Deshacernos de nuestros pensamientos es una odisea , y si no piensa cuando fue la última vez que dejaste la mente en blanco. Esta incapacidad para desconectar se conoce como Síndrome del Pensamiento Acelerado, consecuencia de la hiperestimulación, y la intolerancia al aburrimiento que se mantiene a lo largo de la adolescencia, la edad adulta y comienza a darse en la edad escolar. La generación millennial sobrevive en una sociedad muy exigente, carente de atención psicológica y que normaliza la precariedad. Creemos que, siendo productivos lidiaremos mejor con la presión, sin embargo, la exigencia siempre pide más sacrificio, y es ahí donde aparece la marabunta de pensamientos encadenados que nos impide desconectar de lo irrelevante y conectar con lo importante, que es cómo nos sentimos.
Mantener la mente constantemente activa procesando pensamientos irrelevantes es habitual, pues llevamos un ritmo de vida frenético y, a veces, nuestro pensamiento se acelera para dar respuesta a la ingente cantidad de estímulos que nos motivan a estar en alerta. Esto guarda relación con la inteligencia multifocal, por la que aprendemos a construir el mundo a partir de la información que nos rodea y la que tenemos en el cerebro, integrando no sólo a los componentes cognitivos (lo que sabemos de las cosas), sino también los emocionales (lo que estas nos hacen sentir).
¿Qué cuesta más, analizar tu ansiedad o revisar tu Instagram? Esto genera fatiga, desmotivación, problemas de concentración, lapsos memorísticos, insatisfacción, intolerancia al aburrimiento y a la rutina, y ansiedad generalizada cuando los pensamientos se convierten en preocupaciones, además con el uso de dispositivos con luz artificial, de auriculares, pulseras de actividad, periódicos, revistas, televisión, redes sociales y smartphones, el cerebro está constante y excesivamente expuesto a los estímulos, que hoy conocemos como taquipsiquia, descrita por Augusto Cury como la ansiedad de la productividad mental, la hiperestimulación, y la intolerancia al aburrimiento, que se da por el exceso de información, de actividad, y de preocupaciones y presiones sociales que provocan la aceleración del pensamiento. El problema no está relacionado con el contenido de los pensamientos, que en general, son interesantes, cultos y positivos, sino con la cantidad y la velocidad con que se generan en el cerebro. El simple hecho de razonar sobre cualquier aspecto de la realidad produce estrés, ansiedad, malestar y/o desorganización. Esto se traduce en una serie de síntomas que suscitan las emociones, los pensamientos y las conductas que se llevan a cabo.
Del griego tachýs “rápido” y psyché “mente” o Síndrome del Pensamiento Acelerado, es la condición en la que el individuo experimenta una aceleración en la velocidad del pensamiento y del habla, que le es difícil controlar. La taquipsiquia en algunos casos puede ser una respuesta normal y adaptativa ante situaciones estresantes, donde el individuo necesita pensar y tomar decisiones de manera rápida y eficiente, en otros es un síntoma de una patología subyacente (la manía en el trastorno bipolar), que puede manifestarse con verborrea o logorrea, y es controlable con la ayuda de terapias y ejercicios de relajación mental.
Síntomas:
- A nivel
cognitivo: La aceleración del pensamiento dificulta la capacidad de procesar la
información de manera eficiente y estructurada, pudiendo tener problemas para
organizar ideas, la socialización, la tomar de decisiones o resolver problemas
de manera adecuada. Habla acelerada, incoherente y desorganizada. Falta de atención y concentración. Fatiga mental por el ritmo de los pensamientos. Pensamientos intrusivos y
repetitivos y su incapacidad para frenarlos. Pequeños y frecuentes lapsos de
memoria. Parloteo o verborrea incontrolable.
- A nivel
emocional: Puede generar una sensación de agitación, inquietud, agobio, distracción,
irritabilidad, insatisfacción, ansiedad constante, alteraciones del sueño, cambio de humor
repentino, distractibilidad, fatiga y
cansancio excesivo, intolerancia a ser contrariado, saltos de forma impulsiva de un tema a otro. La persona puede sentirse
abrumada por la velocidad de sus pensamientos y tener dificultades para
relajarse, calmarse o concentrarse afectando a su estabilidad emocional y
bienestar general.
- Síntomas psicosomáticos: Dolor de cabeza, tensión muscular, caída de cabello y gastritis. Trastornos bipolares y psicóticos (esquizofrenia).
Tratamiento.
El objetivo
principal es ayudar al individuo a regular y ralentizar su actividad mental, para
mejorar su funcionamiento cotidiano.
El tratamiento debe ser orientado por un
especialista, quien aconseja, en principio, hacer cambios en los hábitos de vida.
Terapia psicológica. En algunos casos, el especialista receta
medicamentos, como estabilizadores del estado de ánimo, para ayudar a controlar
la taquipsiquia asociada con trastornos específicos, los ansiolíticos
para la ansiedad, y los antidepresivos si hay presencia de depresión asociada. La terapia cognitivo conductual, es una estrategia terapéutica o
tratamiento psicológico de corta duración, que ayuda al paciente a modificar
los pensamientos y sentimientos negativos.
Realizar ejercicios
de atención plena, concentración y control mental, como la meditación, el yoga,
técnicas de respiración, y el uso de juegos mentales para la concentración y el
cambio de pensamiento.
Identificar y abordar las fuentes de estrés ayuda a reducir la taquipsiquia relacionada con la ansiedad. Identificar las causas de ansiedad, ayuda a la persona a mantenerlas lejos, y cuando aparecen pensamientos que la persona identificó como causantes de tristeza y ansiedad, consigue alejarlos con más facilidad. Las consultas regulares con el psicoterapeuta para que la persona pueda saber gestionar sus emociones y controlar los pensamientos de forma más eficiente son necesarias.
Desde la
perspectiva de la psicología, existen posibles causas como:
Los genéticos ya
que algunos estudios han sugerido que el gen COMT, pueden influir en la
velocidad del procesamiento cognitivo. Además, algunos trastornos genéticos,
como el trastorno bipolar, pueden estar asociados con la taquipsiquia como uno
de sus síntomas.
Los ambientales
como el estrés crónico, o situaciones de alta presión o exigencia, aumentan la
activación del sistema nervioso simpático y afectan el ritmo cardíaco, la
presión arterial y los niveles de hormonas, lo que a su vez puede contribuir a
la taquipsiquia. Desde la
ingesta de sustancias tóxicas, hasta niveles de estrés elevados que dan como
resultado la presencia de pensamientos acelerados, además de las experiencias
traumáticas. Las sustancias estimulantes como la nicotina, la
cafeína, las anfetaminas, el éxtasis y la cocaína alteran la velocidad en que
normalmente pensamos.
Los de
desarrollo, pues durante la adolescencia, por ejemplo, el cerebro experimenta
cambios significativos al estar en desarrollo las vías neuronales, lo que puede
dar lugar a una mayor rapidez en el pensamiento y en la comunicación verbal.
Exceso de información y estímulos digitales.
Presiones laborales y sociales, y la necesidad
constante de estar productivo.
Estrés crónico y
depresión.
Trastorno
obsesivo-compulsivo. Trastorno del déficit de atención/hiperactividad.
Trastornos mentales.
Muy comúnmente, la taquipsiquia y la fuga de ideas, tienen mayor activación en
los episodios maníacos e hipomaníacos (las personas con trastorno bipolar
pueden experimentar episodios de manía, donde la taquipsiquia es común).
Trastorno de
Ansiedad: La ansiedad extrema puede dar lugar a una sensación de taquipsiquia,
donde los pensamientos se vuelven abrumadores y difíciles de controlar.
Esquizofrenia: En algunos casos de esquizofrenia, los pensamientos pueden acelerarse y volverse desorganizados, contribuyendo a la taquipsiquia.
¿Cómo afecta este síndrome a la salud?
Es muy perjudicial para la mente, pues dificulta el desarrollo de capacidades esenciales como la creatividad, innovación, y reflexión, generando una ansiedad crónica e insatisfacción prolongada. Además, en este síndrome el cerebro bloquea la memoria de forma frecuente para poder pensar menos y ahorrar más energía, por eso surgen lapsos de memoria frecuentes que también se deben al hecho de que el cerebro gaste la energía reservada a los músculos, provocando una sensación excesiva de cansancio físico y emocional.
Existen diferentes
maneras de controlar los pensamientos acelerados y reducir su frecuencia
en nuestra mente:
- Concéntrate en el presente: Para la gran mayoría de las personas, los pensamientos acelerados
suelen provenir de preocupaciones que quizá nunca sucedan. Otros se pueden enfocar
en cosas que sucedieron en el pasado y, por lo tanto, no pueden cambiar. Es importante
intentar concentrarse en lo que está sucediendo en el aquí y el ahora.
- Usa la respiración: Desacelerar nuestra respiración, respirando más hondo y de manera más profunda,
calma la taquipsiquia.
- Piensa en distracciones: En lugar de centrarte en el contenido de los pensamientos que estás experimentando,
intenta contrarrestarlo con alguna actividad o tarea que sea productiva o satisfactoria
para ti.
- Usa afirmaciones positivas: Estas son palabras o frases simples que una persona puede repetirse a sí misma
para calmar su mente.
- La actividad física y regular ayuda a mejorar el bienestar mental y es muy útil cuando se tienen pensamientos acelerados.
- Escribir tus sentimientos y pensamientos puede ser muy efectivo para aquellas
personas que experimentan de ansiedad.
- Háblalo: Si existe una preocupación que suele acabar siendo el protagonista de tus pensamientos acelerados, es importante que lo comentes.
- Acude a terapia si
los patrones del pensamiento son difíciles de regular, pues
quizás se estén enfrentando un trastorno de salud mental. Por lo tanto, es recomendable
acudir al profesional.
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