martes, 21 de enero de 2025

EL BUSCÓN DE QUEVEDO

 

Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños

Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 14 de septiembre de 1580,- Villanueva de los Infantes, 8 de septiembre de 1645).

Quevedo era hijo de P. Gómez de Quevedo (secretario particular de la infanta doña María, y de la reina Ana de Austria) y de Ana de Santibáñez (dama de la reina y de la infanta Isabel Clara Eugenia). Por ello desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano.

Estudió en Madrid en el Colegio Imperial de los jesuitas, luego en la universidad de Alcalá, y más tarde en la de Valladolid donde estudio Teología (1601-06). Siguiendo a la corte se trasladó a Madrid, donde inició su relación con el duque de Osuna, con quien viajo a Sicilia y luego a Nápoles como Secretario de Estado, y participó como agente secreto en intrigas diplomáticas. De regreso a España, como pago, recibió el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Acusado de participar en la conjura de Venecia, fue detenido y condenado al destierro a Torre de Juan Abad. Pero pronto recobró la confianza real con la ascensión al poder del conde-duque de Olivares, quien le distinguió con el título de Secretario Real. Se casó, en 1634, con la viuda Esperanza de Mendoza, de quien se separó poco después. La corrupción del entorno del conde-duque, y la oposición de Quevedo a la elección de Santa Teresa como patrona de España en favor de Santiago Apóstol, hace que en 1635 sea denunciado a la Inquisición por Pacheco de Narváez. Fue detenido acusado de espía para los franceses y desterrado de nuevo al convento de San Marcos (1639), donde permaneció en una minúscula celda, hasta 1643. Al salir su salud estaba muy resentida y se retiró a Torre de Juan Abad donde continuó escribiendo hasta que su enfermedad lo obliga a trasladarse a Villanueva de los Infantes, donde muere el 8 de septiembre.

Quevedo cultivó todos los géneros literarios de su época, siendo máximo representante de la corriente conceptista del Siglo de Oro. Se dedicó a la poesía desde muy joven, y escribió sonetos satíricos y burlescos, a la vez que graves poemas en los que expuso su pensamiento típico del Barroco. Adoptó una agresiva postura de rechazo al gongorismo, publicando agrios escritos contra su rival. Los temas tratados van de la burla más descarada y cruel, hasta la meditación más honda sobre el sentido de la vida, pasando por reflexiones de carácter político y una lírica amorosa que contradice con la misoginia de sus obras burlescas. Sobresalió con la novela picaresca del Buscón, obra ingeniosa y de un humor corrosivo, publicada clandestinamente hasta su edición definitiva. La primera edición se publicó en Zaragoza el año 1626 y no contó con el permiso del autor, probablemente para esquivar problemas con la Inquisición, y a sus tropiezos iniciales con censores como el padre Antolín Montojo que, en 1610, calificó El Sueño del Juicio Final de «chabacano e imprudente» y le denegó la aprobación.

La obra se considera una de las más representativas de la literatura picaresca española, en la que Quevedo volcó toda su agudeza y conocimiento popular, al utilizar el humor y la sátira para criticar a los vagamundos y tacaños de la época. Con ella no pretende destacar las acciones éticamente condenables y que traen como consecuencia el castigo sino, reír y hacer reír. Aparecen muchas malas acciones que quedan sin castigo. No hay digresiones moralizadoras, salvo la moraleja final: «nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres». Pablos quiere subir socialmente y así se lo dice a don Diego. Quiere borrar sus orígenes y apartarse de la ignominia de sus parientes.

La estructura de la novela es compleja y efectiva al transmitir la complejidad y ambigüedad de la vida de Pablos. Con ella Quevedo logra mostrar tanto las virtudes como los defectos de su protagonista, y nos presenta un retrato realista y conmovedor de la vida de los marginados y los desfavorecidos en la España del XVII. Está compuesta por veintitrés capítulos recogidos en tres libros:

El primero se centra en la infancia y juventud de Pablos. Un segoviano astuto y curioso que, a pesar de ser humilde, sueña con convertirse en rico y poderoso. Es hijo de Clemente un barbero ladrón, y de Aldonza de San Pedro, dada a brujerías. Tenía un hermano de siete años que robaba a los clientes de su padre y que murió de unos azotes que le dieron en la cárcel. Entra en la escuela, donde conoce a don Diego Coronel, hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga. Allí Pablos hace amistad con su maestro el cual después de una relación estable, decide, tras un incidente durante las carnestolendas y la vergüenza que pasó de que todo el pueblo lo juzgara por la condición de sus padres, entrar al servicio de don Diego, al cual su padre, don Alonso, decide poner bajo el pupilaje del licenciado y dómine Cabra, clérigo avaro y maestro de latín que los mata de hambre (salen de allí delgadísimos y enfermos). Don Diego es enviado a Alcalá de Henares, a terminar los estudios de Gramática, y Pablos lo acompaña como sirviente. Allí Pablos es víctima de las novatadas de los estudiantes y se vuelve experto en engañar a los demás para conseguir lo que desea. Al saberlo don Alonso le pide a su hijo que vuelva a Segovia sin Pablos ya que ha oído de sus travesuras. El tío de Pablos, Alonso Ramplón, verdugo de Segovia, le comunica a éste que ha ajusticiado a su padre. Añade que su madre está presa en la Inquisición de Toledo, y que quizás sea quemada en un auto de fe. Le invita a volver a Segovia, para aprender el oficio de verdugo con él. Pablos decide entonces volver a su ciudad, con el fin de cobrar la hacienda y conocer a sus parientes para huir de ellos.

El segundo se centra en la vida adulta de Pablos donde le muestra como un hombre despiadado y sin escrúpulos, dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir dinero y poder. Narra el camino desde Alcalá hasta Segovia, donde va encontrando personajes disparatados como un loco arbitrista que cree conocer los remedios para enderezar la marcha del país y quiere aconsejar al Rey para que, conquistando Ostende, seque el mar con esponjas. Luego a un maestro de esgrima loco, que habla constantemente de estocadas, pero acaba huyendo ante un mulato. Topa después con un clérigo viejo, autor de malos versos, que ha hecho un librillo a las once mil vírgenes. Después de despedirse del poeta, al pasar el puerto de Fuenfría, de Madrid hacia Segovia, se encuentra con un soldado matón y un ermitaño en un borrico. Llegan a la posada en Cercedilla y el ermitaño les gana, haciendo trampas en el juego. Luego se encuentran con un genovés rico, lo que aprovecha Quevedo para burlarse de los banqueros genoveses que prestaban dinero a la Corona y luego se quedaban con la plata de América al exigir el pago. A la entrada de Segovia, ve a su padre al borde del camino, aguardando ir en bolsas a Josafad (era costumbre en la época descuartizar a los reos a fin de que sirviesen de ejemplo y dejar sus restos a la entrada de los pueblos). Llega donde su tío, pero no se hace verdugo, sino que recoge su herencia y se marcha a Madrid.

El tercero se centra en la caída y redención de Pablos. Quevedo le muestra como un hombre arrepentido que, después de haber perdido todo lo que había conseguido, se da cuenta de la importancia de la honestidad y la humildad. Don Toribio presenta a Pablos a una cofradía de pícaros y rufianes, con los que vive. Delatado el grupo, los detienen y llevan a la cárcel. Logra salir después de sobornar a todos, desde el carcelero hasta el escribano. Va entonces a una posada, donde se hace pasar por rico que lo disimulaba. Usa nombres falsos (don Ramiro de Guzmán, don Felipe Tristán). Pretende casarse con una dama (doña Ana), pero es descubierto por su antiguo amo, don Diego Coronel y acaba apaleado. Determina entonces ir a Toledo donde nadie lo conocía. Forma parte de una compañía de cómicos, destacando en papeles de carácter y malvados. Después de dejar la compañía, se hace galán de monjas. De Toledo pasa a Sevilla, donde se gana la vida gracias a sus principios de fullero y los dados cargados. No obstante, acaba teniendo un incidente con la ley y tiene que acogerse a sagrado. Estando en la iglesia, intima con «la Grajales» a la que propone ir a las Indias, a ver si mejoraba su suerte. Pero Pablos ya anticipa que su suerte no mejorara, mientras persiste en su intento fallido de ascender socialmente.

El protagonista de la obra es Don Pablos, personaje astuto, cínico, ambicioso y despiadado, que busca ascender socialmente como sea. Es un joven de origen humilde, que se dedica a la mendicidad y a la estafa para sobrevivir en el entorno hostil de la época. Es un antihéroe que se mueve en un mundo de pícaros y estafadores. Sin embargo, a medida que avanza la trama, se va haciendo más consciente de las consecuencias de sus acciones y comienza a reflexionar sobre su vida y futuro. Al enfrentarse a diferentes situaciones y personajes, se va transformando en un personaje más complejo y humano, que despierta la empatía y el interés del lector. Los personajes secundarios más notables son:

  • Don Diego Coronel: El joven noble que se convierte en amo de Pablos. Su presencia permite contrastar la vida de un noble con la del pícaro.
  • El licenciado Cabra: El avaro dueño del pupilaje donde Pablos y don Diego pasan hambre. Este personaje es muy tacaño y su descripción grotesca.
  • Los padres de Pablos: El padre barbero ladrón y la madre alcahueta establecen el origen humilde del protagonista y su deseo de ascenso social.
  • El maestro Ciruela, aunque aparece poco, tiene un papel fundamental en la vida de Pablos. Es el maestro que enseña a Pablos a leer y escribir. Ciruela se presenta como un hombre humilde y sencillo, vestido con harapos y con una apariencia descuidada. Pero pronto se revela como un personaje astuto y perspicaz, capaz de leer en las intenciones de los demás y de anticipar sus movimientos. Es él quien aconseja a Pablos que se haga pasar por estudiante para conseguir comida y alojamiento gratis, y quien le enseña a escribir cartas falsas para engañar a sus víctimas. Ciruela es también un personaje misterioso que parece tener un conocimiento profundo de la naturaleza humana. En una de las escenas, Ciruela le cuenta a Pablos la historia de un hombre que se hace pasar por loco para escapar de la justicia. La historia es una alegoría sobre la condición humana y la necesidad de adaptarse a las circunstancias para sobrevivir.

La obra escrita en el siglo XVII (Barroco español caracterizado por su complejidad, exageración y su afán por reflejar la realidad de la época) ha dejado una huella en la literatura española y universal, pues en ella retrata de manera magistral a los vagamundos y tacaños de la época, creando personajes inolvidables que han sido imitados y homenajeados por muchos autores posteriores. Usa un lenguaje directo y crudo para describir la vida de Pablos y su entorno, un lenguaje coloquial y vulgar para representar la realidad de los personajes y su entorno social, y un lenguaje lleno de ironía y sarcasmo para criticar la sociedad de su época y sus valores. La sátira se exagera hasta el punto de ser una caricatura sangrienta. Describe lugares y personajes de forma grotesca, hasta obtener una visión esperpéntica. Todo es extremado (lleva la suciedad hasta lo más repugnante, la ironía al sarcasmo más brutal, el Dómine Cabra no es sólo pobre y miserable, es «archipobre y protomiseria»).

Trata a sus personajes con frialdad, sin compasión ni simpatía. Los describe con los trazos más negros, exagerando sus deformidades físicas y morales. En su obra abundan los chistes macabros, las groserías, los juegos de palabras y dobles sentidos. Además, Quevedo como máximo exponente del estilo conceptista, destaca por el ingenio y la gracia verbal, al emplear una variedad de técnicas y recursos literarios como:

  • Metáforas innovadoras, tanto para embellecer como para degradar.
  • Recurre frecuentemente a la hipérbole, antítesis, paradojas, polisemias y comparaciones.
  • Emplea verbos con valor sustantivo y sentido diferente del original.
  • Personifica conceptos abstractos, como la fortuna y el tiempo.
  • Utiliza la repetición de grupos sintácticos (paralelismo) para desarrollar sus argumentos.
  • Emplea la escasez de conjunciones (asíndeton) para dar fluidez al texto.
  • Desarrolla la gradación verbal para crear una progresión en la acción.
  • Acumula rasgos aislados que se yuxtaponen para componer sus figuras literarias.

Al principio de la novela, se nos presenta a don Pablos como un joven que no tiene una buena relación con su familia. Sus padres le tratan con desprecio y abuso. Pablos intenta escapar de su familia y encontrar una vida mejor, pero su familia lo persigue y arrastra de vuelta a su mundo de pobreza y delincuencia. Pablos sólo siente afecto por su hermana menor, que es la única que lo trata con cariño y comprensión. Esta relación complicada entre Pablos y su familia es un reflejo de la sociedad española del XVII, en la que la familia y la clase social eran factores determinantes en la vida de las personas.

Quevedo utiliza la sátira para criticar la sociedad de su época y sus valores. El humor, por su parte, se utiliza para aligerar la carga de la crítica y hacerla más digerible para el lector. Quevedo se burla de la hipocresía de la Iglesia, la corrupción de los nobles y la avaricia de los comerciantes. Pero lo hace de manera ingeniosa y divertida, utilizando el lenguaje coloquial y situaciones cómicas para hacer que el lector se ría de los personajes y sus acciones. Por ejemplo, cuando Pablos, se encuentra con un fraile que le pide limosna. Pablos, que sabe que el fraile es un farsante, le da una moneda de cobre y le dice que es de oro. El fraile, emocionado, le da las gracias y se va corriendo. Esta escena es una crítica a la hipocresía de la Iglesia, que en la época de Quevedo era vista como una institución corrupta y alejada de los valores cristianos. A través de Pablos, Quevedo muestra cómo la religión se convierte en una herramienta para la manipulación y el engaño. Pablos, quien se hace pasar por estudiante de teología, utiliza su conocimiento de la religión para estafar a la gente y obtener beneficios económicos.

Es una obra cumbre del género picaresco, que presenta personajes marginales y deshonestos que buscan sobrevivir en una sociedad corrupta y decadente. Quevedo retrata de manera magistral a estos vagamundos y tacaños, creando un universo literario que refleja la realidad social y política del XVII. A través de sus personajes y situaciones, Quevedo hace una crítica mordaz a la sociedad española de su época, denunciando la corrupción, la hipocresía y la falta de valores éticos y morales.

La obra presenta una crítica mordaz a la nobleza y la aristocracia de la época. A través del personaje de Don Pablos, muestra la corrupción y la falta de valores de la clase alta. Pablos se encuentra con varios personajes nobles a lo largo de su vida, como el Marqués de Leganés y el Conde de Villamediana, quienes son retratados como egoístas, avaros y despiadados. El Marqués, por ejemplo, se aprovecha de la inocencia de Don Pablos para engañarlo y robarle, mientras que el Conde es descrito como un hombre cruel que disfruta del sufrimiento ajeno. Además, Quevedo utiliza el lenguaje y el humor para ridiculizar a la nobleza. Por ejemplo, el personaje de Don Diego Coronel es presentado como un hombre vanidoso y pretencioso que habla en un lenguaje rebuscado y afectado. Quevedo también se burla de la moda y los gustos de la aristocracia, como cuando describe la ropa extravagante y ridícula que usan algunos personajes.

A través de Pablos, Quevedo muestra cómo la educación y la cultura no son garantía de éxito ni de moralidad. Pablos, a pesar de haber estudiado en los jesuitas, demuestra una falta de valores y una ambición desmedida que lo lleva a cometer todo tipo de engaños y estafas. Quevedo también critica la hipocresía de la sociedad de la época, que valora más las apariencias y el dinero que la honestidad y la virtud (muestra cómo los personajes más ricos y poderosos son los más corruptos y deshonestos. En contraste, los personajes más pobres y marginados, como Pablos y sus compañeros vagamundos, son los más honestos y sinceros). Incluso los que aparentan ser cultos y refinados, como el licenciado Cabra (farsante que no duda en engañar a Pablos para obtener beneficio propio).

La crítica social es el elemento central desde el principio cuando, Pablos, nos cuenta su infancia en un hogar humilde y su posterior abandono por parte de su familia. A partir de ahí, Pablos se ve obligado a buscar su sustento de cualquier manera, lo que lo lleva a cometer todo tipo de delitos y engaños. Quevedo también critica la falta de oportunidades, la hipocresía, falsedad y corrupción de la sociedad. Con personajes como el clérigo don Diego Coronel, muestra cómo la iglesia y la nobleza se aprovechan de los más pobres y desfavorecidos. Quevedo muestra a través de Pablos que la vida es una lucha constante y que la supervivencia depende de la astucia y la habilidad para adaptarse a las circunstancias.

La crítica social se refleja a lo largo de la obra. Muestra una sociedad rígida y estamental del Siglo de Oro, donde la movilidad social es casi imposible. Quevedo expone las injusticias y desigualdades de este sistema, donde el origen determina el destino de una persona. A través de una galería de personajes caricaturescos (sátira), Quevedo critica los vicios y defectos de diversos estratos sociales, desde estudiantes y clérigos hasta nobles y pícaros. La obra arremete contra la obsesión por las apariencias y el honor superficial (hipocresía). Pablos constantemente intenta fingir un estatus que no posee, reflejando la importancia que la sociedad daba a las apariencias sobre las virtudes reales. Quevedo critica la corrupción eclesial y política. Se muestran clérigos que se aprovechan de su posición y funcionarios que abusan de su poder. El autor utiliza símbolos como la ropa y la comida para representar las apariencias y la pobreza, reforzando su crítica a la desigualdad social. La novela sugiere que el origen y la clase social determinan el destino de una persona, como se evidencia en los constantes fracasos de Pablos al intentar ascender socialmente.


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