viernes, 16 de junio de 2023

LAS TORMENTAS ELÉCTRICAS

 

Las nubes son masas de gotitas de agua o partículas de hielo diminutas que están en suspensión en la atmósfera. Su localización varía desde muy próxima a la superficie terrestre (niebla), hasta más de 10 km. de altitud.  Tipos de nubes.

La Tierra tiene una carga negativa de casi un millón de culombios, y la atmosfera otra positiva de igual magnitud. Las cargas que se forman en las nubes son acumuladas, hasta que el aire llega a un punto de ruptura e intercambio de carga. Las descargas eléctricas se dan entre: intra-nube, nube-aire, nube-nube, nube-tierra (equilibrando la carga negativa de la Tierra que regresa con la tormenta eléctrica). Estas son un fenómeno meteorológico derivado del estado de la atmósfera (presión del aire, temperatura y humedad, siendo más frecuentes las tardes y noches de primavera y verano), caracterizado por sus luces (rayos-relámpagos) y sonidos (truenos).

La precipitación atmosférica es el agua en estado líquido o sólido (en función de las condiciones atmosféricas reinantes) que cae sobre la tierra. La fuente principal de las precipitaciones son las nubes, pero no se llega a producir hasta que las diminutas partículas que las constituyen consiguen un tamaño tan grande como para vencer la fuerza ascendente de las corrientes atmosféricas. Las gotas de lluvia tienen un diámetro superior a 0,5 milímetros, si es menor, se llama llovizna. Se miden en milímetros de altura, o litros por metro cuadrado, con los pluviómetros (totalizadores, y nivómetros). La intensidad de las precipitaciones varía de un lugar a otro, y a lo largo de un año hay grandes variaciones. Hay zonas en las que en un sólo día cae más lluvia que en otras en todo un año. Las causas que influyen son la proximidad al mar, que aumenta la humedad del aire, y las corrientes ascendentes, sobre las cuales las precipitaciones son más numerosas e intensas en la ladera de barlovento (lugar desde el que sopla el viento).

Para que se origine una nube es necesario que el aire sobrepase un grado de saturación, perdiendo la capacidad de almacenar más vapor de agua, originándose un excedente que pasa de la fase gaseosa a la líquida por condensación, o sólida por sublimación. Para que se originen las precipitaciones es necesario que se den las siguientes condiciones:

  • Ascensión y enfriamiento de la masa de aire.
  • Condensación de la humedad atmosférica (vapor de agua) en las diminutas gotas que forman las nubes.
  • Concentración de las gotas en suspensión y aumento de tamaño hasta vencer la corriente ascendente del aire y precipitar.

La nubosidad y posterior precipitación se originan con los siguientes mecanismos:

  • De tipo frontal o ciclónico, por el choque frontal de dos masas de aire a diferentes temperaturas y humedad, mediante dos procesos: por la llegada de un frente cálido, en el que la masa de aire caliente, más ligera, se eleva por encima del aire frío; y por la llegada de un frente frío que desplaza hacia arriba a la de aire caliente.
  • De tipo orográfico o de barrera, se produce cuando una masa de aire caliente y húmedo se eleva sobre una cadena montañosa, y al enfriarse da lugar a una precipitación en la vertiente de barlovento. Los vientos que llegan a sotavento lo hacen tras perder la mayor parte de su humedad, razón por la que estas zonas presentan escasez de precipitaciones (Efecto Föhn, responsable de la creación del desierto más árido del mundo en Atacama).
  • De tipo convectivo, producidas por el aire caliente en ascenso al entrar en contacto con el suelo, y aire frío de las alturas. Este choque entre temperatura y humedad, genera un repentino movimiento ascendente de las masas de aire y una inestabilidad atmosférica, cuyo resultado es la ascensión en forma de columnas de aire y la formación de cúmulos. En la ascensión existe una paulatina pérdida de calor por parte de la condensación del vapor de agua, que facilita la ascensión y crecimiento de la nube hasta convertirse en un cumulonimbo (grandes nubes grises oscuras, de gran desarrollo vertical, con forma de yunque).
  • De convergencia, son las que resultan de la elevación de masas de aire que convergen en una zona de bajas presiones. Este tipo de precipitaciones es típico de la zona ecuatorial.

La disposición térmica determina si la precipitación llega a tierra de forma sólida o líquida, mientras que su humedad condiciona la evaporación de las gotas que la atraviesan y como consecuencia, del tamaño final con el que llegan a tierra. Todos los tipos de precipitaciones se conocen con el nombre de hidrometeoros, y se dividen en dos grandes grupos: uno constituido por la lluvia, llovizna, chubasco, nieve (rodada o granizo blando), aguanieve, y granizo (pedrisco, granos de hielo o nieve); y un segundo grupo constituido por precipitaciones de menor aporte hídrico como la niebla, neblina (bruma húmeda), rocío, cencellada blanca, la escarcha y el verglás.

Las tormentas eléctricas pueden ser:

  • Unicelulares o de célula simple. Aunque con relámpagos y lluvias intensas, son las normales, más débiles y breves, ya que su célula no se retroalimenta de energía. Son las más comunes, y cumplen el ciclo sencillo (nace, madura y se disipa). En ambientes muy secos, son como una tormenta seca.
  • Multicelulares. Poseen dos o más células cuya energía conjunta las puede prolongar horas, originando inundaciones, tornados breves, granizo… Son tormentas complejas, que se constituyen a partir de células o nubes consecutivas, en diferentes fases de desarrollo.
  • Línea de turbonada. Se trata de una línea de tormentas activas con vientos huracanados, lluvias intensas y un frente común tormentoso de entre 15 y 30 km de ancho.
  • De supercélula. Estas se retroalimentan a sí mismas, por corrientes de aire ascendente (columna de aire caliente que se eleva dentro de una nube. Si el aire está húmedo, la humedad se condensa convirtiéndose en un cúmulo), con una gran carga de energía. Se gesta cuando hay cambios bruscos en la dirección del viento que interfieren en el rápido ascenso de la corriente de aire. La tormenta se hace giratoria, el viento se mueve con gran rapidez en su interior, desprende granizo, y puede constituir un tornado.
  • De eco arqueado. Son tormentas de formas curvas o arqueadas, en cuyos centros se producen vientos fuertes en línea recta.
  • Sistema convectivo de mesoescala. Es un sistema formado por distintas tormentas que puede propagarse a lo largo de kilómetros, durante horas de lluvia y vientos muy fuertes. Surge de otros tipos de tormentas durante las madrugadas.
  • Vórtice convectivo de mesoescala. Es un centro de baja presión dentro de un sistema convectivo de mesoescala que arrastra los vientos siguiendo un patrón circular. Si se mueve en aguas tropicales, puede convertirse en el núcleo de un huracán.

Las tormentas eléctricas se forman en un ciclo de tres etapas:

  • Nacimiento. En esta el aire cálido asciende y produce cúmulos. Si las condiciones son idóneas, se producen partículas de hielo en el tope de la nube. Como el aire caliente es más ligero que el frío, comienza a elevarse (corriente ascendente). Si el aire es húmedo, entonces el aire caliente se condensa en una nube cúmulo. La nube sigue creciendo mientras haya aire cálido ascendiendo.
  • Madura. Cuando el cúmulo se hace muy grande, el agua en ella se hace pesada, y gotas de lluvia comienzan a caer cuando el aire ascendente ya no puede sostenerlas. Mientras el aire frío (más pesado que el caliente) entra en la nube y comienza a descender (corriente descendente: un descenso repentino de aire frío al suelo, en general, asociado a tormenta eléctrica y precipitaciones), y arrastra la pesada agua hacia abajo, provocando lluvia. Esta nube se ha convertido en un cumulonimbo porque tiene una corriente ascendente otra descendente, y lluvia. Se produce una turbulencia intensa e irregular dentro de las nubes, a medida que se logra cierto equilibrio entre vientos ascendentes y descendientes, y los primeros relámpagos se producen por la caída de las partículas más pesadas o densas, en medio de lluvias y vientos torrenciales.
  • Disipación. Tras unos 30 minutos, la corriente descendente empieza a dominar a la ascendente y la tormenta comienza a disiparse. Como el aire caliente ya no puede elevarse, no se pueden formar más gotas de lluvias. La nube se extiende hacia los lados a medida que las corrientes frías predominan, el exceso de energía se agota, y la precipitación se debilita a medida que los cirros contribuyen con su sombra al enfriamiento de la corteza terrestre. El proceso completo dura cerca de una hora en tormentas ordinarias.

En resumen, el proceso de formación de una tormenta es:

  1. Debe existir aire caliente lleno de vapor de agua.
  2. El aire caliente sube, pero se mantiene más caliente que el aire que le rodea.
  3. Al ascender, se transfiere calor desde la superficie terrestre a los niveles superiores de la atmósfera. El vapor de agua se enfría, se condensa por debajo del punto de rocío, y se forma un cumulo con un desarrollo vertical de hasta 6 km.
  4. La parte superior de la nube es más fría que la inferior. Entonces, el vapor de agua de la parte superior se convierte en trozos de hielo que crecen.
  5. El calor aumenta en la nube y se crea más vapor, a la vez que el viento frío sopla desde arriba de la nube.
  6. Los trozos de hielo del interior de la nube son arrastrados hacia arriba y hacia abajo por el viento (con hasta 160 km/h). El choque entre los trozos produce chispas que crean regiones de gran carga eléctrica y posteriormente aparecen como relámpagos.

El rayo. Es una gran descarga natural de electricidad estática, que genera un pulso electromagnético, acompañada por la emisión de luz. El relámpago es una chispa gigante que ilumina la zona de la corriente durante la descarga eléctrica. Los rayos se producen cuando las partículas de hielo o nieve de una nube chocan entre sí, lo que provoca que se separen sus cargas eléctricas. Las cargas positivas o protones se forman en la parte superior de la nube y las negativas o electrones se forman en la parte inferior. Como los opuestos se atraen, en el suelo debajo de la nube comienza a acumularse una carga positiva. La carga eléctrica se concentra en torno a cualquier elemento empinado hacia arriba (montañas, personas o árboles). La carga eléctrica proveniente de estos puntos se conecta con la carga que baja de las nubes y finalmente ocurren los rayos que transmiten una fuerza instantánea de hasta mil kW. El desplazamiento veloz del rayo y su irrupción en el aire generan un estruendo, llamado trueno.

El trueno. Es la evidencia audible de que existe actividad eléctrica y éstos a su vez son producto de los relámpagos o rayos. Cuando un rayo se desplaza desde la nube al suelo abre un pequeño agujero en el aire. Una vez que la luz se ha ido, el aire colapsa al regresar y crea una onda de sonido que oímos como un trueno. La razón por la que vemos un rayo antes de oír el trueno es que la luz viaja más rápido que el sonido. Un trueno es el sonido de la onda de choque que un rayo ocasiona sobre el aire de la atmósfera, a medida que lo calienta a su paso a más de 28.000 °C. Ese aire caliente se expande con rapidez y aumenta su volumen, pero al mezclarse con el aire frío en derredor se enfría de golpe y se contrae. Dicho movimiento doble produce las ondas sonoras que oímos como un trueno.

Distancia a una tormenta. Como la luz viaja a 300.000 km/s y el sonido apenas a 35 km/s. Al ver el relámpago contamos los segundos transcurridos hasta el trueno (por cada 3 segundos transcurridos, hay 1 km de distancia a la tormenta). También se pueden contar los segundos que hay entre el relámpago y el trueno, y dividir la cifra entre tres. El resultado son los kilómetros a que está la tormenta.

Niebla. Esta aparece cuando la condensación se produce en una capa de aire estable próxima al suelo, favorecida por la existencia de partículas y el enfriamiento del suelo. Se forma por suspensión en el aire de gotitas de agua, cada una de las cuales se ha formado alrededor de un núcleo de condensación. La clasificación de las nieblas depende del grado de visibilidad: niebla propiamente dicha, cuando la visibilidad horizontal es inferior a 1 km; neblina, de 1 a 2 km; y bruma, de 2 a 4 km.

Rocío y escarcha. El aire roza con el suelo más frío, dándose una inversión térmica que provoca condensación sobre la superficie terrestre. Si ésta se realiza a 0 ºC da lugar al rocío, y si es inferior, a la escarcha, ya que pasa directamente a hielo (fase sólida). La diferencia entre el rocío y la escarcha es que el rocío es agua en forma de gotas que aparece en objetos expuestos durante la mañana o la noche debido a la condensación, y la escarcha es una capa o depósito de hielo que puede formarse con el aire húmedo en condiciones frías, generalmente durante la noche.

 Granizo. Cuando el aire saturado de humedad asciende a una altitud con temperaturas bajo 0 ºC, se forman cristales de hielo en la parte alta de la nube. Si a estos cristales se les añaden pequeñas gotas de agua llevadas por las corrientes ascendentes, crecen hasta alcanzar un tamaño que les hace caer. En su caída adquieren mayor tamaño al unirse por nueva solidificación de gotas de agua, con lo que se origina el granizo. Si el engrosamiento de los cristalitos de hielo es grande se llega al pedrisco, pudiendo llegar a tamaños de huevos de gallina y más de 500 gr. La granizada es la precipitación más destructiva, ya que a pesar de que la mayoría de las tormentas de granizo no superan los diez minutos de duración, presentan daños en áreas importantes (unos 16 km2), con destrozos de cosechas, roturas de cristales, y lesiones a personas y animales.

Nieve. Si cesan las corrientes de aire, la nube queda a menos de 0 ºC y se forman cristales de hielo que, al unirse entre sí, forman copos de nieve con diversa morfología, que se pueden fundir durante el descenso.

Efectos de las tormentas eléctricas. El impacto directo de un rayo nos puede producir múltiples problemas hasta la muerte súbita. Cuando el rayo cae sobre un objeto, generalmente de metal, genera una onda expansiva que altera la presión atmosférica, lo que puede provocar la caída al suelo de una persona, y provocarle múltiples problemas. Sólo el 30 % de la gente afectada por un relámpago muere. Los relámpagos pueden ser en ocasiones más calientes que la superficie del Sol.

En casa o cualquier otra edificación los rayos pueden provocar la sobrecarga de la red eléctrica, dañando los equipos que estén conectados a la red, generando cortocircuitos, incendios y explosiones.

Al aire libre no hay un lugar 100 % seguro. Las tormentas severas pueden generar copiosas lluvias e inundaciones repentinas. Vientos fuertes devastan todo a su paso, rompen ventanas, derriban árboles, líneas eléctricas, estructuras móviles. Si ocasionan tornados, éstos pueden destruir las construcciones humanas en tan sólo unos minutos.

La tormenta eléctrica severa es muy peligrosa por la caída de granizo, vientos con rachas superiores a 93 km/h, e incluso tornados.

Debemos buscar un refugio alejado de ventanas y paredes de vidrio, elementos que el viento pueda arrastrar, alejarse de masas de agua, objetos metálicos o conductores de electromagnetismo, alejarse de árboles, antenas, cimas de montañas.

Despojarse de los objetos metálicos ya que el metal es conductor de electricidad.

Alejarse de cableados eléctricos, líneas telefónicas, estructuras metálicas como las de las vallas publicitarias, vías del ferrocarril y maquinarias pesadas. No buscar cobijo en zonas propensas a inundaciones.

Descartar la permanencia en la intemperie, en lugares solitarios, tiendas de acampar o pequeñas chozas.

Se deben cerrar las puertas y ventanas que dan hacia el exterior, para evitar corrientes de aire.

Desconectar los equipos electrónicos, las antenas de televisión y el teléfono con cable.

No bañarse, ducharse o permanecer en contacto con el agua.

El mejor lugar para protegerse es un edificio sólido o un coche con el motor apagado y las ventanas cerradas.

Es más fácil ser impactado por un rayo en una llanura, que entre colinas.

martes, 13 de junio de 2023

LOS DRUIDAS

La palabra druida proviene del latín “druĭda, druides, druidae”, voz de origen galo dryw (druida, hechicero), e irlandés druad (vidente) como “dueño de la ciencia”, conferido del protocelta “dru-vid-es” (dru = árbol; wid = saber) entre los galos, pueblo perteneciente al tronco celta a partir del año 1000 a.C. El historiador romano Plinio el Viejo relacionó la voz druida con el nombre griego drãj “encina, roble”, por la importancia que en los cultos religiosos druídicos tenían estos árboles.

Los celtas fueron pueblos de origen indoeuropeo que habitaron regiones, durante la Edad de Bronce, que hoy forman parte de Irlanda, Escocia, Inglaterra, Portugal, Suiza, España, e Italia. Vivieron agrupados en tribus, que desarrollaron un conjunto de lenguas y que más tarde los británicos simplificaron, como la gaélica, aún vigente en pueblos de Gales, Irlanda o Escocia. Los escritores griegos y romanos describían a los celtas como arrogantes y alborotadores, sobre todo durante los jolgorios para festejar las victorias, junto con manifestaciones folclóricas, con instrumentos como el carnyx, la gaita, la bombarda, la flauta y el bodhrán.

El origen de la casta druídica tiene sus raíces en la época en que los primitivos cazadores-recolectores vieron al roble como su gran símbolo (antes del 4000 a.C. los robledales cubrían Europa). Estos recogían bellotas, y hasta el siglo XII fue básica en la alimentación. En el primer milenio a.C., cuando comenzó la expansión celta, toda persona culta en la tribu era considerada “sabio del roble”.

Los celtas usan el término Keltiké, para nombrar a Hispania, con significado más étnico, que geográfico. Aparecen en la Edad del hierro con una serie de invasiones de pueblos indoeuropeos (tartesios, iberos, celtas, celtiberos y cartagineses). Los celtas originarios de los Alpes, viven al final de la edad del bronce. Son tribus pastoriles y guerreras, que entran por los Pirineos en dos grandes migraciones, una en el 800 a.C. procedentes del Ródano, y se establecen en Cataluña y norte de Castellón, y otra en el 600 a.C., que se establecen en las llanuras de Navarra hasta el valle del Segre, y después por toda Hispania, siendo la cuenca alta y media del Duero y la cordillera Ibérica los núcleos más importantes. Su expresión artística más característica son los poblados con recintos amurallados levantados en las cimas de los montes con fácil defensa, y conocidos como citanias o castros, poblados formados con casas circulares construidas con madera, ramas y mimbres enlazadas, con techo cónico de paja (Las Cogotas, Castro de Santa Tecla, Baroña y Coaña).  Algo más tardías son las ciudades de los arévacos, algunas con gran desarrollo urbanístico como Numancia, y otras más primitivas, excavadas sobre la roca como en Tiermes. Su cultura llamada de La Tène, caracterizada por el uso del hierro y ritos funerarios de inhumación en fosas rodeadas de piedras, formando túmulos, y la cremación de los cadáveres cuyas cenizas se depositan en urnas originan la cultura de Los Campos de Urnas, con restos en Cataluña, Castellón y Cortes (Navarra). No conocen la escritura ni acuñan moneda, usan la cultura del Hallstatt, y basan su economía en la agricultura, ganadería (pastoreo y domesticación del caballo), metalurgia, y el comercio mediante el trueque con fenicios, cartagineses y otros pueblos celtas. Fueron muy habilidosos con el metal (arados, hoces, espadas y objetos de adorno como broches, torques, fíbulas), lo que les dio una superioridad armamentística. Su organización era tribal, unidos por necesidades de defensa.

La sociedad celta, según J. César, Estrabón, y Diodoro Sículo, entre otros muchos, estaba configurada por:

  • Los druidas en la cima de la jerarquía como los miembros superiores del estamento sacerdotal, que estudian la filosofía moral. Estrabón los considera los máximos exponentes de la magia, y guardianes de los secretos y escritura ogámica (alfabeto con 20 signos). Como inventores del calendario, eran quienes decidían las fechas de las fiestas religiosas; como teólogos, sólo ellos conocían la naturaleza de los dioses, sus deseos y modo de honrarlos. Cuando moría, la sucesión regresaba al druida más digno.
  • Los bardos, para Diodoro Sículo en su “Bibliotheca historicae”, son poetas, narradores, artistas que poseen una creatividad y habilidad espiritual innata. Actúan como censores de la sociedad, dedican elogios a algunos personajes y les ayudan a ocupar cargos políticos, mientras que a otros les dirigían crueles sátiras que acababan con sus carreras. Eran responsables de la transmisión oral de las tradiciones. Con sus cantos transmitían de forma sencilla y fácil de aprender, los logros en las batallas. Los druidas los consideraban sus rivales y se enfrentaron a ellos con éxito, relegándoles a bufones a sueldo de los aristócratas.
  • Los vates o filidh crean poesías, se ocupan del culto, la adivinación y la medicina, pues son especialistas en el mundo natural, y en ocasiones realizan sacrificios con animales y a veces con humanos, para practicar la adivinación. Constituían una tercera orden religiosa. El fili o poeta-historiador además de componer panegíricos e invectivas, transmitían oralmente el folclore de la comunidad y participaban de alguna manera en los códigos de leyes y profecías.
  • Los magos o adivinos, de aquí que se les considere además de sacerdotes, chamanes, hechiceros, y brujos.

Su religión era panteísta y misteriosa, creían en la reencarnación o transmigración de las almas y en la existencia de otra vida tras la muerte. Entre los conocimientos transmitidos (a los jóvenes que eran formados para ser druidas, y que tenían que aprender de memoria) estaban los relativos al culto, la magia, el uso de hierbas, plantas y aguas medicinales, y la determinación de días fastos y nefastos, por lo que algunos historiadores los relacionaron con los pitagóricos griegos. Alejandro Polímata y Diodoro Sículo consideran pitagórica su doctrina (las almas son inmortales y después de un número de años comienzan una vida nueva en un cuerpo nuevo). Es por ello que los enterramientos celtas se hacían acompañando al cadáver con toda clase de objetos cotidianos. Posidonio de Apamea dice que reflexionan acerca de los astros y su movimiento, del tamaño del mundo y la Tierra, y del poder de los dioses. Profesan una forma de panteísmo al identificar universo, naturaleza y deidad. Sólo importa la pureza del alma.

Aunque se tiene evidencia arqueológica de las prácticas religiosas en la Edad del Hierro, no hay registros escritos por los propios druidas si no descripciones de griegos y romanos, así como historias del medievo, de escritores irlandeses. Los hallazgos de tocados sin función militar son piezas de bronce en forma de hojas, conos o discos, y a veces con aditamentos de cuerno o asta.

La referencia más antigua de la que se tiene conocimiento data del 200 a. C., y de Julio César en “La guerra de las Galias”, donde señala que los druidas se encargaban de presidir todos los sacrificios, las actividades religiosas, las grandes fiestas anuales, los ámbitos político y judicial (imponen sentencias y castigos). Son los administradores de los rituales de sacrificios humanos, para los cuales, en general, utilizaban a guerreros enemigos capturados. Las víctimas, tanto animales (buey, cerdo, cordero) como humanas, eran observadas cuidadosamente mientras morían porque interpretaban sus estertores, los chorros de sangre o incluso la forma en que caían al suelo para arrojar luz sobre el futuro. Una de estas posibles víctimas (Hombre de Lindow), descubierta en una ciénaga cerca de Cheshire (Inglaterra), murió de la forma habitual en los rituales. Pese a que no tenían libros sagrados y transmitían su doctrina y sabiduría de forma oral, nos ha llegado, el texto en doce líneas de una oración en una plancha de plomo descubierta en 1971 en una fuente de Chamalières, cerca de Clermont-Ferrand. En 1983, se encontró en Veyssière (Aveyron), el llamado Plomo de Larzak, con un mensaje inscrito para el otro mundo. El Calendario de Coligny, encontrado a finales del XIX, grabado en una plancha de bronce, organizaba los diferentes rituales que se sucedían. Este tenía una mayor elaboración que el juliano y con una sincronización lunar de cinco años, lo que da fe de los profundos conocimientos astronómicos, geográficos y de la naturaleza de los druidas.

Pomponio Mela cita a una comunidad de sacerdotisas en Sena, con cultos druídicos femeninos, como los ritos realizados por las monjas del monasterio irlandés de Kildare, que mantenían un fuego perpetuo en honor de Santa Brígida, patrona de Irlanda.

Se sabe, que el druida Mog Ruith fue llamado por los galos de Munster; de las actividades guerreras del druida Cathbad, y de Diviciaco (miembro de la tribu de los heduos) que mandó un cuerpo de caballería; del caudillo Vercingétorix que apadrinó la unión de todas las tribus celtas, hasta que Julio César la destruyó, aunque la cultura y religión druídica mantuvieron su vitalidad hasta ser marginada, perseguida y asimilada por el cristianismo, a partir del siglo III d.C., que hizo todo lo posible por erradicar cualquier culto religioso pagano, pero se dejó influir por muchas creencias mágicas precristianas. Cuando el poder romano se extiende por Europa, prohíbe a los druidas el aprendizaje y enseñanza de sus conocimientos por lo que la institución se fue terminando poco a poco.


El trisquel, triskel, trikele o trinacria, es el símbolo supremo druida formado por tres brazos en espiral unidos en un punto central, configurando la forma de una hélice. Su primera espiral representa las sensaciones, los sentidos, los límites, la evolución, crecimiento, capacidades y equilibrio del cuerpo, mente y espíritu. La segunda representa la conciencia y la razón, el camino de las ideas, el pensamiento, el presente, el pasado y el futuro. La tercera espiral, llamada triskillan, representa el aprendizaje perpetuo del mundo del espíritu y de los dioses, la eterna evolución del camino del alma, y el principio y el fin. Algunos aparecen en acuñaciones monetarias (en la ciudad prerromana de Ilíberis, Granada), y otros grabados en piedra (petroglifos), en Galicia, Cantabria, Asturias y el País Vasco. El tres es su número sagrado.

Julio César, señalaba que los druidas eran responsables de organizar la vida política (asesoran al jefe en asuntos religiosos, judiciales, penales, y conflictos fronterizos), el culto, los sacrificios, la adivinación u oráculo, y son depositarios de los conocimientos de la comunidad. Supervisaban los juramentos de los guerreros para demostrar su lealtad. Por todo ello gozaban de privilegios (no pagan impuestos, ni cumplen con ninguna obligación militar). Diodoro Sículo y Estrabón, afirmaron que los druidas eran temidos por su conocimiento de ciertas plantas y ungüentos especiales, con tal grado de respeto que podían detener una batalla si se paraban entre dos ejércitos. Fue Pomponio Mela el primer autor que manifestó que la instrucción de los druidas era secreta.

Un druida imponía tabúes (geissi), y que, si no se obedecían, se creía que pronto llegaría la desgracia o muerte para el infractor y sus parientes, además preparaban pociones para reforzar sus geissi. Los druidas recolectaban plantas como el muérdago (planta parásita), pues era símbolo de la vida y la fertilidad, porque es una planta perenne y mantiene sus hojas incluso cuando su árbol anfitrión ha perdido todo su follaje. Se recoge, la noche, del sexto día de la luna que marca el comienzo de meses, años y siglos. Tras los preparativos necesarios para el sacrificio y el banquete bajo los árboles sagrados, traen dos toros blancos con sus cuernos vendados. Con su túnica blanca, un druida sube al árbol para cortar el muérdago con su hoz de oro. Después matan a los animales de sacrificio y rezan para que el dios les recompense la ofrenda. Escritores grecorromanos como Tácito, Plinio el Viejo, Marco Anneo Lucano, Julio César, Suetonio, Diodoro Sículo, y Cicerón dicen que los druidas practican sacrificios humanos, por lo que los consideran bárbaros, y para que fuera aceptado por los dioses, tenía que ser realizado por un druida, al ser estos intermediarios entre las personas y los dioses. Observando el viento y los cantos de las aves con el sacrificio de animales sagrados, y en ocasiones de humanos, leen el futuro a través de su agonía, al hundir una daga en su pecho, o golpear con una espada la espalda, observan la dirección en que desfallece, en que se convulsionan sus extremidades y en que brota su sangre. Se han encontrado sepulturas masivas fechadas, en la edad del hierro, en Gournay-sur-Arode y Ribermont-sur-Ancre.

Los registros más antiguos sobre los druidas provienen del griego Soción de Alejandría, que menciona la existencia de druidas de los keltois (celtas). Tácito, senador romano, describió cómo cuando el ejército romano, dirigido por Cayo Suetonio Paulino, atacó, en el año 60 d.C. la isla de Mona, Anglesey, sitio en el que se fundó un centro de culto druídico, y que fue destruido en el siglo I d.C. por los romanos y las arboledas sagradas de Mona taladas.

a partir del siglo V a.C., los druidas alcanzaron una posición preeminente según Dion Crisóstomo “Los druidas dominan el arte adivinatorio y todas las ciencias. Los reyes no pueden tomar decisiones sin su consentimiento”. Dion Casio dice que el rey Ambigato de los biturigos llevaba a cabo adivinaciones y estaba capacitado para realizar sacrificios. Por su parte, Deyótaro de Galacia dice que era el caudillo y líder religioso más poderoso de entre los gálatas. Plinio afirmaba que eran quienes poseían los conocimientos médicos y mágicos debido a que eran los sanadores, del mismo modo, que estaban capacitados para el uso de hierbas y la cirugía.

 Los celtas, al igual que otras culturas de la época, contaban con dioses como:

  • Teutates dios de la guerra y protector del pueblo. La víctima consagrada a él era quemada viva dentro de un gran muñeco (hombre de mimbre).
  • Esus dios de la tierra y la naturaleza, se lo veneraba ahorcando a la víctima en los árboles del bosque.
  • Taranis dios de las tormentas. El sacrificio consagrado a él consistía en ahogar a la víctima en un caldero.
  • Belenus el dios del sol, del fuego y de la luz.

Sus ceremonias se realizaban en los bosques, y servían para aplacar la ira de los dioses, infundir el pánico, y manifestar el poder que tenía sobre su pueblo. Cuando los romanos supieron del ritual de las tres muertes, vieron que estaban ante seres temibles, y temían a la magia de los druidas.

Durante la Edad de Hierro los druidas están en el nivel más alto de la sociedad celta. La construcción de megalitos se desarrolló entonces, y este período vio el surgimiento de grandes montículos como Newgrange y círculos de piedra como el santuario de Stonehenge, o los alineamientos de Carnac. John Aubrey fue el primer escritor que vinculó Stonehenge con los druidas. El arqueólogo Stuart Piggott, autor de “Los druidas”, les consideró bárbaros y salvajes, y fue solo en el momento álgido de su expansión cuando griegos y romanos empiezan a hablar de ellos como clase intelectual de la sociedad celta.

Durante el s. III a. C., el Imperio Celta se desintegró en multitud de reinos. El 247 Amílcar Barca, hace incursiones en la costa italiana, mientras la flota romana de L. Cátulo, gana la batalla en el puerto de Lilibeo (242) y de Trapani (241), obligando a Cartago a firmar la paz con Roma. En el 228 Orisón con un grupo de iberos, engaña a los púnicos fingiendo una alianza en Hélice, y mata a Amílcar, en la batalla de Helike. Le sucedió su yerno Asdrúbal (asesinado por un celta, le sucede su cuñado Aníbal Barca) quien fundó, el 226, Cartago Nova sobre la antigua Mastia, y la tomó como capital. Esto hace que Roma envíe una embajada a dialogar con los Barca obligándoles a fijar un límite a su expansión en el Ebro (los territorios al norte del río para Roma, los del sur para Cartago). Las tribus galas invaden Italia, pero Roma vence en Telamón, e incorpora su territorio a la Galia Cisalpina. El 387 a.C. los romanos son derrotados por los celtas (tribu de los senones) en la batalla de Alia, y saquean Roma, luego en el 225 de producen sublevaciones celtas en la Galia Cisalpina.

Durante la Guerra de las Galias, entre el 58 y el 51 a. C., el ejército romano, dirigido por Julio César, conquistó la mayoría de tribus, e introdujo medidas para librar de druidas a la región. Según Plinio el Viejo, fue Tiberio quien prohibió no sólo a los druidas, sino también a otros adivinos y curanderos, acción aplaudida por Plinio creyendo que ello acabaría con los sacrificios humanos. Suetonio en el siglo II, señala que Augusto (primer emperador del 27 a. C. al 14 d. C.), decretó que nadie que fuera druida podría ostentar la ciudadanía romana, y esto fue seguido por otra ley de Claudio (emperador del 41 al 54 d. C.), que suprimió a los druidas, y sus prácticas religiosas. César menciona la zona de Carnutes, donde se celebraba una asamblea anual de todos ellos, en el bosque sagrado de la tribu de los carnutos, lugar que algunos expertos han identificado con la ciudad francesa de Neuvyen-Sullias y otros con el emplazamiento de la catedral de Chartres.

Los druidas entraron en decadencia por el auge del Imperio romano, y su aversión a los sacrificios humanos, por el choque ideológico, ya que Roma tiene una cultura materialista y jerárquica y la de los druidas era espiritual y centrada en la moral. Varios emperadores intentaron erradicar a los druidas, especialmente Tiberio (que reinó del 14 al 37 d. C.) y Claudio. Los druidas y su religión decayeron con la llegada del cristianismo a Europa. Además, su misma implicación en los asuntos políticos, diplomáticos y judiciales les hizo perder su carisma espiritual, la creciente influencia de la cultura y presión romana acabó por derrumbar la cultura celta. El primer territorio celta conquistado por los romanos fue el norte italiano hacia el 200 A.C. tras varias campañas romanas, y a pesar de las victorias obtenidas aliados a Aníbal en la Segunda Guerra Púnica, participaron activamente en varias batallas (Canas). Cayendo luego España en poder romano, tras varias campañas romanas infructuosas, entre el 200 al 133 a.C. fecha en que cae en poder romano Numancia. En el siglo I los romanos incendiaron todos sus lugares de culto.

La palabra aguinaldo deriva del céltico “eguinado” (regalo de año nuevo) y de la frase latina "hoc in anno" (este año). Los druidas celebraban la ceremonia religiosa para anunciar la llegada del año nuevo. El 21 de diciembre (solsticio hiemal) salían hacia el bosque en procesión y gritaban “au gui l'an neuf” (al año nuevo) mientras recogían muérdago. Al llegar al bosque se elegía el tronco del árbol donde se grababan los nombres de los dioses y se preparaba un altar triangular. Esta ceremonia fue degenerando, y grupos de jóvenes con “el duende”, marchaban a coger el muérdago y con él hacían en las iglesias ceremonias ridículas, cometiendo excesos. El rey Tacio recibió ramos del bosque que luego daba a los hombres victoriosos. San Agustín y San Juan Crisóstomo censuraban el aguinaldo porque ocasionaba desórdenes (disfrazarse los hombres de mujeres y éstas de hombres, la bebida…). En muchos pueblos castellanos se conservó hasta los 90, la costumbre de pedir y dar el aguinaldo durante Año Nuevo y Reyes con canciones como: El esquilón tiene un diente, la campana tiene dos, y al que no nos dé nada, mala suerte le dé Dios.

Los aguinaldos se generalizan en España con la llegada de los borbones, pero en 1793 un edicto suprime los aguinaldos y las propinas. En los países ortodoxos, los niños reciben sus aguinaldos anunciando la llegada de San Basilio, como en los países más occidentales los reciben de San Nicolás. En otros lo hacen Santa Claus, Papá Noel o los Reyes Magos.

Hoy vemos a los druidas, como las caricaturas de Astérix (de René Goscinny y Albert Uderzo) donde el druida Panoramix brinda a cada uno de sus personajes atribuciones como adivinos, maestros, curanderos y jueces.

El cómic Sláine, recoge la figura del druida como un sacerdote, además de aparecer en juegos y videojuegos.

 

jueves, 4 de mayo de 2023

LA PESTE

La peste es cualquier enfermedad o padecimiento infeccioso grave, por contagio o no, que causa una gran mortandad. En España la peste bubónica se caracterizó por los forúnculos o bubones que aparecían en diversas partes del cuerpo, además de ser muy letal y producir mal olor.

La peste fue un fenómeno de primera magnitud en la sociedad, pues contribuyó, por su especial virulencia y continuos rebrotes pandémicos, con enormes consecuencias en todos los ámbitos, sobre todo en el paso de la Edad Antigua (s. V) a la Media, y en los siglos XIV y XV.

En el 1894, el microbiólogo suizo A. Yersin, discípulo de Pasteur, aisló el bacilo de la Pasteurella pestis, y especificó tres variantes:

  • Oriental. Apareció en China en el XIX, con sus reservorios naturales en el Extremo Oriente asiático, y Norteamérica.
  • Medieval. A raíz de la gran peste en Europa, así como en los rebrotes pandémicos del XVIII. Con el reservorio del bacilo en Asia Central.
  • Antigua. Apareció en las epidemias de los siglos VI-VIII. El reservorio estaba en África Central, en la región de los Grandes Lagos.

Con dos formas de infección:

  • Cutánea. Con dos tipos de síntomas, conocidos como bubónica y septicémica. En la bubónica, los síntomas eran fiebres altas, hasta 42º, y aparición de carbúnculos malolientes. Luego la inflamación del ganglio linfático en ingles, cuello o axilas. Tras la aparición de las bubas de color oscuro, de aquí su nombre “peste negra”, aumentaban las cefaleas, y los trastornos nerviosos. Con un período máximo de incubación y desarrollo de seis días, provocaba el 90 % de muertes. En la peste septicémica, los síntomas eran parecidos, pero más difíciles de detectar, puesto que no había inflamación del ganglio linfático. Las muertes eran del 95 % de los pacientes.
  • Mucosa pulmonar o peste neumónica. Los síntomas eran cefaleas, fiebres y taquicardias. En 24 horas aumentaba la dificultad respiratoria y la falta de coordinación motriz. Su incubación y desarrollo era de tres días, al cabo de los cuales los índices mortales eran del 95 %.

La peste es una zoonosis (enfermedad que pasa del animal al hombre), cuyo ciclo vital se desarrolla en ratas y pulgas (Xenopsylla cheopis). A través de la picadura de la pulga, huésped de una rata, se transmite la infección al hombre, de modo que los bacilos pasan al flujo sanguíneo y se localizan en los ganglios linfáticos. Se producen hemorragias internas, vómitos, tos y fiebre alta, que conducen a una crisis cardíaca y a la muerte. El contagio era fácil porque ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas. La bacteria causante rondaba los hogares entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran los primeros síntomas, y pasados entre tres y cinco días más se producían las primeras muertes. La enfermedad más corriente era la peste bubónica primaria, pero había otras variantes como la peste septicémica, en la que el contagio pasaba a la sangre, y se manifestaba con bubas en la piel, y la peste neumónica, que afectaba el aparato respiratorio y provocaba tos expectorante que podía dar lugar al contagio a través del aire. En el siglo XIX se superó la idea de un origen sobrenatural de la peste. El temor a un posible contagio a escala planetaria de la epidemia, que entonces se había extendido por amplias regiones, impulsó a la investigación científica, y fue así como los bacteriólogos Kitasato y Yersin, de forma independiente, pero casi al unísono, descubrieron que el origen de la peste bubónica era la bacteria yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y otros roedores y se transmitía por los parásitos, en especial las pulgas.

La enfermedad tenía su auge virulento en verano, bajando sus efectos mortales en primavera y otoño pues las condiciones medioambientales para la vida de las pulgas no se cumplían (temperatura entre 15-20º, y humedad relativa del 90 %). En invierno tampoco se cumplían las condiciones medioambientales, pero la peste pulmonar tenía la característica especial de ser la única que se contagiaba de humano a humano. Sus bacterias viajaban en la respiración y el aliento, que debido al frío adquiría forma de vaho.

Los efectos de la peste fueron devastadores, siendo la mortalidad de varios millones de personas, especialmente la infantil (60 %), mientras que, por sexos, los varones se vieron más afectados que las mujeres, cinco de ellos por cada una de ellas. Sus efectos sociales y económicas fueron:

  1. Reestructuración de los patrimonios nobiliarios, al cambiar de dueños los mismos, y desaparecer familias enteras de curiales, las elites gobernantes, provocan un éxodo de población rural (el campo fue menos afectado que la ciudad).
  2. La pérdida de efectivos humanos contribuyó a la falta de trabajadores, derivando en el incremento de los precios.
  3. La aristocracia cortesana y las oligarquías municipales vieron muy reducido su poder adquisitivo, sobre todo la eclesiástica, ya que el derecho canónico prohibía la enajenación de la tierra, privando a sus posesores de la posible reconversión económica.
  4. El incremento del censo enfitéutico fomentó la aparición de grupos de potentados locales, a veces con una administración independiente del poder central, e incluso ocupando propiedades de la Iglesia.

El feudalismo tiene una importante carga de todas estas consecuencias demográficas, económicas y sociales derivadas de la peste.

La primera peste de la que tenemos constancia es del año 166-167 que afecta a Hispania y sobre todo a Roma.

En el 250 con la primera persecución general contra los cristianos, también se produce otra gran epidemia de peste.

La peste Justinianea (541-544), debe su apodo a que el emperador bizantino Justiniano I se vio afectado por ella. En pleno apogeo del Imperio Romano de Oriente, partían cargueros desde el Mar Rojo, con mercancías procedentes de Arabia, Ceilán, China y África central, de donde el Imperio obtenía el oro para fabricar sus monedas. El bacilo viajó en los barcos (con ratas) que transportaban trigo, de Egipto como pago al Imperio Bizantino. El convoy que partió de Alejandría en septiembre del 541, hizo su escala técnica en el puerto de Peluse (actual Jordania), siendo el primer enclave afectado por la enfermedad, y presentó sus primeros síntomas en otoño. Rápidamente se extendió por Antioquía, Constantinopla, Roma, Cartago, Marsella, Tréveris y la Península ibérica. Incluso el imperio persa sasánida se vio afectado por ella, y Cosroes I, que había declarado la guerra a Justiniano I en el 540, tuvo que retirar sus tropas, por la peste, de la actual Trebisonda, en Asia Menor. En Constantinopla se llegaron a registrar 16.000 fallecidos en un día. En el Imperio bizantino fallecieron unas 230.000 personas, casi la mitad de la población. Europa nunca se recupera del desastre demográfico, puesto que, había nuevos rebrotes cada diez años más o menos. Las primeras manifestaciones de recuperación demográfica fueron barridas del mapa cuando la peste asoló nuevamente el ámbito mediterráneo entre los años 557-561 y 570-574. Entre los años 582-590 es muy virulenta en la Península Ibérica, donde falleció casi un tercio de la población de la franja costera mediterránea. Éstas continuaron entre los años 618-628, en plena época de las guerras entre bizantinos y persas, y entre el 684-699, época de la expansión del islam. Los últimos rebrotes del siglo VIII fueron muy duros, obligando a los gobiernos del Mediterráneo a efectuar repoblaciones forzadas entre el 740-750. En el 767 la población de Nápoles fue prácticamente arrasada (más de 30.000 fallecidos en apenas dos meses).

Libre de peste y con un clima más benigno, Europa conoció una época de esplendor económico entre los siglos XI y XIII. Los avances técnicos y el incremento demográfico propiciaron la extensión de los cultivos y el aumento de la producción agrícola. Pero el nuevo deterioro de las condiciones climáticas a principios del XIV, con veranos cortos y húmedos que arruinan las cosechas, producen una grave carestía de trigo. Estos períodos de escasez conocidos como hambrunas, acarrearon una subida considerable del precio del trigo, y lo hizo inaccesible a la mayoría de la población que, como es lógico, al estar peor alimentada era más susceptible de sufrir enfermedades.

En el 1253 se tuvo constancia de una epidemia de peste en Yunnan (sudeste de China), del imperio mogol. Muchos países europeos tenían intereses comerciales en la zona. Los genoveses tenían una colonia en Caffa (península de Crimea, Feodosia) a orillas del mar negro, que a pesar de resistir el asedio (1347) de los mogoles no evitaron que entrase el bacilo, y este fue llevado a Europa en los buques comerciales. Cuando tuvieron conocimiento de la epidemia, los mercaderes genoveses huyeron despavoridos, llevando consigo los bacilos hacia Italia, desde donde se difundió por el resto del continente entre 1346-53, con una gran velocidad de propagación. Algunos historiadores proponen que la modalidad mayoritaria fue la peste neumónica o pulmonar, y que su transmisión a través del aire hizo que el contagio fuera muy rápido. Sin embargo, cuando se afectaban los pulmones y la sangre la muerte se producía en menos de 24 horas, y a menudo antes de que se desarrollara la tos expectorante (vehículo de transmisión). Por tanto, dada la rápida muerte de los portadores de la enfermedad, el contagio por esta vía sólo podía producirse en un tiempo muy breve, y su expansión sería más lenta, por lo que se sugiere que la plaga fue, ante todo, de peste bubónica primaria. La transmisión se produjo a través de las mercancías de los barcos y personas que transportaban los bacilos, las ratas y las pulgas infectadas, y de este modo propagaban la peste, sin darse cuenta, allí donde llegaban. A pesar de que muchos contemporáneos huían al campo cuando se detectaba la peste en la ciudad, en cierto modo las ciudades eran más seguras, dado que el contagio era más lento porque las pulgas tenían más víctimas a las que atacar. Se ha constatado que la progresión de las enfermedades infecciosas es más lenta cuanto mayor es la densidad de población, y que la fuga contribuía a propagar el mal sin apenas dejar zonas a salvo. El índice de mortalidad alcanzó el 60 % en el conjunto de Europa.

A finales de 1347, la enfermedad se propagó por Italia, Francia y España, dejando 24 millones de muertos en el continente, lo que supone tres fallecidos por cada diez habitantes. Las Cortes de Valladolid en 1351, tratan de remediarlo con el “Ordenamiento de menestrales y posturas". En las ciudades, las Órdenes Mendicantes de Dominicos y Franciscanos realizan una gran labor entre los cada vez más numerosos marginados.

El 24/4/1348, Jaume d’Agramunt publicó una epístola dirigida a los regidores de la ciudad en ella se recomendaba no arrojar dentro de las ciudades o en su cercanía animales muertos y otros desperdicios orgánicos, así como quemar todo lo que hubiera estado en contacto con el infectado. Una vez fallecido el enfermo, había que recoger todas las ropas, muebles y objetos de su propiedad para quemarlos. El cuarto en el que había muerto se tenía que picar, revocar, blanquear las paredes y enladrillar el suelo. La quema de ropa, muebles y demás cosas había que hacerla en las afueras de la población, cuidando de que el humo no fuera en la dirección de aquella. En el XVII, Madrid, estableció que “la diligencia de quemar ropa, muebles y demás cosas sujetas a contagio se haga en los sitios hondos del soto de Luzón o del de Perales, a media legua de distancia de Madrid, de modo que los vapores no se introduzcan en la Corte”.

En el 1348 la peste negra se extendió por todo el Mediterráneo, en especial por Francia, e Italia (con un 50 % de muertes). Al año siguiente afectó a las islas británicas (un 25 %), Portugal estuvo a punto de desaparecer al perder un 65 % de su población. La península Ibérica pasó de seis millones de habitantes a dos y medio. Se extendió entre 1347-61, y en España entró por Gerona, Barcelona y Tarragona en la primavera de 1348, luego Navarra (un 65 % de muertes), y Cataluña (un 65 %). En 1349 se expandió por el reino castellanoleonés (Castilla un 40 % de muertes). En julio de 1350 el Alfonso XI, el Justiciero, falleció durante el asedio de Gibraltar, siendo el único monarca de Europa que murió por la peste. Pedro IV de Aragón señaló que murió un tercio de sus súbditos y que en Valencia y Zaragoza morían 300 personas cada día.

Según el británico Peter Frankopan, el año más trágico de todos los tiempos fue 1348 por la peste negra. Y explica que, en Europa mató en 18 meses a un tercio de la población, estimada en unos 78 millones de habitantes a principios del siglo XIV y en unos 50 millones después de 50 años. Los avances médicos fueron desbordados por su virulenta capacidad destructiva, por lo que es lógico que el pánico se apoderase de la población y que la solución más segura fuese la que señaló Boccaccio, y que también se produjo con el covic-19, la huida al campo.

El retroceso demográfico provocado por la peste es una de las razones que los historiadores han esgrimido para afirmar la crisis de la Baja Edad Media. La sociedad sufrió una parálisis social (la gente huía despavorida de cualquier contacto con sus semejantes), militar (la falta de efectivos inutilizó los conflictos bélicos) y religioso, La sociedad del XIV y XV conoció una fuerte relajación de costumbres por la toma de conciencia de lo efímero de la existencia humana, se pasó a despreciar los sacrificios en pro de la vida eterna para disfrutar de la que vivían.

El siglo XVI tuvo la presencia casi permanente de la peste en las riberas del Mediterráneo, y según el cronista Andrés Bernáldez, en 1501 hay peste en Barcelona, en 1507 en Cádiz, y se propaga hasta Sevilla. En 1515 vuelve a Barcelona. En 1518 una calentura de garganta afectó a los caballos en Navarra, y hubo peste en Valladolid. En 1519 y como consecuencia de un terremoto en Játiva hubo peste en el litoral levantino y paso a Zaragoza y Barcelona. El médico Francisco Franco asegura que en 1523 la peste atacó Mallorca, y Valencia. Durante 1524, en Játiva hubo peste de landres, y Sevilla tuvo otra irrupción pestilente grave con 800 muertes al día. En 1527 se repite la peste en Játiva, desde donde pasó a Aragón. El garrotillo (difteria) llegó a España en 1530 procedente de Italia y Astracán, que atacaba la garganta de sus víctimas como el garrote del verdugo. Entre 1527-30 hubo peste general y en los años 1539-40 fue Castilla la región asolada, coincidiendo con años de malas cosechas. En 1533 la peste asola Aragón y en 1542 se produjo una plaga de langostas bermejas y pestilentes de Turquía. En 1551 un trigo corrompido trajo la epidemia a Valencia y cuatro años después viruela y sarampión. En 1557 otro contagio, atribuido a los moriscos, surgió en Granada y al año siguiente en Murcia y en toda la costa catalana, extendiéndose luego por Aragón y Castilla, a la que se añadió el tifus exantemático, conocido por entonces como tabardillo (tifus). En 1560 la peste llega a Burgos y pasa a Barcelona y en 1564 a Zaragoza por la compra de ropa francesa. En 1580 acontecieron catarros mortales en Madrid y Barcelona, y viruela en Sevilla. La peste se instaló de forma casi endémica en el sur peninsular, y se desplazó a Extremadura y León. Entre 1583 y 1638 hay seis oleadas de peste en España. La peste fue estudiada por Luis Mercado (Valladolid), y Juan de Villarreal quien describió la enfermedad por contacto, aunque esta no se propagaba por hálito ni se diseminaba por el aire. Toledo hizo frente a la viruela y llega a Madrid en 1587 y Burgos, donde hizo estragos durante tres años consecutivos. Por ello, Felipe II encargó a su médico de cabecera, Luis de Mercado, que escribiera un tratado sobre la peste. Al estar escrito en latín, Felipe III, al ocupar el trono, ordenó traducirlo al castellano para que todo el mundo lo entendiera. En 1589 la peste llega a Barcelona, y a Sevilla desde 1594-97 y en 1596 se propagó desde Vizcaya a Castilla, terminando el siglo con el contagio flamenco de 1599 que trajo la peste bubónica desde Santander, ciudad que sufriría una epidemia conocida como la peste atlántica. De 1598 a 1603 la peste afectó a casi toda la península y causó medio millón de muertos. En mayo de 1599, el cronista Luis Cabrera de Córdoba informa que la epidemia no había llegado a la Corte, pero si a Triana, Ponferrada, Galicia, Burgos y Estella. Dos meses después habían muerto en Sevilla cinco mil personas.

Luis Sánchez Granjel se refirió a las tres epidemias de peste bubónica de España citando la primera que se inició en 1599 y duró hasta 1603. La segunda fue la mortífera peste de 1649, y la tercera, la que comenzó en 1676 en el puerto de Cartagena tras el desembarco de ropas procedentes de Inglaterra, de donde paso a Murcia y Totana.

En 1601, Felipe III, el Piadoso, traslada la corte a Valladolid, y provoca el descontento de los cortesanos, quienes no pararon de conspirar hasta que volvió a Madrid en 1606. En junio de 1601, la peste en Sevilla causa 8000 muertes en dos meses. A Valladolid la peste no había llegado, así que el cardenal Guevara decidió permanecer en la Corte y no tomó posesión de la sede de Sevilla, aunque destinó 2.000 ducados cada mes para el hospital sevillano donde curaban a los apestados. En Valladolid se mandaron poner guardas en las puertas de la ciudad para que no entraran en ella viajeros de Sevilla ni Badajoz.

La peste de 1646-52 se propagó por España desde varios puertos andaluces. En 1647 se declaró la peste en Alcalá de Henares y en junio en Valencia (16.000 muertos), de donde pasó a Castellón y al Maestrazgo aragonés, luego a Murcia y Cartagena. En 1649 asoló Sevilla dejando su población en la mitad, luego pasó a Córdoba, Málaga, Cádiz, Calatayud, Monreal del Campo y La Almunia. Para combatir la epidemia de Valencia, se ordenó que en las puertas de acceso a Madrid se mojaran en vinagre las cartas y documentos que provinieran de allí y además que la correspondencia procedente de Alicante y Orihuela fuese a la Corte directamente sin pasar por Valencia. Se prohibió que ninguna persona de cualquier calidad y condición que hubiera estado un mes en las ciudades de Sevilla, Málaga, Cádiz, Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, La Algaba o Valencia, penetrara en Madrid bajo ningún pretexto ni trajera de los referidos lugares ropa ni ninguna otra cosa de cualquier género que fuera. Además, se ordenó que ninguna persona admitiera en su casa, posada o mesón a nadie que viniese de dichos lugares. El castigo para los infractores del bando era pena de muerte y confiscación de todos sus bienes. En el 1649 los arrieros que transportaban 2.800 quintales de azogue desde Almadén tuvieron que descargarlo en Alcalá del Río al no poder acceder a Sevilla por la peste. En 1666 se produjo otra plaga en Sevilla, aunque la tercera peste más relevante del siglo tuvo lugar en 1676, en el puerto de Cartagena, tras el desembarco de ropas procedentes de Inglaterra. De allí pasó a Murcia y Totana. Le siguió otra en 1678 en Málaga (traída desde Orán), que pasó a Granada, Antequera, Ronda, Motril, Orihuela y El Puerto de Santa María.

Durante la Edad Media la vida estaba amenazada, con una duración media baja, una mortalidad alta, y a pesar de los muchos nacimientos el aumento de la población era escaso. La poca higiene personal y su falta en las ciudades propiciaban la difusión de enfermedades contagiosas como la lepra, traída de oriente por los cruzados. Al leproso se le imponía un atuendo distintivo en un acto ritual en la iglesia, también llevaban unas pequeñas tablas en la mano que golpeaban para avisar a la gente de su paso. La iglesia católica se desvivió en su auxilio y la sociedad los socorrió con muchas obras de caridad. El sacerdote Jozef de Veuster (1840-89, conocido como padre Damián, misionero de la Congregación de los Sagrados Corazones, para la Iglesia es el apóstol de los leprosos. Murió contagiado de lepra, y desde el 11/10/2009 es san Damián de Molokai (isla de Hawái).

Durante el caos producto de la peste se produjo un notable aumento del pillaje, bandolerismo, revueltas sociales, y robos de muebles, dinero, joyas y efectos personales de las viviendas donde habían muerto sus moradores, y en los conventos. Las juderías y peregrinos sufrieron toda clase de desmanes por ser considerados los causantes de todos los males. Los crímenes y fechorías fueron comunes en las pequeñas poblaciones, y sus gentes huían a lugares más seguros. Los reyes de España durante la epidemia fueron: Reino castellanoleonés (Alfonso XI, el Justiciero y su hijo Pedro I, el Cruel). Corona de Aragón (Pedro IV, el Ceremonioso). Reino de Navarra (Carlos II, el Malo). Reino nazarí de Granada (Yusuf I y Muhammad V). Para que aumentara la población estos acudieron al papa Clemente VI para que dispensase a quienes quisieran contraer matrimonio dentro del tercer grado de consanguinidad (tíos, sobrinos). Al haber quedado vivos pocos matrimonios, Pedro IV autorizó a las viudas a casarse antes del año de llevar luto.

A finales del XIX aparece en España el cólera, y en sus cuatro pandemias entre 1831-85, mueren 800.000 personas (en una población de 15 millones).

La mal llamada “gripe española” (virus influenza A del subtipo H1N1) irrumpió en enero de 1918 hasta diciembre de 1920. El origen tuvo lugar en el Estado de Kansas, y se transmitió a través de los soldados norteamericanos que vinieron a combatir a Europa durante la I Guerra Mundial. Sus efectos fueron devastadores. En España resultaron afectados cerca de 8 millones de personas, con más de 200.000 muertes.

En el 2019 todos los que hoy podemos leer esta entrada del blog conocimos el desastre producido por el COVID-19.

USO DE POR QUÉ - PORQUÉ - PORQUE - POR QUE

La clave está en si es una pregunta, una respuesta, un sustantivo o una combinación de preposición más pronombre. Las dos únicas variantes...