jueves, 16 de octubre de 2025

EL TRIENIO LIBERAL

El Trienio Liberal (1820-23).

El 1/1/1820 Rafael del Riego al mando de un cuerpo del ejército, encabezó un exitoso levantamiento militar, en Cabezas de San Juan, contra Fdo. VII, a la vez que evitó enviar las tropas a América para sofocar el movimiento independentista que ya había obtenido triunfos en Maipú (1817), Chacabuco (1818) y Boyacá (1819). En dicho levantamiento, tuvo un importante papel la masonería, por al menos tres razones, una porque muchos principios del liberalismo tenían su origen en sociedades secretas, otra porque daba cobijo a los liberales que habían decidido no exiliarse y quedarse en España, y la tercera porque el movimiento independentista iberoamericano era liberal y los masones sus principales líderes. El levantamiento triunfó cuando el ejército enviado por el Gobierno para combatir la sublevación se pronunció en Ocaña a favor de la Constitución de 1812 (La Pepa). Entonces se formó en Madrid una Junta Provisional de Gobierno presidida por el cardenal Luis M.ª de Borbón y Vallabriga, hijo del Infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio (hermano de Carlos III) y de M.ª Teresa de Vallabriga, y su primera medida fue reimplantar la Constitución de 1812 y sus principios de libertad de reunión, de expresión y de asociación. 

El Trienio Liberal, que se sitúa entre el Sexenio Absolutista (1814-20) y la Década Ominosa (1823-33), fue un período crucial de la historia contemporánea de España, cuando tras el pronunciamiento militar de Rafael del Riego, se restauró la Constitución de Cádiz, se estableció una monarquía parlamentaria y un gobierno de orientación liberal, siendo el primer intento serio de sentar las bases para el liberalismo y el constitucionalismo español.

El 9/3/1820 Fdo. VII es obligado a jurar “La Pepa” lo que supuso el primer triunfo del liberalismo, y su primera oportunidad para ejercer el poder durante los dos primeros años del trienio. Las Cortes reunidas, el 9/7/1820 en el palacio de doña M.ª de Aragón, dio paso a la formación de un gobierno liberal, constituido por personajes que habían elaborado “La Pepa”. Pero cuando Riego fue enviado, por un incidente, a Oviedo, se obstaculizó la actuación de las sociedades patrióticas, que aparecieron en grandes núcleos de población. Estas eran grupos de liberales que discutían libremente los problemas del país y los principios del liberalismo, y también originó que los liberales dejasen de ser un bloque dividiéndose en dos tendencias, por un lado los moderados o doceañistas, llamados así por haber participado muchos de ellos en las Cortes de Cádiz, que consideraban alcanzada la revolución y había que conservarla, son partidarios de pactar con la corona e implicarla en el proceso reformista, y calificaban a sus adversarios de republicanismo y alteración social (Agustín Argüelles, Fco. de Paula Martínez de la Rosa y José M.ª Queipo de Llano Ruiz de Saravia), y por otro los exaltados o veintenos, para los que la revolución no había llegado a su fin y era preciso seguir luchando. Estos tenían especial fuerza entre la oficialidad joven, la milicia nacional y los sectores populares urbanos, con minoría en las Cortes, partidarios de reformar la Constitución de 1812 en un sentido más escorado a la izquierda (estas dos corrientes ideológicas empiezan a delimitar la izquierda y derecha de la España contemporánea).

Las escaramuzas entre Fdo. VII y los liberales fueron continuas, comenzando siempre con una actitud de firmeza por el Rey y claudicando al final. La crisis más famosa fue en el discurso de Argüelles, en la apertura de las Cortes el 1/3/1821, Fdo. VII introdujo un añadido, quejándose de la falta de autoridad del gobierno ante el Rey, de cuya coletilla salió un nuevo gobierno moderado que marcó una segunda etapa en el trienio liberal, que llevó a cabo dos importantes reformas administrativas, una la división de España en 49 provincias y la ley de Instrucción pública que establecía las tres etapas de enseñanza, primaria, media y superior. A partir de octubre de 1821 hay una serie de alzamientos y asonadas de corte liberal exaltado, de forma que el gobierno tuvo que conceder a los rebeldes participación en los resortes del poder, y a partir de julio de 1822 el poder fue detentado, en exclusiva, por los exaltados con Evaristo de San Miguel. La falta de autoridad se tradujo en un endurecimiento de la vida política, con posturas irreconciliables y acciones extremistas (matanzas, deportaciones y destrucciones). La impotencia de las fuerzas realistas para vencer al liberalismo, y la expresa petición de ayuda por Fdo. VII, forzó la intervención militar extranjera decretada el 20/10/1822 en el Congreso de Verona. La invasión confiada a Francia, y los Cien mil hijos de San Luis al mando del duque de Angulema, dictó medidas como cerrar universidades y periódicos; restablecer la censura a librerías y bibliotecas. Como la Inquisición estaba abolida por el Trienio Liberal, algunos obispos, como los de Valencia y Orihuela, crearon Juntas de Fe con un papel similar. Se creó la policía, objeto de prevención y repudio, contra las sociedades secretas. En la primavera de 1823 el gobierno liberal se vio obligado a dejar Madrid y trasladarse a Sevilla junto con las Cortes y el Rey. La derrota de las fuerzas gubernamentales en Despeñaperros obligó a un nuevo traslado a Cádiz que se hizo declarando loco al Rey, hecho que Fdo. VII nunca perdonó. Allí tuvo lugar el único combate de las tropas francesas con el asalto, al poco defendido fuerte del Trocadero. El 29 de septiembre las Cortes dejan libre al Rey y negocian con el duque de Angulema, finalizando la segunda revolución liberal española. 

Con el Trienio las Cortes inician por un lado, el desmantelamiento del Antiguo Régimen que si bien actuó con diligencia para garantizar los bienes de la aristocracia (propiedad privada y privilegio político en el Senado), no tuvo la misma benevolencia con la Iglesia (muchos conventos y monasterios son desamortizados y vendidos en subasta pública), la expulsión de los Jesuitas eliminó el «Fuero Eclesiástico» y sometió al clero a las «Leyes Comunes». Las más importantes derivaron de la orientación moderada que lo caracterizó, circunstancia que provocó, por una parte, el descontento de los sectores más extremistas de la derecha (absolutistas), y por otra, la repulsa de la izquierda (liberales exaltados). Los liberales moderados se separaron definitivamente de los exaltados, uniéndose con las oligarquías del Antiguo Régimen. Como resultado se procedió a disolver las Juntas dominadas por los liberales exaltados, y a desarmar al ejército. El propio Riego recibió la orden de disolver sus tropas, siendo luego destituido, encarcelado y ejecutado en 1823.

La desamortización de los bienes de la Iglesia, además de acrecentar el patrimonio de las clases capitalistas agravó las condiciones de los campesinos. En 1821 se redujo a la mitad el diezmo (proporcional a la cosecha recogida) que pagaban por el cultivo de la tierra, aunque se estableció otro impuesto fijo en metálico. Esta situación desequilibró su precaria situación económica, hasta el punto de que muchas familias tuvieron que abandonar las tierras al no poder hacer frente a los gastos. Por otra parte, la pésima cosecha de 1822 contribuyó a provocar el levantamiento rural e inclinarse más por las tesis absolutistas. Con esta situación de descontento, se produjeron varias intentonas absolutistas, aunque sólo tres de ellas fueron importantes:

  • La sublevación de la Guardia Real (1822) sofocada por la intervención de las Milicias Urbanas armadas por los Ayuntamientos, motivo por el que estas fueron el más firme baluarte del progresismo español durante el s. XIX.
  • Se establece, durante cuatro meses, la Regencia de Urgel en el verano de 1822, para reponer al absolutismo de Fdo. VII.
  • El 7/4/1823 Luis Antonio de Borbón, Duque de Angulema, al mando de los Cien Mil Hijos de San Luis, enviado por la Santa Alianza y apoyado por Fernando VII, invade España para restaurar el absolutismo y acabar con el Trienio Liberal. El 1/10/1823, Fdo. VII disolvió las Cortes, abolió la Constitución y reinstauró la monarquía absoluta. Con ello finaliza el Trienio Liberal y se inicia La Década Ominosa (1823-33).

Durante estos tres años, España experimentó importantes reformas políticas, económicas y sociales como proclamar la soberanía nacional, la libertad de prensa e imprenta, se instituyeron Cortes elegidas por sufragio universal masculino (indirecto), se abolió la Inquisición, los señoríos y la servidumbre indígena en América. Se impulsaron medidas para descentralizar el poder, las desamortizaciones eclesiásticas, las reformas fiscales, y se permitió que se aplicaran, en la práctica, las reformas surgidas en las Cortes de Cádiz. Dicha Constitución sirvió de modelo para movimientos liberales en Italia y Portugal. En América, se intentó negociar con los líderes independentistas, pero fracasó, y las independencias de los territorios americanos se consolidaron, pues la amenaza exterior de las potencias absolutistas europeas (la Santa Alianza) veían con malos ojos el experimento liberal español.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

MIS COMIENZOS EN EL BLOG

Mis comienzos Cebur Estas son mis tres primeras entradas en el Blog de Cebur. 3 oct. 2006 BIENVENIDOS Hola, soy Cebur y me dedico ...