Socialmente siempre hay un orden mínimo y los hombres actúan y se comportan siempre dentro del marco de un sistema social, que cada uno percibe de modo diferente. Un sistema social existe cuando hay un grupo de personas que, orientadas casi siempre por unas normas culturales, influyen regularmente unas sobre otras por razón de las expectativas sociales mutuas, y tienen al menos algunas metas comunes. Designa concretamente una forma histórica de realización de todo un conjunto de vida social (el sistema tribal, el feudal, el familiar, etc.).
En la sociedad hay unos comportamientos que conforman todo el entramado organizado de la sociedad, y otros que se desvían de la estructura social desorganizándola de los convencionalismos sociales.
Los conceptos, asimilación e integración, definen las dos posturas predominantes
en el debate social y político sobre los problemas originados tras los flujos de
inmigración no asumidos por los estados receptores. La asimilación supone la desaparición
de las diferencias entre grupos distintos que conviven, pero en el caso de la integración
estas diferencias se mantienen, por lo que asimilación e integración son opuestos.
La asimilación social es el proceso mediante el cual un grupo definido por unas
características culturales propias (lengua, ritos, religión, modo de entender los
lazos familiares, costumbres, etc.) pierde gran parte de su identidad cultural al
introducirse en otro grupo mayoritario o predominante. El proceso de asimilación
cultural culmina cuando los elementos asimilados de la cultura dominante se imponen
sobre los referentes de la cultura más débil. Durante el proceso de asimilación
se produce, inevitablemente, un conflicto en la sociedad asimilante y en la de referencia,
cuyos miembros necesitarán un tiempo para alcanzar la cultura que van adquiriendo.
La asimilación social no es un proceso violento en su totalidad, pues cuando estamos
ante un acto de violencia con fines similares en el que la resistencia no es nunca
del todo superada, no estamos ante una verdadera asimilación, sino ante una imposición,
conquista, cruzada o cualquier otra forma de relación. La asimilación es un proceso
sutil, sin violencia, en el que el grupo asimilado acepta plenamente y hace suyos
los usos, costumbres, modos y creencias del grupo más fuerte, acabando por ser prácticamente
igual al conjunto mayoritario, y abandonando la cultura de origen.
La segregación es el estado en el que grupos cultural, étnica o racialmente
distintos se mantienen separados aun viviendo en un mismo espacio.
Para las sociedades occidentales, la imposibilidad de improvisar respuestas ante la inmigración ha producido sentimientos xenófobos. En el debate político y social hallamos dos posiciones: la de los que consideran que las culturas minoritarias y más recientemente llegadas a determinadas zonas geográficas deben hacer un esfuerzo por adaptarse a la cultura de la mayoría de acogida y llegar a formar parte de ella a través de un proceso de asimilación; y la de quienes creen que debe fomentarse la diversidad cultural y étnica en una sociedad cada vez más plural. La asimilación supondría en este caso el abandono voluntario y paulatino, por parte de las minorías, de los usos y costumbres que atentan contra los principios básicos y fundamentales de las sociedades en las que se ha instalado. La asimilación que hoy en día podría darse no implica abandono de todas las costumbres, ni culto, ni lengua, ni tradiciones, sino sólo de aquellos aspectos culturales que atentaran contra los valores de la sociedad de acogida. La asimilación demanda, por lo tanto, tolerancia por parte de los grupos de acogida con las culturas distintas hasta donde no afecten a la vida que Occidente a escogido para sí; y flexibilidad (frente a fanatismo) a los miembros de las minorías que tendrían que aceptar límites a su cultura respeto a las formas de vida de los estados a los que han emigrado y de las sociedades que les han acogido.
La sociedad se sustenta en la aceptación mayoritaria de un conjunto de normas regulares y recurrentes cuya carencia haría imposible la vida social; esto es lo que se denomina conformidad, o el ajuste de la acción a la norma, aunque con un margen de variabilidad permitida. Esta adhesión a las normas sociales puede ser espontánea y voluntaria, pero también puede ser aceptada sólo bajo la amenaza de la fuerza física u otras sanciones externas. La conformidad social se presenta de tres formas: inculcando una conciencia de la costumbre y la tradición; inspirando una conciencia autorreguladora que incorpora valores sociales; y sensibilizando al individuo frente a los juicios y expectativas de los demás. Las condiciones que favorecen la conformidad social son, la socialización por la que las normas se convierten en elemento integrante de toda personalidad; la reciprocidad, en cuanto que la persona forma parte de una red de expectativas y obligaciones recíprocas; el aislamiento de las normas, para aplicarlas en lugar y tiempo distintos, con lo que se evitan los conflictos de normas; la jerarquización de las normas; el control social; y la ideología que le da a la norma soporte intelectual y confianza en el sistema.
Las normas sociales son leyes vigentes obligatorias para una mayoría de individuos, generalmente observadas y expresamente reconocidas o sólo supuestas por todos, que regulan la convivencia dentro de unos grupos que difieren entre sí respecto a su magnitud y origen. Las normas pueden ser tan generales y amplias, que pueden aspirar a desterrar el conflicto de todos los grupos; y específicas de unas tareas o de unos grupos. El derecho crea normas sociales, muchas veces incluso en contra de las costumbres reinantes. Las normas sociales coinciden en gran parte con el derecho viviente, y no con el derecho positivo. Las normas sociales dan origen a la regularidad, a la uniformidad y a la repetición en la conducta, cuando se trata de una conducta socialmente relevante.
La estructura social es el conjunto de las instituciones existentes en una sociedad, o como dice G. Eisermann, la constelación especial de los grupos sociales más importantes (castas, estamentos, clases) dentro de la sociedad, junto con las correspondientes formas específicas de los acuerdos sociales entre éstas. La estructura social de hoy es pluridimensional: viene determinada por la estructura de la población, clasificación profesional, actividades económicas, organizaciones, así como por unos campos de comportamiento institucionalizados, como la familia, la escuela, la empresa, las asociaciones, la iglesia, con sus sistemas típicos de roles, y, además, por los grupos dirigentes y por los tipos de asentamiento.
La estratificación social es la clase, el estamento, y la casta que son tomadas
como formas históricas del estrato. Según Lepsius, los estratos son categorías de
sujetos, entre los que existe una típica desigualdad insuperable de posiciones.
Por estrato social entendemos también la división arbitraria de toda población fundada
en unas características objetivas de posición (profesión, vivienda, posesión, formación),
sin desempeñar ningún papel los aspectos subjetivos como el prestigio y la conciencia
de clase. La estratificación social resulta de la desigual distribución del status
dentro de una sociedad concreta.
El debate sobre la funcionalidad de la estratificación social tiene su origen en la tesis de K. Davis que intenta mostrar en su teoría funcional la necesidad de una estratificación en todo sistema social. Para los funcionalistas, toda sociedad es un mecanismo en funcionamiento que gracias a cierta dinámica interna logra distribuir a sus miembros en diversas posiciones sociales, convenciendo a los titulares de las diferentes posiciones para que cumplan de modo adecuado con los deberes de sus posiciones. Por tanto, si los deberes y las ventajas de las diversas posiciones de una sociedad son desiguales, esta sociedad tiene que estar estratificada.
El cambio social es una expresión general, vaga y confusa, que designa cualquier
paso de la organización o vida social de un estado a otro. Este término se emplea
sobre todo para hablar del paso de las sociedades tradicionales a la sociedad industrial
y moderna. El cambio social puede ser progresivo o regresivo, espontáneo o dirigido,
en un sólo sentido o en sentidos divergentes, temporal o duradero, positivo o negativo.
La revolución social es el concepto sociológico que mejor describe el ritmo rápido como se desarrolla el cambio de las estructuras sociales. Afecta a todo el mundo directa e inmediatamente, e implica un cambio socio-estructural violento y rápido. La revolución social en sí es un forma de guerra, una lucha, un antagonismo entre grupos sociales desiguales, entre los que se provocan duros choques.
La movilidad social es el fenómeno del cambio de estatuto social para una persona o grupo. Se habla de movilidad social en el interior de una sociedad diferenciada, dividida en capas y clases sociales, en la medida en que tales capas están jerarquizadas, se habla de movilidad vertical, con paso descendente o ascendente de un estrato social a otro (el cambio de oficio es una movilidad horizontal). Según P.A. Sorokin, la movilidad social abarca todo cambio de posición de las personas, no sólo el profesional sino también, el religioso.
La adaptación social se da cuando un individuo, grupo, minoría o institución, a lo largo del tiempo y en la mayoría de los casos debido a un cambio consciente de las propias características, que han adoptado una disposición interna que hace que sus relaciones con otras personas, dentro del mismo ambiente social, tengan menos fricciones que las existentes al principio del proceso. Todo individuo se ve obligado alguna vez a adaptarse. Dentro del ámbito de los pequeños grupos, cabe distinguir, con L. V. Wiese, entre acercamiento, adaptación en sentido estricto, asimilación y unión.
Desorganización social. La sociología ha tomado de la física el término entropía para expresar el hecho de la energía social desperdiciada, en sentido disfuncional. La desorganización social es la energía social que no se adapta a las normas, ni al orden social establecido. En todas las sociedades algunos de sus miembros no se comportan como espera el resto de la colectividad, y aunque las conductas inconformes varían mucho, se dan algunos rasgos comunes, que permiten los comportamientos entrópicos:
- Anomia social. La sociedad orienta los comportamientos de sus miembros con unas normas sociales (leyes, costumbres y usos), por contra, cuando la sociedad presenta unos patrones de los que se prescinde totalmente al orientar la conducta en circunstancias concretas, estamos ante una anomia social que supone fisuras en la organización social, esto es, o bien porque hay zonas de la sociedad donde realmente no existen normas, o porque éstas se entrecruzan y anulan unas a otras, produciéndose el conflicto de pautas o de roles.
- Marginación social. Es una conducta o situación social, individual o colectiva, en la que se camina entre dos sistemas de normas, sin identificarse con ninguna de ellas. Es el resultado de una situación en la que la estructura se establece en un punto de equilibrio, dejando fuera de sus cauces de participación a personas, grupos o sectores de la sociedad. Entre otros factores, la marginación se debe al inconformismo, o rechazo de los valores, a la anomia social, a los comportamientos desviados, a los conflictos institucionales, a la movilidad social y geográfica, a la pobreza, etc. Sus manifestaciones son múltiples y se da en las instituciones sociales, como la familia, educación, religiosa, política, sanitaria...
- Desviación social. Es la violación de las normas de un grupo o colectividad. Cuando una conducta es disfuncional para la sociedad, es nociva a la convivencia; y como en la sociedad se dan siempre dos fuerzas competidoras, la conducta desviada será siempre la del otro, que no se ajusta a su modo de pensar o a sus expectativas. La desviación social es una amenaza a la estabilidad, y una forma de protección de la sociedad, ya que por contraste sirve para valorar el conformismo, e indicador del cambio social, ya que cuando una norma se transgrede mucho, se hace necesario su revisión. La delincuencia (conducta desviada y expresamente tipificada y castigada por las leyes) es una interpretación específica de la desviación social, pero no es un fenómeno individual, sino que hay que entenderla como expresión anómala de las deficiencias y fricciones sociales.
Desigualdad social. Una sociedad de iguales no es lo mismo que una sociedad
de idénticos. Los intentos de solución han terminado en el fracaso; pensemos en
los socialismos o comunismos utópicos, ya que no podemos olvidar que los seres humanos
son sujetos, y por tanto, cambiantes en sus actitudes y comportamientos. Todas las
sociedades humanas a medida que se han hecho más complejas y desarrolladas, las
desigualdades parecen estar más enraizadas. En nuestra sociedad industrial se manifiesta
como conflicto de intereses; los distintos grupos intentan imponer sus intereses
al resto de la colectividad, luchando por convencer a los demás de la bondad de
sus puntos de vista sobre la organización social y la distribución de los bienes
sociales. Incluso las distintas ideologías y religiones han intentado justificar,
a su manera, el fenómeno social de la pobreza de los más y de la riqueza de los
menos, surgiendo las grandes teorizaciones sobre las estratificación social y las
clases sociales.
El término utopía de etimología griega se compone de “u” (que significa no) y “topos” (lugar). Es decir, utópico, lugar que no existe, lo que no está en ningún lugar, y lo que se supone deseable en grado máximo, valor ideal, perfecto y, por tanto, inalcanzable. Como ha mostrado J. A. Maravall, no puede entenderse la historia de occidente sin considerar que está entretejida sobre una trama de tensiones y dualismos que se expresaron bajo la forma de utopías.
La acción social es todo proceso social o comportamiento de un individuo o grupo.
Hay dos tipos de asistencia social, y en niveles diferentes:
- El nivel del trabajo, asistencia y servicio social encaminado, dentro de un sistema dado y sobre la base de una legislación propia, a aportar remedios a los males sociales más importantes, a prevenirlos, o a facilitar a la gente la solución de los problemas que no puede resolver por sí misma.
- El nivel de una acción más profunda sobre la sociedad, y que va encaminada a realizar transformaciones a veces incluso en las estructuras sociales y en las instituciones. En este caso, la acción social está constituida por una fuerza o movimiento que quiere llevar a cabo reformas de carácter político, económico, institucional, cultural, educativo, con vista a un progreso social, a una mayor justicia social, etc.
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