martes, 17 de septiembre de 2024

LOS TARTESSOS

 

Es el nombre con el que se designa a una civilización que floreció en la Baja Andalucía al tiempo que comenzaban las colonizaciones fenicias y griegas por el Mediterráneo. El nombre representa un enigma que las investigaciones arqueológicas e historiográficas han ido descubriendo desde que A. Schulten iniciase la búsqueda de la mítica ciudad a la que los griegos veneraban como la más fértil y rica de Europa. Posteriores estudios lingüísticos, arqueológicos e históricos llevados a cabo por investigadores como J. de Mata Carriazo, M. Gómez-Moreno, J. Maluquer, J. Alvar y J. María Blázquez, han rastreado las evidencias históricas desde los textos y leyendas, que se cuentan por centenares sobre los Tartessos.

La palabra Tartessos evoca misterio, y una cultura avanzada, desarrollada entre los s. IX y VI a.C., por su riqueza en minerales (oro, plata, estaño y cobre), su avanzada artesanía, y su interacción con otras culturas del Mediterráneo, que la convierten en un importante centro comercial.

Se extendió desde la costa peninsular meridional con centro en el valle del Guadalquivir (Turdetania), hasta la desembocadura del Tajo y del Segura (Huelva, Sevilla, Cádiz y Badajoz), alcanzando su máximo apogeo entre los s. VIII y VI a.C., y derivando en un gran desarrollo económico por la explotación minera, el desarrollo de una escritura propia, y los complejos sistemas artesanales, urbanísticos, funerarios…. Los viajes de Coleo de Samos (Heródoto) nos muestran la floreciente ciudad de Tartessos sobre el 1000 a.C. La costa andaluza había avivado la formación de grandes culturas desde el tercer milenio a.C., como la cultura de Los Millares o El Argar.

En el s. IV a.C. el historiador griego Éforo de Cumas citó a Tartessos como una ciudad ilustre, regada por un río con gran cantidad de metales y un mercado muy próspero, y como no quedaba ni rastro de dicha civilización, algunos la identificaron con la legendaria Atlántida de Platón, hasta que en el 1958 se descubre el tesoro de El Carambolo, como primera evidencia arqueológica de la misteriosa civilización que tomó el nombre del río Guadalquivir, llamado antiguamente Tartessos, a cuyas orillas se desarrolló. Diodoro Sículo, historiador griego, hace referencia a Tartessos en sus escritos, y el geógrafo griego Estrabón, en su obra “Geografía”, menciona la abundancia de plata. Sus primeros hallazgos se encontraron en la zona del moderno puerto de Huelva, de la segunda mitad del s X a.C. Con las industrias floreciendo, los fenicios comenzaron a colonizar las costas del sur de España, formando una red de ciudades en el s. VIII a.C., con fines agrícolas, aunque el marisco y la cría de ganado también eran importantes fuentes de alimentación en Tartessos.

El testimonio más antiguo que las fuentes griegas ofrecen sobre Tartessos procede del poeta Estesícoro de Hímera, que vivió entre los s. VII y VI a.C. El poeta heleno manejó los testimonios de Plinio el Viejo y la Teogonía de Hesíodo, en la que Tartessos aparecía como un río cercano a Erytheia, una de las tres islas en las que estaba dividida Cádiz. La localización de Tartessos como un río (el Guadalete o el Guadalquivir) queda avalada por el gran geógrafo Estrabón. Hay quien lo ha identificado con el río Tinto por su riqueza minera.

Hecateo de Mileto (VI-V a.C.) habló de Tartessos como un país, calificativo que puso en duda Heródoto. Éforo lo trató de ciudad, y en el s. IV a.C., lo hizo Festo Avieno en su obra Ora Maritima, cuyos testimonios fueron esgrimidos por Schulten para otorgar a Tartessos el status de ciudad. Hoy los hallazgos e investigaciones arqueológicas sostienen que Tartessos fue, una compleja y rica cultura, con un gran desarrollo en la Baja Andalucía, como lo prueban las excavaciones realizadas en Huelva, Almuñécar, Vélez, Algarrobo, Setefilia, el tesoro de El Carambolo (600-550 a.C.) y Aliseda.

Su historia se inicia en el periodo de Bronce tardío (sobre el 900 a.C.), con la presencia de los primeros influjos de la cultura en Andalucía oriental, con un importante apogeo social y cultural, con asentamientos estables y jerarquizados. Tartessos quedó definido como el río que bordeaba la ciudad o la isla de Erytheia. Erytheia es el nombre de la hija de Gerión, cuyo hijo Norax colonizó Cerdeña. Descendientes del linaje de Norax fueron otros dos legendarios reyes de Tartessos (Gárgoris y Habis). Gárgoris enseñó al pueblo el uso de la miel y su valor (el comercio). Habis (hijo de Gárgoris) enseñó a su pueblo la agricultura y las leyes, gobernando pacíficamente durante largos años, en el esplendor tartésico. El linaje de Gárgoris y Habis enlaza con el del único monarca tartésico que cuenta con datos históricos fiables, Argantonio que gobernó en Tartessos entre el 650 y el 550 a.C. Los diferentes mitos entremezclados muestran la evidencia de un componente céltico (la tricefalia de Gerión), y otro mediterráneo, representado por los reyes-agricultores y reyes-legisladores. Heródoto escribió sobre una ciudad portuaria más allá de las Columnas de Hércules, lo que llevó a algunos investigadores a pensar que Tartessos era un cuerpo de agua, y a otros que era un puerto (cerca de Huelva). Incluso hubo teorías, inspiradas en los escritos de Aristóteles, de que Tartessos era la Atlántida mítica (falso para la comunidad científica). Tartessos a pesar de ser conocido sobre el primer milenio a.C., permaneció en el ámbito de lo mítico hasta que los arqueólogos encontraron rastros de su cultura en la segunda mitad del XX. Se han identificado más de 20 yacimientos tartésicos en España, entre los que están Cancho Roano, Turuñuelo y La Mata.

Algunas de su características son:

  • Su nombre representa la primera civilización localizada en el occidente de la PI.
  • Es el primer estado organizado y citado en la Biblia (Ezequiel lo menciona como un importante centro metalúrgico y una gran red comercial).
  • Fue el primer pueblo que logró relacionarse con varios pueblos del Mediterráneo oriental.
  • Tenía una amplia e importante riqueza minera, especialmente de metales preciosos.
  • Era considerado un pueblo de gran esplendor, localizado en una región bañada por el río Tartessos.
  • Tuvieron contactos comerciales y culturales con fenicios y egipcios, lo que influyó en su desarrollo.
  • Formaron ciudades importantes, como Asta Regia (Jerez de la Frontera) y Spal (Sevilla).
  • Desarrollaron una lengua y escritura propias, que aún sigue sin descifrarse del todo.
  • La sociedad estaba muy jerarquizada, y la división del trabajo artesano fue el principal factor de cohesión social.
  • El gobierno se basaba en la monarquía con una sede en un lugar determinado desde donde se ejerce el control del territorio.
  • Su religión era politeísta y tenían un dios masculino a quien rendían tributos.

Cultura y sociedad. Estrabón, en su Magna Geographia, habla de los turdetanos como el pueblo más culto de la PI. Y de los anales y leyes conservados por escrito desde el rey Argantonio. Éforo cita varias leyes o costumbres tartésicas, como la prohibición a los jóvenes de testificar contra los ancianos (jerarquía social). Respecto a los cultos, se cita todo un elenco de santuarios dedicados a la adoración de diferentes divinidades, especialmente al sol, a la luna y a fuerzas semidiabólicas a los que dedicaron santuarios como el de Cádiz para Afrodita, o el de Zephyrus, dios del viento. Su cultura se divide en dos fases, la geométrica se relaciona con la etapa de Bronce final, y la orientalizante. Las fuentes de sus manifestaciones culturales son los escritores griegos y los hallazgos arqueológicos. Dominó el arte influido por los fenicios, como se ve en los objetos extraídos de excavaciones, ánforas y vasos (de cerámica y vidrio), con una riquísima decoración polícroma. Los estudios de J. de Mata Carriazo sobre los materiales encontrados, en el formidable y sofisticado tesoro de El Carambolo, revelan que los Tartessos, si bien humildes en sus construcciones, dedicaron gran parte de su riqueza a la compra o elaboración de diferentes objetos de oro y plata, en especial brazaletes, diademas, gargantillas, collares, pulseras, cinturones, anillos y pendientes (no se conocen obras de arte como tal, ni tumbas, pero fueron muy hábiles con la fundición a la cera perdida). La vestimenta de gala debió ser, como la que muestran las estatuas de Damas peninsulares (Elche o Baza).

Mientras que los fenicios comerciaban con los metales españoles en ultramar, los pueblos indígenas asociados se beneficiaban controlando las minas o proporcionando alimentos, mano de obra y madera. A finales del IX a.C., los miembros de las diferentes dinastías comenzaron a hacerse sepultar en túmulos funerarios, que originalmente albergaban a un individuo, pero con el tiempo se llenaron con otros. Siguiendo la tradición fenicia, los restos cremados de los fallecidos se guardaban junto con el ajuar en una urna. El ajuar funerario habitual consistía en vasijas y joyas de bronce (fíbulas y hebillas de cinturón), ambos de influencia fenicia. En la necrópolis onubense de La Joya hay un enterramiento excepcional en un enorme túmulo del s. VII a.C., que cubría un único enterramiento en una amplia cámara de piedra. El difunto iba acompañado de dos valiosísimos cuchillos de hierro con mangos de marfil, un incensario de bronce, y un carro de bronce con dos ruedas a la moda oriental.

Los asentamientos se concentraban, sobre todo, en zonas cercanas a los ríos. Los fenicios trajeron nuevos cultivos como la vid y animales (burros y gallinas), haciendo más productiva la agricultura y la ganadería. La aportación griega fue el torno de alfarería. En el conjunto de piezas de oro de La Aliseda se aprecia el influjo fenicio. Su poderío económico se basaba en los metales, siendo considerada como el principal proveedor del Mediterráneo. Las excavaciones realizadas han ofrecido materiales, cerámica, herramientas, adornos y joyas. Salvo la plata de Cerdeña y el oro del Atlas norteafricano, el resto de Europa no tenía minas de importancia o no se habían descubierto todavía; por contra, la costa andaluza era rica en todo tipo de metales. Tal riqueza ya había estimulado la formación de grandes culturas en la zona desde el tercer milenio a. C., como la cultura de Los Millares o El Argar. Ello explica que los fenicios, abandonaran Cerdeña y fundaran Cádiz sobre el 1100 a.C. Los rendimientos mineros obtenidos por los tartésicos fueron altísimos, a cambio, recibía telas, ámbar, cerámica y adornos de diversas zonas de Oriente, además de ánforas de vino y aceite, con lo que su cultura y sus tipos decorativos se orientalizaron. La demanda de metales fue tan grande que, a partir del s. VIII a.C., existe la total certeza de un comercio entre Tartessos y las costas atlánticas (Galicia, la Armórica y las Islas Británicas).

Legado. Son muchos los objetos encontrados que forman parte de su legado, desde vasijas, monedas, cinturones, estelas funerarias…. Gracias a ellos, la mayoría de los pueblos peninsulares lograron desarrollar la primera escritura, mejorar la agricultura, y fundar los primeros centros urbanos. El Tesoro de El Carambolo refleja la maestría y el estilo único de los artesanos tartesios. Las teorías y leyendas, como la del mítico “El Dorado” (aunque se asocia con las leyendas de América del Sur), han influido en la literatura, el arte y la música españolas. Los escritos de Heródoto y otros autores sobre una región rica y poderosa al oeste del Mediterráneo han alimentado esta teoría. Desde finales del s. IX a.C. se explotan los recursos metalúrgicos en la región del río Tinto. Los metales procesados se llevaban a los centros de distribución (la actual Cádiz) y luego se enviaban al extranjero. Estrabón menciona que incluso las anclas de plomo o piedra de las naves que zarpaban fueron sustituidas por otras de plata, y Diodoro Sículo añade que los fenicios tuvieron que talar muchos árboles de Sierra Morena para calentar los hornos de fundición. El primero en formular la identificación entre la Atlántida y Tartessos fue Adolf Schulten, basándose en las semejanzas que el emplazamiento de Tartessos tenía con la descripción mitológica que Platón escribió en su obra La Atlántida (utilizando la geografía y cultura tartésica describió una ciudad sumergida). Gadeirike, donde dice Platón que se produjo la catástrofe, evoca en su raíz al Gadir fundado por los fenicios, y la explicación dada del mito de La Atlántida no es más que de otro topoi. Separando la dualidad mítica Atlántida-geológica y la Atlántida-geográfica y cultural, Tartessos, histórica y mitológicamente, guarda gran similitud con los escritos de Platón.

La civilización tartesia nos ha dejado un legado enigmático en el campo de la escritura. La escritura tartesiana o del suroeste, es una de las manifestaciones escritas más antiguas de la PI. Es una serie de signos que varían en forma y diseño, y aunque comparte algunas similitudes con la escritura fenicia, también presenta características únicas que la distinguen. Su desciframiento ha sido un desafío para los historiadores y arqueólogos, pero el significado exacto de muchas inscripciones sigue siendo un misterio.

Declive. A principios del s. VI a.C., se produce el declive fenicio, que después de años de lucha continua, pierde su tierra ante los persas y comienzan a abandonar sus colonias en España. Esto produce un ocaso en todo Tartessos, y los pueblos alrededor del golfo tartesio son abandonados. Las minas y sus industrias relacionadas son cerradas. La ironía de la civilización tartésica es que desaparece cuando parece estar en su momento de apogeo, a finales del VI a.C. durante el reinado de Argantonio (670-550 a.C.), el único de sus monarcas conocidos, y con dos hechos históricos relevantes en la historia del Mediterráneo antiguo (sobre el 520 a.C. los babilonios conquistan las ciudades fenicias, y los griegos, aliados de los tartesios, son derrotados por una coalición de cartagineses y etruscos). Por estas dos causas, las colonias griegas y fenicias en el oeste del Mediterráneo quedan aisladas de sus metrópolis. Si bien no es descartable la teoría de un colapso económico, bien por la pérdida de sus socios comerciales, por el agotamiento de los recursos con los que comerciaban, o una combinación de ambos factores. El único hecho seguro es que alrededor del año 500 a.C. deja de haber noticias de los tartesios. Pudo desaparecer por la posible decadencia social y política que, por su estructura social, la llevó a su caída, o por la creciente influencia de Cartago en la región. Los cartagineses, rivales de los fenicios, podrían ver a Tartessos como una amenaza y buscado su destrucción o asimilación. Además, la expansión de los pueblos celtas también podría haber jugado un papel en su desaparición. A partir de entonces la historia se mezcla con la leyenda, especialmente con el mito de Hércules, que habría viajado hasta aquellas tierras para realizar el décimo de sus trabajos, consistente en matar al gigante Gerión (rey tricéfalo, señor de los bueyes, donde subyace el animal mimético por excelencia del mundo mediterráneo, el toro (que representa la economía) y la estrella tartésica (de 8 puntas de origen religioso y mitológico para adorar al sol). Fue precisamente este héroe quien dio nombre al lugar que marcaba el extremo sur occidental del Mediterráneo de los dominios tartésicos (las Columnas de Hércules, el peñón de Gibraltar y el monte Musa). La teoría actual es que pudo haber un terremoto a mediados del s. VI a.C., seguido de un tsunami que pudo afectar a los principales puertos tartesios, y que sería la causa de su rápida caída.

jueves, 12 de septiembre de 2024

HACIA LA FELICIDAD

  

Todo ser humano aspira llegar a la felicidad, y siempre la sitúa más allá de lo que tiene en ese momento, la ve como si fuera algo que tuviera que alcanzar, sin embargo, la felicidad se encuentra presente en todo momento, lugar y persona. Es una posibilidad del presente, algo que se tiene, y que simplemente no se ha observado, no se ha sabido experimentar, o no se sabe ver.

Se asocia a tener una casa, automóvil, salud, cariño, dinero…, y por sí sola no se comprende, pero la felicidad no llega por la cosas materiales, ni espirituales. Se es feliz sólo por un estado de conciencia, un momento en la vida del individuo, una forma distinta de sentirse, de verse a sí mismo, y a todo su entorno, así pues, no esperemos encontrarla en algún momento futuro, ni cuando consigamos tal o cual cosa, porque la felicidad está siempre en el presente, está ahora, ha estado siempre con nosotros y estará siempre en nuestras posibilidades. Pero debido a las mentes inquietas y a los corazones no entrenados, esos estados son de muy corta duración e involuntarios, y el individuo, incluso, ni siquiera llega a sospechar que por instantes ha tenido momentos de felicidad. Si dejamos correr la mente y nos sumergimos en los pensamientos, notaremos que nuestro ser interior está lleno de anhelos, deseos insatisfechos, ganas de cambiar las cosas, está siempre mirando al futuro o al pasado, y en ese agitado mundo mental interior en el que nos movemos, no existe un espacio en donde se siente tranquilamente, y observe y experimente la alegría de estar vivo, y la felicidad.

Debemos distinguir bien el impulso de la evolución y la felicidad. Cuando la fuerza que actúa es la de la evolución y nos movemos de un estado a otro, luchando por ser mejores, tener más cosas, o un mejor control sobre nosotros mismos, entonces, nuestro esfuerzo y voluntad está dedicado a la consecución de esos fines, pero en el momento que esa fuerza cesa, y observamos lo que tenemos, entra en acción la fuerza de la felicidad. El camino a la felicidad es un sendero que oscila entre la alegría de aceptar las cosas y experimentar el estar vivo en todas sus manifestaciones, y ese otro estado que impulsa al cambio, a la superación, a moverse hacia niveles mayores de armonía y realización. El equilibrio entre los dos estados es clave para la armonía individual, pero las fuerzas y tendencias que los hombres manifiestan son rumiadas en sus mentes, volviéndole incapaz de mantener un impulso continuo y sostenido hacia un ideal, impidiéndole alcanzar sus metas personales, y manteniéndole estancado en el mismo estado en que se encuentra, dando como resultado a un ser con conflictos.

Los procesos mentales dificultan al hombre percibir el presente como el único estado de conciencia que es capaz de concederle la felicidad. Aun cuando la persona puede evocar recuerdos dulces de su pasado, o sueña hechos de su futuro, la felicidad la experimenta en su presente, aunque para esto haya tenido que recurrir, a experiencias pasadas o a sueños futuros. Sin embargo, en esta búsqueda, cuando el ser humano alcanza cierta edad y siente mermadas sus capacidades para modificar, tanto su vida personal, como el entorno en que se mueve, su mente busca cada vez más a menudo, los recuerdos del pasado, volviéndose un problema, porque le incapacita para seguir resolviendo los problemas cotidianos (vivir en el pasado o en el futuro es perderse la oportunidad de seguir evolucionando).

La mente tiene una gran influencia sobre los estados de ánimo, y su patrones de conducta son el resultado de las asociaciones que hace incitadas por las experiencias. Para disfrutar de la felicidad hay que estar integrado, por lo que debemos abocarnos a la tarea de la integración consciente, permaneciendo con la atención mental y emocional en lo que su cuerpo físico está realizando (esto debemos hacerlo regularmente). Ser feliz representa la alianza entre el ser y el entorno, cuando la mente y las emociones están atentas a los mensajes del mundo físico existe integración; cuando el ser humano desfasa sus pensamientos mandándolos hacia un pasado o un futuro (para fugarse de una realidad insatisfactoria), decimos que el ser humano está desintegrado. Sin embargo, es tan fuerte la tendencia del hombre a perderse en laberintos mentales, que es preciso dar unas técnicas que le permitan volver a su estado ideal del presente, con unos principios o claves universales, que le dejen afianzarse en su presente y aprender a disfrutarlo como:

Lo que recibo hoy es lo que sembré ayer, y lo que siembre hoy será lo que reciba mañana. Como ley universal, ésta se cumple en todos los niveles y reinos. El hombre ha logrado construir una sociedad, que, dentro de sus conflictos, problemas y crisis, presenta opciones para seguir caminando hacia estados más armónicos. Si observamos a la humanidad actual y vemos que un ochenta por ciento de las personas no son sino el fruto de las mismas condiciones bajo las cuales su vida se desarrolla; sus emociones no son sino aprendizajes que ha tenido que llevar, gracias a la convivencia forzada por su familia o amistades. La evolución del hombre impulsa a la humanidad a avanzar hacia terrenos desconocidos, pero los obstáculos que el camino presenta van marcando la pauta por la que la humanidad seguirá su curso, y si el ochenta por ciento no son sino el fruto de la sociedad, con sus conflictos y problemas, la esperanza está en ese veinte por ciento que da las pautas a seguir al resto de la humanidad. Es indispensable, que los que han encontrado una solución a los conflictos, tomen acciones concretas que permitan la reeducación de la humanidad. Las sonrisas engendran sonrisas y las lágrimas engendran más lágrimas. Cierto es que las lágrimas, en ocasiones, nacen de una profunda felicidad, pero, en esos momentos, las lágrimas no hacen sino desmoronar las limitaciones, creencias y los valores que impedían alcanzar una felicidad; las lágrimas son el resultado de la resistencia que hace el ser humano por evitar ser feliz.

Yo soy un ser único, nadie me comprende mejor que yo, ni sabe lo que yo necesito mejor que yo. A lo largo de la vida seguimos los ejemplos dejados por otros, y somos impulsados por los comentarios que nuestras familias, amistades, o personas importantes para nosotros. Los consejos de otros los escucharemos con respeto, pero entendiendo que nuestras vidas son únicamente nuestras y que en el camino cada paso que damos nos acerca o aleja de la meta que nos hemos definido. Si queremos la felicidad, busquémosla con nuestras acciones, cuidemos cada uno de nuestros pasos, para que la respuesta que obtengamos del otro sea la que esperamos. El ser humano es único en sus características personales, pero vive inmerso en la sociedad, y por su continua interacción individuo-colectividad, se produce un estado que puede llevar a la felicidad permanente, o bien, a un estado conflictivo que atrapa al ser y lo lleva a vivir una vida miserable. Muchos individuos sufren estados permanentes de desarmonía y al verse incapaces de romper esas largas cadenas de sufrimiento, buscan otras opciones, entran en acción los mecanismos de defensa y aparecen las patologías. Todos los juicios que otras personas elaboran acerca de nosotros son parciales, incompletos, y fruto de su propia percepción de la realidad, como la que nosotros tenemos de ellos, por lo que, así como sus juicios no son válidos acerca de nosotros, tampoco los nuestros serán válidos para ellos.

Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. El hombre es responsable de su vida, y de la búsqueda y esfuerzo por hallar lo que busca. La diferencia entre la felicidad que proviene de la integración en el presente y la que se logra mediante el haber alcanzado ciertos objetivos, o el haber sucedido ciertas cosas, reside en la permanencia de la primera y en la temporalidad de la segunda, pues la felicidad sigue dependiendo de que las condiciones externas se mantengan y no cambien. La felicidad es una experiencia real, vivida, y experimentada únicamente por el ser, e imposible de ser transmitida a los demás; sólo se comprende tras haberla experimentado, aunque no puedas describirla. Para unos es una palabra mágica que se pierde en algún sueño, pertenece a otro mundo y, por lo mismo, inalcanzable. Para otros está tan devaluada, que afirman que son felices, aun cuando internamente viven en un mundo lleno de angustias, temores, e inestabilidades emocionales. La felicidad se encuentra siempre al alcance de todos los que se atrevan a vivir en el presente y disociar perfectamente los dos aspectos que la misma naturaleza humana les presenta (el impulso de la evolución y la necesidad de aceptación).

Estoy al servicio de la humanidad. Todo lo que yo haga, diga, piense o sienta, servirá para la gloria o perdición de la humanidad. Mi misión en la vida es ser feliz y hacer feliz a los demás, de aquí que los esfuerzos sean en beneficio de la humanidad. Al decidir tomaré en cuenta el beneficio del mayor número de personas.

Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. La persona da todo el valor al momento presente y resta importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Adornemos el rostro con la sonrisa, y los ojos prestos a mandar una mirada de amor, porque así estaremos reflejando la serena armonía de quien camina por el sendero de la felicidad.

Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Las influencias ajenas son sólo eso, influencias, y él, en el amos y paz interior, es el único que decide qué hacer en ese instante.

Mas allá de estos principios, está el pasado, el presente y el futuro, que se asemejan a una bifurcación de caminos:

  • El del medio es el presente, es un sendero firme, quieto, no se mueve, es el hombre el que camina y avanza sobre él.
  • El de la derecha es el del futuro, el de los sueños, fantasías, angustias y temores. Este lleva al hombre al futuro, es el sendero el que se mueve y después da vuelta sobre sí mismo, dejando al hombre con la sensación de no haberse movido ni un milímetro del lugar en que se encontraba.
  • El de la izquierda se mueve hacia atrás, y sumerge al hombre en las tinieblas, presentándole imágenes fantasmagóricas, alguna agradables y otras desagradables. Este camino también se mueve, aunque más lento, y en donde las escenas se vuelven más dolorosas o agradables; parece como si el sendero se detuviera unos instantes mientras las imágenes embelesan a la persona, y, repentinamente la persona regresa estrepitosamente al sendero original del presente.

Estados de energía:

  • Los estados de baja energía. Son los estados negativos, llámense depresiones, angustias, nervios, temores u otro similar; en los estados de baja energía, las personas a su alrededor sienten un desgaste energético por la simple interacción con las personas que se encuentran con baja energía.
  • Los estados de alta energía. Por el contrario, en los estados positivos, tales como la felicidad, el optimismo, el amor, la comprensión o la unidad, la persona se convierte en donante, y las que se encuentran a su alrededor, son beneficiarias de la energía que esas personas acumulan y generan.

Todo el mundo rehúye de las personas con bajas energías, porque es muy dañino convivir con ellas; en cambio, las donantes de energía serán buscadas y nunca les faltará amistades para relacionarse. Los estados de alta energía son los deseables, son los estados a los que aspiramos llegar, porque producen beneficios para todos los que los rodean, mientras que los estados de baja energía sólo producen conflictos, problemas e interrupciones en las relaciones armónicas.

La persona que se preocupa por cosas que ya pasaron y acerca de las cuales nada puede hacer, vemos que mentalmente se encuentra ligada a un pasado que le lastima. Por otra parte, las angustias ocasionadas por hechos que se encuentran en un futuro próximo o lejano, son zonas mentales que desgastan energéticamente a la persona. La persona que modifica sus estados de ánimo, simplemente por mantener activada esa zona de su mente que tiene que ver con su pasado o su futuro, gasta toda la energía que tiene disponible para trabajar en su presente y la imposibilita a actuar adecuadamente. Hacer una cuidadosa valoración de las experiencias pasadas para extraer de ellas las lecciones que podamos emplear en el presente, es una gran inversión de sus energías, y la acción es la primera etapa del camino.

Para terminar decir que la felicidad la podemos basar en el amor, el trabajo, la cultura y la amistad. Hemos de cultivar los cuatro pilares, ordenando la vida con vínculos sanos, alimentando la mente y rodeándonos de personas que sumen:

  • El amor auténtico es entrega, respeto y comprensión, y le debes cultivar con ternura, comunicación y pequeños gestos.
  • El trabajo ayuda a tener rutinas y prosperar. El esfuerzo y la responsabilidad nos ayudan a crecer, sentirnos útiles y conectados a un propósito.
  • La cultura es el alimento del alma y clave para abrir nuestra mente, nos da criterio y nos enseña a pensar por nosotros mismos.
  • La amistad verdadera se basa en la lealtad, la confianza y la alegría compartida. Un buen amigo te comprende e impulsa a ser mejor.

domingo, 1 de septiembre de 2024

EL PENSAMIENTO ACELERADO

 

Deshacernos de nuestros pensamientos es una odisea , y si no piensa cuando fue la última vez que dejaste la mente en blanco. Esta incapacidad para desconectar se conoce como Síndrome del Pensamiento Acelerado, consecuencia de la hiperestimulación, y la intolerancia al aburrimiento que se mantiene a lo largo de la adolescencia, la edad adulta y comienza a darse en la edad escolar. La generación millennial sobrevive en una sociedad muy exigente, carente de atención psicológica y que normaliza la precariedad. Creemos que, siendo productivos lidiaremos mejor con la presión, sin embargo, la exigencia siempre pide más sacrificio, y es ahí donde aparece la marabunta de pensamientos encadenados que nos impide desconectar de lo irrelevante y conectar con lo importante, que es cómo nos sentimos.

Mantener la mente constantemente activa procesando pensamientos irrelevantes es habitual, pues llevamos un ritmo de vida frenético y, a veces, nuestro pensamiento se acelera para dar respuesta a la ingente cantidad de estímulos que nos motivan a estar en alerta. Esto guarda relación con la inteligencia multifocal, por la que aprendemos a construir el mundo a partir de la información que nos rodea y la que tenemos en el cerebro, integrando no sólo a los componentes cognitivos (lo que sabemos de las cosas), sino también los emocionales (lo que estas nos hacen sentir).

¿Qué cuesta más, analizar tu ansiedad o revisar tu Instagram? Esto genera fatiga, desmotivación, problemas de concentración, lapsos memorísticos, insatisfacción, intolerancia al aburrimiento y a la rutina, y ansiedad generalizada cuando los pensamientos se convierten en preocupaciones, además con el uso de dispositivos con luz artificial, de auriculares, pulseras de actividad, periódicos, revistas, televisión, redes sociales y smartphones, el cerebro está constante y excesivamente expuesto a los estímulos, que hoy conocemos como taquipsiquia, descrita por Augusto Cury como la ansiedad de la productividad mental, la hiperestimulación, y la intolerancia al aburrimiento, que se da por el exceso de información, de actividad, y de preocupaciones y presiones sociales que provocan la aceleración del pensamiento. El problema no está relacionado con el contenido de los pensamientos, que en general, son interesantes, cultos y positivos, sino con la cantidad y la velocidad con que se generan en el cerebro. El simple hecho de razonar sobre cualquier aspecto de la realidad produce estrés, ansiedad, malestar y/o desorganización. Esto se traduce en una serie de síntomas que suscitan las emociones, los pensamientos y las conductas que se llevan a cabo.

Del griego tachýs “rápido” y psyché “mente” o Síndrome del Pensamiento Acelerado, es la condición en la que el individuo experimenta una aceleración en la velocidad del pensamiento y del habla, que le es difícil controlar. La taquipsiquia en algunos casos puede ser una respuesta normal y adaptativa ante situaciones estresantes, donde el individuo necesita pensar y tomar decisiones de manera rápida y eficiente, en otros es un síntoma de una patología subyacente (la manía en el trastorno bipolar), que puede manifestarse con verborrea o logorrea, y es controlable con la ayuda de terapias y ejercicios de relajación mental.

Síntomas:

  • A nivel cognitivo: La aceleración del pensamiento dificulta la capacidad de procesar la información de manera eficiente y estructurada, pudiendo tener problemas para organizar ideas, la socialización, la tomar de decisiones o resolver problemas de manera adecuada. Habla acelerada, incoherente y desorganizada. Falta de atención y concentración. Fatiga mental por el ritmo de los pensamientos. Pensamientos intrusivos y repetitivos y su incapacidad para frenarlos. Pequeños y frecuentes lapsos de memoria. Parloteo o verborrea incontrolable.
  • A nivel emocional: Puede generar una sensación de agitación, inquietud, agobio, distracción, irritabilidad, insatisfacción, ansiedad constante, alteraciones del sueño, cambio de humor repentino, distractibilidad, fatiga y cansancio excesivo, intolerancia a ser contrariado, saltos de forma impulsiva de un tema a otro. La persona puede sentirse abrumada por la velocidad de sus pensamientos y tener dificultades para relajarse, calmarse o concentrarse afectando a su estabilidad emocional y bienestar general.
  • Síntomas psicosomáticos: Dolor de cabeza, tensión muscular, caída de cabello y gastritis. Trastornos bipolares y psicóticos (esquizofrenia).

Tratamiento.

El objetivo principal es ayudar al individuo a regular y ralentizar su actividad mental, para mejorar su funcionamiento cotidiano.

El tratamiento debe ser orientado por un especialista, quien aconseja, en principio, hacer cambios en los hábitos de vida.

Terapia psicológica. En algunos casos, el especialista receta medicamentos, como estabilizadores del estado de ánimo, para ayudar a controlar la taquipsiquia asociada con trastornos específicos, los ansiolíticos para la ansiedad, y los antidepresivos si hay presencia de depresión asociada. La terapia cognitivo conductual, es una estrategia terapéutica o tratamiento psicológico de corta duración, que ayuda al paciente a modificar los pensamientos y sentimientos negativos.

Realizar ejercicios de atención plena, concentración y control mental, como la meditación, el yoga, técnicas de respiración, y el uso de juegos mentales para la concentración y el cambio de pensamiento.

Identificar y abordar las fuentes de estrés ayuda a reducir la taquipsiquia relacionada con la ansiedad. Identificar las causas de ansiedad, ayuda a la persona a mantenerlas lejos, y cuando aparecen pensamientos que la persona identificó como causantes de tristeza y ansiedad, consigue alejarlos con más facilidad. Las consultas regulares con el psicoterapeuta para que la persona pueda saber gestionar sus emociones y controlar los pensamientos de forma más eficiente son necesarias.

Desde la perspectiva de la psicología, existen posibles causas como:

Los genéticos ya que algunos estudios han sugerido que el gen COMT, pueden influir en la velocidad del procesamiento cognitivo. Además, algunos trastornos genéticos, como el trastorno bipolar, pueden estar asociados con la taquipsiquia como uno de sus síntomas.

Los ambientales como el estrés crónico, o situaciones de alta presión o exigencia, aumentan la activación del sistema nervioso simpático y afectan el ritmo cardíaco, la presión arterial y los niveles de hormonas, lo que a su vez puede contribuir a la taquipsiquia. Desde la ingesta de sustancias tóxicas, hasta niveles de estrés elevados que dan como resultado la presencia de pensamientos acelerados, además de las experiencias traumáticas. Las sustancias estimulantes como la nicotina, la cafeína, las anfetaminas, el éxtasis y la cocaína alteran la velocidad en que normalmente pensamos.

Los de desarrollo, pues durante la adolescencia, por ejemplo, el cerebro experimenta cambios significativos al estar en desarrollo las vías neuronales, lo que puede dar lugar a una mayor rapidez en el pensamiento y en la comunicación verbal.

Exceso de información y estímulos digitales.

Presiones laborales y sociales, y la necesidad constante de estar productivo.

Estrés crónico y depresión.

Trastorno obsesivo-compulsivo. Trastorno del déficit de atención/hiperactividad.

Trastornos mentales. Muy comúnmente, la taquipsiquia y la fuga de ideas, tienen mayor activación en los episodios maníacos e hipomaníacos (las personas con trastorno bipolar pueden experimentar episodios de manía, donde la taquipsiquia es común).

Trastorno de Ansiedad: La ansiedad extrema puede dar lugar a una sensación de taquipsiquia, donde los pensamientos se vuelven abrumadores y difíciles de controlar.

Esquizofrenia: En algunos casos de esquizofrenia, los pensamientos pueden acelerarse y volverse desorganizados, contribuyendo a la taquipsiquia.

¿Cómo afecta este síndrome a la salud?

Es muy perjudicial para la mente, pues dificulta el desarrollo de capacidades esenciales como la creatividad, innovación, y reflexión, generando una ansiedad crónica e insatisfacción prolongada. Además, en este síndrome el cerebro bloquea la memoria de forma frecuente para poder pensar menos y ahorrar más energía, por eso surgen lapsos de memoria frecuentes que también se deben al hecho de que el cerebro gaste la energía reservada a los músculos, provocando una sensación excesiva de cansancio físico y emocional.

Existen diferentes maneras de controlar los pensamientos acelerados y reducir su frecuencia en nuestra mente:

  • Concéntrate en el presente: Para la gran mayoría de las personas, los pensamientos acelerados suelen provenir de preocupaciones que quizá nunca sucedan. Otros se pueden enfocar en cosas que sucedieron en el pasado y, por lo tanto, no pueden cambiar. Es importante intentar concentrarse en lo que está sucediendo en el aquí y el ahora.
  • Usa la respiración: Desacelerar nuestra respiración, respirando más hondo y de manera más profunda, calma la taquipsiquia.
  • Piensa en distracciones: En lugar de centrarte en el contenido de los pensamientos que estás experimentando, intenta contrarrestarlo con alguna actividad o tarea que sea productiva o satisfactoria para ti.
  • Usa afirmaciones positivas: Estas son palabras o frases simples que una persona puede repetirse a sí misma para calmar su mente.
  • La actividad física y regular ayuda a mejorar el bienestar mental y es muy útil cuando se tienen pensamientos acelerados.
  • Escribir tus sentimientos y pensamientos puede ser muy efectivo para aquellas personas que experimentan de ansiedad.
  • Háblalo: Si existe una preocupación que suele acabar siendo el protagonista de tus pensamientos acelerados, es importante que lo comentes.
  • Acude a terapia si los patrones del pensamiento son difíciles de regular, pues quizás se estén enfrentando un trastorno de salud mental. Por lo tanto, es recomendable acudir al profesional.

EL SILOGISMO

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