El entrenamiento es el proceso de preparación física, mental o técnica para mejorar la resistencia, rendimiento o habilidades en un área específica. Puede aplicarse al deporte, la educación, el desarrollo profesional e incluso a la formación personal, y desde distintas perspectivas ya sea pedagógica (ejercicio funcional planificado con el fin de lograr el mejor rendimiento personal), psicológica (ejercicio planificado de una actividad corporal o moral con el fin de lograr su perfeccionamiento) o médica (suma de estímulos que se realizan para aumentar el rendimiento y alcanzar modificaciones y adaptaciones, funcionales y morfológicas).
Según la Asociación de Entrenadores el entrenamiento es una relación profesional que aumenta la capacidad del cliente para centrarse de modo efectivo en el aprendizaje, la consecución de objetivos y la autosatisfacción. Aunque no se trata de un tratamiento psicológico de tipo terapéutico, el entrenamiento toma prestados algunos métodos y técnicas de aquél, pero aunque el primero se centra en el pasado o el presente, el entrenamiento lo hace en el futuro dando prioridad a la acción sobre los sentimientos. El cliente establece los objetivos de su plan de vida y el entrenador orquesta las técnicas para llegar a su cumplimiento. El entrenamiento vital ayuda a los clientes a diseñar un plan de vida y procura encontrar el equilibrio en sus vidas.
El
entrenamiento es un proceso planificado y adaptado que, mediante la aplicación
de principios científicos y pedagógicos, permite a las personas mejorar su
rendimiento físico, intelectual o profesional, alcanzando así sus metas y
potenciando su bienestar general.
Es el conjunto de procedimientos y actividades diseñadas para desarrollar las cualidades de la manera más adecuada a sus circunstancias y objetivos. En el ámbito deportivo implica una preparación física, técnica y psicológica para maximizar las capacidades del deportista, tratando de aumentar la capacidad física o intelectual, con el desarrollo de habilidades, conocimientos y destrezas específicas.
El
entrenamiento puede clasificarse en varios tipos según el objetivo, la
metodología y el campo de aplicación. Las principales categorías son:
1. Entrenamiento físico. Busca mejorar las capacidades físicas como la fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad.
- Cardiovascular: Mejora la resistencia y la salud del corazón (correr, nadar, ciclismo).
- Fuerza: Desarrolla músculos y aumenta la potencia (levantamiento de pesas, calistenia).
- Flexibilidad: Aumenta la movilidad y previene lesiones (yoga, estiramientos).
- Equilibrio y coordinación: Mejora la estabilidad y el control corporal (pilates, entrenamiento funcional).
2. Entrenamiento deportivo. Orientado a adquirir o perfeccionar habilidades y conocimientos en el ámbito deportivo.
- Específico para cada deporte: Diseñado para mejorar el rendimiento en disciplinas como fútbol, baloncesto, tenis, etc.
- Táctico y técnico: Se centra en habilidades estratégicas y técnicas particulares del deporte.
3. Entrenamiento mental. Dirigido a potenciar capacidades cognitivas como la memoria, la concentración y el razonamiento.
- Mindfulness y meditación: Fomenta la concentración y reduce el estrés.
- Memoria y habilidades cognitivas: Juegos mentales y técnicas de aprendizaje.
- Fortaleza emocional: Desarrollo de fortaleza mental y manejo de emociones.
4. Entrenamiento profesional y académico.
- Capacitación laboral: Desarrollo de habilidades específicas para el trabajo.
- Formación académica: Estudios y cursos para mejorar conocimientos en diversas áreas.
- Desarrollo de liderazgo: Fortalecimiento de habilidades de gestión y comunicación.
5. Entrenamiento personal.
- Hábitos saludables: Creación de rutinas para mejorar calidad de vida.
- Disciplina y productividad: Técnicas para optimizar el tiempo y la eficiencia.
Entre los beneficios más destacados del entrenamiento están:
- Aumento del rendimiento y la condición física.
- Incremento de la fuerza muscular y la resistencia.
- Prevención de lesiones.
- Mejor salud física y emocional.
- Disminución del estrés.
- Mejora de la coordinación y otras capacidades motoras.
Una rutina de entrenamiento físico equilibrada debe incluir:
- Ejercicios aeróbicos (carrera, natación, ciclismo).
- Fortalecimiento muscular (pesas, ejercicios de resistencia).
- Trabajo de la zona media (core).
- Ejercicios de equilibrio y flexibilidad (yoga, estiramientos).
Principios
fundamentales del entrenamiento.
Para
que el entrenamiento sea efectivo, debe basarse en una serie de principios
científicos y pedagógicos que se deben aplicar en todos los entrenamientos. El
organismo funciona como un todo por lo que todos los principios del
entrenamiento se producen a la vez, aunque uno tenga más preponderancia que
otro. Los principales son:
1.
De acción voluntaria. La voluntad es uno de los principios fundamentales en
todo aprendizaje y entrenamiento. Lo que realizamos de forma voluntaria va a
tener un componente importante en la motivación y desarrollo del trabajo.
Cuando el individuo se encuentra motivado, las posibilidades de lograr mejores
resultados se ven acrecentadas. La motivación debe encontrarse en la
presentación de las tareas y en las tareas en sí.
2.
Individualización. Cada persona responde de manera diferente al entrenamiento
debido a factores como genética, edad, experiencia y condición física. El plan
debe adaptarse a las características y objetivos individuales para maximizar
los resultados y prevenir lesiones. Cada trabajo que se realiza repercute de
forma distinta en cada persona.
3. De
totalidad. El entrenamiento debe abarcar todos los aspectos de la preparación,
las características motrices deben desarrollarse en su totalidad, para ofrecer
un mayor número de conductas motrices.
4. Sobrecarga.
El cuerpo necesita ser desafiado con estímulos superiores a los habituales para
que se adapte y mejore. Esto implica aumentar progresivamente la intensidad, el
volumen o la dificultad de los ejercicios para provocar adaptaciones
fisiológicas. El estímulo debe encontrarse en un umbral de excitación
suficiente como para poder provocar respuesta en el organismo. Este estímulo,
si es único, debe llegar al umbral, y si es sumativo, aunque sea bajo, su suma
debe llegar al umbral. Cuando los estímulos son excesivamente altos, pueden no
provocar ninguna reacción o provocar daños en el organismo. En el caso de
estímulos bajos o muy bajos, las posibilidades de excitación del individuo no
se verán afectadas.
5. De
continuidad. El ejercicio aislado no logra mejora significativa. Una persona
que se ejercita repetidamente sin descanso logra el agotamiento. Entre estímulo
y estímulo se deben dar los descansos adecuados y así la asimilación del
esfuerzo se producirá. Es necesario que se realice el trabajo de forma
continuada. De esta forma el organismo se va adaptando para lograr soportar
cargas cada vez mayores.
6. Progresión.
Los incrementos en la carga o intensidad deben ser graduales y controlados para
evitar lesiones y favorecer la adaptación. Un aumento demasiado rápido puede
causar lesiones o sobre entrenamiento, mientras que una progresión lenta puede
estancar el avance. En todo proceso de entrenamiento se debe ir de lo sencillo
a lo complejo. La progresión debe ir aumentando la dificultad de forma
paulatina para que se pueda producir la adaptación.
7.
Especificidad. El entrenamiento debe orientarse a las demandas concretas del
deporte o meta que se busca alcanzar. Esto asegura que las adaptaciones
logradas sean relevantes y transferibles a la actividad objetivo. La eficacia
desde un punto de vista económico, tiene que ver con la obtención de los
mejores resultados y el menor gasto de energía para conseguirlo. Cuando nuestra
experiencia es menor, y nuestro aprendizaje todavía no es el idóneo, se produce
un mayor gasto de energía en controlar las situaciones. Cuando una habilidad
motriz se comienza a aprender, los movimientos iniciales pueden considerarse
como de una destreza genérica; con el entrenamiento esos movimientos terminan
especializándose.
8.
Variedad. Introducir cambios en los ejercicios, métodos y estructuras de entrenamiento
previene el estancamiento y reduce el riesgo de lesiones por movimientos
repetitivos. La variedad también mantiene la motivación alta.
9. Supercompensación. Tras un esfuerzo, el cuerpo necesita tiempo de recuperación para adaptarse y mejorar. El siguiente estímulo debe aplicarse cuando se ha producido la supercompensación, es decir, cuando el rendimiento ha superado el nivel inicial tras la recuperación. Las leyes que explican la adaptación son la:
- De Schultz-Arnold o ley del umbral. Partiendo del principio de que cada individuo tiene un umbral, hay que considerar que los estímulos que por su naturaleza débil están por debajo del umbral, no excitan lo suficiente las funciones orgánicas, y, por lo tanto, no entrenan. Estímulos muy fuertes que sobrepasen el umbral, pero no el máximo de tolerancia, también pueden producir fenómenos de adaptación, siempre y cuando no se repitan con demasiada frecuencia, en cuyo caso lo que provocarían es un estado de sobre entrenamiento.
- Del estrés o síndrome general de adaptación. Es la respuesta adaptativa del organismo a toda causa que pone en peligro su equilibrio biológico. Consta de fase de alarma y fase de resistencia en la que se puede dar adaptación o agotamiento. En caso favorable se producirá el fenómeno de supercompensación.
10.
Reversibilidad. Las adaptaciones logradas con el entrenamiento se pierden si se
interrumpe la práctica de manera prolongada. La constancia es clave para
mantener y seguir mejorando el rendimiento físico. Si se interrumpe el
entrenamiento, los beneficios obtenidos tienden a perderse con el tiempo.
11. Recuperación.
El descanso y la recuperación son esenciales para evitar el agotamiento y
permitir que el cuerpo asimile los estímulos del entrenamiento, consolidando
las mejoras físicas.
12. De transferencia. Cuando efectuamos un movimiento, éste se basa en el patrón de otros movimientos aprendidos anteriormente. Esto quiere decir que se ha producido un aprendizaje y hay una transferencia de lo aprendido ante los estímulos que se nos presentan.
Los factores que influyen en el entrenamiento pueden ser externos e internos:
- Internos físicos: Son las capacidades morfológicas y fisiológicas. Las posibilidades de entrenamiento de las cualidades físicas básicas que podemos influir van a estar dirigidas a la resistencia aeróbica y orgánica y a la flexibilidad. La velocidad es un aspecto entrenable, pero viene diferenciada por el código genético.
- Internos psíquicos: La constancia y el entusiasmo originarán en el individuo un cambio positivo. El entrenamiento de estos factores determina aspectos de consistencia en el aprendizaje.
- Externos: En muchos casos escapan de las posibilidades del profesor. Algunos de ellos son de tipo racial, social, políticos, ambientales...
Entrenamiento
técnico y táctico.
Cuanto
antes comience el entrenamiento técnico-táctico de un deporte, más
posibilidades de progresión y de alcanzar altas metas tendrá. Dado que este
tipo de entrenamiento se basa fundamentalmente en la repetición de los gestos
técnicos y de las características, habrá que encontrar la manera de hacerle lo
más entretenido posible, y aumentar la motivación del alumno, para evitar su
aburrimiento y abandono.
Sesiones
de entrenamiento. Cada sesión debe comprender determinadas fases, que siempre
han de llevarse a cabo independientemente de los conceptos que se vayan a
entrenar. Una sesión de entrenamiento, por lo tanto se compondrá:
- Introducción: Se produce la llamada de atención para el comienzo de la sesión. El profesor explica brevemente la tarea a desarrollar, los objetivos de la misma y cómo conseguirlos. La duración será de 3' a 5'.
- Preparación: Es la preparación para la tarea a realizar luego. El calentamiento es general al principio, pero acaba con ejercicios específicos. La duración dependerá de la tarea y oscilará entre 15' y 20'.
- Parte principal. Se desarrolla el objetivo fundamental de la sesión.
- Conclusión y vuelta a la calma. Los aspectos del organismo estimulados deben volver al estado de reposo. Esta fase ayuda a la posterior recuperación. Se compone de ejercicios suaves, flexibilidad, etc.
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