Mostrando las entradas para la consulta felicidad ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta felicidad ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de mayo de 2022

LA FELICIDAD

     


Para comenzar mencionaré las diferencias entre los verbos ser y estar, ya que no es lo mismo estar feliz, que ser feliz.

Ser se utiliza para:

  • Describir la personalidad y el carácter (género, raza…).
  • Relacionarse con la identidad de un objeto o persona.
  • Hablar de una característica fundamental o permanente.
  • Indicar la fecha en que sucederá algún evento.
  • Referirse al aspecto físico y al qué de un objeto o persona.

Estar se utiliza para:

  • Representar el estado de ánimo y las emociones.
  • Expresar características temporales, e indicar una ubicación.
  • Tratar la condición o el aspecto del cómo de un objeto o persona.
  • Describir un estado percibido como diferente a otro estado de la misma cosa, de aquí su carácter más enfático y emocional que el verbo ser, por ser un verbo más subjetivo.

En la química de nuestro cerebro existen unos neurotransmisores vinculados con la sensación de bienestar, plenitud, alegría o euforia. Son las endorfinas (hormonas de la felicidad), segregadas por la glándula pituitaria y el hipotálamo, con un efecto analgésico y de bienestar en el organismo. Las endorfinas se producen ante estímulos determinados y específicos, como los placeres diversos, o incluso el dolor (como atenuante natural).

El ser feliz es una actitud constante, y el fin propio del hombre. El 10 % del nivel de felicidad se debe a cuestiones externas (dinero, salud…), el 40 % está determinado por uno mismo al relacionarla más con lo que se piensa de la vida que con las situaciones vitales objetivas y el 50 % restante se debe a la genética. Podemos distinguir tres niveles de felicidad:

  • La sensible o superficial, es la experiencia de satisfacción y beneplácito a partir de los sentidos.
  • La espiritual se obtiene por el correcto funcionamiento de las potencialidades humanas en un nivel suprasensible, como la inteligencia, la voluntad, el amar, la libertad, la virtud…
  • La profunda, proviene del núcleo de identidad personal. Es una felicidad más refinada que las dos anteriores y sólo se percibe cuando el individuo capta que su propio núcleo conecta con sus valores, intereses o prioridades.

La felicidad es un concepto polisémico, por eso no existe una sola definición de su concepto.

Filosóficamente no se reduce a ser un estado de ánimo, sino que también comprende el bienestar, placer, contemplación, virtud, sabiduría, beatitud y autosuficiencia material. Las tres posturas más popularizadas de las corrientes filosóficas son:

  • Los escépticos están convencidos de que no existe o es imposible alcanzarla, por lo que ni siquiera la buscan.
  • Los limitados afirman que la felicidad no existe, que lo que existen son momentos felices.
  • Los optimistas piensan que la felicidad existe y se puede conquistar de manera definitiva.

Entre los muchos conceptos podemos decir que es:

  • Saber disfrutar de lo que se tiene. Querer ser lo que uno es, ya que es un estado ligado más al ser que al tener.
  • Un estado de satisfacción plena y subjetivo (estado emocional y autopercibido), que cada uno experimenta de manera distinta, y que puede analizarse con procedimientos objetivos.
  • Un camino a recorrer, y no una meta, hacia un momento de alegría y plenitud.
  • Un estado emocional que se genera en una persona cuando ésta alcanza una meta anhelada.
  • Un estado de ánimo positivo, vinculado con aspectos subjetivos del individuo (motivación, bienestar), por lo que para uno es una situación feliz, para otro puede ser todo lo contrario.
  • Una comodidad parcial que actúa en las actitudes y conductas de las personas.
  • Sócrates con la reflexión "Solo sé que no sé nada", educa la humildad al ayudarnos a ser conscientes de que lo que sabemos no alcanza todo lo que podemos descubrir. Su corriente filosófica busca explicar y entender la virtud y el bien. Para él la felicidad viene del interior. Al reducir nuestras necesidades, apreciamos los placeres más simples. “El secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en disfrutar de menos”.
  • Eudemonismo. Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propuestas y lograr un estado de plenitud y armonía del alma. Aristóteles sostiene que los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad de los fines humanos, el bien supremo, y el fin último y universal, y dice que consiste en tres cosas muy apetecibles, el saber, la virtud y el placer, representando cada una de ellas una forma de vida. Sostenía que todos los hombres persiguen la felicidad, que unos son felices ganando dinero, otros recibiendo honores, y otros viajando. “El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz”. Platón.
  • Cinismo y estoicismo. Ser feliz es ser autosuficiente, valerse por sí mismo sin depender de nada ni nadie, llevando una vida sencilla, acorde a la naturaleza, y basada en la razón, la virtud y la imperturbabilidad.
  • Hedonismo. Ser feliz es experimentar placer intelectual y físico y evitar los excesos pues acaban provocando angustia.
  • Los epicúreos entienden la felicidad como autosuficiencia en el placer moderado, con ausencia de dolor.
  • Los estoicos piensan en la felicidad como fortaleza en la aceptación de una existencia determinada.
  • Los racionalistas (Leibniz) afirman que la clave es conocer la realidad, para aceptar los sucesos y, por ende, ser más felices. La felicidad es la mera adaptación a la realidad (Spinoza).
  • Los utilitaristas (J. Stuart Mill) defienden un concepto de felicidad como satisfacción de los placeres superiores.
  • Los empiristas muestran que el poder de la experiencia práctica es vital para considerar algo como probable. “La razón es la esclava de las pasiones”. Es decir, en la lucha entre razón y corazón, ganan los sentimientos. (D. Hume).
  • A mediados del siglo XIX aparece la corriente “Nuevo Pensamiento” para la cual la felicidad era una actitud mental, una decisión, que el hombre asume conscientemente. Al descubrir que existen seres felices e infelices, concluyen que cuando el individuo decide aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento y construir su vida a partir de aquellos preceptos, es entonces realmente feliz.
  • Matthieu Ricard recibió el título del “hombre más feliz del mundo” por neurocientíficos de la Universidad de Wisconsin. Para él, el altruismo y la aceptación del presente son las claves para alcanzar la felicidad auténtica, pero es necesario ser perseverantes.
  • Mihaly Csikszentmihalyi, cree que la felicidad es el resultado de un estado de flujo. El flujo sería una experiencia en la que nos mantenemos muy motivados en lo que estamos haciendo, hasta tal punto que perdemos la noción del tiempo. Cuando ese estado de flujo representa un reto y conduce al crecimiento personal, también nos reporta satisfacción y felicidad.
  • Ortega y Gasset dice que es la que se produce cuando coinciden, nuestra vida proyectada (lo que queremos y buscamos ser), con nuestra vida efectiva (lo que en realidad somos).
  • Para el Dr. Seligman la felicidad tiene que ver con la satisfacción plena de las necesidades. Las necesidades básicas varían en cada uno de nosotros (Necesidad–Deseo). La capacidad de dar soluciones a los diferentes aspectos del vivir cotidiano, hace del individuo más o menos feliz. Esto se pone de relieve al entender que la frustración es la causa principal de la pérdida de la felicidad.
  • Para la psicología el subconsciente alimenta el estado de ánimo, por eso, debemos estar bien predispuestos, no ser pesimistas, admitir nuestras limitaciones y saber que no todo depende de la buena voluntad que tengamos. Así podremos discernir en qué enfocarnos, por ser una felicidad alcanzable y en qué no, por ser una felicidad inalcanzable.
  • Para R. Waldinger la felicidad se disfruta con los amigos, al compartir actividades en grupo y aceptando los cambios.

Algunas religiones están de acuerdo en que la felicidad es un estado de paz que se logra con la comunicación y la unión con DiosDesde el punto de vista de la ética cristiana, la felicidad se relaciona con el concepto de beatitud, y su punto de partida es aceptar que la felicidad máxima no puede encontrase en la Tierra, aunque San Agustín o San Buenaventura consideraban que no existe incompatibilidad entre la felicidad mundana y la celestial. Para el cristianismo la felicidad se expresa en la vivencia de las bienaventuranzas, las enseñanzas de la Biblia y en el seguimiento y comunión con Cristo.

Los budistas creen que la felicidad sólo se obtiene tras liberar el sufrimiento y vencer los deseos (con entrenamiento mental). Consideran que la felicidad duradera se alcanza al erradicar el anhelo ansioso. “No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino” (Buda Gautama). Muchas veces nos obcecamos en llegar a la meta, en conseguir, en ganar, en tener… y es precisamente todo lo que hacemos para conseguirlo lo que aporta la felicidad, ya que una vez se consigue lo que deseábamos, la satisfacción es muy breve. “Es cierto que los momentos que pasamos esperando la felicidad, son mucho más agradables y felices que los que son coronados por el goce” (Goldsmith).

Frases para la reflexión:

  • La sabiduría es la parte suprema de la felicidad (Sófocles).
  • Solo puede ser feliz siempre el que sabe ser feliz con todo (Confucio).
  • La felicidad consiste en ser libre, es decir, no desear nada (Epicteto).
  • La verdadera felicidad es disfrutar el presente, sin dependencia ansiosa sobre el futuro (M. Aurelio).
  • La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace (J. Paul Sartre).
  • La felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pocas veces ocurren, sino con pequeñas cosas que ocurren a diario” (B. Franklin).
  • Si estás deprimido vives en el pasado; si estás ansioso vives en el futuro; y si estás en paz vives el presente (Lao Tzu). Quienes piensan en el mañana o recuerdan con nostalgia el ayer solo generan ansiedad, estrés, y dejan de disfrutar el momento y la verdadera existencia.
  • La felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber ultimo y supremo que nos obliga a ser dignos de merecerla (I. Kant). La felicidad en el mundo kantiano no depende del destino ni de los demás, sino de uno mismo, de la persona, es decir, de su propio comportamiento y carácter.
  • Cuando comprobamos que hemos superado aquello que nos oprimía, es cuando somos felices (F. Nietzsche). Según el filósofo nihilista la felicidad es una especie de control que uno tiene sobre su entorno.
  • De todas las formas de precaución, la cautela en el amor es tal vez la más mortal de la verdadera felicidad” (B. Russell). El autor conocido por su influencia en la filosofía analítica, concibe el amor como un instrumento para conseguir la felicidad.

jueves, 12 de septiembre de 2024

HACIA LA FELICIDAD

  

Todo ser humano aspira llegar a la felicidad, y siempre la sitúa más allá de lo que tiene en ese momento, la ve como si fuera algo que tuviera que alcanzar, sin embargo, la felicidad se encuentra presente en todo momento, lugar y persona. Es una posibilidad del presente, algo que se tiene, y que simplemente no se ha observado, no se ha sabido experimentar, o no se sabe ver.

Se asocia a tener una casa, automóvil, salud, cariño, dinero…, y por sí sola no se comprende, pero la felicidad no llega por la cosas materiales, ni espirituales. Se es feliz sólo por un estado de conciencia, un momento en la vida del individuo, una forma distinta de sentirse, de verse a sí mismo, y a todo su entorno, así pues, no esperemos encontrarla en algún momento futuro, ni cuando consigamos tal o cual cosa, porque la felicidad está siempre en el presente, está ahora, ha estado siempre con nosotros y estará siempre en nuestras posibilidades. Pero debido a las mentes inquietas y a los corazones no entrenados, esos estados son de muy corta duración e involuntarios, y el individuo, incluso, ni siquiera llega a sospechar que por instantes ha tenido momentos de felicidad. Si dejamos correr la mente y nos sumergimos en los pensamientos, notaremos que nuestro ser interior está lleno de anhelos, deseos insatisfechos, ganas de cambiar las cosas, está siempre mirando al futuro o al pasado, y en ese agitado mundo mental interior en el que nos movemos, no existe un espacio en donde se siente tranquilamente, y observe y experimente la alegría de estar vivo, y la felicidad.

Debemos distinguir bien el impulso de la evolución y la felicidad. Cuando la fuerza que actúa es la de la evolución y nos movemos de un estado a otro, luchando por ser mejores, tener más cosas, o un mejor control sobre nosotros mismos, entonces, nuestro esfuerzo y voluntad está dedicado a la consecución de esos fines, pero en el momento que esa fuerza cesa, y observamos lo que tenemos, entra en acción la fuerza de la felicidad. El camino a la felicidad es un sendero que oscila entre la alegría de aceptar las cosas y experimentar el estar vivo en todas sus manifestaciones, y ese otro estado que impulsa al cambio, a la superación, a moverse hacia niveles mayores de armonía y realización. El equilibrio entre los dos estados es clave para la armonía individual, pero las fuerzas y tendencias que los hombres manifiestan son rumiadas en sus mentes, volviéndole incapaz de mantener un impulso continuo y sostenido hacia un ideal, impidiéndole alcanzar sus metas personales, y manteniéndole estancado en el mismo estado en que se encuentra, dando como resultado a un ser con conflictos.

Los procesos mentales dificultan al hombre percibir el presente como el único estado de conciencia que es capaz de concederle la felicidad. Aun cuando la persona puede evocar recuerdos dulces de su pasado, o sueña hechos de su futuro, la felicidad la experimenta en su presente, aunque para esto haya tenido que recurrir, a experiencias pasadas o a sueños futuros. Sin embargo, en esta búsqueda, cuando el ser humano alcanza cierta edad y siente mermadas sus capacidades para modificar, tanto su vida personal, como el entorno en que se mueve, su mente busca cada vez más a menudo, los recuerdos del pasado, volviéndose un problema, porque le incapacita para seguir resolviendo los problemas cotidianos (vivir en el pasado o en el futuro es perderse la oportunidad de seguir evolucionando).

La mente tiene una gran influencia sobre los estados de ánimo, y su patrones de conducta son el resultado de las asociaciones que hace incitadas por las experiencias. Para disfrutar de la felicidad hay que estar integrado, por lo que debemos abocarnos a la tarea de la integración consciente, permaneciendo con la atención mental y emocional en lo que su cuerpo físico está realizando (esto debemos hacerlo regularmente). Ser feliz representa la alianza entre el ser y el entorno, cuando la mente y las emociones están atentas a los mensajes del mundo físico existe integración; cuando el ser humano desfasa sus pensamientos mandándolos hacia un pasado o un futuro (para fugarse de una realidad insatisfactoria), decimos que el ser humano está desintegrado. Sin embargo, es tan fuerte la tendencia del hombre a perderse en laberintos mentales, que es preciso dar unas técnicas que le permitan volver a su estado ideal del presente, con unos principios o claves universales, que le dejen afianzarse en su presente y aprender a disfrutarlo como:

Lo que recibo hoy es lo que sembré ayer, y lo que siembre hoy será lo que reciba mañana. Como ley universal, ésta se cumple en todos los niveles y reinos. El hombre ha logrado construir una sociedad, que, dentro de sus conflictos, problemas y crisis, presenta opciones para seguir caminando hacia estados más armónicos. Si observamos a la humanidad actual y vemos que un ochenta por ciento de las personas no son sino el fruto de las mismas condiciones bajo las cuales su vida se desarrolla; sus emociones no son sino aprendizajes que ha tenido que llevar, gracias a la convivencia forzada por su familia o amistades. La evolución del hombre impulsa a la humanidad a avanzar hacia terrenos desconocidos, pero los obstáculos que el camino presenta van marcando la pauta por la que la humanidad seguirá su curso, y si el ochenta por ciento no son sino el fruto de la sociedad, con sus conflictos y problemas, la esperanza está en ese veinte por ciento que da las pautas a seguir al resto de la humanidad. Es indispensable, que los que han encontrado una solución a los conflictos, tomen acciones concretas que permitan la reeducación de la humanidad. Las sonrisas engendran sonrisas y las lágrimas engendran más lágrimas. Cierto es que las lágrimas, en ocasiones, nacen de una profunda felicidad, pero, en esos momentos, las lágrimas no hacen sino desmoronar las limitaciones, creencias y los valores que impedían alcanzar una felicidad; las lágrimas son el resultado de la resistencia que hace el ser humano por evitar ser feliz.

Yo soy un ser único, nadie me comprende mejor que yo, ni sabe lo que yo necesito mejor que yo. A lo largo de la vida seguimos los ejemplos dejados por otros, y somos impulsados por los comentarios que nuestras familias, amistades, o personas importantes para nosotros. Los consejos de otros los escucharemos con respeto, pero entendiendo que nuestras vidas son únicamente nuestras y que en el camino cada paso que damos nos acerca o aleja de la meta que nos hemos definido. Si queremos la felicidad, busquémosla con nuestras acciones, cuidemos cada uno de nuestros pasos, para que la respuesta que obtengamos del otro sea la que esperamos. El ser humano es único en sus características personales, pero vive inmerso en la sociedad, y por su continua interacción individuo-colectividad, se produce un estado que puede llevar a la felicidad permanente, o bien, a un estado conflictivo que atrapa al ser y lo lleva a vivir una vida miserable. Muchos individuos sufren estados permanentes de desarmonía y al verse incapaces de romper esas largas cadenas de sufrimiento, buscan otras opciones, entran en acción los mecanismos de defensa y aparecen las patologías. Todos los juicios que otras personas elaboran acerca de nosotros son parciales, incompletos, y fruto de su propia percepción de la realidad, como la que nosotros tenemos de ellos, por lo que, así como sus juicios no son válidos acerca de nosotros, tampoco los nuestros serán válidos para ellos.

Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla. El hombre es responsable de su vida, y de la búsqueda y esfuerzo por hallar lo que busca. La diferencia entre la felicidad que proviene de la integración en el presente y la que se logra mediante el haber alcanzado ciertos objetivos, o el haber sucedido ciertas cosas, reside en la permanencia de la primera y en la temporalidad de la segunda, pues la felicidad sigue dependiendo de que las condiciones externas se mantengan y no cambien. La felicidad es una experiencia real, vivida, y experimentada únicamente por el ser, e imposible de ser transmitida a los demás; sólo se comprende tras haberla experimentado, aunque no puedas describirla. Para unos es una palabra mágica que se pierde en algún sueño, pertenece a otro mundo y, por lo mismo, inalcanzable. Para otros está tan devaluada, que afirman que son felices, aun cuando internamente viven en un mundo lleno de angustias, temores, e inestabilidades emocionales. La felicidad se encuentra siempre al alcance de todos los que se atrevan a vivir en el presente y disociar perfectamente los dos aspectos que la misma naturaleza humana les presenta (el impulso de la evolución y la necesidad de aceptación).

Estoy al servicio de la humanidad. Todo lo que yo haga, diga, piense o sienta, servirá para la gloria o perdición de la humanidad. Mi misión en la vida es ser feliz y hacer feliz a los demás, de aquí que los esfuerzos sean en beneficio de la humanidad. Al decidir tomaré en cuenta el beneficio del mayor número de personas.

Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. La persona da todo el valor al momento presente y resta importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Adornemos el rostro con la sonrisa, y los ojos prestos a mandar una mirada de amor, porque así estaremos reflejando la serena armonía de quien camina por el sendero de la felicidad.

Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Las influencias ajenas son sólo eso, influencias, y él, en el amos y paz interior, es el único que decide qué hacer en ese instante.

Mas allá de estos principios, está el pasado, el presente y el futuro, que se asemejan a una bifurcación de caminos:

  • El del medio es el presente, es un sendero firme, quieto, no se mueve, es el hombre el que camina y avanza sobre él.
  • El de la derecha es el del futuro, el de los sueños, fantasías, angustias y temores. Este lleva al hombre al futuro, es el sendero el que se mueve y después da vuelta sobre sí mismo, dejando al hombre con la sensación de no haberse movido ni un milímetro del lugar en que se encontraba.
  • El de la izquierda se mueve hacia atrás, y sumerge al hombre en las tinieblas, presentándole imágenes fantasmagóricas, alguna agradables y otras desagradables. Este camino también se mueve, aunque más lento, y en donde las escenas se vuelven más dolorosas o agradables; parece como si el sendero se detuviera unos instantes mientras las imágenes embelesan a la persona, y, repentinamente la persona regresa estrepitosamente al sendero original del presente.

Estados de energía:

  • Los estados de baja energía. Son los estados negativos, llámense depresiones, angustias, nervios, temores u otro similar; en los estados de baja energía, las personas a su alrededor sienten un desgaste energético por la simple interacción con las personas que se encuentran con baja energía.
  • Los estados de alta energía. Por el contrario, en los estados positivos, tales como la felicidad, el optimismo, el amor, la comprensión o la unidad, la persona se convierte en donante, y las que se encuentran a su alrededor, son beneficiarias de la energía que esas personas acumulan y generan.

Todo el mundo rehúye de las personas con bajas energías, porque es muy dañino convivir con ellas; en cambio, las donantes de energía serán buscadas y nunca les faltará amistades para relacionarse. Los estados de alta energía son los deseables, son los estados a los que aspiramos llegar, porque producen beneficios para todos los que los rodean, mientras que los estados de baja energía sólo producen conflictos, problemas e interrupciones en las relaciones armónicas.

La persona que se preocupa por cosas que ya pasaron y acerca de las cuales nada puede hacer, vemos que mentalmente se encuentra ligada a un pasado que le lastima. Por otra parte, las angustias ocasionadas por hechos que se encuentran en un futuro próximo o lejano, son zonas mentales que desgastan energéticamente a la persona. La persona que modifica sus estados de ánimo, simplemente por mantener activada esa zona de su mente que tiene que ver con su pasado o su futuro, gasta toda la energía que tiene disponible para trabajar en su presente y la imposibilita a actuar adecuadamente. Hacer una cuidadosa valoración de las experiencias pasadas para extraer de ellas las lecciones que podamos emplear en el presente, es una gran inversión de sus energías, y la acción es la primera etapa del camino.

Para terminar decir que la felicidad la podemos basar en el amor, el trabajo, la cultura y la amistad. Hemos de cultivar los cuatro pilares, ordenando la vida con vínculos sanos, alimentando la mente y rodeándonos de personas que sumen:

  • El amor auténtico es entrega, respeto y comprensión, y le debes cultivar con ternura, comunicación y pequeños gestos.
  • El trabajo ayuda a tener rutinas y prosperar. El esfuerzo y la responsabilidad nos ayudan a crecer, sentirnos útiles y conectados a un propósito.
  • La cultura es el alimento del alma y clave para abrir nuestra mente, nos da criterio y nos enseña a pensar por nosotros mismos.
  • La amistad verdadera se basa en la lealtad, la confianza y la alegría compartida. Un buen amigo te comprende e impulsa a ser mejor.

viernes, 14 de abril de 2023

LOS VALORES

Desde que el hombre existe, todo lo que fue, es y será, por el mero hecho de existir, tiene su propio valor.

Los valores están presentes en todo momento y lugar, pues el hombre siempre está valorando, las cosas o situaciones que imagina, o hace frente. Un simple objeto, cosa o persona, tiene uno o varios valores, ya que algo puede ser útil, además de bonito o feo. El criterio para darles valor, es subjetivo, el valor no cambia, son las personas quienes en unas épocas dan importancia a un determinado valor y en otras varían o desaparecen.

Las cualidades personales, virtudes, y habilidades, son términos interrelacionados entre sí y forman parte del ser humano, pues son características definitorias de algo o de alguien. Los términos cualidades y virtudes se utilizan indistintamente. Una cualidad se identifica con cada uno de los caracteres, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas, y se relaciona con el modo de ser, desde un punto de vista positivo. La virtud es la eficacia para mantener o restablecer un modo de actuar basado en unos principios y valores. La habilidad se considera una destreza en el modo de proceder.

El valor es la convicción que tiene cada ser humano de que algo es bueno o malo, o de que algo conviene o no.

Todo lo que uno considera importante se relaciona con sus valores individuales, y guía su conducta. El valor en el plano:

  • Humanista, es lo que hace que un hombre sea hombre, y así, se considera valor decir la verdad o ser honesto.
  • Socio-educativo, son referentes, pautas o guías que orientan la conducta y la vida de cada individuo y grupo social.
  • Realista es real y, por tanto, valores y bienes son una misma cosa.
  • Idealista es ideal y objetivo, vale con independencia de las cosas y estimaciones personales, por lo que, aunque todos fuésemos injustos, la justicia seguiría teniendo valor.

De posturas tan diferentes, surge el debate entre los términos valor y valoración. La argumentación se basa en que los valores no existen, lo que existen son valoraciones. Nada es valioso por sí mismo, sino en la medida en que el hombre le atribuye un valor.

La ley establece lo elemental para asegurar una convivencia mediocre, pero los valores van a la raíz del ser, y cambian a una persona, familia o nación. Pero para que un valor se considere tal, además de ser absoluto (no está ceñido a ningún hecho social, histórico, biológico o individual: bondad), inagotable (no hay, ni ha habido quien agote: nobleza), y objetivo (se da en las personas o cosas, se les conozca o no, aunque su valoración es subjetiva), tiene que poseer:

  • Dinamismo y durabilidad. Se trasforman con los tiempos y unos son más permanentes que otros.
  • Integralidad. Son abstractos y se aferran y toman significado en el pensamiento y la mente.
  • Flexibilidad. Cambian con las necesidades y experiencias personales.
  • Polaridad. Su práctica desarrolla la humanidad personal, mientras que el contravalor la despoja de ella.
  • Jerarquía. Los hay superiores (dignidad), e inferiores (relacionados con las necesidades básicas), pero no son rígidos.
  • Trascendencia. Dan sentido y significado a la vida, y se difunden por lo que son, y no por lo que se opine de ellos.
  • Complejidad. Obedecen a causas diversas y requieren juicios y decisiones.
  • Independencia e inmutabilidad. Son lo que son y no cambian.
  • Aplicabilidad. Se práctica con las acciones y reflejan los principios de las personas.

Clasificación. La más común discrimina valores lógicos (verdadero), éticos (cualidad específica) y estéticos (literarios). Otras diferencian entre objetivos y subjetivos; inferiores (económicos y afectivos), intermedios (intelectuales y estéticos) y superiores (morales y espirituales); agradables y desagradables; vitales, religiosos o trascendentales, pero sea cual sea su autor y clasificación, todas engloban la categoría de valor ético y moral, y se refieren a las aspiraciones humanas, que se pueden clasificar en necesidades:

  • Primarias, las fisiológicas que todo ser humano tiene que satisfacer.
  • De seguridad, o el temor a ser relegado por los demás.
  • Social, cuando el núcleo familiar ya no es suficiente para el desarrollo personal y tendemos a formar nuevos grupos.
  • De autorrealización, para encontrar un sentido a la vida o luchar por un ideal.

El valor moral, es todo lo que lleva al hombre a crecer en su dignidad de persona y hacerlo más humano. Se puede tener buena o mala salud, más o menos cultura, pero esto no afecta directamente al ser hombre, sin embargo, mentir, usar la violencia o defraudar, lo deshumanizan. Los valores morales surgen, sobre todo, por influjo del seno familiar, y la relación con personas significativas (amigos, maestros). Hay que cuidar el modelo y ejemplo que se dé al niño, pues, se explica lo que se sabe, pero se enseña lo que se es.

Los valores infrahumanos, son los que perfeccionan al hombre en aspectos inferiores, y que comparte con los animales, como el placer, la fuerza, la agilidad, la salud…

Los valores inframorales, son los exclusivos del hombre, como la riqueza, éxito, arte, prosperidad, prestigio, autoridad...

Los valores instrumentales o extrínsecos, son comportamientos alternativos con los que conseguimos los fines deseados.

Los valores terminales, son las metas que al individuo le gustaría conseguir a lo largo de su vida.

La conciencia moral está integrada por un elemento intelectual (que juzga, aprueba o desaprueba el acto), un elemento afectivo (responde de los sentimientos a ese acto) y otro volitivo (que tiene una tendencia natural al bien). La podemos clasificar como:

  • Verdadera, cuando dictamina objetivamente lo que es bueno o malo, y errónea si no puede hacerlo.
  • Cierta, si el juicio es firme y seguro, probable si hay otras alternativas, y dudosa si el juicio moral se suspende ante la duda.
  • Perpleja, cuando existe colisión de deberes.
  • Justa, cuando se juzga de manera adecuada el acto moral.

Los actos humanos, son conscientes, libres, y originados en la inteligencia y la voluntad. Son el objeto material de la ética y los que pueden ser juzgados como buenos o malos desde el punto de vista moral. Los actos del hombre, carecen de conciencia, o de libertad, o de ambas (la digestión). Sólo pertenecen al hombre porque él los ha ejecutado, pero no son humanos porque su origen no está en el hombre en cuanto a hombre, sino en cuanto a animal, y por tanto son actos amorales.

Valores

El primero de los valores es la vida, de la que emana la dignidad del ser humano, y de esta y la vida se desprenden otros, como la libertad, justicia, respeto, salud… que son positivos y crean un valor antagónico o contravalor. Algunos son:

Alegría. Toda persona es capaz de irradiarla, y su fuente más común, profunda y grande es el amor. El entusiasmo surge de la alegría interior y el optimismo frente a los proyectos, tareas y actividades pendientes. Influye positivamente en el ambiente circundante, pues contagia de buen ánimo a las personas.

Amistad. Relación afectiva entre dos o más personas. Relacionada con la afinidad, confianza, lealtad y reciprocidad.

Amor. Sentimiento relacionado con el afecto y el apego, que todos necesitamos, y que todos podemos dar.

Bondad. Es la cualidad de hacer el bien, especialmente si es en función del bienestar de otros. La persona bondadosa tiene una propensión natural para ejecutar actos nobles. Esta muy relacionada con la generosidad o capacidad de compartir lo que se tiene con otros de forma desinteresada, ya sean recursos materiales, tiempo propio o conocimientos.

Comprensión es la capacidad de percibir, entender y valorar el punto de vista de los otros, sus circunstancias o posibilidades antes de emitir un juicio. Es fundamental a la hora de brindar una retroalimentación. La severidad es juzgar a los demás de manera rígida, haciendo prevalecer el cumplimiento de las normas por encima de los procesos humanos. Quienes así actúan, intimidan a las personas, minan su autoconfianza y atentan contra los procesos de aprendizaje y adaptación.

Decencia. El valor que nos recuerda la importancia de vivir y comportarse dignamente en todo lugar.

Decisión. Es elegir entre lo que consideramos correcto o no. Nos impide tomar decisiones:

  • La falta de confianza, inseguridad, y miedo a lo desconocido. Hay que distinguir una decisión (que hacen frente a los motivos), de un problema (son motivos que hemos de identificar).
  • No esforzarse por conocer el mayor número posible de alternativas y soluciones ante una situación.
  • La impaciencia e impulsividad, que hacen que decidamos de forma precipitada e irreflexiva.

Aunque tomar una buena decisión, es la mejor forma de lograr un buen resultado, no siempre es así. Se aconseja seguir las pautas:

  • Definir claramente la cuestión a decidir, es decir saber qué decisión hay que tomar y la importancia de tomarla.
  • Someter cada decisión a un análisis y reflexión suficientes, y considerar las consecuencias de tomar una u otra decisión.
  • Tener muy claro que resultados se quieren conseguir y la probabilidad de alcanzarlos.
  • Discriminar entre la información que es o no relevante.
  • Tomar siempre las iniciativas, con prudencia y buscando el momento oportuno, pero sin miedo al fracaso.

Diligencia. Es la rápida respuesta y velocidad en el cumplimiento de un deber o tarea pendiente (no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy).  Se relaciona con la eficiencia, eficacia, orden y disciplina. La procrastinación es lo opuesto a la diligencia, y es el hábito adquirido de postergar o posponer la respuesta o solución a las demandas del día a día, para ocupar el tiempo en cosas insignificantes.

Discreción. Es la cualidad de preservar una información delicada que puede comprometer a la propia persona o a un tercero. Se relaciona con la prudencia.

Envidia. Es un sentimiento que genera desdicha o tristeza, por no poder hacer lo que otros hacen o no tener lo que otros poseen, bien sean bienes materiales o afectivos. Este defecto, además, impide que las personas sean felices o disfruten de lo que ya tienen o han conseguido con su propio esfuerzo. La persona envidiosa generalmente descalifica lo que otros tienen porque es su manera de desahogar el malestar que le produce no tenerlo.

Esfuerzo. Ayuda a conseguir las metas, superar los obstáculos, y resistir y perseverar para conseguir el objetivo a alcanzar. Muchos padres, con tal de que sus hijos no sufran intentan evitarles cualquier tipo de contrariedad, y así contribuyen a que se conviertan en niños con personalidad débil, caprichosos e inconstantes. Si nuestros hijos se dejaran llevar por lo que les apetece, seguramente ni, ni… y, por consiguiente, en el futuro, no sabrán enfrentarse solos a las dificultades que se le presenten. Hay que enseñarles a marcar metas realistas, y hacerles ver que todo supone un esfuerzo, pero que merece la pena.

Felicidad. El ser feliz es una actitud constante, y el fin propio del hombre. El 10 % del nivel de felicidad se debe a cuestiones externas (dinero, salud…), el 40 % está determinado por uno mismo al relacionarla más con lo que se piensa de la vida que con las situaciones vitales objetivas y el 50 % restante se debe a la genética. Podemos distinguir tres niveles de felicidad:

La sensible o superficial, es la experiencia de satisfacción y beneplácito a partir de los sentidos.

La espiritual se obtiene por el correcto funcionamiento de las potencialidades humanas en un nivel suprasensible, como la inteligencia, la voluntad, el amar, la libertad, la virtud…

La profunda, proviene del núcleo de identidad personal. Es una felicidad más refinada que las dos anteriores y sólo se percibe cuando el individuo capta que su propio núcleo conecta con sus valores, intereses o prioridades.

Fidelidad. Vivirla se traduce en la alegría de compartir con alguien la vida, procurando la felicidad y la mejora personal de la pareja. La fidelidad o lealtad son dos cualidades esenciales para la construcción del bien personal y común. Implica actuar con el otro conforme a la confianza depositada. Lealtad es el sentido de respeto hacia el sentir propio y ajeno, lo que lleva a la persona a cumplir con los compromisos que ha asumido consigo mismo o con los demás. Además, la lealtad implica una defensa de los valores o creencias propios. La deslealtad puede acabar con amistades o relaciones amorosas y se relaciona con la traición. La persona desleal antepone sus intereses personales a cualquier compromiso adquirido con sus seres queridos, por lo tanto, hiere sentimientos y genera malestar. La deslealtad implica el incumplimiento de la palabra, la deshonra de los compromisos aceptados y la exposición de la honorabilidad. Todo acto de deslealtad o infidelidad se considera una traición.

Generosidad. Es compartir lo que se tiene con los demás, evitando la búsqueda del interés o provecho personal. Lo que se comparte puede ser tangible (dinero…) o intangible (ideas…). Está asociada a la solidaridad y la empatía. La mezquindad está relacionada con la avaricia y la envidia, y es uno de los defectos más deshumanizantes. Implica el apego de la persona a sus posesiones (materiales o espirituales) y el temor a compartirlas con otros. La avaricia es una debilidad caracterizada por el afán de acumular riquezas. La persona avara es capaz de hacer cualquier cosa para obtener más de aquello que quiere acumular, por lo que podría actuar con deshonestidad, irrespeto o soberbia con tal de alcanzar sus objetivos. La solidaridad nos ayuda a mejorar la sociedad y no solamente debe vivirse en casos de desastre y emergencia. Ser solidario es brindar apoyo a alguien en un caso de necesidad, incluso fuera del ámbito del grupo inmediato. El egoísmo consiste en centrar la atención solo en los propios intereses, lo que conduce a la falta de solidaridad y a prácticas potencialmente dañinas contra los demás. La solidaridad está relacionada con la empatía, pero no solo implica ponerse en el lugar de otro, sino que implica comprometerse en ayudarle, haciendo propias las necesidades ajenas. La falta de empatía o ecpatía, es la incapacidad de las personas para ponerse en la situación de los demás. Puede decirse que una persona así es también un indolente, lo que puede manifestarse como insensibilidad e, incluso, en incapacidad para interesarse por cualquier cosa, demostrando desapego absoluto. Con el tiempo, la indiferencia puede generar un comportamiento tiránico. La inflexibilidad puede referirse a dos cosas no excluyentes entre sí: por un lado, a la incapacidad para adaptarse a los cambios, y por otro, a la imposición del rigor como un valor absoluto, que resulta de la incomprensión de las circunstancias que afectan a los otros y a uno mismo.

Hipocresía. Consiste en fingir sentimientos y valores contrarios a los propios, a fin de obtener provecho a costa del engaño. Es el ocultamiento de las verdaderas intenciones. La persona hipócrita puede ejecutar una acción alegando un propósito, cuando en realidad lo está haciendo con otra motivación. Cuestionarnos el valor de nuestras verdaderas intenciones y sus posibles consecuencias puede ayudarnos a dar un paso atrás antes de actuar con hipocresía.

Humildad. El humilde tolera bien las críticas y es capaz de aprovecharlas en beneficio propio. Es la aceptación de nuestras fortalezas y capacidades, pero sin hacer alarde de ellas. La soberbia es su contravalor que implica, por un lado, que la persona se siente superior a los demás, y por el otro, no puede mejorar ni ayudar a mejorar a otros. La ingratitud aliena a la persona y la deshumaniza. Las personas ingratas, además de ser soberbias, utilizan a los demás como instrumentos para su promoción y no dan crédito a sus aportes. La arrogancia está relacionada con la soberbia. Parte del mismo principio (creerse superior), pero la arrogancia se expresa por medio de la presunción manifiesta, que busca minimizar al otro y descalificarlo para mostrar la propia altivez. Ser arrogante conlleva a sentirse superior al resto, de allí que la persona actúe de manera soberbia, prepotente e irrespetuosa. La falta de perdón es consecuencia del orgullo y la soberbia personal. La persona orgullosa no reconoce sus errores, tampoco le agrada la idea de pedir disculpas y esto dificulta sus relaciones con los demás, ya que puede herir sentimientos o resultar ofensivo por su actitud.

Integridad consiste en ser honesto y transparente en nuestras relaciones con las personas y en nuestras actividades. La persona íntegra hace prevalecer el bien en toda circunstancia. La corrupción es lo contrario a la integridad, pues una persona que no antepone el bien común y los valores en sus relaciones personales y en sus actividades es una persona corrupta y, en consecuencia, indeseable.

Justicia. Es dar a cada uno lo que le corresponde, aunque no saque nada positivo de ello y sea la única persona que lo haga.

Laboriosidad. Trabajar es sólo el primer paso, hacerlo bien y cuidando los pequeños detalles le convierten en valor.

Libertad. Valor que todos reconocemos, pero que pocos sabemos defender, o del cual podemos abusar.

Motivación es la expresión genuina de interés y alegría en el desarrollo de proyectos y actividades, especialmente cuando estos requieren de empeño y disciplina. La apatía es el desinterés, falta de entusiasmo o motivación para realizar las cosas o participar de alguna activad. La automotivación tiene que ver con la capacidad de emplazarse a uno mismo a lograr algo, más allá de los factores externos e internos que puedan afectarnos.

Paciencia. Es aprender a esperar por alguien o algo. Requiere humildad, atención y fortaleza interior. Está relacionada con la tolerancia, la disciplina, la flexibilidad y el crecimiento mutuo. La impaciencia es la incapacidad para esperar el debido tiempo que toma obtener resultados, y trae como consecuencia el maltrato del otro y el auto maltrato. La intolerancia es la falta de respeto a las personas, ideas, creencias y experiencias diferentes. La pluralidad enriquece al haber más elementos para formar una cultura, sin embargo, podemos llegar al concepto de intolerancia, que haga imposible la convivencia humana. La tolerancia, sin embargo, no debe ser confundida con lo políticamente correcto. La tolerancia es la cualidad de respetar ideas, emociones, maneras de pensar o conductas con las que no se está de acuerdo. La intolerancia es la incapacidad para aceptar a los demás como son o de aceptar sus ideas cuando estas son contrarias a las nuestras. Con mucha frecuencia, la intolerancia se expresa en actitudes abiertamente violentas, por lo que es una fuente constante de conflicto tanto al nivel privado como público.

Patriotismo. Hace vivir plenamente el compromiso como ciudadano y fomenta el respeto que debemos a nuestra nación.

Paz. Valor fundamental para las personas, las familias y las naciones.

Proactividad o iniciativa. Es tomar iniciativas y desarrollarlas, lo que demuestra la creatividad y capacidad de emprendimiento. Una persona proactiva es una persona con iniciativa. Con ella se puede confiar en que la persona hará lo necesario ante una necesidad imperante, sin esperar una situación de emergencia o la orden de un superior. Es la capacidad de iniciativa que consta en tomar acciones diligentes, necesarias y oportunas, aunque no hayan sido ordenadas. La reactividad consiste en una actitud pasiva de las personas que solo hacen aquello que se les manda cuando se les manda, es decir, que solo reaccionan. La procrastinación es un defecto que consiste en postergar el cumplimiento de los deberes y tareas. La reactividad es lo contrario a la proactividad. Se refiere a la conducta de algunas personas que solo actúan cuando es requerido por alguien.

Puntualidad. El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado. En el ámbito laboral es una cualidad muy apreciada. Expresa disciplina y orden, pero especialmente expresa respeto por el tiempo de los demás. Implica la consciencia del valor del tiempo propio y ajeno. La puntualidad es una expresión de organización, orden y disciplina.

Rencor. Es un contravalor que conlleva al resentimiento por haber sufrido algún tipo de ofensa o daño moral o físico. Las personas pueden guardar rencor por mucho tiempo, lo que es perjudicial porque puede generar algún tipo de acción vengativa, además de ser malo para nuestra salud mental y las relaciones sociales. La incapacidad para perdonar o ponerse en el lugar del otro genera un ambiente de represalia y ajuste de cuentas que no permite el crecimiento propio y que, en casos graves, puede causar daño a terceros.

Respeto. Una persona respetuosa es la que sabe escuchar y ponderar al otro con consideración, tomando en cuenta su dignidad y valía como persona, independientemente de su origen o condición. Es la base de la convivencia social y establece hasta donde llegan mis posibilidades de hacer o no hacer, y dónde comienzan las del otro. Las leyes y reglamentos establecen las reglas que debemos respetar, pero el respeto tiene que ver con la autoridad, y también es una forma de reconocimiento, de aprecio y de valoración de las cualidades de los demás. Es la consideración que hacemos de nosotros mismos, de otras personas, y de eventos o circunstancias. Mostrar respeto implica valorar al otro, por lo que es esencial para la convivencia social. La amabilidad es la cualidad de ser digno de ser amado o respetado. Las personas amables dejan su huella porque saben mezclar respeto, afecto, empatía y generosidad.

Responsabilidad. Es una obligación, moral o legal (la ley hará que se cumpla), de cumplir con lo que se ha comprometido, y tiene un efecto directo en la confianza. Confiamos en quienes son responsables, y cuando alguien cae en la irresponsabilidad, dejamos de confiar en él. La responsabilidad es la capacidad de asumir un compromiso desde el reconocimiento de las propias capacidades, y asumiendo las consecuencias que este pueda generar, por ello es importante renunciar a lo que no conviene, aunque parezca apetecible e interesante. Ser responsable es dar respuesta diligente y eficaz ante situaciones que demandan solución. Entraña sentido común, compromiso y solidaridad. La irresponsabilidad es la falta de voluntad para cumplir con una obligación. El irresponsable busca siempre la forma de excusarse o justificarse. No tiene la voluntad de hacer una tarea, pero tampoco asume las consecuencias que esto puede generar. Aunque todos podemos tolerar la irresponsabilidad de alguien ocasionalmente, no todos toleraremos la irresponsabilidad de alguien durante mucho tiempo. Para mejor la responsabilidad hemos de:

  • Percatarnos de que dependen de nosotros las consecuencias de todo sobre lo que decidimos.
  • Lograr de manera estable y habitual, que nuestros actos correspondan a nuestras promesas.
  • Educar a quienes están a nuestro alrededor a ser responsables, y no tomar el camino sencillo de dejar pasar las cosas, pues caemos en la irresponsabilidad al no cumplir nuestro deber de corregir.

Sensibilidad. Es la aptitud de percibir al otro desde la empatía y un profundo sentido de conexión humana. La persona sensible puede percibir el mundo de manera subjetiva y tiene una gran capacidad para detectar los matices emocionales propios y del colectivo.

Serenidad. Nos conserva la calma en medio de las ocupaciones y problemas, mostrándonos cordiales y amables con los demás. La seriedad implica mostrar respeto por las personas y por ejecutar las acciones con responsabilidad. La seriedad es una cualidad valorada en el ámbito empresarial porque implica un conocimiento profundo de las implicaciones que tienen las decisiones tomadas.

Sinceridad. Debemos vivir para tener amigos y ser dignos de confianza. Ser sincero es parte fundamental del respeto. La sinceridad debe ser gobernada por la caridad y la prudencia, lo que quiere decir que habrá momentos para decir las cosas tal como son y otros en que será más respetuoso callarse. La prudencia es el don de callar, hablar o actuar solo cuando es necesario, lo que implica un proceso de discernimiento. Es actuar con moderación, cautela y precaución. Las personas prudentes son comprensivas y no hacen preguntas impertinentes, ni curiosean en la vida del otro. La prudencia es la capacidad de pensar y actuar tomando en cuenta los riesgos que pueden acarrear nuestras palabras o acciones antes de su ejecución. Por ello, una persona prudente también es discreta. Ambas condiciones generan confianza y respeto. Los imprudentes suelen ser indiscretos con la información que manejan y, con frecuencia, son percibidos como irrespetuosos. La indiscreción es un defecto semejante a la imprudencia. Una persona indiscreta es incapaz de reservar una información que puede ocasionar problemas de diferente tipo, no solo a terceros sino incluso a sí mismo.

Sociabilidad. Es el camino para mejorar la capacidad de comunicación y adaptación en los ambientes más diversos, pues facilita establecer buenas conexiones y relaciones personales respetuosas y dinámicas. Acompañada del respeto y la determinación personal, la sociabilidad permite captar la atención de los demás, inspirar su confianza y motivación y facilitar negociaciones. La timidez es un rasgo de personalidad que dificulta a la persona la socialización. La afabilidad es el trato amable y cordial, que hace a las personas sentirse respetadas y queridas. Es una de las cualidades que más efectos positivos genera en nuestra relación con los demás.

Templanza. Es la capacidad de mantener el dominio propio respecto de los impulsos, instintos y pasiones que pueden ponernos en peligro o dañar a terceros. Una de las dimensiones más importantes de la templanza es que nos protege de los arrebatos de la ira y la rabia. Hay personas que rápidamente despiertan su ira tras cualquier evento o circunstancia. La ira conlleva a acciones violentas que generan daño. La persona iracunda puede gritar, ofender, irrespetar e incluso, agredir físicamente a otros.

Valentía. Es el impulso para actuar ante situaciones abrumadoras. Implica determinación, fortaleza y confianza. La determinación es la cualidad de pensar y actuar de manera independiente de un grupo, siendo coherente con las creencias propias. La determinación implica por un lado claridad y constancia en los objetivos propuestos, y por otro la capacidad de tomar decisiones coherentes (la coherencia nos hace ser personas de una pieza, actuando de acuerdo a nuestros principios), y oportunas. La esperanza es la actitud de confianza en el futuro, en medio de las circunstancias presentes menos alentadoras. Desesperanza o pesimismo es la respuesta de una persona que ha perdido toda confianza en el futuro, ya que la ansiedad domina en ella e impide visualizar el carácter temporal de toda aflicción. Trae como consecuencia el abandono, el desánimo y la depresión. La confianza en uno mismo es condición indispensable en toda actuación sobresaliente, pues facilita el proceso de toma de decisiones, lo que influye en que los conflictos se resuelvan de manera más eficiente. Un exceso de confianza en sí mismo, produce arrogancia, agresividad o prepotencia. La desconfianza es la creencia de que las demás personas nos van a fallar, o de que las circunstancias no serán favorables para el logro de un objetivo. Una persona que desconfía de quienes le rodean está subestimando sus habilidades. Esto puede generar la necesidad de controlar lo que hacen los demás, generando malestar en el entorno. La inseguridad nace de la poca confianza en nuestro carácter o en la calidad de nuestros dones, lo que inhibe la conducta y conduce al aislamiento. Las personas inseguras tienen mucha dificultad en darse a conocer, lo que trae como consecuencia la incapacidad para atraer la atención positiva de los demás. Es la sensación de ser vulnerable ante las circunstancias, por lo tanto, nos resta poder de decisión y de acción ante lo que sucede. Una persona insegura va a dudar de todo lo que diga y haga, nunca va a estar satisfecha con los resultados y se enfrentará a los retos con nerviosismo. La indecisión es una señal de inseguridad y ambivalencia. La cobardía es la falta de valor para hacerle frente a los retos de la vida. Por lo general, una persona cobarde es también insegura, ya que duda de sus propias capacidades para resolver una situación. Una persona cobarde puede evitar asumir una responsabilidad e incluso, puede culpar a otros de sus errores por temor a enfrentar la realidad.

Venganza. Es una respuesta cargada de violencia que va en contra de cualquier valor moral o ético. Surge de un sentimiento de humillación, pérdida o dolor tras haber experimentado un grave acontecimiento. Sin embargo, es una respuesta negativa que puede llegar a ser destructiva.

Verdad. Vinculada a la honestidad, implica el tener la veracidad en las palabras y acciones. Da sentido al respeto ante los demás. Se orienta en la conciencia moral y abarca la confianza de la sociedad, donde todos nos necesitamos para vivir en verdad. La honestidad es el valor de ser consecuente con la verdad y la corrección de la conducta. Implica respetar al otro, no engañar a nadie y mostrar coherencia entre lo que se predica y lo que se hace. La deshonestidad (corrupción en lo público) es la falta de corrección en la conducta basada en el engaño. La sinceridad está vinculada con la honestidad, pero si una persona hace gala de su sinceridad sin prudencia, puede llegar a ser cruel o inapropiada con los demás.

Para vivir los valores. Analiza qué valores son la base de la vida, y organízalos en dos grupos, los que tienes, y los que quieres tener, y medita sobre los principios, normas y comportamientos para ser o vivir mejor. Para ello en una hoja, escribe la fecha y traza dos columnas. En la primera, escribe los fundamentales para ti, sin importar el orden, o si los vives o no. En la segunda escribe los que aprendiste de niño, los que has aprendido con la vida y los que has aprendido últimamente pero que no sueles vivir. Luego dibuja un triángulo y escribe en cada vértice: Mis más (los valores que ya tienes y vives continuamente); Mis menos (los defectos que tú conoces, y que te impiden vivir mejor los valores); Lo preferido o lo que quiero ser (los valores que desearías vivir).

Después haz un plan, con tres apartados: anual, mensual y diario.

En el anual escribe lo que esperas lograr en un año, los valores concretos que quieres alcanzar (incluye los que ya vives y los que quieres vivir).

Cada mes tendrás una actividad, que debes revisar, establecer los valores con su actividad diaria y reflexionar sobre los resultados. Si un mes no te fue muy bien, no te preocupes, vuelve a ponerlo en tu plan diario y analiza por qué no pudiste cumplirlo (falta de tiempo, constancia, olvido…) y establece medios para corregirlo.

En el apartado por día, escribe: Lo que vivo y debo reforzar; y lo que me falta. Establece una meta concreta diaria (es mejor hacer una pequeña diaria, que grandes acciones muy de vez en cuando) de los valores que vas a reforzar y los que quieres vivir. Una meta concreta diaria puede ser, llamar por teléfono a alguien que llevas meses sin acodarte, para fortalecer la amistad. Haz un examen diario de diez minutos y reflexiona, sobre cómo te ha ido el día, si cumples la meta diaria, qué te falta y qué has hecho.

Los valores se educan en la familia y esta debe ser el modelo principal para los niños. Si se empieza por enseñarles a esforzarse en cosas pequeñas cuando sean mayores serán capaces de hacerlo con las dificultades que la vida les va a deparar. Son los padres los que deben propiciar el descubrimiento de valores, y para ello:

  • Le haremos ver la cara positiva del esfuerzo. Provocaremos ocasiones en las que los hijos se tengan que esforzar (comer algo que no le agrade, realizar alguna tarea de casa que les resulta algo molesta…).
  • Les diremos que lo que se empieza hay que terminarlo y que no se deben hacer chapuzas. Al principio les ayudaremos a ser realistas antes de comenzar algo y enseñarles a prever las consecuencias de sus actos y decisiones.
  • La disciplina y el esfuerzo van unidos. Es aconsejable tener un horario, cumplir unas normas en casa, realizar algún deporte, implicarlos en el cuidado de los hermanos...
  • Los niños al principio no saben poner nombre a lo que a veces les ocurre y por ello los padres deben ayudarles no sólo a descubrirlo, sino también a encontrar la forma de superarlo, además de ayudarles a vencer la impaciencia, superar el aburrimiento, la indecisión, los impulsos, los cambios de humor...
  • Para mejorar la integridad personal, reconocer nuestros fallos, limitaciones y defectos y estar siempre dispuesto a mejorar, aunque suponga una lucha constante. Normalmente, hacer lo que está bien o lo que nos corresponde hacer en cada momento es difícil, porque se aleja de lo cómodo y requiere empeño y esfuerzo.

La conciencia de uno mismo constituye una especie de barómetro interno que nos dice si la actividad que estamos haciendo o que vamos a hacer, merece la pena. Los sentimientos nos acompañan siempre, pero solamente nos percatamos de ellos cuando nos desbordan. Los sentimientos nos proporcionan una imagen global de toda situación y si hay discrepancias entre nuestros valores y sentimientos, el resultado será una profunda inquietud en forma de culpabilidad, vergüenza, duda, inquietud o remordimiento, que generan sentimientos que pueden acabar minando nuestro esfuerzo. A las personas incapaces de reconocer sus propios sentimientos, le llegan al cuerpo mensajes en forma de jaqueca crónica, dolor lumbar o ataques de ansiedad.

En un mundo tan cambiante vemos que la flexibilidad o posibilidad de adaptarse al cambio es más importante que la experiencia. Para lograr el éxito practicaremos las competencias emocionales más relevantes que se engloban en:

  • Iniciativa o prontitud para actuar cuando se presente la ocasión.
  • Influencia o utilización de tácticas de persuasión eficaces.
  • Habilidades de equipo o capacidad de crear la sinergia grupal en la consecución de metas colectivas.
  • Habilidades sociales o capacidad para inducir respuestas deseables en los demás.
  • Innovación o comodidad y apertura a las nuevas ideas, enfoques e informaciones.
  • Integridad o contraer la responsabilidad de nuestra actuación personal.
  • Liderazgo o inspirar y dirigir a grupos y personas, con capacidad de negociar y resolver conflictos.
  • Motivación de logro o esfuerzo para mejorar o satisfacer un determinado criterio de excelencia.
  • Motivación o tendencia emocional que guía o facilita el logro de nuestros objetivos.
  • Optimismo o persistencia en la consecución de los objetivos a pesar de los obstáculos y contratiempos.
  • Autocontrol, el que fracasa soporta mal la presión y tiende al mal humor y los ataques de cólera. El que triunfa no pierde el equilibrio en situaciones tensas, sino que aun en medio de la crisis mantiene su serenidad. El fracasado reacciona defensivamente ante los errores y las críticas, negándolas, encubriéndolas o intentado descargar su responsabilidad sobre otras personas.

 Cómo transmitir los valores a los hijos.

Todos los valores contribuyen al enriquecimiento personal, por ello es necesario concienciarse de la importancia de su educación, procurando que no existan contradicciones entre lo transmitido y lo vivido (no se puede trasmitir algo que no se tiene).

Los padres pueden orientar o sugerir, pero no obligar a adoptar los valores que ellos no quieren.

Es aconsejable dar responsabilidades a los hijos desde pequeños, aunque estas sean insignificantes. De esta forma, se dan cuenta de sus pequeños progresos, y van aprendiendo que con esfuerzo se pueden obtener muchos avances.

Se debe propiciar el descubrimiento de valores, enseñarles a razonar, a tener juicio crítico, a renunciar a lo que no les conviene, aunque aparentemente sea algo muy apetecible e interesante, fomentar el autocontrol, poner en práctica proyectos personales y educar en el esfuerzo.

El desarrollo del respeto de los niños con los demás, dependerá de su edad. Los pequeños tendrán que aprender a respetar a sus hermanos, amigos, etc., sobre todo, en lo que se refiere a sus posesiones tangibles y afectividad. Los demás tienen el derecho de hacer uso de sus propias posesiones y de ceder este derecho, cuando quieran, aunque se trata de que desarrollen la generosidad a la vez. Lo que un niño no puede hacer es robar ni hacer uso de cosas que pertenecen a otros sin su autorización. Es lógico que esté atraído por lo ajeno y, además, con su sentido de justicia poco desarrollado puede pensar que es injusto que otra persona tenga algo que él quiere tener. Por eso, hay que establecer un equilibrio en la familia entre posesiones compartidas entre todos y posesiones personales. Los hijos no sólo tienen que aprender a reconocer lo que significa ser dueño de algo, sino también apreciar las consecuencias que puede tener afectivamente en esa persona si no le reconocen como dueño.

En la adolescencia con una intimidad propia descubierta, los hijos son capaces de reconocer lo que significa respetar a los demás y a sí mismos. El desarrollo del pudor se basa en la apreciación correcta de la intimidad propia y ajena y el consecuente respeto que se debe a cada uno. Le molesta que algún amigo hable mal de él, pero está muy dispuesto a hablar mal de los demás. Ahora ya es posible aclarar a un hijo que no debiera hablar de las cosas íntimas de algún hermano delante de los demás, de mostrarles que cada uno tiene el derecho de comportarse como él quiera, con tal de que no perjudique a los demás ni a él mismo. Para los adolescentes, el respeto consiste principalmente en dejar de actuar, consideran que no hay que imponer, coaccionar ni provocar ningún cambio en otra persona, sin embargo, aceptan influencias que ofrecen un placer superficial y atractivo, y rechazan las influencias que pueden estimular un esfuerzo. A veces, los adolescentes creen que tienen el derecho de opinar y hacer lo que quieren delante de sus padres. Pero actuar y decir cosas deliberadamente para que sufran o se enfaden los padres es una falta de respeto. En situaciones conflictivas entre padres y adolescentes puede ser necesario decir con claridad al hijo que mientras esté bajo el mismo techo tiene la obligación de respetarles, obedeciéndoles, aunque no quieran, porque los padres siguen siendo responsables de ellos. Cuando ya alcancen su mayoría de edad, pueden dejar de obedecerles, pero no de respetarles. Si a veces los hijos no entienden que sus padres están actuando en bien suyo, el cónyuge puede explicar con claridad, pero brevemente los motivos de la actuación del otro, sin el ánimo de convencer, si no, no les será posible aceptar que estas exigencias son justas y razonables. También hay que distinguir entre el derecho que cada uno tiene de opinar como quiere (sin influir negativamente en los otros) y el derecho que los demás tienen para recibir una información verdadera que les ayude a mejorar. El respeto supone que, si uno no está completamente seguro de la veracidad de lo que uno piensa, por prudencia, y respeto, no debe proporcionar esta influencia que puede perjudicar a los demás. Por todo ello, habrá que enseñarles a, pensar en las consecuencias de sus acciones, distinguir entre las personas con quien se relacionan, su capacidad intelectual, edad, temperamento, y reconociendo la situación real, actuar o dejar de actuar. Los hijos tienen la obligación de respetar a sus padres y estos tienen que enseñar a sus hijos a respetarles por justicia y sobre todo por amor, pero existe una diferencia entre el respeto por amor que pueden tener los hijos hacia algún amigo y el respeto hacia sus padres. Esta diferencia está en que sus padres, tienen una autoridad por su misma calidad de padres, como autores de la vida y educación. Los hijos deberían amarlos, principalmente por ser sus padres, no por sus cualidades específicas, como sería el caso de algún amigo. En este sentido, podemos ver que cuando existe un cariño real entre padres e hijos el respeto es connatural. El hijo notará que su padre le exige porque le quiere, y exigirá a su vez una atención adecuada. Esto también es respetar porque está actuando para que la otra persona cumpla con su deber.

Texto revisado de: Educación en valores (18/11/2010); Los valores (20/1/2011); Valores (25/6/2022).

USO DE POR QUÉ - PORQUÉ - PORQUE - POR QUE

La clave está en si es una pregunta, una respuesta, un sustantivo o una combinación de preposición más pronombre. Las dos únicas variantes...