domingo, 27 de agosto de 2023

SÍMBOLOS NACIONALES


Desde el momento que el hombre se agrupa en una comunidad, siente la necesidad de elegir algún signo que le distinga de las demás. Esta señal de distinción del grupo o tribu tiene su expresión con las pinturas y adornos en las cuevas, en el cuerpo y las vestimentas, que a través de la arqueología ha llegado hasta nosotros.

Los símbolos nacionales son los elementos que representan a los estados, naciones y países. Los símbolos del estado español son un conjunto de distintivos de carácter oficial que representan la soberanía de la nación española. Estos símbolos son la Bandera, el Escudo y el Himno, y representan los poderes constitucionales del Estado. El ordenamiento jurídico vigente les reconoce como patrimonio de todos los españoles, establece su carácter oficial y regula su utilización, honores y protección.

La bandera está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla el doble de ancha que la roja (art. 4.1. Constitución del 29/12/1978, sin escudo). El escudo está regulado por la ley 33/1981 de 5 de oct. del Escudo de España, y el himno por la Marcha Granadera o Marcha Real Española, por RD 1560/1977 de 10 de oct.

Bandera. La vexilología es una disciplina auxiliar de la historia y parte de la semiótica, que viene del latín “vexillum” (vela, bandera) y del griego “gnosi” (conocimiento). La palabra bandera, procede de band (germano), que derivó en banda al usar los pueblos trozos de tela (lazos) para distinguirse en las batallas, sirviendo además para demostrar el orgullo de pertenecer al grupo que la bandera representaba, así como hoy representa a una empresa colectiva que llamamos patria. La palabra patriota fue creada por los defensores de Fernando VII, en la guerra de la independencia, que podían tener ideología liberal y defender un sistema constitucional (Cádiz 1812), o absolutista (servil) y rechazar la influencia francesa.

Nuestra bandera es una de las más antiguas del mundo, con la particularidad de haber sido diseñada por concurso público.

En el antiguo Egipto ya se usaban y aparecen representadas en las vasijas.

La Biblia cita que cada una de las doce tribus de Israel llevaba su propio estandarte.

En Hispania se usaban símbolos con una asta, con la figura de un animal en su parte superior, adornado con plumas o cintas, pero es en la Edad Media cuando su uso se generaliza por reyes, nobles, iglesias, órdenes militares, villas, ciudades…

El reino de Aragón se extiende por sucesivos reinados hasta la unión dinástica entre Aragón y Barcelona en 1164, con la bandera con cuatro barras rojas, sobre campo amarillo.

Cuando el 16/7/1212 el ejército almohade es vencido en las Navas de Tolosa por la alianza cristiana entre Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón, Alfonso II de Portugal y Sancho VII de Navarra, este a las cadenas añadió, en el centro del escudo, la esmeralda verde arrebatada al califa que la portaba.

El 12/10/1492 Colón desembarcó en el Nuevo Mundo, portando la bandera de los Reyes Católicos, y sus capitanes una bandera con una cruz verde, enseña capitana del almirante de Castilla. Aunque la primera bandera que representó a España llegó en 1496 con el matrimonio de Felipe I de Castilla, duque de Borgoña y Juana I de Castilla.

En 1519 Carlos I de España y V de Alemania, usa la bandera imperial amarilla con un águila bicéfala y el escudo de emperador.

Felipe V en 1700, instauró la bandera de la casa de Borbón, con la Cruz de Borgoña en el centro, sobre fondo blanco. Como las banderas de otros reinos gobernados por dicha dinastía (Parma, Nápoles, Francia, Toscana, Sicilia, o Gran Bretaña), tenían el color blanco de fondo, surgían complicaciones a la hora de saber el origen de los barcos, y máxime en las batallas. Para solucionarlo, Carlos III encargó a su ministro de marina, A. Valdés y Bazán, crear una bandera para uso naval. Organizó un concurso y eligió doce bocetos que presentó al rey, quien eligió dos por RD de 28/5/1785, a los que vario las dimensiones de las franjas (amarillo y rojo por ser llamativas) declarando reglamentario el primero para la Marina de Guerra (antecedente de la bandera de hoy) y el segundo para la Mercante. El 8/3/1793 se extiende el uso de la rojigualda a las plazas marítimas, castillos y defensas costeras. Luego Carlos IV implantó dicha bandera en el Ejército de Tierra, y cuando él y su hijo, Fernando VII se vieron obligados a abdicar en favor de Napoleón, el fervor patriótico del pueblo que surgió en las batallas contra los franceses, hizo suya la bandera, y tal fue el incremento de su popularidad, que la casa de Borbón, con Isabel II, a partir de la Real Orden Unificadora, la declaró Bandera Nacional Española en el RD de 13/10/1843, firmado por el entonces Presidente Joaquín María López y el ministro de la Guerra Serrano. Al año siguiente se estableció que izara en todos los cuarteles y establecimientos militares con ocasión de solemnidades.

En la II República (1931-36) el 27/4/1931 se promulgó un decreto, que en homenaje a los comuneros de Castilla (aunque el pendón de Castilla era rojo carmesí) que se enfrentaron a Carlos I, la franja roja inferior pasó a ser morada y se igualan en anchura. Al finalizar la guerra civil en 1939, la bandera retomó los colores originales.

En las tres guerras carlistas del XIX, los liberales o isabelinos fueron adoptando la roja y gualda, mientras que los carlistas partidarios de la violencia tradicional usaron la cruz de San Andrés, junto a otras con símbolos religiosos y la inscripción “Dios Patria y Rey”.

Al estallar el alzamiento el 18/7/1936, entre las tropas sublevadas proliferaban diferentes banderas, pero el presidente de la Junta de Defensa Nacional, general Cabanellas, firmó un Decreto, el 29/8/1936, y se recuperó la bandera tradicional. En febrero de 1938, se dispuso que el escudo central fuera el de los RR.CC. colocado sobre el pecho de un águila negra y timbrado con una corona real abierta. Años más tarde, el Decreto, de 11/11/1945, aprobó el Nuevo Reglamento de Insignias, Banderas y Distintivos que reguló su uso y forma, detallando las características de la bandera en sus tres modalidades.

En 1975, con J. Carlos I y la restauración de la Casa de Borbón, con el R.D. 1511/1977, de 21 de enero, se aprueba el Reglamento de Banderas, que difiere del anterior en que el águila del escudo tenía las alas más abiertas y las columnas de Hércules vuelven a colocarse dentro de las alas y la cinta con el lema “Una, grande, libre” se desplaza del cuello a la cabeza del águila.

La Ley 39/1981, de 28 de octubre, establece que “La bandera de España simboliza la nación; es signo de la soberanía, independencia, unidad e integridad de la patria y representa los valores superiores expresados en la Constitución”. Dictamina que se usará con el nuevo escudo y debe utilizarse en todos los edificios públicos y actos oficiales, según ha interpretado el Tribunal Supremo en una sólida jurisprudencia recogida en Sentencias como las de 24/7/2007, 25/11/2008 y 2/12/2008.

Por encima de ideologías o partidismos la bandera nos representa a todos. Simboliza nuestra historia, derechos y libertades.

Escudo. Es el resultado de un largo proceso que comienza con la Reconquista, y concluye con la Constitución de 1978.

Gabriel de Avilés y del Fierro (1735-1810), en su “Ciencia heroyca” dice que fue Brigo I, el primer rey que usó su insignia con un castillo (1896 a.C.). El rey suevo Hermerico (409-438) tenía por insignia un dragón verde. Ataúlfo (410-415) tenía un escudo cuartelado con una corona, tres fajas de sable, un león de plata y otro de oro rojo.

Su proceso se inicia en la Hispania Romana, pues desde entonces se consideran unidos los pueblos peninsulares, con suma importancia a los visigodos, como fuente iconográfica para los reyes de la Reconquista y de los fugaces "Imperator Hispaniae". Cuando los astures comienzan con Pelayo la reconquista, también inician los reinos cristianos, con sus símbolos, siendo el del reino de Asturias la cruz de la victoria, el de Galicia un cáliz, y el de León un león rojo sobre paño blanco.

En la formación del escudo Menéndez-Pidal señala dos hechos trascendentales:

  • Uno cuando Fernando III recibe en 1230 la Corona de León y crea el emblema de unión de los reinos de Castilla y de León, respetado hasta la Revolución de 1868, en que el Gobierno Provisional le dotó de un emblema, con un símbolo propio del Estado, diferente al de los monarcas, y que perduraría hasta hoy.
  • Otro en 1475 con la Concordia de Segovia donde quedan acordados los títulos y la heráldica que pertenecieron por igual a ambos esposos Isabel y Fernando. El conjunto es sostenido por el águila de San Juan (homenaje a Isabel, que ya lo utilizaba de princesa en 1473) como soporte, nimbado y pasmado.

Fernando tuvo como emblema un yugo, con una cuerda suelta, en referencia al nudo gordiano, que A. Magno cortó con su espada y dijo: “Tanto monta cortar como desatar”, frase que tomó abreviada en el mote heráldico. Isabel tomó como emblema el haz de flechas. Cada una de estas divisas homenajeaba con su inicial al consorte: “F” de Fernando en las flechas de Isabel, e “Y” de Ysabel (grafía de la época) en el yugo de Fernando.

En 1065, con Sancho II, el condado de Castilla se convierte en reino, con un castillo de oro sobre campo de gules de bandera.

En 1516 la casa de Habsburgo, con Carlos I, incorpora las columnas de Hércules con la leyenda “Plus Ultra” y el águila bicéfala del Sacro Imperio Romano Germánico.

En 1759 Carlos III opta por un león rampante a la derecha, un castillo dorado a la izquierda y una corona en la parte superior además cambió el collar de la Orden del Espíritu Santo, por el de la Orden de Carlos III. Con el tiempo, la representación heráldica pasó de tener una significación personal, a adquirir una significación territorial, y desde la guerra de la Independencia, se comenzó la progresiva identificación de las armas de los reyes con la del conjunto de la Nación.

En 1868 los generales Serrano (liberal) y Prim (progresista) obligan a Isabel I a exiliarse, y sustituyen la corona real, figurando en sus cuarteles los reinos de Castilla, León, Navarra, Aragón y Granada.

En 1871 Amadeo de Saboya retoma el escudo de Isabel II, sustituyendo las flores de lis.

En 1873 se proclama la I República, desapareciendo todos los símbolos monárquicos de los escudos y banderas volviendo al usado en 1868, y cambiando la corona del escudo por un castillo. Al proclamarse la II República (1931), se recupera el escudo del gobierno provisional de 1868. Así, conviven diferentes heráldicas hasta que Alfonso XIII por Real Orden, de 3/7/1922, ordenó consultar a la Real Academia de la Historia, que por informe de 9/1/1923, recomendó adoptar preferentemente como “blasón nacional” el creado en 1868, al que se añadirían la Corona Real, y el escusón de la Casa de Borbón.

Juan Carlos I, por R.D. de 21/1/1977 aprueba el Reglamento de Banderas por el que varía el Escudo Nacional y aparece en la portada de la Constitución de 1978. El 19/10/1981 por R.D., se publica en el BOE núm. 250, con Leopoldo Calvo-Sotelo de presidente, con los colores rojo y amarillo (gualda) siendo esta, el doble de ancha. El lema latino, “Plus Ultra”, en ambas columnas de Hércules, símbolo de Gibraltar (colonia británica desde 1713). Dichas columnas encuadran el blasón dividido entre los reinos de Castilla (castillo), León (león), Aragón (cuatro bandas verticales rojas con fondo amarillo) y Navarra (cadenas de oro). La fruta epónima representa al reino de Granada, y las tres flores de lis dorado del centro, sobre fondo azul, a la casa de Borbón.

Actualmente la disposición que regula el uso del escudo es la Ley 33/1981, de 5 de oct., del Escudo de España, desarrollada en su expresión gráfica por el R.D. 2964/1981, de 18 de dic., por el que se hace público el modelo oficial del escudo de España, así como el R.D. 2267/1982, de 3 de septiembre, por el que se especifican sus colores.

Los elementos del escudo, definidos por la Ley 33/1981, de 19 de octubre, son:

  • Cuartelado y entado en punta. El primer cuartel representa el Reino de Castilla. El segundo al Reino de León. El tercero la Corona de Aragón. El cuarto el Reino de Navarra.
  • En el timbre está la corona real de la monarquía española. El escusón representa la casa de Borbón.
  • Las columnas de Hércules simbolizan el descubrimiento de América, en la dcha. figura “Plus” y en la izq. “Ultra”.

Himno. El himno tiene su origen militar en la Marcha Granadera, cuya primera mención documental data de 1749, durante el reinado de Fernando VI, siendo su primer manuscrito, encargado al maestro Manuel de Espinosa, en 1761.

Su función era de toque militar para llamar a las armas, armonizar la marcha de la tropa y acompañar la rendición de honores militares. Pronto se identificó por el pueblo español como un símbolo de soberanía nacional.

En 1768 Carlos III promulgó las Ordenanzas Generales de Infantería donde aparece ya como toque militar.

Durante el Trienio Liberal (1820-23), el Himno de Riego fue nombrado himno oficial de la monarquía española por decreto de Fernando VII el 7/4/1822.

En 1870 el general Prim convocó un concurso nacional para crear un himno, pero se declaró desierto, y aconsejó que se mantuviera como himno, la Marcha Granadera pasando a denominarse Marcha Real.

La Real Orden Circular de 27/8/1908 dispone que las bandas militares ejecuten la Marcha Real Española y la Llamada de Infantes, ordenadas por el músico mayor del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, maestro B. Pérez Casas.

A pesar de la creencia popular, el Himno de Riego nunca fue oficialmente el himno de la Segunda República española, aunque sustituyo a la Marcha Real. La Constitución Republicana de 1931, definió la bandera y el escudo, pero no el himno. Sin embargo, una Orden Circular del Ministerio de la Guerra, de 30 de abril, rectificaba: “...hasta tanto se redacte un Reglamento de los Honores que por las Fuerzas del Ejército habrán de tributarse (...). Hasta entonces también las bandas de música militares tocarán el Himno de Riego cuando el honor que se tribute tuviere asignada la Marcha Real en las antiguas disposiciones”. En una Orden Circular del Ministerio de la Guerra, de 25/6/1931, se disponían los honores que en lo sucesivo tenían que tributarse a las autoridades y mandos existentes entonces. En ella solo se empleaba la expresión himno nacional, sin aclarar cuál era este.

Durante la guerra civil se restableció la Marcha Granadera como himno nacional, por Decreto del 27/2/1937, pero fue necesaria la publicación en el BOE de otro decreto fechado el 17/7/1942 para que se le diese cumplimiento.

Tras la aprobación de la Constitución de 1978, y desde la Presidencia del Gobierno se promovió la creación de un grupo de trabajo integrado por miembros de la Sección de Música de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y representantes de diversos ministerios, se encargó al maestro Francisco Grau, coronel director de la Unidad de Música de la Guardia Real, que hiciera una nueva adaptación del himno. Finalmente, tras el informe favorable de la Real Academia, se aprobó una versión de la Marcha Granadera, que, respetando la armonización del maestro Pérez Casas, recupera la composición y tonos de su época de origen.

En 1997 el Estado adquiere los derechos de explotación del himno, que pertenecían a los herederos del maestro Pérez Casas, mediante el R.D. 1543/1997, de 3 de octubre. En la actualidad, el himno nacional, está regulado por el R.D. 1560/1997, de 10 de octubre, en el que se describen los compases musicales, se establecen las dos versiones del mismo, la completa y la breve, y cuándo debe utilizarse cada una.

El maestro Grau ha cedido al Estado español todos los derechos de explotación sobre su obra, según recoge el R.D. 2027/1998, de 18 de septiembre.

El himno español es uno de los tres del mundo que no tiene letra y es el tercero más antiguo tras los de Holanda y Reino Unido.

miércoles, 23 de agosto de 2023

EDUCACIÓN FÍSICA

 

LA Educación Física es un término polisémico. La palabra educación tiene su origen en la palabra latina “educare” (dirigir, educar), que a su vez se relaciona con “ducere”, (guiar), y con “educere” (llevar a cabo). La palabra física proviene del latín “physicus”, término que procede del griego “χυσος” y que a su vez deriva de “φύσης” (naturaleza), que procede del verbo “φύω” (brotar, crecer).

La Educación Física es para:

  • Lagartera: la expresión de una actividad pedagógica que incide de forma total en la educación del ser.
  • Garrote: ciencia, modo o sistema de educar a través del movimiento.
  • Cagigal: la ayuda al correcto desarrollo en sus posibilidades personales y sociales, con especial atención a sus capacidades corporales, físicas, del movimiento y la expresión.
  • Pérez: da las bases motoras comunes a todos los deportes, y los conocimientos motores básicos a todos ellos.
  • Bañuelos: el desarrollo en su dimensión básica (ligado a aspectos de evolución-involución) representando su formación sobre aspectos concretos de la vida del individuo.
  • Contreras: es sobre todo educación que opera a través del movimiento, entendido este como expresión de percepciones y sentimientos

Sirve para lograr la educación integral de la persona, usando el cuerpo y el movimiento para mejorar la calidad de vida.

Es la educación de la salud, del cuerpo-mente. La salud (OMS) es el estado completo de bienestar físico, psíquico y social, y no sólo la ausencia de afecciones y enfermedades.

Es la disciplina y el arte de ayudar al individuo en el desarrollo intencional de sus capacidades físicas, afectivas y cognoscitivas.

Es el camino hacia la educación total, que utiliza el movimiento como agente pedagógico, que conduce hacia la eficiencia del movimiento desde las habilidades motrices simples a las complejas, con la finalidad de propiciar y conservar el equilibrio de la capacidad funcional de la persona. Es una pedagogía de las conductas motrices, que trata de mejorar. Se preocupa del aspecto corporal del desarrollo y perfeccionamiento de sus cualidades naturales, permitiendo la adquisición de habilidades, actitudes y hábitos con actividades acordes a sus necesidades e intereses en las diferentes etapas de la vida.

Es una disciplina de carácter pedagógico, que tiene como medio el deporte, y se conjuga con actividades físico-recreativas, para desarrollar armónicamente las capacidades y habilidades del individuo que le permitirán un mejor desenvolvimiento en su vida diaria.

Hoy debido a la evolución de la sociedad y la progresiva introducción en sus pilares de todo lo relacionado con el cuerpo y la actividad física, han posibilitado la inclusión de la misma dentro de la educación integral, que utiliza el movimiento como agente pedagógico encaminado al desarrollo de su eficacia.

La Educación Física es la disciplina que utiliza el cuerpo, el movimiento y la ausencia de este, para su desarrollo desde un punto de vista consciente. Con el movimiento, el individuo podrá relacionarse con el medio externo y consigo mismo de forma positiva. La ausencia de movimiento consciente o relajación es también una manifestación de la actividad física.

Es el conjunto de ejercicios que tienden a mantener en forma el organismo humano.

Es la acción metódica, continua, racional y progresiva que pretende asegurar con la actividad física el desarrollo integral de la persona.

Podemos dividirla en Educación Física de:

  • Formación: Tiende a la preparación del cuerpo humano de forma general; se realiza, como un juego, en la primera etapa de la vida.
  • Aplicación: Afán de superación, bien poniendo voluntad para conseguir un triunfo o bien una progresión en la preparación específica. Se toma como un deporte.

En ambas habrá que efectuar unos ejercicios para mejorar físicamente, otros para formar al deportista y otros de aplicación al juego. Estos ejercicios serán, por un lado, genéricos o de formación, para fortalecer al músculo, aumentar la movilidad articular, fortalecer los tendones, ligamentos, etc. de forma general, y por otro serán ejercicios de aplicación, con la finalidad de potenciar aquellos grupos musculares que el deportista utiliza con mayor intensidad.

La Educación Física es parte del proceso instruccional, pedagógico, social, recreativo, terapéutico, competitivo y de disfrute del ser humano, utilizada para perfeccionar, controlar y mantener la salud mental y física del humano. Entre sus beneficios más importantes destacan: + EF + Salud

  • Combate el sedentarismo, al impulsar una vida activa.
  • Enseña a aprovechar el tiempo libre.
  • Estimula el trabajo en equipo.
  • Aumenta la creatividad, la capacidad afectiva, y la autoestima.
  • Disminuye la ansiedad, el estrés, la agresividad y la depresión.
  • Desarrolla la tolerancia, el respeto, la solidaridad y la responsabilidad.
  • Ayuda a corregir la postura, el control y equilibrio corporal, mejorando la imagen corporal.
  • Ayuda a prevenir problemas del corazón, metabólicos, musculares y el sobrepeso, mejorando la calidad de vida.

Hacer actividad física de forma regular y adecuada se traduce en un menor riesgo de sufrir enfermedades coronarias, accidentes cerebrovasculares, hipertensión, lumbalgias, diabetes tipo 2, osteoporosis, cáncer de mama, próstata y colon, depresión y obesidad, ayuda a desarrollar una mejor elasticidad en los músculos y articulaciones, y a mejorar la capacidad pulmonar y la salud ósea. A nivel psíquico, ayuda a drenar el estrés acumulado, contribuye a la satisfacción personal, mejora la autoestima, y la socialización. Aumenta la circulación cerebral y mejora los procesos de pensamiento. Reduce el riesgo de caídas, así como de fracturas de cadera o vertebrales.

Actividad y ejercicio físico.

La actividad física es el conjunto de movimientos y acciones voluntarios que hacemos en la vida cotidiana, como caminar, bailar, hacer tareas domésticas o actividades recreativas, y que suponen un gasto considerable de energía. La actividad física, cuando se practica de forma regular y sistemática, es beneficiosa para la salud y ayuda a mejorar o mantener nuestro bienestar físico y mental.

El ejercicio físico es una variedad de movimientos corporales planificados, estructurados y repetitivos, realizados con el fin de mejorar o mantener la condición física. Es una actividad que se lleva a cabo en los momentos de tiempo libre. Lo contrario de ejercicio físico es el sedentarismo o ausencia de actividad. Los especialistas indican que es suficiente realizar 30 minutos de ejercicios físicos de 3 a 5 veces por semana para mejorar la salud. La OMS establece que el sedentarismo contribuye al 17 % de las enfermedades del corazón y diabetes, el 12 % de las caídas de los ancianos, y el 10 % del cáncer de mama y colon.

jueves, 17 de agosto de 2023

EDADISMO


El edadismo es la discriminación por motivos de edad, sobre todo en las personas mayores o ancianas. Se manifiesta con estereotipos, prejuicios, negación de oportunidades, exclusión social, denigración, marginación, comentarios sobre las limitaciones físicas o psicológicas, actitudes que les infantilizan o humillan, la discriminación institucional en el empleo, acceso a la educación y los servicios de salud, el acoso y la violencia. Afecta a todos los grupos de edad, pero son los mayores (tercera más de 65, y cuarta edad más de 80) quienes más lo sufren. Se da en todas las culturas, si bien en los países occidentales no se abandona a la gente en proceso de envejecimiento, sí se discrimina a los mayores.

Una de las formas de edadismo más extendidas, y de las que somos menos conscientes, es el uso inadecuado del lenguaje. Las palabras que utilizamos reflejan lo que pensamos y sentimos.

La palabra edadismo, acuñada por R. Neil Butler en 1969, es un neologismo derivado de la raíz latina “aeta” (edad) y el sufijo griego “-δόγμα” (doctrina o sistema), que se utiliza para describir una forma de discriminación o prejuicio. A nivel conceptual, puede considerarse como una forma de discriminación interseccional, ya que se relaciona con otras formas de discriminación, y algunas de sus consecuencias más comunes son:

  • Exclusión social: los mayores pueden sentirse marginados o excluidos de la sociedad por actitudes y prácticas discriminatorias, lo que lleva a un aumento en la soledad y el aislamiento.
  • Discriminación en el empleo: los mayores tienen dificultades para encontrar empleo o mantenerlo, lo que contribuye a la pobreza e inseguridad económica.
  • Discriminación de acceso a servicios: los mayores tienen dificultades para acceder a servicios de salud, educación y otros.
  • Estereotipos negativos: como incluir creencias sobre la incapacidad, dependencia e inutilidad de los mayores, que contribuyen a la discriminación y marginación.
  • Impacto en la salud: al contribuir a problemas de salud física y mental, incluyendo depresión, ansiedad y riesgo cardiovascular.

El edadismo impregna la sociedad, por ello debemos revisar nuestros comportamientos, sobre todo, el lenguaje que usamos, y el tono que utilizamos cuando conversamos con ellas, además de respetar sus decisiones, preferencias, y la empatía que mostramos con sus dificultades. Debemos dirigirnos a los mayores con un lenguaje apropiado que transmita el respeto y el afecto que sentimos. Como sociedad y como individuos, estamos obligados a defender la dignidad del individuo. Las formas más habituales son:

  • Infantilización: este provoca que los no tan mayores adopten una posición de poder frente a los más mayores al interactuar, responder y tratar. El hablar como un bebé es un tipo de lenguaje que utiliza una entonación exagerada, un tono de voz elevado, un registro sencillo, diminutivos de forma generalizada y posesivos como nuestros mayores o nuestros abuelos.
  • Despersonalización: al no tener en cuenta la singularidad de cada individuo, sus necesidades y preferencias, y tratarlas a todas de manera homogénea, como se hace al hablar de los jubilados, pensionistas, o como niños vulnerables.
  • Deshumanización: se produce cuando se pierde la empatía en el trato con ellos, al no potenciar su autonomía, no respetar su privacidad, y no permitir su participación en la toma de decisiones.

 Tipos de discriminación

 La discriminación consiste en tratar a una persona, grupo o institución de manera diferente y perjudicial. Esto puede ser por: raza, sexo, género, ideas, lugar de procedencia, aspecto físico, etc. La discriminación por cuestiones de edad se plasma tanto a nivel institucional, interpersonal o autoinfligido, y algunas causas de la discriminación son:

  1. La individual. Es la que realiza un individuo a otro.
  2. La institucional. Si las instituciones públicas o privadas llevan a cabo algún tipo de discriminación.
  3. La colectiva. Discriminación en la que se da un trato de inferioridad a un grupo de personas.
  4. La estructural. Surge de las políticas institucionales que favorecen a unos individuos y perjudican a otros.
  5. La directa. La más conocida y visible, en la que la persona que la sufre recibe un trato injusto de otro.
  6. La indirecta. Es una forma de discriminación menos visible y que muchas veces pasa desapercibida.
  7. La negativa. La persona que es víctima de ella es tratada de manera discriminada y perjudicial.
  8. La positiva. Es la que ayuda a un colectivo desfavorecido para conseguir la equidad (Inequidad).
  9. La que se da en función de la raza o etnia a la que la persona pertenece (racismo).
  10. Sexismo. La persona que lo practica infravalora a las personas del sexo opuesto.
  11. Por maternidad. Surge en el entorno laboral, por la posibilidad de tener hijos.
  12. La religiosa. Si un individuo o grupo recibe un trato desfavorable por no practicar o compartir ideas religiosas de otro.
  13. La política. Si un individuo o grupo reciben un trato desfavorable por no compartir las ideas políticas de otros.
  14. Por edad. Más en entornos laborales, en los que se considera que la edad para trabajar es de los 25 a los 45 años.
  15. Por discapacidad o enfermedad.
  16. Por apariencia física. Se da si la persona que recibe la discriminación no es muy agraciada físicamente.
  17. Transgénero. Se da en los individuos que viven un rol de género que no concuerda con su sexo biológico (transfobia).
  18. La situación económica o social, ya sea por la mala situación económica o por un entorno que favorece este comportamiento.
  19. El miedo puede hacer que pueblos enteros se movilicen de forma discriminatoria en contra de algunas personas.

miércoles, 26 de julio de 2023

LA PENÍNSULA IBÉRICA

Desde antiguo la Península Ibérica se percibe como una entidad geográfica, y recibe distintos nombres:

  • En la lengua, semítica fenicia, que sólo refleja las consonantes al escribirse, recibe el nombre de Isephania, Ispanya, I-span-ya (2000 a.C.).
  • Los griegos usan la palabra Iberia, para referirse a toda la península, donde habitan los pueblos íberos. El nombre aparece en obras de Heródoto a mediados del V a.C., o en la Ora Marítima de Avieno del s. VI a.C.
  • Los romanos la llaman Hispania, cuyo significado vinculaban escritores latinos como Plinio, Catón o Catulo a “tierra de conejos” y más en concreto de damanes. Los romanos inicialmente dividen la península en dos provincias (Hispania Ulterior y Citerior), y a veces utilizan el término en plural Hispaniae. La palabra Hispania, procedente de Híspalis, es de raíz semita (no latina) lo que suscitó a los historiadores que su origen podía ser anterior a los romanos, y proceder del fenicio “I-span-ya”, que, según C. M. Trigueros, significaría “tierra del norte”, pues los fenicios descubrieron la costa de Hispania bordeando la costa africana, y ésta estaba al norte. Así, “spn” (“sphan” en hebreo y arameo) significa en fenicio “norte”. Expertos en filología semítica, han determinado que tiene su origen en la enorme fama de las minas peninsulares y que “I-span-ya” se traduce por tierra donde se forjan metales, ya que “spy” en fenicio significa batir metales.
  • Los celtas usan el término Keltiké, con significado más étnico, que geográfico. Los visigodos la conocen como Spania. Los musulmanes la llaman Isbaniya, y Al-Ándalus desde el punto de vista geográfico, y más aún social bajo el control del islam.
  • Desde el s. VII el término Hispania se encuentra descrito, por los cronistas, bajo una forma patrimonial (Spania o Espanna), término que utilizó por primera vez San Isidoro de Sevilla. Sigue evolucionando en la Edad Media, hasta llamarse Espanna (y para abreviar, se añade una raya encima de la n para saber que había otra antes, la ñ).
  • Los judíos (Sefarad) fuera del ámbito peninsular la conocen como Aspamia, pues se tiene la concepción de varias naciones, como los carolingios, uso que persistió hasta el s. VIII.
  • Hay teorías que dicen que es un calco fonético de la palabra hespérides, del término griego.
  • A partir del s. XI se conoce como España.

Está en el hemisferio norte, más cerca del ecuador que del polo, es un país subtropical mediterráneo, con una altitud media de 660 m., de tierras creadas por plegamientos alpinos, y una disposición peculiar con muchos paisajes, lo que hace que parezca un pequeño continente. Situada en el extremo sudoeste del continente europeo, y separada de África por el estrecho de Gibraltar. Ocupa Baleares, Canarias y la mayor parte de la Península Ibérica, con una superficie de 505.990 km2, y 47.615.034 habitantes. Limita al O. con Portugal y al N. con Francia y Andorra, y el resto de sus fronteras son marítimas, abriéndose al Océano Atlántico, al mar Cantábrico y al Mediterráneo. Dicho territorio ha sido conquistado por varias civilizaciones, pero también ha sido conquistador y creador de todo un imperio, con su primera capital en Toledo (1492), Madrid (1561), luego a Valladolid (1601) y, por último, a Madrid desde 1606.

martes, 4 de julio de 2023

LA MAGIA

 

Etimológicamente procede del latín “magia”, del griego “mageia” (contrario a la ley natural), y según Heródoto, de la tribu o casta de los medos (persa), a la que los griegos llamaron "magoi", convirtiéndose en la denominación genérica y universal de los practicantes de estas artes.

La magia es la habilidad, arte o ciencia oculta con la que se pretende, con ayuda de seres o fuerzas contrarios a las leyes de la naturaleza, obtener cosas extraordinarias. Es el conjunto de creencias y ritos basados en la convicción de que el hombre puede alterar las leyes naturales con conocimientos, facultades y técnicas especiales. Es un arte cuyo objetivo es sorprender a las personas manipulando la percepción de las cosas, con palabras o movimientos que confunden al cerebro humano, y dan la sensación de actos sobrenaturales con carácter sobrehumano.

Su concepto, límites y funciones son tan variables y complejos, que es complicado dar una definición que asuma todas sus acepciones y contenidos. Si bien, el hombre occidental establece una primera distinción entre magia y religión, en la mayoría de sociedades no hay una diferencia esencial entre ambas, y aunque se tenga claro las diferencias entre magia y ciencia, durante la Edad Media y el Renacimiento, sus límites se superponían casi por completo. Hoy los especialistas defienden que quienes creen en la magia aceptan que en el mundo físico pueden producirse relaciones de causa y efecto que se explican o producen por causas sobrehumanas o sobrenaturales, en cambio, la ciencia sólo concibe las relaciones de causa y efecto a través de intervenciones humanas y naturales, directas y empíricamente demostrables, sobre el mundo físico. Para Richard Kieckhefer, "la magia es un cruce de caminos donde la religión converge con la ciencia, las creencias populares interseccionan con las de las clases educadas, y las convenciones de la ficción se encuentran con las realidades de la vida diaria". Claude Lévi-Strauss define la religión como "la humanización de las leyes naturales", y la magia como "la naturalización de las acciones humanas".

Las connotaciones negativas de la magia influyeron en el uso que de ella hicieron los primeros cristianos, quienes la identificaron con el culto al demonio de los paganos. La magia y la adivinación eran artes muy relacionadas entre sí. San Agustín, en “La ciudad de Dios”, las atribuyó al diablo. San Isidoro de Sevilla las atribuyó a los encantamientos y el uso de amuletos curativos, y definió un elenco de especialistas según su actividad: magos (causan daño en las cosas y hombres), nigromantes (resucitan muertos y averiguan enigmas. De “nekros”, cuerpo muerto y “μαντεία”, adivinación), hidromantes (adivinan a partir del agua y la sangre), adivinos (mediante el arte y el delirio), encantadores (hechizan con palabras), aríolos (hacen sacrificios y obtienen respuestas de los demonios), arúspices (adivinan a partir de entrañas de animales, y estudian el calendario), augures (adivinan a través del vuelo y canto de las aves), pitonisas (adivinan según las artes de Apolo Pitio), astrólogos (por la posición de los astros), genetliacos o matemáticos (realizan horóscopos a partir de la fecha del nacimiento de una persona), sortílegos (adivinan a partir de echar suertes o estudiando escrituras) y salisatores (adivinan a partir del movimiento de sus miembros).

La magia se asocia a todas las manifestaciones de la vida cultural y social. Sistemas religiosos, como el animismo o el totemismo, han sido considerados de carácter mágico, y a creencias y ritos modernos, como el espiritismo o el ocultismo, se les atribuye el carácter mágico que demuestra que continúa siendo una realidad viva en nuestra sociedad. Sus acciones mágicas, pueden realizarse a través de:

  • Las palabras: por medio de un conjuro, ensalmo, o encantamiento.
  • Los objetos: por medio de un amuleto, talismán, fetiche, varita mágica, poción (aguas bendecidas o encantadas, plantas como la ruda considerada repelente de males, figuras antropomorfas usadas en rituales de magia negra), etc.
  • Los ritos: de exorcismo, circunvalación, ungimiento, inmersión, propiciación, fecundidad, fundación, trance, videncia, danza, música, etc.

Tipos de magia:

  • Natural o blanca: Su función es el bienestar de los individuos y quienes la practican realizan sus hechizos y sortilegios con el fin o intención positiva de conseguir salud, curación, conocimiento, alejar la maldad, la mala suerte, y todo lo que pueda herir a la persona. Es la que de causas naturales produce efectos aparentemente sobrenaturales. En el medievo, se identificaba con la ciencia o con una de sus ramas. Pueden citarse diversos tipos de sanadores (curanderos, conjuradores, ensalmadores), adivinos y zahoríes.
  • Diabólica o negra: Se considera una especie de religión inversa, sometida a los dioses y fuerzas del mal, pues se realiza con intenciones o fines negativos, de causar daño o perjuicio a algo o a alguien. Está compuesta por brujos, hechiceros y nigromantes que buscan afectar negativamente el bienestar de un individuo y su suerte, afectando a su salud, provocándole accidentes o la pérdida de sus posesiones. Entre estos podemos citar las chactas, alibamones, la santería, el chamanismo, el vudú, el candomblé, el espiritismo, o la wicca.
  • Ilusionismo: Aunque el lenguaje y cultura coloquiales lo identifican con la magia blanca (ilusionista = mago). Es el conjunto de técnicas de manipulación de imágenes y objetos trucados que hacen que el público vea o no vea sucesos aparentemente prodigiosos.
  • La magia homeopática o por analogía: Permite que una cualidad de un objeto se transmita a otro con el que guarda una semejanza. Clavar una aguja en una figura hecha a semejanza de otro, se supone que transmitirá dolores y enfermedades a la víctima de esa acción mágica.
  • La magia contagiosa o por contacto: Permite que una cualidad de un objeto se transmita a otro con el que tiene una relación de contacto real o simbólico. Como el entregar un diente caído al “Ratoncito Pérez”.

A partir del siglo XIII, se reivindicó la magia natural, mientras la negra siguió siendo anatemizada y perseguida. El obispo Guillermo de Auvernia, San Alberto Magno, o Roger Bacon fueron defensores del carácter positivo de la magia natural. Santo Tomás de Aquino creía en la influencia de astros y planetas. Entre los siglos XIII al XVII, la magia natural y algunas otras categorías de prácticas mágicas (como la astrología) eran consideradas como ciencias auténticas, y su enseñanza era impartida en las universidades, con profesores y defensores como J. Duns Escoto, J. Gutenberg, E. de Rotterdam, M. Lutero, J. Calvino, I. de Loyola. El desarrollo de las ciencias experimentales y positivas a partir del Renacimiento, el racionalismo del Siglo de las Luces, y el desarrollo y consolidación de las ciencias modernas del XIX, devolvieron a la magia su carácter marginal en todos los ámbitos.

En el antiguo Egipto, la magia fue tan relevante que, en el Talmud hebreo, se afirma que "diez kabs de magia bajaron al mundo y nueve se los quedó Egipto". La importancia dada a los conjuros, ensalmos y exorcismos fue extraordinaria, a juzgar por los muchos que nos ha transmitido el “Libro de los muertos” (con fórmulas mágicas para Osiris), y otros papiros que contienen fórmulas para facilitar, entre otros, la resurrección de los muertos. O los exorcismos del “Libro de las fórmulas mágicas para la madre y el niño”. Las divinidades más destacadas son Thot, el "dios de la voz creadora, señor de las palabras y los libros", Isis, la dueña de los conocimientos esotéricos, y Khonsou, asociada a las prácticas y rituales mágicos. Se practicó la magia negra, como demuestra un papiro con una invocación del faraón Psamético al dios infernal Seth (enemigo de Osiris).

La magia en las sociedades asiria, babilonia, persas, medos, etc., no sólo tenía una dimensión religiosa, sino también socio-política. Fueron grandes maestros en la astrología y en la confección de calendarios mágicos que además de computar el tiempo, establecían los días fastos y nefastos.

La magia en las antiguas Grecia y Roma, se manifiesta en la importancia no sólo religiosa, sino social y política de los oráculos, como el de Apolo en Delfos, o el de Zeus en Dodona, y las obras literarias, de adivinos que hacían augurios, especialmente los dedicados a Démeter en Eleusis. La Ilíada y la Odisea, por las que transitan personajes tan reveladores como la hechicera Circe. Plinio, en su “Naturalis Historia”, definió la magia como una mezcla de medicina, astronomía y religión, pero la criticó duramente por considerarla fraudulenta. En la Medea de Eurípides, en el Pluto de Aristófanes, o en las composiciones satíricas de Luciano de Samosata, las creencias y ritos mágicos son vivamente descritos.

La magia romana estuvo influenciada por la etrusca, y su rechazo se hizo patente en el ámbito de los cultos de tipo mágico sexual y en el sacrificio ritual de adolescentes. En la Roma arcaica, los árboles y los bosques eran considerados sagrados, e identificados con distintas deidades. Gozaron de fama los oráculos como el de Prenesta, la extracción por un niño inocente de tablillas inscritas dentro de una caja, el filósofo, Apolonio de Tiana, a quien se atribuyó la capacidad de curar enfermedades, resucitar muertos y tener un gran poder sobre el demonio. Apuleyo mostró interés y aprecio por ella en su Apología, y al mismo tiempo la asoció a personajes malignos en su Asno de oro. En la Égloga de Virgilio describe las artes de magia amorosa. En la Eneida se ve en el episodio de la muerte de Dido. La Oda de Horacio alude a un niño raptado y muerto por espíritus malignos.

El cristianismo, desde el principio, consideró la magia como una especie de oscura religión de paganos, como atestiguan la diatriba contra la hechicería en Gálatas, la conversión de Simón el Mago en los Hechos de los Apóstoles, la victoria de Pablo contra el mago Bariesus, o la derrota de los exorcistas en Hechos. Los primeros siglos del cristianismo se desarrollaron bajo el signo del sincretismo. Lactancio, a finales del siglo III, se quejaba de que "los demonios están tratando de destruir el Reino de Dios, y por medio de falsos milagros y de oráculos ficticios tratan de aparecer como dioses verdaderos". San Agustín distinguió entre "goetia" o magia inferior o diabólica, “mageia” o magia general, y "teurgia" o magia superior o purificadora del alma.

La iglesia cristiana durante la Edad Media tuvo una actitud ambivalente: por un lado, asimiló muchas creencias, conceptos y ritos de origen mágico; y por otro, desarrolló una gran lucha contra la brujería y la hechicería. Una prueba de la aceptación y asimilación de las creencias mágicas lo ofrece el tratado Peri enhupnion "Sobre los sueños" del arzobispo Sinesio de Cirene, o la traducción al latín del llamado Picatrix.

El desarrollo de la astrología, la alquimia, adivinación, demonología, el culto a las reliquias, la proliferación de supuestas apariciones y milagros, el terror por el advenimiento del Anticristo y del Juicio final, las persecuciones de brujas y hechiceras, los grandes fenómenos de sugestión colectiva provocadas por las epidemias de peste (La peste), fueron también manifestaciones muy arraigadas en la mentalidad mágica medieval, contribuyendo a la proliferación de sectas, como la monástica de los hesicastas, que alcanzaban visiones de tipo mágico y onírico tras pasar horas recitando plegarias mientras miraban obligatoriamente a su ombligo.

El padre de la magia del Renacimiento fue Marsilio Ficino, autor de “De vita coelitus comparanda”. Otros teóricos de la magia natural fueron, Giovanni Pico de la Mirandola con “Conclusiones cabalisticae”, Paracelso, Giambattista della Porta con “Magia Naturalis”, Giordano Bruno con el tratado “Sobre las ataduras en general”, De magia, Theses de magia y De magia mathematica, Giulio Camillo Delminio, Giovanni Paolo Lomazzo, y John Dee, que ejerció una gran influencia en la corte de la reina Isabel I, y fray Martín del Río, autor de las enciclopédicas “Disquisiciones mágicas”.

El racionalismo ilustrado, explica que en el XVIII cambiase radicalmente la actitud de los intelectuales ante la magia, refugiándose en la tradición popular, y a cuya refutación dedicaron tratados teólogos, científicos e intelectuales, como William Maxwell que sentó las bases de la medicina mágica en su tratado “De medicina magnética”. Christian Friedrich Hahnemann, difundió la homeopatía. El arte de la videncia y de la televidencia fue defendido y explicado por Emmanuel Swedenborg, quien alcanzó una enorme fama porque, era capaz de describir con todo detalle hechos que estaban sucediendo en un momento dado muy lejos de donde se encontraba (incendio de Estocolmo). Gran fama tuvo Giuseppe Balsamo, que predijo la muerte de la reina María Antonieta y la adivinación del número de la lotería de Londres de 1776, o su facultad de médium.

Heinrich Jung-Stilling fue uno de los promotores de la doctrina de los espíritus, entre cuyas teorías estaba la de que el alma podía liberarse del cuerpo y contactar con los espíritus durante los períodos de sonambulismo. F. Mesmer sentaba las bases del llamado magnetismo animal o mesmerismo, luego Georg Konrad Horst se convertía en autor de una Demonomagia y de una Deuteroscopia con creencias mágicas seudocientíficas.

Para Andrew Jackson Davis, fundador del espiritismo moderno, los espíritus eran almas humanas que buscan la perfección pasando a través de esferas purificadoras. Algunos de los médiums más notables de esta época llegaron a ser muy famosos, como Daniel Douglas Home.

La curandería mágica adquirió un extraordinario desarrollo a partir del XIX. Uno de los magos-curanderos más notables fue Valentin Zeileis, que se atribuía la curación, con la ayuda de una varita mágica, de millares de pacientes. A finales del XIX, el albañil Josef Weissenberg, que realizaba operaciones de curación mágica mediante la hipnosis y la sugestión, llegó a fundar un periódico espiritista en el que supuestamente colaboraban los fantasmas de Lutero y Bismarck.

En España autores como Claudio Ptolomeo en su “Tetrabiblos”, o San Agustín en “La ciudad de Dios”, recogen datos sobre las creencias y ritos mágicos de sus épocas. Amuletos, talismanes, pinturas rupestres y representaciones en barro y cerámica de ceremonias rituales y danzas se han encontrado en yacimientos arqueológicos de toda la península Ibérica. Además, algunos de los ritos descritos por geógrafos e historiadores como Estrabón en su “Geografía”, están impregnados de elementos y creencias mágicas. San Isidoro de Sevilla la condenó duramente en sus “Etimologías”, en una época en que la difusión y el arraigo de estas prácticas preocupaban a la Iglesia, como demostró en el año 572 el II Concilio de Braga. Incluso la caída de los visigodos se relacionó con la transgresión de su último rey, Rodrigo, del tabú que le prohibía entrar en la Cueva de Hércules de Toledo.

Las Partidas de Alfonso X el Sabio ordenaron castigos crueles para los magos y hechiceros, aunque también disponían que hubiese galardones para quien lo utilizase con fines buenos. La literatura medieval dejó testimonios de creencias y ritos, que reflejan desde casos de acoso y exorcismo de demonios y de apariciones de vírgenes y santos (Gonzalo de Berceo), hasta horóscopos realizados a niños (Libro de Buen Amor), o leyendas nigrománticas como la del Marqués de Villena. A pesar de las prohibiciones y condenas de todos los sínodos del XV, fue común que los reyes y nobles tuvieran astrólogos y magos a su servicio. En “El laberinto de Fortuna” de Juan de Mena se hace un retrato de una maga de Valladolid que estuvo al servicio de don Álvaro de Luna. Las universidades mantuvieron dentro de sus programas la enseñanza de algunas ramas de la magia y de la astrología hasta el siglo XVII.

La minuciosa anotación de los interrogatorios inquisitoriales nos ha permitido conocer muchas prácticas mágicas (adivinación mediante habas, cedazos y sortilegios, conjuros amorosos, brujería, etc.). También conocemos, gracias a sus confesiones, un corpus amplísimo de oraciones, conjuros y ensalmos prohibidos, como la Oración del Justo Juez, del Santo Sepulcro, del Santo Sudario, del Ánima Sola, de las Ánimas Fieles, de Sta. Marta, de Sta. Elena, el Conjuro de la rosa, etc. En La Celestina se aprecia hasta qué punto la magia y la hechicería, formaban parte de la vida cotidiana de la sociedad española medieval. Muchas otras obras literarias de la época, como las novelas de caballerías y las pastoriles, o La lozana andaluza de Francisco Delicado nos ofrecen datos e informaciones al respecto.

En el siglo XVI hubo muchos tratados reprobatorios contra la magia negra, como las Relecciones Teológicas de Francisco de Vitoria, el difundidísimo Tratado “De las supersticiones y hechicerías y de sus remedios” de fray Martín de Castañega, el De iusta haereticorum punitione de Alfonso de Castro, la Reprobación de las supersticiones y hechicerías de Pedro Ciruelo de Daroca, y el Daemonolotreiae libri de Nicolás Remigio.

En el XVIII con su racionalismo ilustrado y los avances científicos y tecnológicos, se adoptó una actitud beligerante contra ella. Diego de Torres Villarroel fue un incansable satirizador de las supersticiones y prácticas mágicas populares, mientras que fray Benito Jerónimo Feijoo, en su Teatro crítico universal y en sus Cartas eruditas y curiosas, dedicó enorme esfuerzo a denunciar las supercherías y falsedades que escondían las artes mágicas y sus oficiantes. Al tiempo que diversas leyes intentaban limitar o perseguir algunas de estas prácticas. Una carta del Consejo de Castilla de 1767 se quejaba de "los abusos que en España hay de esta especie, así en el que llaman Toro de San Marcos, Mayas, partir la Vieja al medio de la Quaresma, la Quiromancia o Buenaventura que llaman los Gitanos, aparición de difuntos y otras".

Pese a la activa participación de intelectuales como Moratín o Goya, en la labor de sátira, descrédito y erradicación de la magia popular, ésta ha seguido impregnando la vida hasta hoy, y en ocasiones, asociada a la propia Iglesia católica, que ha acogido en su seno manifestaciones místicas que tienen más de mágico que de religioso, como sucede con las prácticas de exorcizar y conjurar demonios que se realizan en los santuarios de Santa Orosia en Huesca o de la Virgen de los Conjuros de Arbeiza (Navarra). En la actualidad, el temor a las brujas o a los echadores de mal de ojo, el uso de todo tipo de amuletos y talismanes, que llegan a anunciarse en la prensa o televisión, las consultas a astrólogos, videntes, exorcistas y curanderos, la proliferación de sectas y de grupúsculos místicos que han integrado la magia dentro de su sistema credencial, son fenómenos que siguen formando parte activa de la vida cotidiana actual.

El desarrollo de la ciencia antropológica facilitó un marco de conceptos y técnicas científicas para un análisis riguroso de los fenómenos mágicos. A finales del XIX, gracias a investigaciones realizadas en las islas de Oceanía, la antropología se interesó por el concepto de mana, que ayudo a entender conceptos de las modernas sociedades, como "destino", "suerte", "fatalidad", "gafe", etc. Sigmund Freud en “Tótem y tabú”, relacionó la magia con la infancia y la neurosis. Por su parte, Bronislaw Malinowski, en “La magia, la ciencia y la religión, y otros ensayos”, concebía la magia como un complejo cultural relacionado con la lógica de las necesidades psicológicas. Edward E. Evans-Pritchard demostró, en “Brujería, oráculos y magia entre los azande” cómo la creencia en fuerzas misteriosas sobrenaturales controladas por el mago, podía garantizar, mediante la autoridad, el respeto y el miedo, el equilibrio y el orden social de la comunidad.

Las confluencias entre lo mágico y religioso, y entre lo simbólico y social, fueron puestas de manifiesto por Claude Lévi-Strauss, defensor de que la religión es la humanización de las leyes naturales, y la magia es la naturalización de las acciones humanas. Otras teorías de signo simbolista, como las de Víctor Turner, que a través de un análisis profundo de los símbolos cifrados en los ritos del pueblo bantú Ndembu (Zambia), ha probado la profunda unidad entre pensamiento simbólico, ritual mágico, sistema religioso y orden social.

En el ámbito español, las teorías sobre la magia se caracterizaron, hasta la primera mitad del XX, por su marcado carácter etnográfico, historicista y cultural, como los trabajos de Constantino Cabal o de Joan Amades. Julio Caro Baroja dio entrada, a teorías de los difusionistas alemanes e incluso del funcionalismo de Malinowski, que combinó con su propia metodología de tipo historicista. Entre sus obras pueden citarse Las brujas y su mundo, Vidas mágicas e Inquisición, Ritos y mitos equívocos, Teatro popular y magia, y De los arquetipos y leyendas. Otras de las manifestaciones de la magia moderna se aprecian en videntes, adivinadores de cartas o del tarot, astrólogos, gurús de los movimientos llamados "Síntesis New Age" y líderes espirituales a sueldo de clientes determinados afloran por doquier, se anuncian en prensa y televisión y llegan a ejercer una influencia considerable, aunque muy heterogénea, en amplios sectores de la sociedad.

sábado, 17 de junio de 2023

LA LUNA

 La Luna es el único satélite natural de la Tierra, el segundo objeto más brillante después del Sol, el quinto satélite, en tamaño, del sistema solar, el más grande respecto a su planeta, pero su suelo de estructura sólida y rocosa es muy oscuro.

Su tamaño es 49 veces menor que la Tierra, su peso 81 veces menor, y su diámetro de 3746 km, ¼ parte del terrestre, pero ejerce una influencia vital en los ciclos terrestres, y modera y compensa la rotación terrestre sobre su eje, lo que estabiliza el clima, y causa las mareas.

Su punto más elevado es el Selenean con 10.786 m. Su temperatura máxima es de 127ºC, y la mínima de -200ºC. La gravedad en la Luna es de 1,62 m/s, que sería la velocidad a la que un objeto en caída libre se precipitaría contra su superficie. En la Tierra, lo haría a 9,8 m/s, lo que significa que en la Luna se pesa 6 veces menos.

Dista de la Tierra unos 384.400 km, pues su órbita es elíptica y en el perigeo (menor distancia entre la Luna y la Tierra) dista 363.100 km, y en el apogeo (mayor distancia) 405.700 km. El 25/11/2034 se dará una superluna, al encontrarse la Luna a 356.445 km de la Tierra (la distancia más corta desde 1948).

Su atmósfera es muy débil, tenue y delgada (por la poca gravedad para retener gases), por lo que no tiene protección contra meteoritos y asteroides. Tiene actividad sísmica y volcánica, y presenta restos de hielo de agua, polvo y rocas. El primer hombre en pisarla fue el norteamericano Armstrong el 20/7/1969 (el viaje se inició cuatro días antes), con el Apolo XI, en el que se trasladó junto a los pilotos Collins y Aldrin.

La Luna, al igual que la tierra, realiza dos movimientos:

  • Rotación sobre su eje. La Tierra gira en 24 horas y la Luna (mes sidéreo) en 27 días, 7 horas, 43 minutos y 11 segundos, por ello siempre vemos la misma cara, fenómeno conocido como rotación sincrónica.
  • Traslación. En el que la Luna gira alrededor de la Tierra, a unos 12 grados diarios, por lo que cambia el grado de exposición solar. Lo hace a una velocidad constante de 1 km/s (la tierra lo hace a 29,8 km/s), o lo que es igual a 3600 km/h. lo que hace que tarde 29 días, 12 horas, 44 minutos y 12 segundos en completar una órbita a la Tierra, clave para las fases lunares.

Conforme la Luna se va moviendo en torno a la Tierra sus áreas iluminadas, por la luz del Sol, van cambiando, a estos cambios de iluminación se les conoce como fases, y duran unos 3,5 días cada una. Cada mes atraviesa ocho fases, que forman un ciclo lunar y se repite cada mes. Estas son: luna nueva, luna creciente, cuarto creciente, luna gibosa creciente, luna llena, luna gibosa menguante, cuarto menguante y luna menguante.

El que la Luna y la Tierra ajusten sus movimientos de manera tan sincronizada, se debe a la fuerza de gravedad, en el mecanismo conocido como acoplamiento de marea.

Su apariencia varía de 0 % de iluminación durante la Luna nueva hasta el 100 % en la Luna llena. Esto significa que todas las partes de la Luna tienen 14,77 días con luz y otros 14,77 de oscuridad.



Luna nueva, novilunio, o interlunio. Marca la primera fase lunar, y es cuando la Luna está entre la Tierra y el Sol, lo que significa que la mitad lunar que vemos no está iluminada y se vuelve casi invisible (su visibilidad va de 0 a 2 %). En esta fase sólo podemos ver la Luna durante un eclipse solar. En esta fase las mareas se encuentran en sus puntos más altos y bajos. Si en esta fase se da un alineamiento Luna-Tierra-Sol, se producirá un eclipse lunar o solar, aunque no siempre que se genere una Luna nueva existirá un eclipse.

Luna creciente. La Luna continúa su órbita y empieza a mostrarse, por su lado derecho, tras 3 o 4 días después de la Luna nueva, aumentando su porción iluminada que va de un 3 a un 40 %. Esta fase se ve muy bien tras la puesta del Sol.

Cuarto creciente. Esta fase se caracteriza porque se visualiza de un 35 a un 65 % del lado derecho del disco lunar, pudiendo verse después del mediodía hasta la medianoche.

Gibosa creciente. En esta fase, se ve más de la mitad de la superficie lunar iluminada, entre un 66 y un 96 %. Se ve una curva, cada vez más convexa (gibosa = joroba). Se ve antes del amanecer, y su altura máxima la alcanza al anochecer.

Luna llena o plenilunio. En esta el disco lunar está completamente iluminado, y su porcentaje de visibilidad va del 97 al 100 %. En este momento, la Tierra, la Luna y el Sol están alineados casi por completo, al igual que en la fase de Luna nueva, con la diferencia de que la Luna está justo detrás de la Tierra respecto al Sol. Es en esta fase cuando podemos ver eclipses lunares. Se ve desde la puesta del sol hasta el amanecer, y a la medianoche alcanza su máxima altura. Durante este ciclo y el de Luna nueva, se puede generar una superluna, por ello los astrónomos la llaman Luna llena en perigeo.

Algunas lunas llenas poco habituales son:

  • Luna roja o de sangre. Se da con Luna nueva, durante los eclipses lunares totales. Ocurre cuando la Tierra se pone entre la Luna y el Sol. Las moléculas de aire de la atmósfera reparten la mayor parte de la luz de color azul. La luz restante se refleja en la superficie lunar y adquiere un color rojizo que hace que parezca que "sangra" por la noche. Se suele ver en otoño cuando las hojas de los árboles también se enrojecen.
  • Luna azul. No es azul, ni tiene un aspecto distinto de otras, sino que es especial porque se trata de una Luna extra. La luna azul se usa para denominar la segunda Luna llena que se produce en un mismo mes, cada dos años y medio. La Luna azul es el opuesto a la Luna negra, ya que es la presencia de dos fases de Luna llena en un mismo mes, y originalmente, al tercer plenilunio cuando en una estación del año se dan cuatro lunas llenas en lugar de tres. El hecho de que sea posible que haya dos fases de Luna llena en el mismo mes se debe a que el ciclo lunar se cumple cada 29,5 días, y si la Luna llena se da el primer día o el segundo de un mes, cabe la posibilidad de que aparezca una segunda a final del mes.
  • Luna negra o astronómica. Este término puede referirse a tres ideas o conceptos:
    • Se relaciona a la presencia de dos fases de Luna nueva dentro de un mismo mes.
    • A la ausencia de una fase de Luna llena en un mismo periodo.
    • A la alineación exacta de 180º entre la Tierra, la Luna y el Sol durante la fase de Luna nueva, existiendo una ausencia total de la visibilidad de su superficie.

Gibosa menguante. Tras su máxima visibilidad, continua su órbita, y su iluminación comienza a decrecer, enseñando cada vez menos zona iluminada. Su observación va desde un 96 al 66 % de la superficie. La apariencia de la luz y la sombra lucen de forma opuesta a las fases crecientes. Sale después de la puesta del sol y se ve más alta a medianoche

Cuarto menguante. A medida que se acerca la próxima Luna nueva, queda reducida a menos de la mitad iluminada. Es la fase opuesta al cuarto creciente, pues a pesar de lucir similar debido al porcentaje de visualización, entre un 65 y un 35 %, se observa media Luna (parte izquierda), y su lado iluminado es el opuesto al cuarto creciente. Se puede visualizar durante la medianoche hasta el amanecer.

Luna menguante; creciente menguante o Luna vieja. La Luna continua su órbita camino de su posición inicial del ciclo y alcanza la luminosidad entre un 40 y un 3 %. Esta fase corresponde a la fase final del ciclo lunar, en el que se observan los últimos días de visualización del astro lunar, un delgado segmento en el firmamento, en el lado izquierdo. Sale después de la media noche, por lo que es más notoria al final de la madrugada y durante la mañana. Al finalizar se completa el periodo, y comienza la Luna nueva para completar el ciclo. Al intervalo de 29,5 días terrestres que transcurren entre una Luna nueva y otra se llama mes sinódico.

Para reconocer la fase lunar en la que estamos, hemos de saber que el periodo de fases crecientes empieza con la Luna nueva visible, o sea 2 a 3 días después del comienzo del novilunio y acaba un día antes de la Luna llena. Por su parte, el período de fases menguantes empieza un día después de la Luna llena y termina un día antes de la Luna nueva.

Los períodos de Luna creciente y menguante tienen el mismo porcentaje de iluminación, al igual que el cuarto creciente y el menguante. En el hemisferio norte, si la parte de la circunferencia iluminada de la Luna, sus cuernos, apuntan hacia la izquierda, el ciclo es creciente en cualquiera de sus fases. Por el contrario, si los cuernos de la circunferencia iluminada apuntan a la derecha, el ciclo es menguante en cualquiera de sus fases.

Un eclipse se produce cuando un planeta o luna se interpone en el camino de la luz del Sol. En la Tierra vemos:

  • Eclipse solar cuando la Luna se interpone en el camino de la luz del Sol y proyecta su sombra en la Tierra. El eclipse total se produce cada año y medio en algún lugar de la Tierra. Un eclipse parcial, cuando la Luna no recubre por completo al Sol, se produce al menos dos veces por año, en algún lugar de la Tierra. Se puede ver un eclipse solar desde un mismo lugar de la Tierra sólo durante unos minutos, cada 375 años.
  • Eclipse Lunar, la Tierra impide que la luz del Sol llegue a la Luna. Eso quiere decir que, a la noche la Luna llena desaparece por completo, a medida que la sombra de la Tierra la cubre. Aunque la Luna gira alrededor de la Tierra, no siempre se interpone en la sombra de la Tierra, pues su trayectoria alrededor de la Tierra está inclinada 5 grados y por ello no tenemos un eclipse lunar todos los meses.

Una forma fácil de recordar la diferencia entre un eclipse y otro es su nombre, qué es lo que se pone oscuro cuando ocurre. En un eclipse solar el Sol se pone más oscuro. En un eclipse lunar la Luna se pone más oscura.

USO DE POR QUÉ - PORQUÉ - PORQUE - POR QUE

La clave está en si es una pregunta, una respuesta, un sustantivo o una combinación de preposición más pronombre. Las dos únicas variantes...