viernes, 17 de octubre de 2025

LA DÉCADA OMINOSA


Es un periodo clave en la historia contemporánea de España entre 1823-33. El término ominosa fue acuñado por los liberales para describir el carácter represivo del periodo, pero algunos historiadores señalan que, pese a su autoritarismo, hubo intentos de modernización institucional, tras el fracaso del Trienio Liberal, y sirvió para sentar las bases institucionales del Estado español contemporáneo, al tiempo que puso en evidencia las profundas tensiones entre absolutismo y liberalismo. Corresponde al último tramo del reinado de Fernando VII, caracterizado por la restauración del absolutismo y una dura represión contra los liberales.

Comenzó en 1823 con la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, tropas francesas enviadas por la Santa Alianza para restablecer el absolutismo con Fernando VII, y culminó tras su muerte en 1833, dando paso a la regencia de María Cristina y al inicio de la I Guerra Carlista.

Fdo. VII se casó en 1802 con M.ª Victoria de Nápoles, que murió sin descendencia tras dos abortos. Desposó en segundas nupcias con su sobrina Isabel de Braganza, que dio a luz a una niña que murió a los cuatro meses, al poco tiempo la reina murió, el 26/12/1818, de una cesárea. Vuelto a casar en 1819 con M.ª Josefa Amalia de Sajonia tampoco le dio hijos. Por 4.ª y última vez, en 1829, se casó con otra sobrina, M.ª Cristina de Borbón-Dos Sicilias, teniendo descendencia (Isabel y Luisa Fernanda). El rey confirmó la Pragmática Sanción de 1789 que derogaba la ley Sálica, con lo que comprometió las aspiraciones al trono de su hermano Carlos. El 29/9/1833 Fdo. VII muere, dejando a M.ª Cristina regente de su hija Isabel, iniciándose la guerra entre carlistas y liberales, durante la cual se promulga la Constitución de 1837, con el consenso de moderados y progresistas, que estableció la financiación de la Iglesia por el Estado.

El día 1/10/1823 en que desembarca en El Puerto de Santa M.ª, Fdo. VII declara «nulos y sin valor todos los actos del gobierno constitucional». Una vez en Madrid, nombró un nuevo ministerio dirigido por el marqués de Casa Irujo y luego por Narciso Heredia, que tuvo que seguir las instrucciones que el Rey dio en un escrito titulado Bases. La 2.ª pide la disolución del Ejército y la formación de otro. Se crean comisiones militares y civiles (el 4.º punto de las bases ordena «limpiar todas las personas adictas al sistema constitucional») para castigar a cuantos hubieran colaborado con el gobierno del Trienio o fuesen sospechosos de liberalismo. La muerte de Mariana Pineda, por bordar una bandera liberal es ejemplo de la situación. Teniendo en cuenta las humillaciones por las que Fdo. VII tuvo que pasar y la participación masona en el triunfo de la revolución de 1820 se explica el que la 5.ª base dijera «Trabajar incesantemente en destruir las Sociedades Secretas y toda especie de secta». La última instrucción de las Bases mandaba que no se reconocieran los empréstitos constitucionales porque «este era el castigo más propio para escarmentar a los que fomentan las rebeliones con sus capitales», de lo que se encargó el ministro de Hacienda López Ballesteros, aunque lo mejor de este fue el establecimiento de los Presupuestos generales del Estado con sus ingresos y gastos. Heredia fue destituido de la secretaría de Estado y se nombró a Cea Bermúdez, a los quince meses el 24/10/1824 fue sustituido por el duque del Infantado, incondicional de Fdo. VII, que a pesar de ser muy conservador su presidencia en el consejo de ministros siguió siendo moderada con Ballesteros en Hacienda, Salazar en Marina y Zambrano en Guerra. El 19/8/1826 cesa el duque del Infantado y le sustituye Manuel González Salmón.

Las características de la década son:

  • España quedó al margen de los movimientos liberales europeos.
  • La situación económica y social se deterioró por la mala administración, la deuda pública y las guerras coloniales. La Hacienda estaba en quiebra y se perdieron ingresos de América tras las independencias de la mayoría de colonias americanas. Se intentaron reformas como la creación del Consejo de Ministros, el Ministerio de Fomento y la Bolsa estatal.
  • Surge el descontento general incluso dentro del absolutismo con divisiones entre los “realistas puros” (más intransigentes) y los moderados cercanos al rey. El periodo se caracterizó por la división interna entre los absolutistas: por un lado, estaban los "reformistas", partidarios de suavizar el absolutismo, y por otro los "ultras" o "apostólicos", defensores de la restauración total y del regreso de la Inquisición. A nivel social, muchos liberales tuvieron que exiliarse y hubo depuración del ejército y la administración pública.
  • Se instauró una fuerte censura, se clausuraron periódicos y se prohibieron las tertulias políticas. La Inquisición fue sustituida por tribunales similares. Se anuló la Constitución de Cádiz y toda la legislación liberal del Trienio, y se persiguió a los liberales con dureza. Muchos fueron ejecutados o exiliados.
  • En 1830, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción para permitir que su hija Isabel heredara el trono, y desató un conflicto dinástico y el enfrentamiento con los partidarios de su hermano Carlos María Isidro.

El periodo concluyó con la muerte de Fernando VII en 1833 y la abolición de la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción, que permitió heredar el trono a su hija Isabel II e iniciar el sistema liberal. Esto fue lo que provocó el inicio de las Guerras Carlistas, ya que los partidarios del infante Carlos María Isidro (hermano del rey) no aceptaron a Isabel como reina.

jueves, 16 de octubre de 2025

EL TRIENIO LIBERAL

El Trienio Liberal (1820-23).

El 1/1/1820 Rafael del Riego al mando de un cuerpo del ejército, encabezó un exitoso levantamiento militar, en Cabezas de San Juan, contra Fdo. VII, a la vez que evitó enviar las tropas a América para sofocar el movimiento independentista que ya había obtenido triunfos en Maipú (1817), Chacabuco (1818) y Boyacá (1819). En dicho levantamiento, tuvo un importante papel la masonería, por al menos tres razones, una porque muchos principios del liberalismo tenían su origen en sociedades secretas, otra porque daba cobijo a los liberales que habían decidido no exiliarse y quedarse en España, y la tercera porque el movimiento independentista iberoamericano era liberal y los masones sus principales líderes. El levantamiento triunfó cuando el ejército enviado por el Gobierno para combatir la sublevación se pronunció en Ocaña a favor de la Constitución de 1812 (La Pepa). Entonces se formó en Madrid una Junta Provisional de Gobierno presidida por el cardenal Luis M.ª de Borbón y Vallabriga, hijo del Infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio (hermano de Carlos III) y de M.ª Teresa de Vallabriga, y su primera medida fue reimplantar la Constitución de 1812 y sus principios de libertad de reunión, de expresión y de asociación. 

El Trienio Liberal, que se sitúa entre el Sexenio Absolutista (1814-20) y la Década Ominosa (1823-33), fue un período crucial de la historia contemporánea de España, cuando tras el pronunciamiento militar de Rafael del Riego, se restauró la Constitución de Cádiz, se estableció una monarquía parlamentaria y un gobierno de orientación liberal, siendo el primer intento serio de sentar las bases para el liberalismo y el constitucionalismo español.

El 9/3/1820 Fdo. VII es obligado a jurar “La Pepa” lo que supuso el primer triunfo del liberalismo, y su primera oportunidad para ejercer el poder durante los dos primeros años del trienio. Las Cortes reunidas, el 9/7/1820 en el palacio de doña M.ª de Aragón, dio paso a la formación de un gobierno liberal, constituido por personajes que habían elaborado “La Pepa”. Pero cuando Riego fue enviado, por un incidente, a Oviedo, se obstaculizó la actuación de las sociedades patrióticas, que aparecieron en grandes núcleos de población. Estas eran grupos de liberales que discutían libremente los problemas del país y los principios del liberalismo, y también originó que los liberales dejasen de ser un bloque dividiéndose en dos tendencias, por un lado los moderados o doceañistas, llamados así por haber participado muchos de ellos en las Cortes de Cádiz, que consideraban alcanzada la revolución y había que conservarla, son partidarios de pactar con la corona e implicarla en el proceso reformista, y calificaban a sus adversarios de republicanismo y alteración social (Agustín Argüelles, Fco. de Paula Martínez de la Rosa y José M.ª Queipo de Llano Ruiz de Saravia), y por otro los exaltados o veintenos, para los que la revolución no había llegado a su fin y era preciso seguir luchando. Estos tenían especial fuerza entre la oficialidad joven, la milicia nacional y los sectores populares urbanos, con minoría en las Cortes, partidarios de reformar la Constitución de 1812 en un sentido más escorado a la izquierda (estas dos corrientes ideológicas empiezan a delimitar la izquierda y derecha de la España contemporánea).

Las escaramuzas entre Fdo. VII y los liberales fueron continuas, comenzando siempre con una actitud de firmeza por el Rey y claudicando al final. La crisis más famosa fue en el discurso de Argüelles, en la apertura de las Cortes el 1/3/1821, Fdo. VII introdujo un añadido, quejándose de la falta de autoridad del gobierno ante el Rey, de cuya coletilla salió un nuevo gobierno moderado que marcó una segunda etapa en el trienio liberal, que llevó a cabo dos importantes reformas administrativas, una la división de España en 49 provincias y la ley de Instrucción pública que establecía las tres etapas de enseñanza, primaria, media y superior. A partir de octubre de 1821 hay una serie de alzamientos y asonadas de corte liberal exaltado, de forma que el gobierno tuvo que conceder a los rebeldes participación en los resortes del poder, y a partir de julio de 1822 el poder fue detentado, en exclusiva, por los exaltados con Evaristo de San Miguel. La falta de autoridad se tradujo en un endurecimiento de la vida política, con posturas irreconciliables y acciones extremistas (matanzas, deportaciones y destrucciones). La impotencia de las fuerzas realistas para vencer al liberalismo, y la expresa petición de ayuda por Fdo. VII, forzó la intervención militar extranjera decretada el 20/10/1822 en el Congreso de Verona. La invasión confiada a Francia, y los Cien mil hijos de San Luis al mando del duque de Angulema, dictó medidas como cerrar universidades y periódicos; restablecer la censura a librerías y bibliotecas. Como la Inquisición estaba abolida por el Trienio Liberal, algunos obispos, como los de Valencia y Orihuela, crearon Juntas de Fe con un papel similar. Se creó la policía, objeto de prevención y repudio, contra las sociedades secretas. En la primavera de 1823 el gobierno liberal se vio obligado a dejar Madrid y trasladarse a Sevilla junto con las Cortes y el Rey. La derrota de las fuerzas gubernamentales en Despeñaperros obligó a un nuevo traslado a Cádiz que se hizo declarando loco al Rey, hecho que Fdo. VII nunca perdonó. Allí tuvo lugar el único combate de las tropas francesas con el asalto, al poco defendido fuerte del Trocadero. El 29 de septiembre las Cortes dejan libre al Rey y negocian con el duque de Angulema, finalizando la segunda revolución liberal española. 

Con el Trienio las Cortes inician por un lado, el desmantelamiento del Antiguo Régimen que si bien actuó con diligencia para garantizar los bienes de la aristocracia (propiedad privada y privilegio político en el Senado), no tuvo la misma benevolencia con la Iglesia (muchos conventos y monasterios son desamortizados y vendidos en subasta pública), la expulsión de los Jesuitas eliminó el «Fuero Eclesiástico» y sometió al clero a las «Leyes Comunes». Las más importantes derivaron de la orientación moderada que lo caracterizó, circunstancia que provocó, por una parte, el descontento de los sectores más extremistas de la derecha (absolutistas), y por otra, la repulsa de la izquierda (liberales exaltados). Los liberales moderados se separaron definitivamente de los exaltados, uniéndose con las oligarquías del Antiguo Régimen. Como resultado se procedió a disolver las Juntas dominadas por los liberales exaltados, y a desarmar al ejército. El propio Riego recibió la orden de disolver sus tropas, siendo luego destituido, encarcelado y ejecutado en 1823.

La desamortización de los bienes de la Iglesia, además de acrecentar el patrimonio de las clases capitalistas agravó las condiciones de los campesinos. En 1821 se redujo a la mitad el diezmo (proporcional a la cosecha recogida) que pagaban por el cultivo de la tierra, aunque se estableció otro impuesto fijo en metálico. Esta situación desequilibró su precaria situación económica, hasta el punto de que muchas familias tuvieron que abandonar las tierras al no poder hacer frente a los gastos. Por otra parte, la pésima cosecha de 1822 contribuyó a provocar el levantamiento rural e inclinarse más por las tesis absolutistas. Con esta situación de descontento, se produjeron varias intentonas absolutistas, aunque sólo tres de ellas fueron importantes:

  • La sublevación de la Guardia Real (1822) sofocada por la intervención de las Milicias Urbanas armadas por los Ayuntamientos, motivo por el que estas fueron el más firme baluarte del progresismo español durante el s. XIX.
  • Se establece, durante cuatro meses, la Regencia de Urgel en el verano de 1822, para reponer al absolutismo de Fdo. VII.
  • El 7/4/1823 Luis Antonio de Borbón, Duque de Angulema, al mando de los Cien Mil Hijos de San Luis, enviado por la Santa Alianza y apoyado por Fernando VII, invade España para restaurar el absolutismo y acabar con el Trienio Liberal. El 1/10/1823, Fdo. VII disolvió las Cortes, abolió la Constitución y reinstauró la monarquía absoluta. Con ello finaliza el Trienio Liberal y se inicia La Década Ominosa (1823-33).

Durante estos tres años, España experimentó importantes reformas políticas, económicas y sociales como proclamar la soberanía nacional, la libertad de prensa e imprenta, se instituyeron Cortes elegidas por sufragio universal masculino (indirecto), se abolió la Inquisición, los señoríos y la servidumbre indígena en América. Se impulsaron medidas para descentralizar el poder, las desamortizaciones eclesiásticas, las reformas fiscales, y se permitió que se aplicaran, en la práctica, las reformas surgidas en las Cortes de Cádiz. Dicha Constitución sirvió de modelo para movimientos liberales en Italia y Portugal. En América, se intentó negociar con los líderes independentistas, pero fracasó, y las independencias de los territorios americanos se consolidaron, pues la amenaza exterior de las potencias absolutistas europeas (la Santa Alianza) veían con malos ojos el experimento liberal español.

 

martes, 14 de octubre de 2025

EL SEXENIO ABSOLUTISTA


El 11/12/1813, tras vencer a Napoleón en la batalla de Leipzig o de las Naciones, se firma el Tratado de Valençay y el 29/12/1813 José Bonaparte abdica y se restituye a Fdo. VII en el gobierno. La falta de un sistema político, el carácter del rey, la mediocridad de sus consejeros y la inestabilidad ministerial (veintiocho ministros para cinco ministerios) hizo que el sexenio fuese un fracaso.

Los españoles esperaban al rey con expectación y esperanza de aquí el sobrenombre “el Deseado”, pues el pueblo lo ve como el símbolo de la normalidad perdida con la invasión francesa, como el garante de la paz y como el rey legítimo que nunca debió haber perdido el trono (a pesar de su nefasta actitud). El pueblo estaba cansado de los desastres de la invasión napoleónica y de la pésima situación económica. Además del apoyo parcial en el campo clerical, militar y político, su retorno es deseado por los liberales para que aprobase y jurase la Constitución, y por los absolutistas para que anulase la Constitución y disolviese las Cortes.

El sexenio absolutista fue el periodo comprendido entre 1814 y 1820 en España, durante el cual Fdo. VII restauró la monarquía absoluta tras su regreso al trono. Durante su ausencia (durante la guerra de la independencia, estuvo prisionero de Napoleón en Francia) las Cortes de Cádiz habían aprobado la Constitución de 1812 “La Pepa” que limitaba el poder del rey y establecía derechos ciudadanos. Sin embargo, los sectores conservadores le presionaron para restaurar el Antiguo Régimen, dando paso al Sexenio Absolutista tras la Guerra de la Independencia (1808-14).

El 7/3/1814 sale del exilio francés hacia España, entrando el 24/3/1814 por la frontera de Gerona, pero en vez de marchar a Madrid directamente a jurar la Constitución (las Cortes de Cádiz habían decidido no reconocerlo como Rey hasta que no jurara la Constitución) marcha a Zaragoza y luego a Valencia. A su llegada se encontró con que un tercio de los diputados y el Pdte. de las Cortes, le exigían que acabara con el proceso reformador liberal, además el Gral. Francisco Javier de Elío, con toda la oficialidad del II Ejército, juró conservarle en el trono como monarca absoluto, le ofreció sus tropas y le facilitó sesenta y nueve diputados serviles de las Cortes Ordinarias, que redactaron el “Manifiesto de los Persas” presidido por Bernardo Mozo de Rosales, Marqués de Mataflorida, y firmado en Madrid el 12/4/1814, demandando al Rey la restauración del absolutismo.

Se abolió la Constitución de 1812 y el rey concentró todo el poder. A pesar de que Fdo. VII había prometido en Francia respetar a los afrancesados, al llegar da un golpe de Estado al promulgar el RD de 4/5/1814, que «declara nulos y sin valor ni efecto, los Decretos de las Cortes y la Constitución de Cádiz». Desde entonces los partidarios de la monarquía constitucional fueron traidores, y se les reserva la pena de muerte. Se restablecen las instituciones del Antiguo Régimen cuyos pilares básicos son la monarquía absoluta y la iglesia (se la devuelve las propiedades desamortizadas), la Inquisición, los señoríos y privilegios de los nobles.

Consecuencias:

  • Políticas. Se inicia la represión sistemática del adversario político, y la depuración de la administración. El Gral. Fco. Eguía (que sucedió al Gral. Cuesta en el mando del Ejército de Extremadura durante la guerra) fue el encargado de llevar a cabo la represión inicial que supuso la detención de algunos miembros de la regencia, ministros y diputados liberales. La represión estuvo acompañada de la exaltación popular, rompiendo lápidas conmemorativas de la Constitución de 1812. Quienes se manifestaron en contra del régimen absolutista fueron perseguidos, encarcelados, desterrados y ejecutados. Muchos liberales y afrancesados tuvieron que huir al extranjero para evitar represalias del gobierno. Se censura la prensa y el control ideológico a través de la Inquisición (aunque formalmente se abolió en 1813, su espíritu se mantuvo). Se creó la Comisión de Causas de Estado para perseguir a liberales y antiguos diputados de las Cortes de Cádiz. Tras la inestabilidad política con un alto número de ministros en pocos años, la presencia de conspiraciones y pronunciamientos liberales, aunque todos fracasaron menos el de Rafael Riego en 1820, el 10/5/1814 las Cortes quedan disueltas, España volvía al absolutismo, restableciéndose las instituciones de 1808.
  • Económicas y sociales. España estaba devastada tras la guerra. Se estaba gestando la independencia de numerosos territorios de ultramar por el inicio de fuertes movimientos emancipadores en Hispanoamérica, por lo que se pierden muchas colonias americanas, que trajeron el metal acuñable y el comercio de ultramar. Tras la guerra, existía un desorden generalizado en el mundo rural, lo que propició problemas en agricultura, ganadería, manufacturas y comercio, lo que provocó la caída de impuestos y una crisis en la Hacienda nacional. El mantenimiento de los privilegios del Antiguo Régimen provocó un parón en la industrialización del país por no poder llevarse a cabo una reforma fiscal que permitiera la inversión. Era el marasmo de la depresión que los ministros de Hacienda, ocho en seis años. Ante el déficit presupuestario, en 1817 se produce una contracción del tráfico comercial y un nuevo derrumbe de los precios, ante esta situación las esperanzas se dirigen hacia la oposición liberal. Los más ricos, que no pagaban impuestos, bloquean cualquier medida que les obligara a ello, incluida la reforma fiscal del ministro de Hacienda Martín de Garay (1817-18), que proponía implantar una contribución general, con su Plan de Reforma de la Hacienda, y el Plan de Reforma del Crédito Público. Los pobres estaban arruinados y sin capacidad tributaria y los burgueses no querían soportar solos, las cargas fiscales del Estado.
  • La reorganización institucional. Se restablecieron los antiguos Consejos, las Audiencias y los Ayuntamientos tradicionales, eliminando las estructuras constitucionales. Se devolvieron privilegios a los altos estamentos, se abolieron reformas fiscales y se reinstauraron gremios y la Mesta. Desaparece la prensa, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales, en el ejército fue necesario probar la pertenencia a la nobleza, provocando una escisión entre los españoles.
  • El aislamiento internacional. España quedó marginada en el contexto europeo del Congreso de Viena, al no aplicar el Rey reformas moderadas. Los territorios españoles en Flandes cedidos a Austria por el Tratado de Utrecht (13/7/1713) sufren una gran modificación y se crea un nuevo Estado, el Reino de los Países Bajos (Bélgica y Holanda). Las fronteras quedaron delimitadas según la Paz de los Pirineos (7/11/1659). Bajo la garantía de la Santa Alianza (Tratado, que el 26/9/1815, firman en Viena el emperador Fco. I de Austria, el rey Federico Guillermo III de Prusia y el Zar Alejandro I de Rusia).
  • Los militares y funcionarios liberales fueron relegados a cargos secundarios, apartados del servicio o privados de sus honores y sueldos. Esto hizo que se organizaran en sociedades secretas y buscaran el apoyo de los sectores liberales, lo que se tradujo en conspiraciones y pronunciamientos militares. Ante esta situación, es fácil comprender que entre 1814/19 los pronunciamientos de militares liberales encaminados a cambiar la situación contaran con el apoyo y colaboración del pueblo llano y burgués, aunque todos fracasaron, los más importantes son:
                El 26/9/1814, Fco. Espoz y Mina (tuvo que refugiarse en Francia), mariscal de campo al acabar la Guerra, se sublevó en Puente la Reina contra el régimen absolutista en un intento fallido de proclamar la Constitución de 1812.
                El 19/8/1815 el mariscal de campo Juan Díaz Porlier “el Marquesito” (por suponerlo hijo bastardo del Marqués de la Romana), con el objetivo de restaurar la Constitución de 1812, contando con el apoyo de la burguesía coruñesa. No hubo enfrentamiento armado, pues el 22 de agosto es traicionado y capturado, llevado al Castillo de San Antón, y ahorcado el 3/10/1815.
                En febrero de 1816 tuvo lugar la Conspiración del Triángulo, una sociedad secreta de inspiración masónica, dirigida por Vicente Richart, con el objetivo de secuestrar al Rey para obligarle a jurar la Constitución de 1812. Richart es capturado y ejecutado el 6/5/1816 en la plaza de la cebada de Madrid.
                El 4/4/1817 los generales Luis Roberto de Lacy y Gautier, y Fco. Milans del Bosch se pronuncian en Barcelona, con el apoyo de gran parte de la burguesía catalana. El pronunciamiento fracasó y el Gral. Lacy condenado a muerte, por el Gral. Castaños. El Gral. José M.ª Torrijos que participo en la conspiración (levantó al ejército en Andalucía) fue llevado a la prisión del Castillo de Santa Bárbara de Alicante, y después a la cárcel del Santo Oficio de Murcia.
                El 20/1/1819 el coronel Joaquín Vidal busca derrocar al general Fco. Javier Elío e instaurar una monarquía parlamentaria con Carlos María Isidro de Borbón como rey. Vidal fue ahorcado en Valencia el 20/1/1819.

El fin del sexenio absolutista vino con el triunfo del pronunciamiento de Rafael Riego en 1820, que obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de 1812, dando inicio al Trienio Liberal (1820-23), que reinstauró el régimen constitucional hasta la nueva restauración absolutista tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis.

EL SILOGISMO

  Comenzaremos aclarando los conceptos de lógica, premisa y falacia. La lógica es la ciencia que comprende las leyes y formas del conocimi...