jueves, 2 de abril de 2026

SUBIDAS Y BAJADAS EN LA ENERGÍA HUMANA

 

A lo largo de la historia, el término energía se ha utilizado para traducir los vocablos griegos «energeia o dinamis», o latinos «virtus o vis», por lo que a menudo ha tenido el sentido de actividad, acto o fuerza.

Para Aristóteles, la energía es un estado de quietud y perfección de un ser, pero hoy se tiene una concepción activista, con un valor físico determinado en cuanto fuerza que se conserva, y al tomar el concepto de «dinamis» se introduce la idea de potencia.

A pesar de la distinción entre fuerza y trabajo de Kepler, y los aportes de Galileo al introducir el término momento y diferenciar la energía potencial (capacidad de un cuerpo de producir un trabajo por su posición) y la cinética (movimiento). Esta última llamada por Leibniz fuerza viva, para distinguirla de la fuerza muerta o energía potencial. La energía fue durante mucho tiempo algo misterioso, aun después de que Newton clarificara el concepto de fuerza. Hasta que J. Robert von Mayer plasma la teoría de la conservación de la energía «en un sistema aislado, la energía total es constante», luego con el descubrimiento de que la energía cinética se puede transformar llegó al principio de entropía o de la transformación, con la formulación de que «la energía no se crea ni se destruye, se transforma». Por ello la energía se expresa de forma mecánica, térmica, electromagnética, nuclear, gravitatoria, elástica, psicológica…

En el lenguaje cotidiano, el vocablo energía está muy unido al de vitalidad, dinamismo, acción, confort, etc., y en general se entiende como vigor físico, especialmente de carácter nervioso y muscular. De ahí se deriva su significado psicológico (el hombre tiene energía de carácter, cuando es capaz de llevar adelante acciones muy difíciles). Muchos han sido los filósofos y científicos que han investigado, sobre la energía interior. Así Reichenbach habló de Fuerza ódica; H. Bergson, del Élan vital (fuerza creativa e impredecible); Mesmer, del magnetismo animal (le valió el título de padre de la hipnosis)…

La energía humana obtenida, principalmente, a través de la transformación de nutrientes en ATP, se define como la capacidad del cuerpo para realizar trabajo y producir cambios. Pero además de esta función metabólica, el cuerpo humano genera impulsos eléctricos que controlan la transmisión nerviosa y la contracción muscular, funcionando como una central eléctrica que emite constantemente energía térmica (equivalente a una bombilla de 100 vatios en reposo) y cinética a través del movimiento (un adulto libera unos 3 kilovatios/hora de energía al día). La energía también puede almacenarse para ser usada cuando se requiera, y el ser humano la almacena a través de la grasa (lípidos) o azúcares. Mediante diversos procesos, el organismo transforma la energía química de estas sustancias en otros tipos, como puede ser la energía calórica necesaria para mantener la temperatura corporal.

La energía en psicología es el motor que permite hacer cosas (se observa en las ganas o falta de ganas, el cansancio, la motivación o la intensidad emocional). La energía es la capacidad, disposición, fuerza motriz o impulso interno que una persona tiene para, actuar (motivación), pensar (atención, concentración), sentir (intensidad emocional), dirigir y mantener la conducta, obedeciendo a leyes de conservación y transformación, y actuando como un intermediario entre la biología y la conciencia. Hoy se usa más como metáfora de recursos psicológicos limitados como la atención, motivación, autocontrol…, que se gastan y se recuperan con el descanso.

La psicología energética usa técnicas que trabajan la energía emocional como una corriente corporal para reducir el malestar, la ansiedad y el miedo o bloqueos, ayudando a que las emociones fluyan de forma más equilibrada, combinando los sentimientos con estímulos físicos y somáticos. Podemos distinguir tres grandes formas de energía:

  • Emocional: proviene de las emociones. Si te sientes alegre o entusiasmado, notas que te comes el mundo.
  • Mental: recursos para actividades cognitivas (planificar, concentrarse, resolver problemas). Se agota con preocupaciones constantes o multitareas.
  • Espiritual o de sentido: sensación de propósito, valores, conexión con algo significativo, que da fuerza para sostener esfuerzos a largo plazo.

La energía psíquica humana depende de factores fisiológicos como el metabolismo basal , la edad, el sexo, la actividad física y condiciones de salud como el estrés, la depresión o la anemia. Además, el cuerpo funciona con ritmos, como el ritmo circadiano, que regula el sueño y la vigilia, hormonas y los niveles de alerta (de aquí que sea normal tener picos y bajones durante el día). La recuperación de la energía requiere gestionar la inteligencia emocional para alternar entre momentos de gasto energético y recarga, asegurando un equilibrio que evite la fatiga crónica y mantenga la capacidad de adaptación ante los estímulos.

Según las distintas teorías podemos hablar de:

Psicoanálisis (S. Freud). Para él la energía psíquica proviene principalmente de la libido o pulsión de vida y la pulsión de muerte, que transforman la excitación biológica en actividad psíquica, permitiendo que la mente haga el trabajo mental. Es una energía interna que impulsa deseos y comportamientos. Se distribuye entre diferentes partes de la mente (ello, yo, superyó) y si se bloquea o reprime, puede generar conflictos psicológicos.

Psicología de la motivación (A. Maslow). Aquí la energía se entiende como el nivel de activación o impulso para alcanzar metas. Se relaciona con conceptos como la motivación, esfuerzo y persistencia.

Psicología cognitiva (J. Piaget). Se habla de energía en términos de recursos mentales limitados. Atención, memoria y esfuerzo cognitivo.

Enfoques humanistas (A. Maslow). La energía se vincula al crecimiento personal. Se orienta hacia la autorrealización.

Las diferentes teorías se engloban en dos grandes enfoques:

Perspectiva psicoanalítica y dinámica. Sus teorías (Freud, Jung, Adler) postulan que la energía psíquica es una fuerza cuantificable que fluye entre el inconsciente y la conciencia. En este modelo, los conflictos entre opuestos (amor-odio) generan energía, y el bloqueo de su flujo hacia el exterior puede resultar en síntomas neuróticos, ansiedad o desequilibrios emocionales.

Psicología energética terapéutica (V. Cadarso). Esta combina la psicología occidental con medicinas orientales para tratar los desequilibrios emocionales como bloqueos de energía vital. Utiliza técnicas como el EFT (Técnica de liberación emocional) o tapping para restablecer el flujo energético, basándose en la premisa de que las emociones negativas y traumas están asociados a bloqueos físicos y energéticos que pueden ser liberados.

Estados de ánimo y energía.

Cuando se habla de la «buena o mala» energía de una persona, normalmente es la metáfora que se refiere a cómo interactúa con los demás (actitud, emociones que transmite, tipo de comunicación). Las emociones funcionan como una especie de electricidad interna que nos mueve, alerta y prepara para responder al entorno, pero también se agotan y hay que regularlas. R. Thayer describió estados de alta y baja energía humana con la combinación de dos ejes, el nivel de energía (alta/baja o cansancio/vitalidad) y el de tensión (alta/baja o calma/nerviosismo). Combinándolos identificó cuatro tipos básicos:

Energía tensa (alta energía y alta tensión). Se describe como energía tensa o estar excitado, con prisa, e ir acelerado. Hay actividad y ganas de hacer cosas, pero con nerviosismo y ansiedad. Genera una activación excesiva sin reflexión que puede llevar al agotamiento total si persiste. Útil a corto plazo para rendir, pero si se prolonga agota y estresa.

Energía tranquila (alta energía y baja tensión). Es el estado más favorable para trabajar, crear y relacionarse (óptimo rendimiento). Te sientes activo, concentrado, eficaz y a la vez relajado. Se caracteriza por la serenidad, el dominio personal, claridad mental, sensación de control y aumento de la creatividad y vitalidad.

Cansancio tenso (baja energía y alta tensión). Implica fatiga física y mental, nerviosismo, ansiedad, preocupación y baja autoestima. El cuerpo no puede más, pero la mente sigue preocupada o ansiosa. Te notas agotado y a la vez inquieto o ansioso, conciencia de malestar general.

Cansancio tranquilo (baja energía y baja tensión). Relajación, somnolencia, necesidad de descanso. Estado adecuado para dormir, desconectar y recuperarse. Predomina la fatiga, apatía o falta de motivación, pero sin gran nerviosismo.

Los estados de alta y baja energía humana son los niveles físicos, mentales y emocionales con los que funcionamos a lo largo del día. No son solo tener energía o estar cansado, sino combinaciones de motivación, claridad mental, emociones y vitalidad.

La alta energía puede manifestarse como agitación/manía cuando es excesiva (energía muy alta y tensa) o como vitalidad creativa cuando es tranquila. Son momentos en los que te sientes activo, enfocado y motivado. Se da alta concentración y claridad mental. Motivación y ganas de actuar. Emociones positivas (entusiasmo, alegría, confianza). Sensación de control y productividad. Se favorece con un buen descanso. Alimentación equilibrada. Actividad física. Propósito o metas claras. Emociones positivas.

La baja energía o anergia se vincula a la fatiga, falta de motivación, llegando incluso a somnolencia cuando es muy baja. Son momentos de fatiga, desconexión o falta de motivación. Se da cansancio físico o mental. Dificultad para concentrarse. Emociones como apatía, tristeza o irritabilidad. Sensación de sobrecarga o bloqueo. Se favorece con la falta de sueño, estrés crónico, mala alimentación, sedentarismo y problemas emocionales.

Ambos estados son naturales y necesarios. La alta energía sirve para actuar, crear y avanzar, y la baja permite descansar, reflexionar y recuperarse. El problema aparece si siempre estás en baja energía (agotamiento, posible burnout), o fuerzas alta energía constante que puede llevar a estrés o colapso.

Para pasar de una energía tensa a una tranquila lo mejor es bajar tensión sin perder el nivel de energía mediante buenos hábitos alimenticios, físicos, mentales y de estilo de vida (Escucha tu cuerpo y no le fuerces), y además:

Ejercicio físico ligero y regular. Caminar a paso ligero 20-40 minutos, aumenta la energía, reduce la tensión, y regula el estado de ánimo. Haz estiramientos suaves, para descargar adrenalina y cortisol sin agotarte.

Respiración y S. nervioso. Practicar la respiración lenta con exhalaciones más largas que las inhalaciones activa el nervio vago y envía señales de seguridad al cuerpo, bajando la tensión. Haz de 3-5 minutos de este tipo de respiración cuando te notes acelerado facilita el paso de estrés excitado a calma con energía. Se usan respiraciones conscientes, movimiento corporal simple y ejercicios de interocepción para bajar la hiperactivación del S. nervioso, aumentar la sensación de seguridad y equilibrar reacciones emocionales intensas (pánico, rabia).

Ritmos, descanso y estímulos. Respetar ritmos de sueño (dormir 7-9 horas) y tener un ritual nocturno sin pantallas disminuye la tensión basal y mejora la calidad de la energía al día siguiente. Exposición a la luz natural (amanecer o atardecer) ayuda a regular ritmos circadianos y cortisol, favoreciendo un estado de energía más estable y menos tenso. Alternar trabajo y descanso (técnica Pomodoro).

Pensamientos y atención. Redirigir deliberadamente los pensamientos hacia ideas más realistas y reconfortantes, reduce la tensión mental. Lleva la atención al presente y corta la rumiación a que mantiene la energía en modo tenso.

Interacción social y actividades agradables. Buscar o limitar la interacción social según seas más extrovertido o introvertido ayuda a ajustar la energía y tensión a tu estilo personal. Empezar una actividad agradable mantiene la energía y baja la tensión.

El EFT (Tapping/Liberación emocional con golpecitos). Es una técnica no invasiva que estimula puntos de acupresión con golpecitos (digitopresión) en meridianos específicos (coronilla, cejas, costados de los ojos, debajo de la nariz, el mentón, la clavícula o el pecho) mientras se enfoca en un problema emocional. Esto envía señales de calma a la amígdala (centro de amenazas del cerebro) y reduce la producción de cortisol, con ello desbloquea reacciones emocionales y reduce la intensidad de miedos, ansiedad o traumas.

Kinesiología aplicada (test muscular para diagnosticar la energía). Se observa la tensión o debilidad de un músculo al pensar en una situación o emoción, para detectar qué contenidos emocionales están bloqueados y trabajarlos directamente.

Imaginería y visualización guiada. Se combinan imágenes internas (hojas que fluyen en un río) con estímulos corporales para transformar la carga emocional de un recuerdo o una emoción, reduciendo su impacto negativo.

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