y persistencia ante la adversidad.

-Autorreconocimiento. Este elemento implica el reconocimiento y valoración de nuestros logros y cualidades positivas. Celebrar nuestros éxitos, por pequeños que sean, y reconocer nuestras fortalezas contribuye a una autoestima saludable.

-Responsabilidad personal. Es la comprensión de que somos los responsables de nuestras acciones y bienestar. Este componente implica tomar control de las vidas, lo que incluye asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y trabajar activamente hacia nuestros objetivos personales.

-Autovaloración. Refleja la capacidad interna de evaluar las cosas como buenas, interesantes, enriquecedoras, nos hacen sentir bien, nos permiten crecer y aprender; y considerar las insatisfactorias cuando carecen de interés, nos hacen daño y no nos permite crecer.

-Auto aceptación. Reconocer todas las partes como un hecho, como la forma de ser y sentir, pues sólo con la aceptación se puede cambiar la vida.

-Auto imagen. Es la propia imagen física. Es como nos vemos y nos sentimos con nuestro aspecto físico, el cómo nos ven y deseamos vernos, el aceptarnos tal cual somos físicamente.

-Proyecto de vida. Es gobernar la propia vida. Una de las acciones necesarias es elaborar y ejercitar un documento donde se planteen cosas o deseos reales a corto, medio y largo plazo, lo cual nos ayudará a ser más asertivos ante las metas o proyectos que deseamos realizar.

Los psicólogos han formulado maneras para definir y evaluar el nivel de autoestima como:

A. La escala de autoestima de Rosenberg, es una de las medidas de autoestima más utilizadas por su simplicidad. Contiene 10 ítems que hay que contestar en una escala del 1 (total acuerdo) al 4 (total desacuerdo). Las puntuaciones más altas indican una baja autoestima, y viceversa. Los 10 elementos utilizados son:

  • En general, estoy satisfecho conmigo mismo.
  • A veces pienso que no soy bueno en nada.
  • Creo que tengo una serie de buenas cualidades.
  • Soy capaz de hacer las cosas igual de bien que la mayoría de personas.
  • Siento que no tengo mucho de lo que estar orgulloso.
  • A veces me siento inútil.
  • Siento que soy una persona valiosa.
  • Ojalá pudiera tener más respeto por mí mismo.
  • En general, me inclino a pensar que soy un fracaso.
  • Tomo una actitud positiva hacia mí mismo.

B. El Inventario de autoestima de Coppersmith. Es el segundo test de autoestima más utilizado. Contiene 50 ítems que el encuestado tiene que asociar con frases como «como yo» o «no como yo», según lo que mejor represente su sentimiento sobre la frase dada. Algunos ítems son: Soy simpático. Nunca estoy triste. Soy un fracasado. Estoy haciendo el mejor trabajo que puedo…

Las funciones principales de la autoestima son:

  • Protección del yo: Actúa como un amortiguador frente al estrés y ayuda a lidiar con las decepciones y fracasos.
  • Expansión del yo: Facilita la exploración de nuevas posibilidades y el desarrollo personal más allá de las zonas de confort.

La autoestima tiene otras muchas funciones necesarias en el día a día, ya que la buena autoestima se entrelaza con todas las facetas de la vida. La autoestima saludable nos hace más resilientes ante los desafíos y adversidades. Nos ayuda a conocernos mejor, a tener una buena consideración, y a ser más asertivos, lo que hará que nuestras relaciones sociales sean más satisfactorias. Atenderemos mejor a nuestras necesidades al satisfacerlas y establecer unos límites claros. La autoestima promueve el autocuidado, la salud y refuerza el bienestar general, al darnos protección ante el miedo y la incertidumbre, al buscar una solución y cumplir las metas que nos propongamos, al tomar decisiones ante las acciones, y la reducción del impacto de los rechazos y problemas.

Consejos para mejorar la autoestima.

Mejorar la autoestima requiere tiempo, paciencia y ejercicio mental. El primer paso para mejorar la autoestima baja es reconocerla y salir de tu zona de confort voluntariamente cambiando cosas en tu vida a través de tu mentalidad, hábitos o rutinas diarias, y el segundo pedir ayuda.

Ningún extremo es saludable, la autoestima elevada de modo exagerado puede significar una distorsión de la percepción que el individuo tiene de sí, por el contrario, la autoestima muy baja puede significar un trastorno depresivo que requiera ayuda profesional. Según A. Maslow desarrollar una autoestima equilibrada permite lograr una vida plena. Maslow formuló la teoría de «La motivación humana» que explica que a medida que las personas satisfacen sus necesidades, desarrollan nuevas necesidades y deseos. Por eso, la autoestima puede variar a lo largo de la vida y mantener su equilibrio es un ejercicio constante.

Adopta hábitos de organización y disciplina en las actividades diarias.

Adquiere nuevas habilidades o conocimientos para darte una sensación de logro, anótalo, por pequeño que sea, y celébralo.

Aprende a tratarte con la misma amabilidad y comprensión que ofrecerías a un amigo en momentos de dificultad.

Cuida tu bienestar físico con el ejercicio regular, una alimentación equilibrada y un descanso adecuado.

Entiende que cometer errores y afrontar fracasos es una parte natural del crecimiento humano.

Establece límites saludables con los demás, aprendiendo a decir «no» cuando sea necesario.

Identifica tus pensamientos negativos y trabaja para cambiarlos, siendo menos critico contigo mismo.

Olvida los pequeños errores, todo el mundo los comete, y piensa en tus fortalezas y cualidades positivas.

Practica la asertividad, expresando las ideas y deseos con claridad; y toma las decisiones autónomas sin miedo.

Pregúntate tres veces el porqué de tus creencias más frecuentes en tu día a día, para encontrar los orígenes de nuestra baja autoestima.

Reconoce la importancia personal y social, y practica el respeto hacia uno mismo, y hacia los demás.

Rodéate de personas positivas que te aprecien y respalden.


Como establecer metas para aumentar la autoestima.

Antes de enfrentarte a un reto, haz un listado de los valores positivos que tengas y escoge uno. Durante un par de minutos repasa por qué ese valor es importante para ti en el día a día.

Cuando haya algo que no te sientas capaz de hacer, no lo evites, inténtalo, aunque sepas que quizás fracases. No hacer nada o huir del reto es malo para nuestra autoestima. Cuando sentimos una amenaza, nuestro instinto intenta buscar vías de escape para reducir la ansiedad inmediatamente. Al hacerlo sentimos una sensación de alivio y nuestros niveles de ansiedad se reducen. Sin embargo, a medio y largo plazo, huir no es una buena opción, ya que retroalimenta el circulo de la baja autoestima porque no has sido capaz de enfrentarte a algo que deberías de haber hecho. La autoestima no depende del resultado de nuestras acciones, sino de que se lleguen a realizar y de que nos lleguemos a enfrentar.

-Define tu meta: Piensa sobre qué es lo que le gustaría lograr. Ej.: «Voy a tomar responsabilidad en mi vida» (meta muy vaga), mejor: ¿Qué necesito para poder tomar responsabilidad en mi vida? La respuesta sería, por ej.: dejar de echarle la culpa a los demás, dejar de protestar, superar mi miedo al rechazo…. No te pongas metas inalcanzables porque te causarán estrés y ansiedad.

-Define un día específico en el que lograrás la meta (esto te mantiene motivado).

-Lee tu meta a diario para tenerla enfocada. Tu meta podría ser: «Tomar responsabilidad en mi vida, sin echar la culpa a los demás en 6 meses.»

-El último paso es escribir un plan con todos los pasos para lograr la meta. Monitorearé mi diálogo interior diariamente, y si me descubro echándole la culpa a alguien me preguntaré: Qué me está sucediendo que necesito volverme una víctima.

Los beneficios de lograr esta meta son que voy a:

  • Pensar más claramente, y superar mi mente de víctima.
  • Tener mejores relaciones con mi familia, amigos y compañeros, al tener más control sobre mis respuestas hacia los demás.
  • Identificar los obstáculos o las cosas que nos previenen de lograr lo que queremos. Pueden ser problemas prácticos como falta de tiempo, o problemas psicológicos. Los más comunes son: estrés, fatiga, miedo al fracaso y al rechazo, falta de confianza y motivación o frustración.

EL SILOGISMO

  Comenzaremos aclarando los conceptos de lógica, premisa y falacia. La lógica es la ciencia que comprende las leyes y formas del conocimi...