El patriotismo es el sentimiento y conducta propios del patriota. Ser patriota significa amar y respetar a tu país, y sentir orgullo por pertenecer a él.
La patria es la nación a la que uno se siente ligado por haber nacido en ella o por otro tipo de vínculo jurídico, histórico o afectivo. El concepto de patria hace referencia a la nación entendida en sentido sociológico y afectivo, lo que implica no solo sus valores fácticos (territorio, población, cultura, etc.), sino también la percepción, más emocional que racional, que de la misma tienen sus miembros, en la cual entran en juego elementos como la tradición histórica, la visión crítica acerca de su presente y las aspiraciones e ideales de futuro. Su gran poder vinculante y movilizador ha provocado que sea reivindicada y utilizada a lo largo de la historia por todo tipo de fuerzas sociales, especialmente las de signo conservador.
Los conceptos de patria priorizan los aspectos objetivos y subjetivos, lo que nos permite hablar de teorías de corte empírico e idealistas. Las empíricas ponen el énfasis en elementos concretos, como la lengua, la raza, el territorio o el conjunto de hechos de la realidad que engloba su denominación. Las idealistas inciden en cuestiones más abstractas e intangibles, como la voluntad de asumir un destino común o la existencia de una conciencia ética de carácter colectivo, con lo cual sitúan a la patria en el ámbito de lo abstracto e inconmensurable. El enfoque idealista supone una visión de futuro y un proyecto de realización en el tiempo, e implica situar a la patria en el marco de las creaciones intelectuales del ser humano y en el plano de lo axiológico del deber ser.
Entre las aportaciones más relevantes al
concepto de patria, destacan las efectuadas por los filósofos y estadistas del siglo
XIX, muy ligadas a los movimientos populares de base nacional. Así, Mazzini afirmó
que la patria era un proyecto colectivo encaminado a lograr la meta común de una
humanidad unida y en paz. Joseph Ernest Renan, concibió la patria como un principio
espiritual basado en la existencia de un legado histórico común y el consentimiento
presente de constituir una comunidad, definiéndola como un plebiscito cotidiano.
Jan Masaryk habla de la existencia de una conciencia moral, formada por la concurrencia
de sentimientos en un grupo humano.
Las críticas a estas visiones de la patria han venido desde sectores afines al humanismo y el internacionalismo, que niegan su relevancia como valor y hacen hincapié en el peligro inherente a convertir la patria en elemento de acción colectiva. Desde este enfoque, la idea de patria quedaría vacía de contenido, ya que sería superada por otras de orden superior, como la conciencia de pertenecer a una única raza humana, y en su dimensión fáctica su significado quedaría absorbido por las nociones de Estado y Nación. Las doctrinas internacionalistas de origen marxista también han negado la virtualidad del concepto patria, en especial por su vinculación original a los movimientos burgueses y liberales, y por oponerse a su concepción objetiva y materialista del estado. Pero paradójicamente, la presencia del componente patriótico en los movimientos marxistas de liberación ha sido una constante durante el siglo XX y XXI, como reacción frente a la expansión del neoliberalismo y el capitalismo. Así, la idea de patria se ha convertido en un elemento vertebrador de primer orden en el proceso descolonizador del Tercer Mundo, y su invocación continúa siendo un eficaz recurso movilizador en situaciones de inestabilidad social y cambios políticos de carácter traumático.
Hoy, la noción de patria ha perdido gran parte de su importancia, tanto en el plano científico y doctrinal como en el de los movimientos sociales y políticos. En cuanto a los movimientos políticos, contamos su postergación como principio de acción política por la aprehensión que del mismo han hecho las ideologías totalitarias de signo más radical (fascismo, comunismo, nacional-catolicismo, integrismo, independentismo, etc.). La plena aceptación en las sociedades modernas de valores como la democracia, la tolerancia y el respeto a los derechos de las minorías, unida a la globalización, parece incompatible con el mantenimiento de un concepto que, el devenir histórico ha ligado a ideas obsoletas y cargado de connotaciones excluyentes. Por ello, la doctrina política se ha centrado en el estudio de la nación, como la comunidad humana identificable a la patria, y el Estado la concreción administrativo-jurídica de aquélla.
El patriotismo es el sentimiento de orgullo, devoción y apego (ligado a factores como la raza u origen étnico, valores, cultura y las creencias religiosas o la historia) a una patria, y puede manifestarse en el compromiso cívico, el respeto por los símbolos nacionales y el deseo de contribuir al bienestar de la sociedad. Demostrar patriotismo refleja el sentido de pertenencia, amor y lealtad por la patria que, con compromiso y orgullo, alguien expresa por su nación adoptiva o de origen. Pero el patriotismo no siempre se consideró una virtud cívica. En la Europa del XVIII, la devoción al estado se consideraba una traición a la devoción a la iglesia. Otros estudiosos también encontraron fallas en lo que consideraron patriotismo excesivo. Samuel Johnson en su ensayo de 1774 sobre los que afirmaban falsamente la devoción a Gran Bretaña dijo «el patriotismo es el último refugio de un canalla».
El sentimiento patriota se transmite y/o
se incentiva mediante determinados símbolos (himno, escudo y bandera nacional,
próceres de la patria, la cultura y la historia nacional) que promueven la
unión entre los ciudadanos que conforman una nación. Estos elementos son
representaciones tangibles del patriotismo, que actúan como un recordatorio
constante de la unión, la historia y los valores compartidos por los
ciudadanos.
Dada la naturaleza y las características del sentimiento patriota, algunos ciudadanos lo manifestarán con mayor o menor medida según las costumbres de su pueblo. Así, por ejemplo, en la antigüedad los miembros de tribus nómadas difícilmente manifestaron un sentimiento de apego hacia su tierra de origen. Por contra, los ciudadanos de grandes y estables civilizaciones, sí que tenían un gran vínculo afectivo con su reino. Cuando la era de las antiguas civilizaciones llegó a su fin, el feudalismo sepultó el sentimiento patriota durante muchos siglos. No sería hasta el estallido de la guerra de Independencia de los EEUU, la Revolución francesa, las guerras de independencia hispanoamericanas, y la guerra de la independencia española cuando el concepto de patriotismo volvería a surgir una vez más, manifestándose como un amor hacia la patria.
En un mundo tan complejo, donde las fronteras culturales a menudo se entrelazan, tener un sentido claro de lo que significa ser patriota ayuda a fomentar la cohesión social y el entendimiento entre las diferentes comunidades. El patriotismo es el sentimiento de amor y lealtad a la patria. El civismo es la conducta práctica que traduce ese sentimiento en acciones concretas de respeto y participación ciudadana (uno nos une al país por el corazón y el otro por el deber). El verdadero patriota no solo siente orgullo por su nación, sino que actúa con civismo (cumple las leyes, respeta los símbolos patrios y las instituciones, participa en la vida democrática y contribuye al bienestar). El bien común es el fruto de esa combinación cuando toda la comunidad trabaja unida por el progreso colectivo, para tener acceso a la educación, salud, justicia y oportunidades para todos.
La persona que se identifica con el
patriotismo recibe el título de patriota. Este defiende y respeta los símbolos
de su patria, su cultura, sus valores, costumbres, gastronomía, artes y todo
tipo de tradiciones propias. Las tradiciones patrias juegan un papel crucial en
el fortalecimiento de la identidad nacional. Celebrar días festivos
representativos, como la Hispanidad, no solo recuerda la historia, sino que
fomenta la unión y el orgullo cívico.
A diferencia del nacionalismo extremo, el chovinismo o el jingoísmo, el patriotismo no busca imponer su forma de vida a otros ni menospreciar a otras naciones. El patriotismo es un amor pacífico y devoto por la propia patria sin ambición de poder, el nacionalismo puede incluir la idea de superioridad nacional y la voluntad de imponer esa visión a otros, el chovinismo es la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero, y el jingoísmo es el patrioterismo exaltado que propugna la agresión contra otras naciones. Históricamente, los efectos del nacionalismo han sido tanto positivos como negativos. Si bien ha impulsado movimientos de independencia, como el movimiento sionista que creó el Israel moderno, también fue un factor clave en el surgimiento del partido nazi alemán y el holocausto.
Experimentar y demostrar amor por la patria de manera colectiva contribuye al bienestar social y funciona como motor de desarrollo y progreso, además de servir como fuente de motivación y solidaridad nacional en situaciones extremas o momentos de conflicto. Cuando el patriotismo es genuino y constructivo también se advierte una participación ciudadana más activa y comprometida con cuidar la democracia y construir una sociedad cada vez más justa en la cual se prioricen los intereses de los ciudadanos, pero sin excluir a nadie.
La educación cívica contribuye a incrementar la responsabilidad ciudadana. Los valores cívicos deben ser fomentados desde la infancia con la identidad nacional, tanto en el hogar como en el ámbito educativo y en los entornos de aprendizaje no formal, y se transmite de generación en generación. Las familias, claves en la formación de niños y jóvenes, deben dialogar sobre la importancia de respetar las normas, en qué consiste la responsabilidad social y cómo hay que comportarse en materia de ética. Para crear y potenciar la conciencia cívica, las autoridades deben trabajar en políticas públicas e iniciativas orientadas a la inclusión social y la participación de la ciudadanía. La educación cívica es fundamental en la formación de ciudadanos responsables y comprometidos. A través del aprendizaje sobre la historia, los derechos y deberes, así como el funcionamiento del sistema político, los individuos pueden entender su papel en la sociedad. La educación cívica en las escuelas juega un papel crucial en el desarrollo del patriotismo. Conocer la historia de nuestro país y los eventos significativos que nos han moldeado ayuda al niño a entender no solo a dónde pertenece, sino también el valor de su país en el mundo. Las lecciones sobre héroes nacionales, eventos históricos y tradiciones culturales son fundamentales. Además, la transmisión de tradiciones y rituales familiares relacionados con las festividades patrias fomenta el sentido de pertenencia. Celebraciones culturales, como fiestas, danzas y eventos de carácter nacional, permiten a las personas conectarse entre sí y reforzar su identidad colectiva.
Hay innumerables formas de mostrar el patriotismo
como el participar en la democracia representativa, votar en las elecciones,
ser voluntario para servicio comunitario o postularse para un cargo gubernamental
electo, o sirviendo en jurados, obedeciendo todas las leyes y participando en
movimientos ciudadanos y comprendiendo los derechos, libertades y responsabilidades
contenidos en la Constitución de España.
Las democracias saludables necesitan ciudadanos que se involucren activamente en el proceso político. El patriotismo se convierte en un pilar esencial para mantener la democracia con ciudadanos dispuestos a alzar la voz y luchar por sus derechos y los valores de la sociedad. La falta de participación puede deteriorar los valores democráticos. Al no ejercer el derecho al voto o participar en el debate público, se permite que las decisiones sean tomadas por unos pocos, lo que puede ser perjudicial para el bienestar social.
El patriotismo inclusivo es el que respeta
y valora las diferencias culturales y étnicas dentro de una nación. En un mundo
cada vez más globalizado, es esencial comprender que cada individuo tiene su propio
camino y que estas experiencias enriquecen a la comunidad en su conjunto.
El respeto y la tolerancia van de la mano con el patriotismo. Defender la patria no solo significa abogar por injusticias frente a externos, sino que también implica trabajar juntos como sociedad, respetando las voces y las experiencias de todos para avanzar hacia un futuro mejor.
La solidaridad, la colaboración y el sentido
de pertenencia son valores que se cultivan a través de un patriotismo genuino. Cuando
un país atraviesa momentos difíciles, un sentido sólido de unidad y patriotismo
puede ser el elemento que una a las personas hacia un objetivo común. Un país que
promueve la unidad nacional a través del patriotismo tiene más probabilidades de
prosperar. Las sociedades que están unidas y comprometidas con su crecimiento y
bienestar están mejor equipadas para enfrentar desafíos y construir un futuro brillante
para las próximas generaciones. En situaciones difíciles, como desastres
naturales o crisis económicas, es común ver cómo la comunidad se une. Rescates,
donaciones y apoyo emocional son expresiones concretas de patriotismo. Contar
con una ciudadanía activa que se involucra en el bienestar social puede llevar
a cambios significativos en las políticas. Cuando las personas trabajan juntas
por un objetivo común, quien gobierna debe escuchar y tomar en cuenta las
necesidades del pueblo, fortaleciendo así la democracia y la unidad nacional.