miércoles, 14 de agosto de 2024

EL ESTADO

Es cada uno de los estamentos en que se divide el orden social, o territorio que ocupa cada país independiente.

Es el conjunto de mecanismos y procesos que exigen la centralización del poder y la aparición de instituciones especializadas en su administración.

Comprende un grupo de personas, con economía basada en la división del trabajo, estructura social estratificada con su correspondiente grado de cultura, y que vive en un espacio delimitado, bajo un poder soberano, orientado hacia una convivencia ordenada.

El Estado moderno es la consagración de la sociedad civil, y, la instancia mediadora para procurar la reconciliación de sus componentes. Sin la tutela del Estado, lo usual sería la guerra de unos contra otros, pero el Estado moderno es, según Max Weber, el monopolizador exclusivo de la violencia legítima, y se caracteriza por su capacidad de imponer por su fuerza y aún en contra de las voluntades particulares, la definición de lo que debe ser la realidad social.

El Estado desarrolla un conjunto de funciones que lo convierten en un agente económico muy importante, por una parte, cobra impuestos, que son su fuente de ingresos, y por otra realiza gastos, que incluyen el pago de los funcionarios y las adquisiciones de los bienes que requiere para desempeñar sus actividades; además provee a los ciudadanos de diversos bienes públicos y, en muchos casos, realiza funciones de empresario, pues es poseedor y/o administrador de empresas públicas. En las sociedades modernas, asume las funciones de, emitir dinero, regular diversos mercados, e influir en el comportamiento económico del país mediante su política económica y las regulaciones que puede imponer.

Barthélemy dice que es “la nación organizada”, y Sánchez Agesta “una comunidad organizada en un territorio definido, mediante un orden jurídico servido por un cuerpo de funcionarios, y definido y garantizado por un poder jurídico, autónomo y centralizado, que tiende a realizar el bien común, en el ámbito de esa comunidad”. Así definido, el Estado sería un hecho sociológico (comunidad), físico (territorio), normativo (orden jurídico), institucional (poder autónomo y centralizado) e incluso ético, pues incorporaría un ideal de justicia, expresado en la aspiración de servir al bien común. El Estado al primar aspectos como el de la soberanía, y el de la jerarquía, se define como “la estructura permanente de dominación de una sociedad, sobre la cual, y en el territorio que ocupa, ejerce su autoridad con exclusión de cualquier otra”.

Los primeros teóricos del Estado fueron los griegos, con el modelo político de la ciudad-estado o polis. Aristóteles, en su obra Política, concibió la polis como el resultado de desarrollar la faceta moral de la personalidad humana, y distinguió la forma de gobierno de una familia de la comunidad política. Su modelo comparte notas esenciales del concepto moderno de nación: tradición histórica común y unidad territorial, lingüística y cultural.

En Roma surgió la Res publica, entidad política sustentada en un sistema jurídico de carácter personalista, aplicado a todos los ciudadanos romanos, con independencia del territorio en el que se encontraran (no lo era a los que no ostentaban la ciudadanía, para los cuales existía otra normativa). Este modelo es asimilable a los actuales estados plurinacionales.

La fragmentación e inestabilidad política que caracterizó la época medieval hizo surgir el concepto moderno de Estado en el siglo XV por Nicolás Maquiavelo y Jean Bodin, con la necesidad de contar con un Estado fuerte para garantizar la paz.

Thomas Hobbes, concibió el Estado (absolutismo) como resultado de un pacto o contrato (tratado de paz), por el que el hombre, cede parte de su libertad a una entidad superior capaz de evitar que la confrontación entre los diferentes intereses individuales degenere en un conflicto social. También se ocupó del problema religioso, que vivía por la Reforma de Lutero.

John Locke dice que el poder del soberano representa a la sociedad sobre la que es ejercido, que está legitimada para despojar a aquél del mismo si lo usa de manera contraria a los intereses de sus miembros.

El Estado surge de un contrato social por el que los individuos deciden no infringir los derechos inalienables individuales (vida, libertad, propiedad), cuya protección será el objeto fundamental del gobernante, y estaría estructurado en tres poderes: legislativo, ejecutivo y federativo (alianza defensiva).

En el siglo XVIII Rousseau aporta el concepto de soberanía que deja de residir en una persona y se traslada al conjunto de la comunidad política.

Montesquieu formuló el principio de la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), en virtud del cual se conseguiría evitar el abuso en la acción de gobierno y garantizar el respeto a los derechos de los administrados.

En el XIX se comenzó a acentuar la distinción entre el Estado y la sociedad civil, como recoge Hegel en su obra La filosofía del Derecho (idealismo), obra que inspiró el nacionalismo, que se extendió por Europa e impulsó los cambios políticos que convulsionaron el continente.

Otras concepciones del XIX tomaron como punto de partida el enfoque sociológico, muy relacionado con el positivismo, que abogaba por despojar la ciencia política de cuestiones éticas y metafísicas.

La influencia en la praxis política del siglo XX de la doctrina marxista-leninista es incuestionable, ya que en ella se inspiraron los regímenes comunistas de todo el mundo. También el anarquismo, cuyo máximo valedor fue Mijaíl Alexandrovich Bakunin, propugnó la eliminación del Estado. Para el teórico y revolucionario ruso, aquél representa el principal obstáculo para la libertad humana, por lo cual debe ser destruido y sustituido por un “federalismo libertario” en el que la propiedad de los medios de producción sería colectiva.

Posteriormente Hans Kelsen concibe el Estado, en su obra Teoría Pura del Derecho, parte de una visión formalista de lo normativo. En ella se plantea la necesidad de desarrollar una ciencia jurídica ajena a influencias de disciplinas como la ética o la sociología.

Tipos de Estado.

El Estado es una entidad de base territorial, ya que ejerce su soberanía sobre un determinado espacio físico. En él puede haber entidades de menor nivel, con competencias sobre una determinada parte de ese territorio y atribuciones semejantes a las estatales. La relación de estas colectividades con el Estado es distinta en los diferentes sistemas, según el volumen de competencias con que cuenten y el grado de dependencia del poder central. En función de ello se distinguen dos grandes sistemas: el Estado unitario y el federal.

  • Unitario. En él, las entidades periféricas cuentan con un volumen competencial muy reducido, de manera que los actos políticos emanados de ellas son atribuibles al poder central y proceden de sus propios órganos.
  • Federal. En este las entidades territoriales gozan de una amplia autonomía respecto al Estado, cuyo esquema organizativo reproducen, de manera que se constituyen en réplicas de aquél a nivel inferior.

El Estado moderno surge en Europa como consecuencia del Renacimiento y la Reforma, y se desarrolló en paralelo al concepto de soberanía, al cual está muy ligado, e implica la necesidad de que el Estado sea un cuerpo autónomo, por encima del cual no debe existir ningún poder que decida en situaciones de necesidad (el gobernante crea su propio Derecho, sin que nadie pueda imponerle ninguna norma). De manera complementaria a la noción de soberanía surgió la otra idea que caracteriza el Estado moderno: la forma de gobierno en una comunidad política debe ser decidida por sus miembros, es decir, por el pueblo o la nación en su conjunto. Las instituciones políticas, por tanto, tienen carácter representativo, pues reciben potestad para cumplir la función de velar por los derechos de los individuos que forman el cuerpo político.

Formas de organización estatal. La variedad de formas políticas existentes explica la heterogeneidad de los modelos estatales. La distinción tradicional entre monarquía y república ha perdido hoy gran parte de su importancia, debido a que los monarcas, salvo contadas excepciones, carecen de funciones sustantivas y están limitados a un papel meramente simbólico. Las diferencias fundamentales entre ambos sistemas radican en el carácter vitalicio y hereditario de las funciones del monarca, a diferencia de las propias del presidente de la república, que están limitadas en el tiempo y le son otorgadas mediante elección pública.

  • Democracia directa. El gobierno es ejercido por el conjunto de los ciudadanos reunidos en asamblea plenaria. Es uno de los sistemas más antiguos, aunque, sus características impiden aplicarlo en comunidades socialmente complejas. A pesar de su carácter directo, su aplicación práctica exige la creación de órganos encargados de llevar a cabo los acuerdos tomados por la asamblea.
  • Democracia representativa. Es el sistema más extendido, y está vigente en la totalidad de los Estados desarrollados. Es la doctrina de los teóricos de la Ilustración, y está basado en la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Así, en función de la preminencia del ejecutivo o el legislativo aparecen diferentes sistemas, como el presidencialista, en el cual el titular del ejecutivo, elegido directamente por el pueblo, comparte las tareas legislativas con la cámara parlamentaria, lo cual le otorga una posición de superioridad frente a aquélla. En el sistema parlamentario, el órgano legislativo se configura como el elemento central, ya que es el encargado de nombrar a los miembros del ejecutivo y controlar su actuación. Entre las críticas a este sistema están las de quienes afirman que los órganos representativos no lo son de la mayoría del cuerpo social, ya que los sistemas electorales distorsionan la realidad de la población desinteresada por las cuestiones políticas, y además, el desmesurado protagonismo de los partidos políticos constituye un factor distorsionador del sistema, así como el excesivo peso de la burocracia administrativa.
  • Aristocracia representativa. En esta la decisión acerca de la formación de los órganos de poder corresponde a un determinado grupo social, que se apropia del derecho que correspondería al conjunto de la sociedad (partido político, administración pública, ejército, etc.). Este no es democrático, aunque sí establece diferencias en función de los diversos tipos que presenta: dictadura, en la cual no existe ningún tipo de sujeción a una norma jurídica; dictadura legalizada, en la que el poder se sujeta a una constitución impuesta y no legitimada popularmente, y régimen de partido único, en el cual los dirigentes coinciden con los del Estado.

Para hablar de cambio político hemos de hacer referencia a tres conceptos interrelacionados:

  • Desarrollo significa progreso y evolución, económica, tecnológica, social, política, etc. en un sentido positivo.
  • Legitimidad hace referencia a un poder legitimado capaz de obtener obediencia por la convicción y el consenso de los ciudadanos (en las urnas normalmente) y, sin recurrir de inmediato a la coacción o a la fuerza.
  • Estabilidad remite a las crisis de gobierno o de régimen, a la permanencia o continuidad de éste, sin que se produzcan cambios drásticos a corto plazo.

El juicio de legitimidad es de naturaleza normativo y su justificación es moral, mientras que el de estabilidad es descriptivo y su verdad/falsedad depende de la existencia de características empíricamente comprobables.

La legitimidad ayuda a que un gobierno o régimen sea más estable, pero no es indispensable que sea así.

La estabilidad se refiere a un gobierno o régimen que no se encuentra continuamente en crisis o abocado a situaciones de cambio que dañen el país.

Crisis de los valores sociales. La existencia en una sociedad de unos valores implica la configuración de una escala o jerarquía que, aunque esté sujeta a modificaciones, sirve de marco moral donde encuadrar las acciones y aptitudes presentes en esa sociedad. El primero de esos valores sería la vida, de la que emanaría la dignidad del ser humano. Como contravalor se encontrarían la degradación, la humillación, el sometimiento y la violencia. De la dignidad humana y la vida se desprenden otros valores, como son la libertad, igualdad, justicia, responsabilidad, solidaridad, trabajo, respeto, honradez, integridad, libertad, igualdad, imparcialidad, verdad, tolerancia, equidad, paz, amor, bondad, honestidad, confianza, altruismo, lealtad, gratitud, prudencia, etc. Todos estos se interrelacionan y comunican en una tarea solidaria de evolución. Sin unos es imposible conseguir otros.

En la sociedad del XXI se ha planteado la existencia de una crisis de estos valores debido a causas muy diversas, como la violencia, las drogas, prostitución, la sobrevaloración del cuerpo, la huida de responsabilidades o compromisos de trabajo, etc. Actualmente se imponen al resto dos contravalores: el económico (quien más posee, tiene más poder) y el estético (el culto al cuerpo y a la imagen).

Los cambios sociales sufridos por la globalización, explican el surgimiento de los contravalores y también la aparición de nuevos valores.

Los valores de cada sociedad se han construido con el tiempo, a medida que las sociedades maduraban, así como los valores individuales se consolidan a medida que se crece como persona. La crisis de valores no pasa sólo por el cambio de valores, sino por la falta de interés en los ámbitos individual, familiar y social, por mostrar a las nuevas generaciones cómo se viven esos valores “se dice lo que se sabe, pero se enseña lo que se es”. La aceleración de los cambios y las exigencias de la sociedad actual, junto con las pautas de comunicación que exaltan la trivialidad, dejan en un segundo plano los ideales sociales duraderos y compartidos, debilitando así los soportes de la familia, la educación, etc. como aportadores de valores sociales que proporcionan identidad al individuo.

 

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